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Los coleccionistas [The Collectors - es]

Электронная книга - «Los coleccionistas [The Collectors - es]». Краткое содержание книги:

l Camel Club entra de nuevo en acción. Son cuatro ciudadanos peculiares con una misma meta: buscar la verdad, algo difícil en Washington. Esta vez el asesinato del presidente de la Cámara de Representantes sacude Estados Unidos. Y el Camel Club encuentra una sorprendente conexión con otra muerte: la del director del departamento de Libros Raros y Especiales de la Biblioteca del Congreso. Los miembros del club se precipitarán en un mundo de espionaje, códigos cifrados y coleccionistas.
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– ¿Entonces, por qué?

– El halón reduce de forma significativa la capa de ozono. Aunque todavía puede usarse en nuestro país y reciclarse para nuevas aplicaciones, la fabricación de halón 1301 está prohibida en Estados Unidos desde mediados de los años noventa. No obstante, el Gobierno federal sigue siendo su mayor usuario.

– Pues sí que sabes cosas sobre el halón.

– Es que a todos los trabajadores nos impartieron un cursillo sobre el sistema cuando lo instalaron. Y, además, yo me informé por mi cuenta.

– ¿Por qué?

– ¡Porque vengo mucho a esta cámara y no quería morir de forma horrible! -espetó-. Ya sabes que soy un miedica.

Stone observó la boquilla.

– ¿Dónde se almacena el gas?

– En algún lugar del sótano del edificio, y llega aquí mediante tuberías.

– ¿Dices que se almacena como líquido y que sale en forma de gas?

– Sí. La velocidad con la que es expulsado por la boquilla lo convierte en gas.

– Debe de estar muy frío.

– De hecho, si te quedas en pie delante de la boquilla, te congelas.

– ¿Algo más?

– Bueno, si permaneces en la sala el tiempo suficiente, supongo que podrías morir asfixiado. Por regla general, si no hay suficiente oxígeno para un incendio, no hay oxígeno suficiente para mantenerse con vida.

– ¿El gas podría provocar un ataque al corazón?

– No lo sé. Pero no importa. El sistema no se puso en marcha. La sirena se oye en todo el edificio. La única posibilidad de que Jonathan no la oyera es que ya estuviera muerto.

– ¿Y si desconectaron la sirena?

– ¿Quién iba a hacerlo? -preguntó Caleb con escepticismo.

– No lo sé.

Mientras hablaba, Stone observaba un gran conducto empotrado en una de las columnas que sostenía una estantería.

– ¿Eso es un respiradero para el sistema de ventilación? -preguntó. Caleb asintió-. Se le debe de haber caído algo -dijo Stone, señalando dos rejillas que estaban torcidas.

– Suele pasar cuando la gente entra y saca libros en el carro.

– Le diré a Milton que investigue lo del sistema de halón para ver si hay que saber algo más -dijo Stone-. Y Reuben tiene amigos en el Departamento de Homicidios y en el FBI de su época, los servicios de inteligencia militar. Le diré que los llame para ver si descubre algo sobre la investigación.

– Esta noche hemos quedado con Vincent Pearl en casa de Jonathan. En vista de los últimos acontecimientos, ¿no crees que sería mejor cancelar la visita?

Stone negó con la cabeza.

– No. Esos hombres saben cómo encontrarnos estemos donde estemos, Caleb. Si corremos peligro, prefiero intentar descubrir la verdad yo mismo en vez de quedarme esperando el golpe de brazos cruzados.

– ¿Por qué no me haría socio de un aburrido club de lectores, por ejemplo? -se preguntó Caleb, cuando se marchaban de la cámara.

Capítulo 22

Al caer la tarde, fueron todos a casa de DeHaven en el Nova de Caleb. Durante la jornada, Milton había descubierto muchas cosas sobre los sistemas antiincendios. Les informó de que el «halón 1301 es inodoro e incoloro y que extingue fuegos invirtiendo el proceso de combustión, lo cual implica la disminución de los niveles de oxígeno. Se evapora con rapidez, sin dejar residuos. Al activarse el sistema, se descarga en unos diez segundos».

– ¿Puede ser letal? -preguntó Stone.

– Si permaneces en el lugar el tiempo suficiente, dependiendo de los niveles de concentración del agente inundante, se puede padecer asfixia. También puede producir un ataque al corazón.

