Noches en el desierto
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Noches en el desierto». Краткое содержание книги:
Pero tenían que hacer el viaje juntos, les gustara o no. Peor todavía, en las dos semanas siguientes tendrían que fingir ser marido y mujer.
La situación no era la ideal, pero tenían algo en común: él iba a cumplir años también, cuarenta, y tampoco estaba tan mal físicamente.
– David -gritó, tomando su mano con desesperación.
– Despacio, no hay prisa. No va a sonar ningún teléfono. Nadie va a llamar a la puerta. Tenemos toda la noche por delante.
David la desnudó con una desesperante lentitud, saboreando la textura de su piel. Claudia nunca antes había sentido aquel placer y no pudo evitar estremecerse, no pudo evitar exclamar el nombre de él con una mezcla de impaciencia y terror, mientras notaba que sus fuerzas por controlarse estaban al límite.
David sentía complacido que el deseo de ella era tan grande como el suyo propio. El tambien se había quitado su ropa, y comenzó a dibujar con las manos cada curva del cuerpo femenino. Sus muslos largos, su estómago de satén, sus lugares secretos… su calor y su fuego.
Claudia, excitada, notaba todo su cuerpo vibrar, deseosa de todo lo que él pudiera darle.
– Es mi turno ahora -dijo, sin aliento, protegida por la fuerza de él.
David era delgado y duro y su cuerpo brillaba con los últimos rayos del sol. Tenía los músculos duros como acero templado, pero su piel era caliente y flexible y los labios de ella murmuraron palabras de amor sobre él, mientras lo besaba, lo chupaba, lo tocaba y lo excitaba. Cuando él no pudo más, volvió a colocarla debajo.
– Creí que habías dicho que no tenías prisa.
– Ahora sí -contestó él.
Entonces no hubo más palabras, sólo el calor febril entre ellos golpeándolos con una fuerza insoportable y primitiva que barrió todo lo demás.
Claudia se levantó hacia él, dejando escapar un suspiro de alivio al ser penetrada. Por un segundo se detuvieron, se miraron a los ojos y luego continuaron moviéndose rítmicamente. Un ritmo que fue aumentando hasta sacarlos del mundo a la vez, hasta provocar el más indescriptible placer con un grito de alivio.
CAPÍTULO 10
– MI VUELO sale pasado mañana -informó Claudia. Iban por una pista de arena que terminaba en Telama'an, en ese momento una mancha brillante en el horizonte. Claudia deseó que pudieran ir mucho más despacio. No quería volver. Quería quedarse en el wadi donde el silencio la envolvió como una bendición, donde no había exigencias, ni prisas, ni apariencias que guardar. Donde sólo existía David como una espada entre ella y el resto del mundo.
En sus brazos, la noche anterior había descubierto cuánto lo amaba. Habían cenado cuando la luna salía y se habían tumbado de espaldas a ver las estrellas. Más tarde, habían hecho de nuevo el amor, despacio, dulce y tan maravillosamente que Claudia había llorado. Asombrados por el descubrimiento de su unión, habían permanecido abrazados, hablando sobre cualquier cosa, simplemente para oír la voz del otro y saber que no era un sueño. No tenían a nadie cerca, pero habían hablado en susurros para no romper la magia de la noche oscura, de su inmovilidad.
Claudia se había quedado dormida en los brazos de David, despertándose cuando los primeros rayos del sol tocaron su frente con su luz dorada. No habían hablado mucho entonces, no lo necesitaban, después de todo lo que habían compartido. David había hecho el té y lo habían bebido sentados en la colchoneta mientras veían cómo el cielo se iba tiñendo de azul. Luego, él la había levantado con un breve beso.
– Es hora de que nos vayamos.
Ahora que los minutos pasaban, Claudia no quería mencionar su viaje, pero no pudo evitarlo.
– ¿Cómo te atreves a tomar de nuevo un avión? – quiso saber David, para disimular la tristeza de pensar en su marcha. Ella lo había dicho de manera tan ligera, que parecía no importarle.
Pero él no estaba preparado para oír aquellas palabras. Sólo quería sentir el placer de tenerla a su lado y recordar la noche pasada.
– Tengo que hacerlo -dijo Claudia, disgustada y confundida por la aparente falta de preocupación de él.
Hubo un silencio. David agarró el volante con fuerza y miró hacia adelante.
