El whisky de los poetas
- Автор: Edwards Jorge
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El whisky de los poetas». Краткое содержание книги:
oposición, que hace un año ofrecía un espectáculo de división lamentable,
alcanzó una notable unidad en el dinamismo de la campaña por el no. Ahora
tiene que mantenerse unida, atenta, y trabajar en aspectos concretos de la
democratización del país, aspectos que pueden y deben abordarse de inmediato, como el de los relegados y presos políticos y el de la libertad de expresión.
No es probable, por otro lado, que la oposición y el gobierno puedan
sentarse pronto en la mesa de negociaciones. Pero el oficialismo necesitará en
un futuro muy cercano el voto de sectores de la derecha democrática, y esto
pasa, como condición previa, por una reforma mínima de la Constitución,
una reforma que permita, por lo menos, que la Constitución sea reformable
más adelante. Cuando ya se planteen las cosas en esa forma, la transición real
se habrá puesto en marcha. El exorcismo, la expulsión de los demonios, el
tránsito de la enfermedad a la convalescencia, habrán sido los pasos previos
indispensables.
El país del día siguiente
Parece un caso de ficción política. Los electores chilenos trazaron una raya vertical en una cédula de color amarillento, la doblaron cuidadosamente, la colocaron adentro de una urna, bajo las miradas inexpresivas de soldados y autoridades, y le dieron así una estocada certera, probablemente mortal, a su dictadura. No es que la dictadura se haya esfumado de la noche a la mañana, pero la fiera quedó herida de gravedad. El país del día jueves ya no era el del día martes, ni era el de ese martes 11 de septiembre de 1973. En ese día jueves, el "Huáscar", es decir, el mayor de los carros lanzaaguas de la policía, bautizado con el nombre de un blindado peruano de la Guerra del Pacifico, le pedía a los manifestantes que se retiraran a sus casas "porque el Comando del no había fijado la celebración para el viernes a las cuatro de la tarde". La policía reprimía, como antes, pero a la vez, para tratar de controlar la calle, ¡transmitía un mensaje de la oposición!
Es inexplicable que una dictadura organice un plebiscito para perderlo, pero conviene, para comenzar a entender, conocer la historia concreta de la proposición. El primer proyecto de Constitución encargado por el gobierno al ex presidente Jorge Alessandri, contemplaba un período de transición de cinco años, período que debía culminar con elecciones libres y normales en 1985. Cuando se recibió este proyecto en La Moneda, los pinochetistas puros y duros cambiaron estos cinco años por 16 años, cosa que determinaría después el alejamiento de Alessandri de su cargo a la cabeza del Consejo de Estado. Intervinieron ahí los especialistas en Derecho Constitucionaclass="underline" como el plazo de 16 años era un exceso demasiado evidente, sugirieron dividirlo en dos períodos de ocho años separados por un plebiscito. Fue, en buenas cuentas, una sugerencia de estilo salomónico, y nadie podía imaginar, en 1980, en pleno "boom" económico y en medio de un control político férreo, que Pinochet pudiera quedar en minoría ocho años más tarde.
Ahora, en vísperas de la nominación por la Junta Militar, la situación interna había cambiado mucho, pero Pinochet es triunfalista y siempre ha creído en su buena estrella. "¿Qué condición le pusieron los militares al ofrecerle la candidatura?", le preguntó hace 15 días un amigo mío, cientista político, a un general de ejército en servicio activo. Respuesta del generaclass="underline" "Que fuera candidato a las duras y a las maduras. Es decir, que si ganaba, ganaba, y si perdía, perdía…"
El argumento máximo y casi único de la campaña oficialista fue el miedo: miedo a la violencia, al descalabro económico, al comunismo, a la vuelta de la Unidad Popular de Salvador Allende. Cuando observé, en las interminables colas del día de la votación, bajo un sol de pleno verano, que la gente estaba tranquila, de buen humor, colaboradora, sin gesto alguno que indicara miedo, calculé que el general hasta ahora victorioso había apostado y había perdido. Su Waterloo ya era cuestión de horas.
Los partidarios del si se dividen hoy en los que tomaron la campaña del miedo al pie de la letra y están, en este momento, deprimidos, asustados, histéricos, y en los que ya se "chaquetearon" alegremente. Uno escucha decir: "En realidad, ocho años más con este viejo mafioso era demasiado. Me habría gustado que fueran dos, para consolidar los éxitos de la economía, pero el resultado está bien…" El "chaqueteo" comenzó en la tarde misma del miércoles, frente a las cámaras de la televisión, y nada menos que con Onofre Jarpa presidente de Renovación Nacional y ex Ministro del Interior. "¿Usted, que pertenece al gobierno, qué piensa del acto electoral?" "Yo no pertenezco al gobierno. Fui Ministro hace cuatro años, pero eso ya es historia antigua." "De todos modos, pertenece a la derecha de este país", insistió el entrevistador. "¿A la derecha? ¡Jamás! Soy un nacionalista y un partidario del orden y del trabajo…"
En las primeras horas de la madrugada del jueves, el general Matthei, jefe de la Fuerza Aérea, llamado con urgencia a La Moneda en un momento en que el gobierno todavía retenía los resultados, le dijo a los periodistas que se agolpaban en la puerta principaclass="underline" "Para mi, la cosa está clara. Ganó el no y yo estoy tranquilo".
