Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Классические детективы » La muerte visita al dentista
La muerte visita al dentista - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La muerte visita al dentista

Электронная книга - «La muerte visita al dentista». Краткое содержание книги:

Poco después de la visita de Hércules Poirot al dentista, el profesional es encontrado muerto. Todo indica que se trata de un suicidio. El investigador jefe de Scotland Yard Japp, invita a su amigo Poirot a que participe en esta investigación, que es concluida rápidamente con la muerte de otro paciente que estuvo en el consultorio el mismo día. La opinión del tribunal es que el dentista se suicidó después de haber matado al paciente, al haberle inyectado, por equivocación, una dosis excesiva de anestésico. Sin embargo, Poirot no queda satisfecho. Hay otros hechos inexplicables mezclados en esta historia que él necesita entender. Otros pacientes del doctor, que estuvieron en el consultorio ese mismo día, podrían estar envueltos: un gran financiero, la señora que usaba un extraño par de zapatos y que más tarde desapareció, un joven revolucionario con cara de asesino (enamorado de la sobrina del financiero), el novio de la secretaria del dentista... Poirot coloca sus células grises a funcionar y termina desentrañando la trama. El lector, al contrario, puede tener dificultades en descubrir al asesino, pues la Reina del Crimen esta vez, no brinda todas las informaciones necesarias hasta que Poirot no comienza a revelar los hechos. El título original de la novela está basado una vez más en una canción infantil inglesa, que se utiliza para acompañar al juego de la rayuela. Los versos de la canción dan nombre a cada uno de los capítulos.
1 ... 28 29 30 31 32 33 34 35 36 ... 39
Перейти на страницу:

«Muy señor mío:

Tengo la esperanza de que perdonará la molestia, pero estoy muy preocupada, y jio sé qué hacer. No quiero verme mezclada con la Policía. Sé que debí decir algo que sabía, pero dijeron que mi señor se había suicidado y creí que todo estaba aclarado. No hubiese querido complicar al novio de miss Nevill y no pensé ni por un momento que pudiera ser él. Pero ahora que sé que ha sido detenido por disparar contra un caballero en el campo, pienso que tal vez no acabe todo ahí, y debiera decirlo... Pensé en escribirle a usted que es amigo de mi señora, y que me preguntó el otro día si sabía algo de particular. Ahora desearía habérselo dicho entonces. Espero que no me veré mezclada con la Policía, porque no me gusta y a mi madre tampoco. Siempre ha sido muy especial.

Suya afectísima,

Agnes Fletcher.»

Poirot murmuró:

—Siempre creí que en todo esto tenía algo que ver un hombre. Me equivoqué de hombre... Eso es todo...

Capítulo VIII

Fifteen, sixteen, maids in the kitchen[9]

1

La entrevista con Agnes Fletcher se celebró en Hertford en un salón de té poco concurrido, pues la muchacha había expresado el deseo de contar su historia lejos de la mirada inquisidora de miss Morley.

El primer cuarto de hora lo pasó escuchando las particularidades de la madre de Agnes... y también de su padre, que aunque propietario de una licencia de premisas, nunca tuvo simpatía por la Policía. Los dos eran respetados y queridos en Little Darlingham, Glou-cestershire, y ninguno de sus seis hijos (dos murieron en la infancia) ocasionó a sus padres el menor disgusto. Y si ahora Agnes se viera mezclada en un asunto así, su papá y su mamá morirían de pena, porque siempre llevaron la frente muy alta y nunca tuvieron nada que ver con la Policía.

Después que lo hubo repetido, da capo varias veces, Agnes se atrevió a exponer el motivo de la entrevista.

—No quise decirle nada a miss Morley por temor a que me dijera por qué no lo expuse antes; pero la cocinera y yo vimos que no era cosa nuestra, puesto que leímos en el periódico que nuestro amo se había equivocado al poner una inyección, matándose luego con la pistola que encontraron en su mano, y todo eso; así que todo estaba claro, ¿verdad?

—¿Cuándo pensó que no era así?—Poirot esperaba acercarse a la revelación prometida, aunque sin preguntar directamente.

Agnes respondió con prontitud.

—Al leer en los periódicos lo de Francis Carter..., el novio de miss Nevíll. Al ver que había disparado contra ese caballero, de quien era jardinero, pensé que pudiera estar loco, porque yo sé que hay gente así, creen que los persiguen, que los rodean los enemigos y al final resulta peligroso tenerlos en casa y hay que llevarlos al manicomio. Y pensé que Francis Carter era de esos, porque recordé que siempre decía que mister Morley estaba contra él y quería separarle de miss Nevill, aunque nunca oyó una palabra contra él, y con razón, porque Enmma y yo no podemos negar que mister Carter es bien parecido y muy caballero. Aunque, claro, no pensamos que fuese a hacer nada a mister Morley. Solo lo encontramos un poco raro, ¿me comprende?