Stone miró a Caleb con expresión triunfante.

– Pero, según el resultado de la autopsia, DeHaven murió de un paro cardiorrespiratorio -le recordó Milton-. Si hubiera sufrido un ataque al corazón, la causa de la muerte habría sido infarto de miocardio. Un ataque al corazón o ictus deja señales fisiológicas claras. Al forense no se le habrían pasado por alto.

Stone asintió:

– De acuerdo. Pero has dicho que puede producir asfixia.

– Creo que no -dijo Milton-. No, después de haber hablado con Caleb.

– Busqué más información sobre el sistema de halón de la biblioteca -explicó Caleb-. Se considera un sistema sin efectos adversos observados, un protocolo estándar que se utiliza en la extinción de incendios. Está relacionado con los niveles de cardiosensibilización presentes en un lugar concreto con relación a la cantidad de agente inundante necesario para extinguir el fuego. Resumiendo, con un sistema catalogado de este modo, hay muchísimo tiempo para salir del lugar sin que afecte a las personas. Y, aunque por algún motivo la sirena estuviera desconectada, si el gas hubiera salido de esa boquilla, Jonathan lo habría oído. Es imposible que el halón lo incapacitara tan rápido que no tuviera tiempo de escapar.

– Bueno, parece que mi teoría sobre la muerte de Jonathan De-Haven era incorrecta -reconoció Stone. Miró hacia delante. Acababan de parar en Good Fellow Street.

– ¿Ese es Vincent Pearl? -preguntó.

Caleb asintió.

– Ha llegado antes de tiempo -dijo Caleb molesto-. Debe de estar muñéndose de ganas de demostrar a un servidor que se equivoca con lo del Libro de los Salmos.

Reuben sonrió con satisfacción.

– Veo que ha dejado la túnica en casa.

– Mantened los ojos bien abiertos -les advirtió Stone al salir del coche-. No me cabe la menor duda de que nos están observando.

Tal como pensaba Stone, los prismáticos de la ventana al otro lado de la calle enfocaban al grupo cuando se reunieron con Pearl y entraron en la casa. Esa persona también tenía una cámara y les hizo varias fotos.

Una vez en el interior, Stone sugirió que el librero acompañara a Caleb a la cámara solo.

– Es un espacio bastante reducido y vosotros dos sois los expertos en la materia -justificó-. Os esperamos arriba.

Caleb miró a Stone descontento, sin duda por dejarlo a solas con Pearl. Por su parte, Pearl miró a Stone con suspicacia unos segundos antes de encogerse de hombros.

– Dudo que tarde mucho en demostrar que no se trata de una primera edición del Libro de los Salmos.

– Tomaos el tiempo necesario -les dijo Stone, mientras los dos hombres entraban en el ascensor.

– Espero que no os muerdan los gusanos de los libros -añadió Reuben.

– Venga, rápido. Registremos la casa -dijo Stone, en cuanto la puerta se cerró.

– ¿Por qué no esperamos a que Pearl se marche? -sugirió Mil-ton-. Así podemos tomarnos todo el tiempo del mundo y Caleb puede ayudarnos a mirar.

– Pearl no es quien me preocupa. No quiero que Caleb se entere, porque seguro que le parece mal.

Se separaron y, durante los treinta minutos siguientes, inspeccionaron todo lo que pudieron.

– Nada, ni un diario ni cartas -dijo Stone, decepcionado.

– He encontrado esto en un estante del armario del dormitorio -dijo Reuben, mostrando la fotografía de un hombre y una mujer en un pequeño marco-. Y el hombre es DeHaven. Lo he reconocido por la foto que salió en el periódico.

Stone observó la foto y luego le dio la vuelta.

– No lleva nombre ni fecha. Pero, a juzgar por el aspecto de DeHaven, es de hace muchos años.

– Caleb nos dijo que el abogado le había mencionado que DeHaven estuvo casado. A lo mejor ésta fue su mujer.

– Si así es, fue un tipo con suerte -comentó Reuben-. Y se los ve felices, lo cual significa que hacía poco tiempo que se habían casado. Todo eso cambia con el tiempo, creedme.

Stone se guardó la foto en el bolsillo.

– Por ahora nos la quedaremos. -Se paró y miró hacia arriba-. El tejado de esta casa tiene mucha pendiente.

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