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Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:

Regresa el fenómeno, regresa Moccia. La esperada nueva novela del best-seller italiano, Carolina se enamora, desembarca en nuestro país con un sólo objetivo: volver a arrasar. Con A tres metros sobre el cielo, Tengo ganas de ti, Perdona si te llamo amor y Perdona pero quiero casarme contigo, Moccia ha superado ya la cifra de 1.000.000 ejemplares vendidos en nuestro país, seduciendo tanto a jóvenes como a no tan jóvenes con sus relatos de amor adolescente.
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
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– Eh, ¿vienes conmigo?

Gibbo me coge de la mano. Por lo visto, ésta es la noche de los raptos.

– ¿Adónde?

– Afuera, es una sorpresa. Miro alrededor- Venga, que esta historia de la guindilla, en lugar de animar la fiesta, la ha convertido en un funeral. ¡Hasta el disc-jockey se ha quemado la garganta! Mira qué espanto de música… ¿Sabes cuánto tardará en volver a ser divertida? Al menos cuarenta minutos…, siempre y cuando se reanude, claro Me gustaría saber a quién se le habrá ocurrido echar guindilla en la tarta.,, A menos que sea un error del pastelero…

Me gustaría decírselo, pero quizá sea mejor que la historia no circule demasiado.

– ¿Por qué lo dices?

– Porque ha sido genial.

¿Veis?, se lo podría haber dicho.

– ¿Y por qué ha sido genial?

– Porque me ha brindado la posibilidad de escaparme contigo.

Y me coge de la mano y tira de mí para que lo siga. En un abrir y cerrar de ojos estamos fuera de la casa.

– Párate aquí y cierra los ojos.

– ¿Por qué?

Lo miro preocupada, Él me sonríe y abre los brazos.

– ¡Te lo he dicho, es una sorpresa!

Reflexiono por un momento. Gibbo no es, desde luego, la clase de chico que me besará si cierro los ojos. E incluso en el caso de que lo fuese… Después de la desilusión de Matt, no estaría mal. Esta noche está guapo: lleva unos vaqueros ajustados con una vuelta alta, una sudadera Abercrombie azul oscuro y una gorra de cuadros celestes, blancos y azules. Pero qué digo, ¡está guapísimo! En cualquier caso, jamás lo haría o, al menos, no a traición. Cierro los ojos. Siento que se acerca, después me coge la mano. Me sobresalto por un instante.

– Ven, sígueme.

Permanezco con los ojos cerrados.

– Eh, no me hagas caer. ¡Y procura que no pise ningún «regalito»!

Gibbo se echa a reír.

– Jamás he visto una calle tan limpia. Tengo la impresión de que aquí limpian unos barrenderos especiales.

Aminora el paso.

– ¿Estás lista? Hemos llegado. ¡Abre los ojos!

Hasta ese momento los había mantenido cerrados de verdad, en primer lugar porque me gusta ser sincera, bueno, siempre que sea posible, claro está, y en segundo lugar porque me encantan las sorpresas. Y ésa es, a decir poco, una sorpresa fantástica, en fin, especial, ¡increíblemente especial! Una de esas sorpresas para las que no bastan las palabras.

– Entonces, ¿te gusta?

– ¡Te has comprado un microcoche! ¿Si me gusta, dices?

Lo rodeo devorándolo con los ojos. Es el que vimos al llegar. Claro, ¿de quién podían ser si no todos esos números? Además, es metalizado, azul oscuro con reflejos azul claro.

– ¿Pediste tú que lo hicieran así?

– ¡Por supuesto! ¿Te has fijado en las bandas blancas y celestes que parten de las ruedas delanteras y llegan hasta las de detrás?

– ¡Superguay!

– Y eso que aún no lo has visto por dentro.

Pulsa un botón y de inmediato destellan cuatro luces.

– ¡Si hasta tiene alarma!

– Claro, ¡con todo lo que le he metido, si me lo robaran sería como si desvalijasen una tienda de electrodomésticos!

– ¡Qué exagerado!

Pero, en efecto, cuando abre la puerta se encienden unas luces frías, azul claro, que iluminan el coche por debajo.

– Caramba, se parecen a las luces que salían en esa película…

– A todo gas… la vimos en tu casa y recuerdo que te gustaron mucho. Por eso las he puesto.