Poirot dijo con paciencia:

—¿Qué es lo raro?

—Fue aquella mañana, señor; la mañana en que mister Morley se suicidó. No me atrevía a bajar por el correo. El cartero ya había venido, pero Alfred no subió las cartas, lo que nunca hacía, a menos que hubiera alguna para la señorita o mister Morley; pero si eran para mí o para Emma, no se molestaba en subirlas hasta la hora de comer. Así que salí al pasillo y miré por el rellano de la escalera. Miss Morley no quiere que bajemos durante las horas de trabajo, pero pensé que pudiera ser que viese a Alfred al subir con un paciente de mister Morley y llamarle cuando regresara.

Agnes se detuvo para tomar aliento.

—Y entonces fue cuando le vi..., me refiero a ese Francis Carter. Estaba en mitad de la escalera, o sea más arriba del piso de mi amo. Y aguardaba en pie mirando abajo, y empecé a pensar más y más que aquello era algo raro. Parecía escuchar atentamente, ¿me comprende?

—¿Qué hora era?

—Serían las doce y media, señor. Y mientras pensaba: «Aquí está ese joven, y miss Nevill ha ido a pasar el día fuera y no va a gustarle», me preguntaba si debía bajar a decírselo, porque me figuré que ese tonto de Alfred se habría olvidado; de otro modo no la estaría esperando, y cuando yo no sabía qué hacer, mister Carter pareció tomar una determinación, y bajando rápidamente la escalera se fue por el pasillo que conduce a la clínica de mi señor, y me dije: «Esto no va a parecerle bien a mi amo.» Entonces Emma me llamó preguntándome qué hacía, y subí. Luego, supe que mister Morley se había suicidado, y, claro, me asusté tanto que me olvidé de todo. Pero más tarde, cuando se hubo marchado el inspector de Policía, le dije a Emma que no había dicho que Francis Carter estuvo con él aquella mañana, y ella creyó que debieran saberlo, pero de todos modos me pareció mejor esperar un poco, y ella estuvo de acuerdo, porque ninguna de las dos queríamos complicar a Carter, de poder evitarlo. Y cuando en el proceso se descubrió que el señor se había equivocado al administrar una droga y presa de pánico puso fin a su vida, todo perfectamente natural...; bueno, entonces no hubo ocasión de decirlo. Pero al leer en el periódico lo de hace dos días..., me dio la oportunidad y me dije: «¿Y si fuese de esos chiflados que van por ahí disparando contra la gente porque se creen perseguidos? Puede que al fin y al cabo disparase contra mi amo.»

Sus ojos, ansiosos y asustados, miraron esperanzados a Hércules Poirot, que puso toda la firmeza que pudo en su voz al decir:

—Esté completamente segura de que ha hecho muy bien al contármelo, Agnes.

—Debo confesar que me quito un peso de encima, ¿sabe? No dejaba de repetirme que debía decirlo, y, claro, como no quería verme mezclada con la Policía por lo que diría mi madre... Ha sido siempre tan especial...

—Ya, ya—dijo el detective, ya harto.

Había oído hablar de la madre de Agnes todo lo que podía soportar por aquella tarde.

2

Poirot llegó a Scotland Yard, preguntando por Japp, y una vez fue introducido en su despacho, dijo:

—Quiero ver a Carter.

—¿Qué se le ocurre ahora?—dijo Japp, mirándole de reojo.

—¿Es que no quiere?

Japp se encogió de hombros.

—¡Oh! Yo no soy quién para impedirlo. No serviría de nada. ¿Quién es aquí el niño mimado? Usted. ¿Quién se ha metido el Ministerio en el bolsillo? Usted, silenciando sus escándalos.

La mente de Poirot recordó por unos momentos el caso que dio en llamar Los establos de Augías[10], y murmuró con satisfacción:

—Fue ingenioso, ¿eh? Tiene que reconocerlo. Digamos, bien planeado.

—¡Nadie sino usted habría pensado una cosa así! Algunas veces, Poirot, pienso que no tie-ne usted escrúpulos.

El rostro del detective se puso repentinamente serio.

—Eso no es cierto.

—¡Oh, está bien, no quise decir eso! Pero está tan satisfecho de su condenada ingenuidad. ¿Para qué quiere ver a Carter? ¿Para preguntarle si fue él quien mató a Morley?

Ante el asombro de Japp, Poirot movió la cabeza afirmando.

—Sí, mi amigo; esa es precisamente la razón.

—¿Y supongo que cree que se lo dirá?

Japp sonreía, pero Hércules Poirot permaneció serio.

—Puede que me conteste... que sí.

1 ... 28 29 30 31 32 33 34 35 36 ... 39
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)