Sensaciones Al Límite
- Автор: Филлипс Карли
- Язык: испанский
- Жанр: Остросюжетные любовные романы
Электронная книга - «Sensaciones Al Límite». Краткое содержание книги:
Grace era finalmente libre: libre para descubrir quién era y lo que quería. Y lo que quería en aquel momento era a su nuevo y sexy vecino. Pensaba explorar su propio lado sensual, despojarse de todas sus inhibiciones y descubrir lo que significaba ser una mujer: la mujer de Ben. Aunque jamás hubiera podido imaginar que a Ben le habían pagado por obtener ese privilegio.
– La tienes -declaró sin vacilar.
«Así de fácil», pensó Ben. «Y así de complicado». Estaba a punto de demostrarle lo que se sentía al perder el control… de la misma manera que ella le había hecho perder el suyo. Se inclinó para besarla ligeramente en los labios, y Grace le echó los brazos al cuello, atrayéndolo hacia sí.
– No, no -pronunció Ben, apartándole las manos y colocándoselas a los costados.
Grace lo miró curiosa. Ben le abrió la sábana en la que todavía seguía envuelta, desnudándola por delante y revelando sus senos a su hambrienta mirada. Quería que no olvidara jamás ese cumpleaños. Comenzó a lamerle un pezón, humedeciéndole la punta y la aureola. Olía y sabía tan maravillosamente bien… Sólo el hecho de concentrarse en su placer podía capacitarlo para conservar el control, y se detuvo un momento para soplar ligeramente sobre la zona que acababa de bañar en saliva.
Grace emitió un gemido estrangulado, que lo hizo temblar de deseo. Le pasó luego una mano por el cuello en un intento de atraerlo hacia sí, diciéndole sin palabras lo que necesitaba…
– Me estás obligando a hacer algo que no quiero, corazón.
– ¿Y eso? -inquirió ella, con voz ronca de deseo.
– Porque me estás distrayendo con esas manos tuyas, y ha llegado la hora de que descubras lo que significa sentirse absolutamente indefenso… como me sentí yo cuando te fuiste hoy al parque.
Se había preocupado terriblemente. Habría sido capaz de cortarse un brazo con tal de que nada le sucediera. El único motivo por el cual todavía no se lo había echado en cara no era otro que aquella inesperada celebración de cumpleaños. Se estiró a un lado para abrir el cajón de la mesilla y sacar el par de pañuelos de cuello que había guardado allí antes.
Grace abrió mucho los ojos, pero no protestó. De hecho, parecía estar gozando de cada instante. Ben le alzó una muñeca y empezó a hacerle un ligero masaje con las dos manos.
– Quiero que me des el visto bueno para hacer esto.
– Te lo doy.
Casi podía leerle el pensamiento, y de repente ansió poder ser todo aquello que ella creía que era. Ató la punta de un pañuelo a una de las barras de la cabecera de bronce y le aseguró la otra a la muñeca, antes de hacer lo mismo con la otra mano.
– ¿Estás cómoda?
– Excitada -murmuró.
– De eso se trata.
Al mirarlo, comprendió que le estaba diciendo la verdad. No había ninguna otra persona en el mundo en quien confiara tanto como para entregarle su cuerpo, su corazón y su alma. Con las manos atadas de aquella forma, nunca se había sentido más vulnerable ante nadie. Ni más excitada.
– Necesito que hagas algo por mí.
– Me temo que no estás en situación de pedir favores -repuso Ben con una sonrisa.
– Desnúdate. Una vez que estemos los dos desnudos, podrás hacer conmigo lo que desees.
Ben se desabrochó el botón superior de la camisa y se la sacó limpiamente por encima de la cabeza para dejarla caer al suelo. Los pantalones siguieron el mismo camino, de modo que finalmente quedó ante ella completamente desnudo. Desnudo y excitado.
– ¿No llevas ropa interior?
– Sé de cierta persona que me ha mantenido demasiado ocupado como para ponerme a pensar en cosas tan básicas como lavar la ropa.
Grace se echó a reír, pero no podía apartar la mirada de su erección. Aunque habían hecho el amor más de una vez, su tamaño y fortaleza seguían asombrándola. Los pezones se le endurecían, y su sexo comenzó a humedecerse. No había nada que pudiera hacer para esconder aquellas femeninas reacciones a su mirada, en el caso de que hubiera querido hacerlo. Y no quería porque abrirse a él de todas las formas imaginables era su única oportunidad de retenerlo junto a sí cuando todo terminara.
Ben se tumbó a su lado en la cama y la acarició íntimamente.