– ¿Por qué no te quedas?
– No puedo -dijo orgullosa, creyendo que él lo decía sin desearlo en realidad-. Me ha sido muy difícil conseguir estos días en el trabajo. Tú tienes tu propia compañía, pero el resto de los mortales tenemos que conservar nuestros trabajos. Me encantaría quedarme más tiempo, de verdad, pero si no aparezco el lunes, habrá alguien dispuesto a sustituirme y no puedo arriesgarlo todo cuando llevo trabajando allí sólo unos días. Me temo que tenemos que volver al mundo real -añadió, mirando con amargura la ciudad que se acercaba cada vez más.
David tuvo deseos de gritarle, de preguntar si la noche anterior no había sido real. Pero no lo hizo. Recordó, en ese momento, cuando Alix recogió sus cosas y lo abandonó.
– Éste es el mundo real, cariño -había dicho su antigua novia-. Nos lo hemos pasado muy bien, pero ahora no puedo seguir contigo. Necesito a alguien con contactos que entienda cómo funcionan las cosas en el mundo de la moda, alguien que pueda ayudarme y Tony tiene mucho dinero, que también ayuda -finalizó, cenando su maleta con una sonrisa de satisfacción.
Él entonces era muy joven y se había recuperado de la ruptura con Alix, pero no le era fácil quedarse allí sentado escuchando a Claudia hablar también sobre el mundo real, como si el amor fuera algo separado, una concesión, un escape de la realidad del trabajo, pero algo que no podía tomarse en serio.
Quizá él no estaba siendo justo con ella. Ella tendría una vida propia en Londres: un trabajo, un apartamento, una familia y amigos. Por supuesto, eso tenía que ser para ella más real que una noche en el desierto.
– Supongo que tienes razón. El mundo real no es así, ¿verdad?
Ésas palabras hirieron profundamente a Claudia. David podía haber sugerido que tenían que verse en Londres, ¿no? Ella ya no se atrevía a mencionarlo, por si él se lo tomaba como una persecución. ¿Y si él pensaba que ella iba a tomarse la noche anterior como algo demasiado importante?
Terminaron el viaje en un silencio incómodo. Cuando llegaron, David se cambió y se fue al despacho sin despedirse ni darle un beso. No iba a tomarla en brazos y pedirle que se quedara. Claudia, por su parte, creyó que él estaba ansioso por volver a su trabajo habitual.
Tenían dos noches todavía, se recordó a sí misma. Se sentó en el borde de la cama y, al recordar la noche anterior, no pudo evitar estremecerse. Esa noche estarían de nuevo solos y, cuando él la tomara en sus brazos, todo volvería a ser perfecto.
– ¡Tengo un plan estupendo!
– ¿El que? -preguntó Claudia, con mirada ausente. Lucy estaba hablando como si llevaran meses sin verse, en vez de una sola noche, pero ella no la estaba prestando demasiada atención.
– ¡Justin va a llevarte a Menesset! -anunció Lucy excitada.
– ¿Qué? -preguntó Claudia, volviendo a la realidad.
– He cancelado tu billete -explicó Lucy.
– ¿Qué? -preguntó asombrada Claudia, que estaba en ese momento soñando que David había cancelado su billete para que no se marchara.
– He estado pensando mucho en lo que me dijiste y me pareció la oportunidad perfecta de arreglar las cosas.
– ¿Qué dije?
– Ya lo sabes, lo de que no habías podido estar a solas con Justin ni tener la oportunidad de saber cómo habrían sido las cosas en otras circunstancias. Me sentí fatal por no darme cuenta de que estabas enamorada de él y no pude evitar pensar que volverías a Inglaterra más triste de lo que habías venido. Así que, Justin me prometió que te llevaría a Menesset mañana y yo pensé que de ese modo tendrías dos días y una noche para conoceros el uno al otro mejor.
– Lucy… -comenzó Claudia, desesperada.
– Dije a Justin que te daba miedo viajar después de lo que había pasado y que si te podía llevar él. Te diré, Claudia, que le encantó la idea -continuó excitada Lucy-. Es más, se puso tan contento que yo creo que siente lo mismo que tú por él. Lo único que tienes que hacer es decirle que no estás realmente casada. A David no creo que le importe que te vayas antes. ¡Ha salido todo tan bien al final, que después de todo, casi me creo la predicción!