Carolina se enamora
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
La casa de los abuelos Luci y Tom. Es bonita. No es que sea particularmente grande o rica. Es cálida. Pero con ese calor especial que no emana de los radiadores, sino de una infinidad de menudencias. De los cuadros, de las fotografías que reflejan la vida de mi madre, su niñez y su adolescencia. Del cuidado que la abuela Luci pone en todas esas cosas.
– ¡Con más energía, Caro! ¡Si no, no sale bien!
Jamás he logrado que la masa de la pizza fermente como es debido. Siempre queda baja y blanda. ¡Pero no es sencillo prepararla!
Vierto la harina sobre la mesa de mármol, dejando un hueco en el centro para el resto de los ingredientes. A continuación desmenuzo la levadura y la disuelvo en un poco de agua tibia. Después echo sal y aceite. Pero, no sé por qué, siempre tengo la impresión de equivocarme con las cantidades o con el proceso. Y aquí viene lo bueno: «Hay que obtener una masa blanda», dice la abuela. ¡Y se necesita fuerza!
– Tienes que llegar a un punto en que la masa se despega de los dedos. Luego haces una bola y la pasas por harina, la cubres con un paño y la dejas fermentar sin que le dé el aire durante casi dos horas. O hasta que la masa doble su volumen.
¡Sólo que, si lo hago yo, eso nunca sucede! Por eso me rindo y dejo que lo haga siempre ella. Otra cosa que no consigo hacer bien, pero que me divierte preparar con ella cuando voy a ver a mis abuelos, es elrisotto con setas. Me pirra, y mi madre casi nunca lo hace, pese a que la abuela Luci le enseñó a cocinarlo.
Es bonito estar juntas en la cocina. Tengo un delantal con mi nombre y dos cucharones bordados a los lados por la abuela. Se puede hablar con calma de una infinidad de cosas mientras se cortan las verduras, se hace el sofrito, se elige la carne y se hacen todas las demás cosas. Cocinar juntos sirve, en cierta manera, para ser más amigos. Recuerdo la escena de la películaChocolat, cuando Vianne quiere marcharse del pueblo que no la acepta porque la considera peligrosa y diferente. De manera que, pese a las protestas de su hija, hace las maletas. Después baja la escalera, abre la puerta de la cocina y ve a todas esas personas que están preparando juntas un sinfín de delicias de chocolate. Unas personas que hasta unos días antes no se entendían, no se hablaban, y que ahora están ahí, unas al lado de otras, y parecen felices y unidas. Y el mérito es también suyo. De modo que, «cuando el viento inquieto del norte le habla a Vianne de los países que aún le quedan por visitar, de los amigos necesitados que todavía debe descubrir, de las batallas que todavía debe combatir…», ella cierra la ventana y se queda a vivir allí, con esas personas, que ahora son sus amigas. Me encanta esa película. La vi con la abuela Luci.
Mi madre y yo nunca tenemos tiempo de cocinar juntas. Sólo algunas veces los domingos, pero no prepara cosas especiales. Además, Ale se entromete siempre y nos toma el pelo o, peor aún, nos agobia, o papá empieza a decir que nos demos prisa, que no entiende para qué sirve perder tantas horas preparando cosas complicadas, cuando bastaría con cocinar unos espaguetis con mantequilla. En fin, que nunca nos dejan a solas del todo, y eso le quita la gracia. En casa de los abuelos, en cambio, es más divertido porque el abuelo Tom apenas da señales de vida, se asoma do vez en cuando a la puerta y, tras decir «¡Mis mujeres!», se marcha sin preguntarnos siquiera qué estamos haciendo porque prefiere que le demos una sorpresa.
Mientras la masa de la pizza fermenta -no gracias a mí, por descontado- y antes de preparar elrisotto, hablo con la abuela, que siempre tiene muchas cosas bonitas que contarme. Se empieza con un tema y nunca se sabe con cuál se puede acabar. Sin ir más lejos, hoy hemos hablado de belleza, de mujeres delgadas, de mujeres entradas en carnes, de ese tipo de cosas. La abuela me decía que en su época se consideraba una suerte tener unos cuantos kilos de más, porque a los hombres les gustaban las curvas.