Nadie duda de que la etapa que se abre ahora será difícil y peligrosa. El tono dominante en la oposición, sin embargo, es francamente optimista. La tarea principal y más ardua es la de reformar la Constitución, que ahora está en su periodo transitorio y que dentro de un año, en su período definitivo, será prácticamente irreformable. La Concertación del no está destinada a convertirse en los próximos días en una Concertación para la Reforma Constitucional. Pinochet, como era previsible, ha confirmado a todos sus ministros y ha declarado que la Constitución será seguida al pie de la letra. Sin embargo, parte de la derecha política, que fue en el pasado del país una típica "derecha civilizada", se ha manifestado dispuesta desde ya a aceptar el principio de la reforma. Y el Ministro del Interior, Sergio Fernández, después de una larga reunión con el general Pinochet, ha declarado el día viernes que, "si fuera necesario", podría invitar a conversar a los jefes políticos de la oposición.
Los puntos claves de cualquier negociación serán los siguientes: que el Congreso sea enteramente generado por el sufragio universal, sin que haya senadores designados a dedo, que se termine con el delito de opinión consagrado en el articulo octavo y que no haya tuición de los poderes públicos por el Consejo de Seguridad Nacional, esto es, por los militares. Un punto de partida interesante, que permitiría encontrar coincidencias, es el borrador de Constitución que propuso Jorge Alessandri y que Pinochet modificó abruptamente. Derrotado Pinochet y en la imposibilidad legal de ser candidato en las próximas elecciones, el texto de Alessandri, la figura de más prestigio de la derecha chilena desde la década del cincuenta, pasa a tener vigencia.
Entretanto, desde la izquierda, Ricardo Núñez, jefe del socialismo renovado, reconoce que "hay personas, sectores y grupos que habiendo sido partidarios del si en el plebiscito, estimulan cambios institucionales democráticos" y los llama a incorporarse a un "gran acuerdo de la civilidad por la reforma constitucional".
No hay dónde perderse: el país de este fin de semana no es el de la víspera del plebiscito del miércoles…
Los viejos y los vejestorios
Un amigo mío se acerca y me dice, con un dejo entre confianzudo y agresivo: "No entendí una de tus últimas crónicas. Ya no recuerdo cuál".
"¿No la entendiste, o no quisiste entenderla?"
"No la entendí, pero creo que tampoco quise entenderla. ¡Para que!"
Eso me pasa, pensé, por meterme a escribir sobre asuntos de actualidad: sobre los fusilados de Calama o sobre políticos delirantes de nuestro mundo contemporáneo, sobre el IVA a la cultura o sobre los sucesos de Europa del Este. De vez en cuando me tienta la actualidad, pero muy a menudo me agobia. La crónica no tiene por qué ser tributaria de los acontecimientos del día. La crónica es un género literario más: un género conciso y digresivo, burlón y poético, situado a mitad de camino entre el ensayo, el epigrama, el reportaje. El primer cronista de la literatura moderna fue el doctor Johnson, y publicaba sus columnas, escritas al correr de la pluma en un rincón de la mesa donde bebía cerveza en compañía de algunos amigos, en un periódico que él hacía casi entero y que se llamaba The Rover, es decir, de acuerdo con mi diccionario, el "vagabundo errante, vagamundo". La crónica es un género algo distraído, errante, cambiante, ligeramente ocioso, y, por eso mismo, por ser ocioso, necesario. He leído crónicas admirables sobre mariposas, sobre pájaros, sobre las batallas campales entre los partidarios y los enemigos de la Malibrán, una cantante española que vivía en Paris en la primera mitad del siglo XIX. Si no escribimos de pronto sobre cosas viejas e inútiles, si no leemos libros que han dejado de estar de moda, perecemos por asfixia. Hace años fui a una casa prestada en la costa chilena. Llevaba mis lecturas, mis obligatorias lecturas, como de costumbre, pero sucedió que esa casa tenia los restos de una biblioteca de Valparaíso de comienzos de siglo. Había gran abundancia de novelas de Walter Scott y de libros de Thomas Carlyle. Dejé a un lado las lecturas impuestas y leí el noble retrato de Scott por Carlyle, precisamente. Después leí las historias de los reyes de Noruega por el mismo Carlyle, que se consideraba inventor del "familiar essay", otro género que limita con la crónica y puede confundirse con ella. "Estas historias", pené, "tienen más fantasía, más invención, más gracia, que el noventa y nueve por ciento de nuestro cacareado realismo mágico". Lo pensé, tuve este pensamiento irreverente, pero me abstuve de divulgarlo.