Esbozo una sonrisa. No me lo acabo de creer. Sea como sea, me gusta el mero hecho de que lo haya dicho. De modo que subo. Gibbo se sienta a mi lado.

– ¿Estás lista?

– ¡Por supuesto!

Gibbo arranca y partimos. ¡Sólo que pensaba que haríamos unos cuantos metros para probarlo y, en cambio, no se detiene!

– ¿Adónde vamos?

– A dar un paseo de ensueño.

– ¿Y Alis y Clod?

– Ya las verás mañana en el colegio.

Pues sí, tiene razón.

– A fin de cuentas, la fiesta se ha acabado ya, venga.

– Vale, pero detente un momento, tengo que recoger una cosa del coche de Alis.

Gibbo da media vuelta mientras yo le mando un mensaje. Un segundo después, ella sale por la verja.

– ¿Qué pasa? Me apeo al vuelo.

– Tengo que coger la bolsa que he dejado en tu coche.

– ¿Te marchas? ¡No me digas que Matt ha cambiado de opinión!

Gibbo baja en ese momento de su nuevo coche.

– Ah, Gibbo…

– Hola.

– Hola.

Alis abre el coche y me da la bolsa.

– Oh, por lo visto, después de lo de Lore, no hay quien te pare…

– Venga, vamos a dar una vuelta.

– Sí, sí, ahora resulta que se llama «vuelta».

– Estrena coche.

– ¡Cualquier excusa es buena!

– ¡Es cierto!

Gibbo se acerca.

– ¿Te gusta? Es mi nuevo Chatenet. ¿Quieres venir con nosotros? La miro y le sonrío como diciendo «¿Ves?». Y a continuación subo de nuevo con Gibbo, que arranca a toda velocidad. -Mira.

Pulsa un botón y se alza una pantalla. -¿También tiene televisión! -Claro, y mira aquí.

Pulsa otro botón y aparece el vídeo de Elisa. -¡No! ¿No me lo puedo creer! ¡La adoro! Es increíble, absurdo, genial, una casualidad del destino, ¡lo están emitiendo en MTV!

– ¡De eso nada! ¡Es el DVD! -Abre una bolsa y lo saca-. Toma, es para ti, ¡sabía que te encantaba!

– ¡Gracias! -lo aprieto contra el pecho-. Es lo más bonito que podrías haberme regalado.

Y bailo moviendo la cabeza al ritmo de la música mientras canturreo: «Cuántas cosas que no sabes de mí, cuántas cosas que no puedes saber…, cuántas cosos para llevarnos juntos a ese viaje…» Acto seguido, observo con más detenimiento el interior del coche. -Caramba, es genial.

Está tapizado con números de color azul oscuro con sombras y brillos. Tiene dos altavoces pequeños delante y unwoofer enorme detrás. Además de la tele delante.

– ¿Que tamaño tiene?

– Quince pulgadas, como la pantalla de un ordenador grande. Y he hecho poner cristales tintados al coche, ¡así puedes verla también de día!

Me mira rebosante de orgullo mientras sigue conduciendo.

– ¡Es ideal! ¡Me encanta!

Le sonrío, y Gibbo se siente feliz. Ojalá tuviese yo un coche como ése, incluso básico, sin todos esos accesorios, es decir, con todo lo que le ha puesto es como si se hubiese comprado dos. ¡La verdad es que podría regalarme uno! Gibbo parece leer mis pensamientos.

– Bueno, Caro, ¡ahora podré pasar a recogerte con el coche siempre que quieras! Incluso puedo acompañarte a casa.

– Pero si vivo a un paso del colegio.

– ¿Y eso qué tiene que ver? Paso a recogerte, te llevo a desayunar y después te acompaño al colegio.

– Ah, sí, me gusta la idea. En ese caso, ¿sabes adónde tienes que llevarme? A tomar un capuchino al Bar Due Pini.

– Por supuesto, nos lo tomaremos allí.

Luego Gibbo dobla una curva cerrada. Me aferró al asidero de la puerta y él se echa a reír, acelera, conduce como un rayo, con la música a todo volumen mientras el tubo de escape arma un buen escándalo. Luego me mira con aire astuto.

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