– ¡También a los de hoy les gustan las curvas, abuela!
– Bah, yo no estaría tan segura. Están rodeados de todos esos alfeñiques a los que sólo les preocupan los gramos de más que puedan tener. Quiero decir que no se trata de estar o no delgada. Lo importante es que exista un equilibrio, que una se sienta bien.
– Sí, abuela, pero eso es más fácil de decir que de hacer. En el colegio, las chicas gordas no se gustan en absoluto, siempre se están lamentando. Más aún, al final acaban siendo antipáticas con las que, en su opinión, son monas, y las hacen a un lado. Es como si hubiese dos bandos: las guapas y las feas. Pero ¿quién ha decidido cómo deben ser unas y otras?
– Sí, pero tú, por ejemplo, tienes una amiga que no se preocupa por ese tipo de cosas, y muchos la consideran simpática.
– De acuerdo, pero Clod es un caso aparte. Ojalá todas fueran como ella. Ella tiene un carácter estupendo. Le gusta comer, y come. Le gusta un chico y no se retrae. Le gusta arreglarse y vestirse bien. Si alguien le toma el pelo, pasa olímpicamente. Es más, se lo toma a broma. Ayer, por ejemplo, en el recreo, uno de III-F que se pasa la vida dándonos la brasa le dijo: «Clod, estás tan gorda que cuando te duermes lo haces por etapas»…, y ella le contestó: «Qué original, a ver si alguna vez dices algo que se te haya ocurrido a ti, en lugar de imitar a los cómicos del programa "Zelig Circus" ¡Pero no se lo dijo enfadada ni nada!
– Muy bien, eso quiere decir que está segura de sí misma, y eso la hace resultar más atractiva a ojos de los demás. Porque la belleza no está en la talla o en una cara bonita- ¿Te he contado alguna vez lo que decía Audrey Hepburn?
– No.
La abuela se levanta y coge un libro del estante, uno de esos grandes y bonitos, llenos de fotografías de esa actriz. Vuelve a sentarse y lo hojea.
– Aquí está…, escucha. -La abuela empieza a leer con voz firme-: «Para tener unos labios atrayentes, pronuncia palabras afectuosas. Para tener una mirada cariñosa, busca el lado bueno de las personas. Para estar delgada, comparte tu comida con el hambriento. Para tener un pelo precioso, deja que un niño lo acaricie con sus dedos al menos una vez al día. Recuerda, si alguna vez necesitas una mano, la encostrarás al final de tus brazos. Cuando envejezcas descubrirás que tienes dos: una para ayudarte a ti misma y otra para ayudar a los demás. La belleza de una mujer aumenta con el paso del tiempo. La belleza de una mujer no radica en la estética, la verdadera belleza de una mujer es el reflejo de su alma…» -Acto seguido cierra el libro, con una serenidad especial que yo adoro.
– Qué bonito…
– Intenta recordarla, Caro, porque es así. No se trata de kilos, sino de armonía. Venga, empecemos a hacer elrisotto… ¡Han pasado casi dos horas y no nos hemos dado cuenta!
Mientras extiendo la masa y la condimento, comienza a preparar elrisotto. Yo la ayudo. He puesto ya las setas deshidratadas a remojo en agua tibia, y el caldo vegetal está listo. La abuela coge la cacerola y echa un poco de aceite y de mantequilla.
– No enciendas todavía el fuego.
Sigo sus instrucciones al pie de la letra.
– ¿Cuánto tarda?
– Unos cuarenta y cinco minutos. Ahora coge la cebolla, mira, está allí, sobre la tabla, la he picado ya, y trocea las setas.
Pongo empeño en hacerlo bien.
– ¿Así?
– Sí, pon la cacerola al fuego y deshaz la mantequilla. Después añades la cebolla y las setas y lo sofríes todo. Echa un poco de sal.