El whisky de los poetas
- Автор: Edwards Jorge
- Год: 1994
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «El whisky de los poetas». Краткое содержание книги:
La participación alemana en el acto, sin duda, era generosa, bien intencionada. Y la concurrencia, mitad latinoamericana, estaba convencida de antemano. No sé si asistió alguien que perteneciera a la categoría de los no iniciados en el tema. Si hubiera asistido, habría pensado que en Chile sólo existen dos fuerzas políticas: el pinochetismo y el allendismo, la extrema derecha y la extrema izquierda. En esas condiciones, es muy probable que su entusiasmo por la democratización chilena se hubiera enfriado. En cualquier caso, su visión de la lucha del país por recuperar sus libertades habría sido parcial, insuficiente, en algún sentido ahistórica.
Es el pinochetismo, justamente, el que busca erosionar el centro político y el que se exhibe como única fuerza válida frente a una extrema izquierda que acepta ahora el camino de la guerrilla. Nosotros, en cambio, debemos mostrar la variedad, la complejidad, las posibilidades democráticas de la sociedad chilena. El acto de Berlin, a pesar de todo, sirvió para explicar que la lucha de los intelectuales, los escritores, los artistas, se ha desarrollado en Chile en un contexto menos simple, menos esquemático, más variado y rico, que el que se suele imaginar desde fuera. En medio de avances y retrocesos, se han conquistado espacios de libertad que casi siempre asombran a los extranjeros.
Hacia el final de la discusión se planteó un problema revelador y típico: ¿puede un intelectual, un escritor chileno, aparte de denunciar la dictadura, abordar todos los temas de la cultura contemporánea? Hace poco, Jaime Alazraki, profesor de literatura en Harvard, Massachussetts, dirigió una carta furibunda a El País de Madrid en contra de José Donoso. Lo acusaba de haber descrito en una crónica unos encuentros con Jorge Luis Borges, en lugar de ocupar ese tiempo y ese espacio en denunciar los crímenes de la dictadura.
En otras palabras, los escritores chilenos deberíamos reducir nuestro horizonte mental y dedicarnos en forma exclusiva, monotemática, a combatir nuestro régimen político. Lo demás seria debilidad, frivolidad, traición. Pues bien, ocurre que Donoso ha tomado claras posiciones públicas en contra del pinochetismo, y además escribe sobre Borges, y sobre el orientalista del siglo XIX Richard Burton, y sobre Henry James. Esto le significó perder hace poco el Premio Nacional de Literatura. Le significa tener el respeto de los lectores, pero el desdén de las autoridades de su país, que en una oportunidad, hace un par de años, lo detuvieron por algunas horas, por razones políticas, en una remota comisaría de la isla de Chiloé.
Extraño asunto: pedir la libertad para Chile y practicar la más flagrante intolerancia contra un escritor de la categoría de José Donoso por el delito de contar unos recuerdos literarios. Todo esto, claro está desde la peligrosa trinchera de una cátedra en Harvard o de un año sabático en Barcelona.
Vuelvo aquí a mi punto de partida. Cuando los grupos del exilio chileno, y los extranjeros que solidarizan con ellos, pasen de la prédica de la libertad a su práctica efectiva, el inmovilismo actual de la sociedad chilena empezará a terminarse. De lo contrario, las divisiones generalizadas, la intolerancia, el oscurantismo, serán, sumados, el equivalente algebraico de la persistencia de la dictadura.
Saber y elegir
Aunque no nos permitan manifestarnos mucho, los chilenos tenemos un talento notable para la discusión y la contradicción. Uno aspira a encontrar en alguna parte, por fin, un elemento unificador, algo que nos lleve al consenso mínimo. Parece, sin embargo, que ese factor de unidad no existe en la realidad nuestra. Ese factor escurridizo se ha transformado en nuestra piedra filosofal. Me pregunto si estaremos obligados a buscarlo a través de edades oscuras.
He reflexionado sobre este asunto a propósito del llamado a elecciones libres. Cuando me propusieron participar en la convocatoria, pensé honestamente que ninguna persona bien intencionada, interesada en la recuperación democrática del país, podría oponerse. Me olvidaba de una enseñanza fundamental que ofrece la historia. En las edades oscuras, los doctores, los escoliastas, los teólogos, se enredan en debates formales, abstractos, interminables: ¿cuál es el sexo de los ángeles, cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?
El llamado a elecciones libres ha despertado entusiasmo en provincias donde se han formado comités espontáneos de apoyo. En Santiago, en cambio, en el mentidero capitalino, las reacciones son variadas y cautelosas. Las autoridades acusan recibo en términos corteses y declaran que han sometido el problema a sesudos estudios. Son estudios que podrían prolongarse durante meses, años, quinquenios. De todos modos, hemos visto respuestas peores. Cuando se mantienen las formas, creo que conviene celebrarlo.
Un viejo amigo, en el escenario crepuscular de la Plaza del Mulato Gil de Castro, me dice: "Todo esto es una pérdida de tiempo. Sin pleno acceso a la televisión, ¿qué sacamos?" La convocatoria, desde luego, habla de elecciones libres e informadas. Implica y supone la creación de condiciones para que el acto electoral sea libre. No podemos imaginar, en este momento, una televisión abierta a la crítica del régimen. Estamos tan enfermos de lo que Octavio Paz llamó la "peste autoritaria", que nos cuesta mucho imaginarla. Pero debemos hacer un esfuerzo de imaginación. Debemos pedir lo que todavía parece imposible. La vida errante me ha llevado a conocer situaciones políticas extraordinarias en España, en Portugal, en el Brasil. Durante un proceso de transición, lo que parece imposible adquiere de pronto posibilidades vertiginosas. En el Chile de hoy se repite el diagnóstico de Diego Portales: el orden existente se mantiene por el peso de la noche. Es lo único portaliano que le queda a nuestro régimen.
Un dirigente comunista, por último, hace dos objeciones. El grupo que hizo el llamado no representa a todos y es excluyente. Las elecciones libres se plantean bajo el marco de la Constitución de 1980. Creo que se puede responder en pocas líneas. El grupo está formado por un conjunto heterogéneo de personas de buena voluntad. No pretende representar a todo el mundo, pero no excluye a nadie. Todo lo contrario. El rasgo esencial de la convocatoria es, su llamado universal, sin exclusiones.
En cuanto a la Constitución, el hecho de saber cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler no interesa nada. La idea de elecciones libres contradice a fondo el mecanismo contemplado en ese texto y exige una modificación. Podría, en el futuro próximo, alcanzarse un consenso bastante amplio en favor de esa reforma constitucional. ¿Y entonces? ¿Vamos a pasar alguna vez de la condición de oponentes declarativos, ideologizantes, a la de opositores racionales, organizados, que proponen una alternativa razonable y aceptable?
Alternativas
Somos un país original, de eso no cabe ninguna duda. Creo que nos determina la distancia y la geografía, la loca geografía. Y somos un país aficionado a inventar mitos y a elaborar persistentes leyendas sobre sí mismo. He aquí una de nuestras leyendas: somos la Inglaterra de America del Sur. Ni existe esa Inglaterra, ni somos esa Inglaterra.