La chica del tambor
- Автор: Ле Карре Джон
- Язык: испанский
- Жанр: Шпионские детективы
Электронная книга - «La chica del tambor». Краткое содержание книги:
-�Se�or Quilley, nosotros viajaremos con esta compa��a, compartiremos los veh�culos en que se traslade, la ayudaremos a transportar los decorados� Nosotros, el p�blico, compartiremos los problemas de la compa��a, sus asquerosos hoteles, nos preocuparemos por sus amores y por sus peleas. Nosotros, el p�blico, ensayaremos juntamente con los actores, compartiremos los nervios de las primeras representaciones, leeremos las cr�ticas period�sticas del d�a siguiente, nos alegraremos con sus �xitos, nos entristeceremos con sus fracasos, escribiremos cartas a sus familiares. Devolveremos al teatro su car�cter de aventura. El esp�ritu primario del teatro, la interrelaci�n entre actores y p�blico.
Por unos instantes, Quilley pens� que Litvak hab�a terminado. Pero, en realidad, Litvak se limitaba a seleccionar otro de sus dedos al que hablar. Litvak prosigui�:
-�Seleccionaremos obras cl�sicas, todas ellas de derecho p�blico, con lo que rebajaremos los costes. Nos serviremos de actores y actrices nuevos, relativamente desconocidos, aun cuando tendremos de vez en cuando, para animar un poco la cosa, a un actor invitado. Pero b�sicamente nos dedicaremos a promover actrices y actores prometedores, invit�ndolos a demostrar la gama completa de su talento durante un per�odo m�nimo de cuatro meses, que esperamos podamos ampliar. S�, y reampliar. Veremos si es bueno para los actores el que gocen de amplia publicidad, de constante exhibici�n p�blica, interpretando buenas obras, obras limpias y sin guarradas. Este es nuestro concepto, se�or Quilley. Y parece que este concepto gusta a nuestros clientes.
Entonces, incluso antes de que Quilley hubiera tenido tiempo para felicitar a sus visitantes, lo cual siempre le gustaba hacer, cuando alguien le explicaba una idea, Kurtz volvi� a entrar impetuosamente en acci�n. Dijo:
-�Ned, queremos contratar a su Charlie.
Lo dijo con una ancha y feliz sonrisa, con el entusiasmo de un mensajero shakesperiano al dar la noticia de una victoria. Kurtz hab�a levantado el brazo y lo dej� en lo alto.
Muy excitado, Ned se dispuso a hablar. Pero una vez m�s tuvo que desistir porque Kurtz le volv�a a someter a un chaparr�n de palabras:
-�Ned, estamos convencidos de que su Charlie es una actriz muy ingeniosa, de gran ductilidad, apta para abarcar un amplio repertorio. Si puede usted aclararnos un par de puntos dudosos, estimo que podemos ofrecer a Charlie la oportunidad de ocupar, en el firmamento teatral, un lugar del que ni ella ni usted se arrepentir�n.
Una vez m�s, Ned intent� hablar, pero en esta ocasi�n fue Litvak quien se le adelant�:
-�Estamos plenamente dispuestos a llevarnos a Charlie, se�or Quilley. Si nos da un par de respuestas a un par de preguntas, Charlie entrar� por la puerta grande en nuestro proyecto.
Se produjo un brusco silencio. Y lo �nico que Ned pod�a escuchar era el canto de su coraz�n. Oprimi� los labios, y, efectuando un esfuerzo para adquirir aspecto de hombre de negocios, dio un tir�n a los pu�os de su camisa, primero uno y luego el otro. Reafirm� en su sitio la rosa que Marjory le hab�a puesto aquella ma�ana en el ojal de la chaqueta, mientras, como de costumbre, le recomendaba que no bebiera demasiado durante el almuerzo. Pero Marjory no hubiera dicho esto �ltimo, si hubiera sabido que aquellos visitantes, lejos de querer regatear el dinero de Ned, le propon�an dar a su querid�sima Charlie la oportunidad que tanto hab�an esperado. Si Marjory hubiera sabido esto, hubiera levantado todas las restricciones que sol�a imponer a Ned.
Kurtz y Litvak bebieron t� durante el almuerzo, pero en el restaurante The Ivy se tomaban con tranquilidad estas excentricidades. En cuanto a Ned, poco esfuerzo le cost� decidirse por una muy decente media botella de la carta de vinos, y tambi�n se tom�, debido a lo mucho que sus visitantes insistieron, una gran copa neblinosa del Chablis de la casa, para acompa�ar el salm�n ahumado. Antes, en el taxi que tomaron para hurtarse a la lluvia, Ned comenz� a contar a sus visitantes la divertida historia del modo en que Charlie lleg� a ser su representada. Ya en The Ivy, Ned prosigui� el relato:
-�Me entusiasm� con ella totalmente y sin reservas. Lo cual jam�s hab�a hecho con anterioridad. Me comport� como un viejo insensato, a pesar de que no era tan viejo como ahora, aunque s� insensato. El espect�culo no era gran cosa. En realidad, se trataba de una anticuada revistilla, un poco arreglada para que pareciera moderna. Pero Charlie estaba maravillosa. Ternura defendida, esto es lo que me gusta en las chicas.
