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Электронная книга - «Sensaciones Al Límite». Краткое содержание книги:

Cuando el investigador privado Ben Callahan asumió el encargo de vigilar y proteger a la rica heredera Grace Montgomery, creyó que sería una misión fácil. Pero pronto descubrió que la maravillosa Grace representaba una seria amenaza para su libido. No le preocupaba poder mantenerla a salvo de cualquier amenaza, pero… ¿quién podría protegerla de él?
Grace era finalmente libre: libre para descubrir quién era y lo que quería. Y lo que quería en aquel momento era a su nuevo y sexy vecino. Pensaba explorar su propio lado sensual, despojarse de todas sus inhibiciones y descubrir lo que significaba ser una mujer: la mujer de Ben. Aunque jamás hubiera podido imaginar que a Ben le habían pagado por obtener ese privilegio.
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– Grace, tenemos que hablar.

– No es necesario hablar -deslizó una mano por su vientre plano, descendiendo cada vez más.

Su erección parecía estar conforme con ella. De nuevo volvía a desearla.

– No cuando se trata de tu seguridad. Hoy has corrido un gran riesgo. Un riesgo enorme.

– Tienes razón. Lamento haberte preocupado tanto y te agradezco que fueras a buscarme. ¿Sabes? He pensado mucho últimamente. Me he liberado de mi familia, del dinero y de los compromisos que entrañaba. Para conseguirlo, necesitaba demostrarme a mí misma que podía ser independiente. Lo único que lamento es haberte asustado a ti en el proceso.

– Bueno, supongo que eso puedo perdonártelo -bromeó, besándola en el pelo.

– Eres demasiado generoso -rió Grace-. Supongo que eso quiere decir que puedo admitir que no me importa que seas mi protector, siempre y cuando esté justificado. ¿Sabes? Me gusta saber que alguien me aprecia lo suficiente como para velar por mí. Siempre es mejor eso a que lo haga alguien que recibe dinero de mi padre por hacerlo.

Ben maldijo en silencio. Odiaba vivir aquella mentira.

– Necesitas olvidarte de la familia Montgomery. Dejarla atrás, superarla.

– Eso me resulta mucho más fácil cuando estoy contigo -se acurrucó contra él, bostezando, y Ben apagó la luz de la mesilla.

El silencio invadió la habitación. ¿Había imaginado alguna vez que encontraría tanta paz y serenidad al lado de una mujer?, se preguntó Ben. Y con Grace Montgomery, precisamente: la nieta de una cliente, de una familia y un mundo tan distintos a los suyos. Casi tuvo que reprimir una carcajada.

Aunque una parte de su ser todavía creía que algún día Grace echaría de menos su anterior vida de lujos, casi se arrepentía de pensar algo semejante. Se trataba de un prejuicio bien arraigado, pero prejuicio al fin y al cabo. No era de la misma opinión el hombre que conocía tan bien la bondadosa naturaleza de Grace Montgomery.

Sin duda alguna, se había enamorado demasiado como para poder dar marcha atrás. Pero si optaba por luchar, tenía una encarnizada batalla por delante…

Grace se despertó con un sobresalto. No estaba segura de qué era lo que la había despertado, pero una vez despierta no hizo más que dar vueltas y vueltas, incapaz de volver a dormirse. ¿Cómo podía haberse acostumbrado tan rápidamente a la presencia de Ben? ¿Y cómo se acostumbraría a estar sola otra vez una vez que él se hubiera ido? Encendió la pequeña lámpara de una esquina de la habitación, y no se sorprendió de que Ben ni se inmutara. Dormir tan profundamente era algo normal en él. Además, lo había dejado agotado. Evocó la sensación de sus labios en aquellos lugares tan íntimos, abrasándola y grabándola a fuego con sus caricias. Y ella le había dejado hacer. Porque nada era más sagrado que su corazón, y Ben se lo había robado casi sin quererlo.

Dormido, el cabello le caía sobre la frente, atenuando la dureza que tenían sus rasgos y su expresión durante el día. Pero seguía siendo tan sexy como siempre. La sensualidad formaba parte de su ser. Estaba tumbado de espaldas, con un brazo sobre la cabeza, la sábana deslizada hasta la cintura. El oscuro vello de su pecho descendía en una fina línea por su abdomen hasta desaparecer bajo la sábana. Y lo que había debajo…

El corazón se le aceleró y empezó a excitarse. Grace no necesitaba ver lo que había debajo de aquella sábana, porque lo había memorizado hasta el último detalle. No era sólo el aspecto de su erección, sino también su textura entre sus dedos, y dentro de su propio cuerpo. Por vez primera comprendía la metáfora compuesta que describía aquella parte del cuerpo masculino como formada por acero y terciopelo. Suave al contacto, pero dura y poderosa.