– Tan caliente y húmeda… para mí -murmuró. Deslizaba los dedos por sus sensibles pliegues, excitándola cada vez más.
Con un suspiro, Grace cerró los ojos y se dedicó a disfrutar plenamente de aquellas sensaciones. De Ben. Con las manos atadas y las piernas abiertas, plenamente expuesta, en la oscuridad, lo encontraba todo doblemente erótico. Aun así, se llevó una sorpresa cuando sintió de repente sus labios en la cara interna de sus muslos, y más todavía cuando aquellos labios encontraron sus más femeninos secretos y empezaron a embeberse en ellos. Sus fuertes manos le separaron aun más las piernas mientras su boca obraba una magia que nunca antes había sentido Grace. Su lengua delineaba todos los contornos de su sexo, memorizando su sabor y descubriendo lo que la hacía gemir y convulsionarse de placer.
Grace descubrió que si gemía de una determinada forma, aquella perversa lengua profundizaba sus caricias, y si alzaba las caderas, sus dedos le separaban mejor los finísimos pliegues, facilitando un mejor acceso a su boca. Su contacto siempre era tierno y suave, incrementándose cada vez en ritmo y presión. Su cuerpo se estremecía al borde del orgasmo. Olas de placer empezaban a anegarla por dentro, acercándola al clímax mientras se aferraba con fuerza a los barrotes de la cabecera de la cama. Hasta que ya no pudo soportar ni un minuto más de aquella deliciosa tortura.
– ¡Oh, por favor! Por favor… -sollozaba, con los ojos todavía cerrados y el cuerpo tenso de deseo y anhelo como la cuerda de un arco.
Sin previo aviso Ben se colocó encima de ella y se hundió en su interior, concediéndole exactamente lo que le había rogado. Su magnífica erección alivió maravillosamente su agonía, hasta que de pronto se retiró, dejándola vacía e inerme.
– Otra vez -Grace apenas reconocía aquella voz suplicante como propia. ¿Cómo habría podido hacerlo cuando su hipersensible y tembloroso cuerpo tampoco le resultaba familiar? Jamás antes había sentido tanto en tan poco tiempo.
La mirada de Ben contenía una intensidad de sentimientos que reflejaba la suya propia, provocándole un nudo de emoción en el pecho que amenazaba con ahogarla. Y aun así, esperó. ¿A qué? Grace lo ignoraba.
– ¡Ben! -gritó su nombre, alzando las caderas.
Una inmensa satisfacción asomó a sus ojos un instante antes de agarrarla de los hombros para hundirse nuevamente en ella. A partir de entonces nada pudo detener el clímax que tanto habían estado demorando. Mientras se movía en interior, hacia dentro y hacia fuera, cada embate la hacía sentir más, ansiar más… Hasta que el orgasmo estalló como una explosión, destrozando todo aquello que creía seguro y fiable y dejándola más expuesta y vulnerable que nunca.
Pero no estaba sola. Ben estaba con ella, estrechándola entre sus brazos y alcanzando su propio orgasmo en aquel preciso instante, con igual intensidad que el suyo. Cuando las convulsiones de Grace empezaron a atenuarse, sin desaparecer por completo, Ben le apartó el cabello de la cara y la besó en los labios. No fue un beso suave ni tierno, sino posesivo y exigente que la emocionó hasta hacerla llorar.
Finalmente se derrumbó en sus brazos, tan agotado como ella.
– Feliz cumpleaños, Gracie -le murmuró al oído.
«Te amo», pensó ella, pero se guardó aquellas dos palabras en lo más profundo de su corazón, intuyendo que Ben no querría escucharlas.
Ben desató los nudos de los pañuelos, liberándola. Le dio un masaje en cada muñeca, dándose cuenta por primera vez de la magnitud de la confianza que Grace había depositado en él. Grace valoraba sobre todas las cosas su independencia y su libertad, y aun así le había permitido que le hiciera aquello… sin hacerle preguntas.
– ¿Estás bien?
– Nunca he estado mejor -se acurrucó en su regazo.
Ben se relajó, lleno de una felicidad tan inmensa que le daba miedo. El, un hombre que no necesitaba a nadie, necesitaba a aquella mujer tanto como el oxígeno para respirar. No era algo fácil de admitir. Y no veía ninguna solución a la vista… excepto la verdad. Y eso era algo que todavía no estaba preparado para revelar. No mientras no hubiera arreglado antes algunas cosas, y celebrado el cumpleaños que le había prometido a Grace: un cumpleaños que nunca olvidaría… por buenos motivos, y no malos.