En realidad esta definici�n era del padre de Ned, quien ahora sigui�:
-�Tan pronto baj� el tel�n, me fui directamente al camerino de Charlie, si es que a aquello se le pod�a llamar camerino, me port� como un Pygmalion, y le propuse firmar contrato en aquel mismo instante. Al principio, Charlie no me cre�a. Me parece que me tom� por un viejo verde. Tuve que ir a buscar a Marjory, mi esposa, para que la convenciera.
Ofreci�ndole m�s pan moreno y mantequilla, Kurtz le pregunt� con amable inter�s:
-��Y qu� ocurri� despu�s? �Fue todo un camino de rosas? Con toda inocencia, Ned protest�:
-��No, no, qu� va! Charlie era como la mayor�a de las actrices de su edad. Reci�n salidas de la escuela de arte dram�tico, con los ojos brillantes de ilusi�n, y llenas de promesas, consiguen un par de papeles, comienzan a comprarse un piso o cualquier otra estupidez parecida, y, de repente, se quedan varadas, con una mano delante y la otra detr�s. Es el momento de la penumbra, como digo yo. Algunas lo superan y otras no. �Salud!
Despu�s de tomar unos sorbitos de t�, Litvak dijo suavemente:
-�Pero Charlie lo super�.
-�Digamos que supo mantenerse en su puesto. Con mucho esfuerzo y mucho trabajo. No fue f�cil, pero esto nunca es f�cil. Charlie estuvo a�os as�. Demasiados a�os, ciertamente.
Con sorpresa, Ned se dio cuenta de que estaba conmovido. Y, a juzgar por la expresi�n del rostro de sus visitantes, �stos tambi�n lo estaban. Ned dijo:
-�Pero ahora ya ha salido definitivamente de este estado, �no es cierto? �Me alegro por ella! S�, realmente, me alegro mucho.
Y he aqu� que se estaba dando, en aquella entrevista, otra circunstancia extra�a, tal como Ned explic� despu�s a Marjory. O quiz� dicha extra�a circunstancia fue constante resultado de un mismo comportamiento. Con ello, Ned se refer�a al modo en que la personalidad de los dos hombres iba cambiando al paso del tiempo. Por ejemplo, cuando estuvieron todos de nuevo en el despacho de Ned, �ste apenas pudo meter baza en la conversaci�n. Pero en The Ivy le cedieron �ntegramente el centro del escenario, efectuaron constantes movimientos afirmativos, y apenas dijeron palabra. Pero despu�s� Bueno, despu�s todo fue completamente diferente.
Con orgullo, Ned dijo:
-�La chica tuvo una infancia terrible, desde luego. He advertido que esto les ocurre a muchas chicas. Quiz� esa clase de infancia sea lo que las impulse hacia el mundo de la fantas�a. A representar un papel. A ocultar sus emociones. A imitar a las personas que parecen m�s felices que ellas. 0 m�s desdichadas. O a robar parte de su personalidad, lo cual es parte esencial del arte esc�nico. Desdicha. Robo. Bueno, en fin, me parece que hablo demasiado. �A su salud!
Respetuosamente, Litvak pregunt�:
-��En qu� sentido fue terrible, se�or Quilley? Me refiero a la infancia de Charlie. Terrible, s�, pero �c�mo?
Litvak hab�a formulado la pregunta como si fuera una persona que estuviera investigando en toda su integridad la naturaleza de lo terrible.
Haciendo caso omiso de lo que �nicamente despu�s advirti� era una creciente gravedad en los modales de Litvak, as� como en la mirada de Kurtz, Ned les comunic� cuantos conocimientos hab�a adquirido incidentalmente, durante los modestos almuerzos de confesi�n con que Ned obsequi� de vez en cuando a Charlie en Bianchi, que era el establecimiento al que las llevaba a todas. La madre tonta, dijo Ned. El padre una especie de estafador, agente de cambio y bolsa que se hundi�, y que, ahora, afortunadamente, ya hab�a muerto, y uno de esos veros�miles embusteros que creen que Dios les puso el quinto as de la baraja en la manga. Acab� en la c�rcel. Muri� en ella. Espantoso.