Si sólo se tratara de eso… si sólo fuera atracción sexual y deseo lo que sentía por Ben, todo sería mucho más fácil. Se acurrucó contra su cuerpo. Enterrada en lo más profundo de su ser, se escondía una ternura y una suavidad que conocía muy poca gente. Una infancia y una adolescencia de trabajo duro y pobreza lo habían moldeado como persona, pero Grace había descubierto un aspecto mucho más vulnerable: su amor por su madre enferma, su dedicación por los niños pobres y desfavorecidos del mundo, y la preocupación que había demostrado por su bienestar y seguridad. Debajo de aquel exterior de tipo duro que tanto la había atraído, se ocultaba el hombre al que amaba.

Sigilosamente se levantó de la cama y cruzó la habitación. Recogiendo su cámara, enfocó a Ben. Le había sacado fotografías inmerso en variadas actividades, pero el hombre que yacía en aquel momento delante de ella era el hombre de sus sueños, y si desperdiciaba aquella oportunidad, tal vez nunca se le presentara otra. Aquellas fotos serían lo único que tendría Grace para nutrir su corazón y su alma durante las largas y solitarias noches que se avecinaban.

Con un nudo de emoción en la garganta, empezó a sacarle fotos, moviéndose por la habitación y capturándolo desde diferentes ángulos. En lo más profundo de su corazón, sabía que aquellas instantáneas eran las mejores que había hecho en su vida, porque cada una de ellas contenía una parte fundamental de sí misma. Porque, muy pronto, esas imágenes serían lo único que le quedaría de Ben Callahan.

Capítulo 12

Permitirle a Grace que fuera a trabajar al día siguiente y después al parque, sola, fue una de las cosas más difíciles que había hecho Ben en toda su vida. Y no porque se preocupara por su seguridad, sino porque sabía que aquello representaba el final.

Respecto al encargo de Emma, formalmente había cumplido con todo lo que se le había pedido, y su trabajo estaba terminado. Durante toda la mañana y primera hora de la tarde la había estado llamando para informarla de ello, pero, según sus sirvientes, no estaba disponible para atender llamadas de teléfono. Ben no sabía qué diablos quería decir eso exactamente, excepto que tendría que retrasar su informe final… un informe que, por otro lado, no tenía ninguna gana de entregarle. Miró su reloj. Eran cerca de las cinco y todavía tenía que bajar el equipo de masaje y dejárselo al portero, así que sacó la llave que le había dado Grace y entró en su apartamento. Al pasar al dormitorio el aroma del aceite de coco asaltó sus sentidos. Jamás olvidaría aquella fragancia, que siempre asociaría con el cuerpo desnudo de Grace, tenso de deseo, esperando a que le hiciera el amor. Aquella confianza que le había otorgado permanecería para siempre en su corazón. Sólo esperaba que una vez que ella descubriera la verdad, le diera alguna oportunidad…

Se había acercado a la mesilla para recoger las cintas de música y los frascos de aceites cuando su mirada se posó en la cama. Evidentemente Grace había estado muy ocupada aquel día, pero no sólo en el estudio de fotografía para el que trabajaba. Ahora que pensaba sobre ello, cuando se habían separado aquella mañana, Ben había supuesto que era en el estudio donde tenía intención de pasar el día. Pero al parecer había tenido otras cosas que hacer, entre las cuales figuraba la de revelar fotos.

Sobre la cama había un álbum abierto, con fotografías sueltas y desperdigadas sobre el colchón. Fotografías de Ben. De Ben descargando su Mustang, jugando al baloncesto en el parque, lavando el coche… y durmiendo en su cama la noche anterior. Se quedó sobrecogido de sorpresa. Por primera vez en su carrera, alcanzaba a vislumbrar lo que se sentía al ser objeto y no sujeto de una investigación, a ser el observado y no el observador.

Sentándose en la cama, colocó todas las fotos sobre la colcha, observándolas con detenimiento. Grace era una gran fotógrafa. Ya había visto fotografías suyas y sabía lo bien que se le daba capturar y retener la vida en imágenes. Pero aquéllas eran distintas y, de repente, Ben se dio cuenta de que había logrado captar su alma: cada aspecto de su personalidad, desde el tipo que intentaba ser uno más entre los chicos de la calle, hasta el hombre saciado y contento después de haber hecho el amor. Grace había descubierto y saboreado todas aquellas facetas.

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