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Электронная книга - «Sensaciones Al Límite». Краткое содержание книги:

Cuando el investigador privado Ben Callahan asumió el encargo de vigilar y proteger a la rica heredera Grace Montgomery, creyó que sería una misión fácil. Pero pronto descubrió que la maravillosa Grace representaba una seria amenaza para su libido. No le preocupaba poder mantenerla a salvo de cualquier amenaza, pero… ¿quién podría protegerla de él?
Grace era finalmente libre: libre para descubrir quién era y lo que quería. Y lo que quería en aquel momento era a su nuevo y sexy vecino. Pensaba explorar su propio lado sensual, despojarse de todas sus inhibiciones y descubrir lo que significaba ser una mujer: la mujer de Ben. Aunque jamás hubiera podido imaginar que a Ben le habían pagado por obtener ese privilegio.
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Ben vaciló, pero Grace no lo notó, o fingió no advertirlo. Su dulce risa flotó en la sala, desgarrándole el corazón. Sería ese sonido lo que más echaría de menos.

– Tengo que marcharme -se preguntó si su excusa parecería tan falsa como lo era en realidad.

– Oh, no. Todavía no. ¿Y si me visto y bajo a buscar algo para desayunar? -inquirió Grace.

Ben suspiró profundamente. Negarse le estaba resultando cada vez más difícil.

– ¿Y si bajara yo? Quédate tú aquí con Cat y Logan.

Resplandeciendo de alegría, Grace asintió con la cabeza; evidentemente suponía que Ben iba a quedarse a desayunar con ellos. Pero no lo haría. Abandonó el apartamento dando un portazo. Había entrado en la vida de Grace mediante una mentira. Además, se había acostado con, ella sabiendo que la estaba engañando y, en una hora, estaría informando sobre su vida a su abuela. No tenía ningún sentido socializar con su familia como si fuera un buen amigo o algo más. A Grace ciertamente no le gustaría la verdad cuando la descubriera… así como tampoco a su hermano.

– ¿Dónde está el bebé? -le preguntó Grace a su hermano, minutos después de la brusca salida de Ben.

– En casa con Emma, y deja de cambiar de tema. ¿Quién es ese tipo?

– ¿Quieres dejarle en paz? -le recriminó Catherine, solidarizándose con Grace.

– ¿Dejaste tú en paz a tu hermana Kayla cuando empezó a salir con Kane? -replicó él.

Grace se dispuso a disfrutar de aquella discusión tan familiar, y a la vez tan inofensiva. Los había echado terriblemente de menos y les estaba muy agradecida por aquella visita: sólo deseaba que hubiera tenido lugar en otro momento. Por la forma en que Ben se había retirado, después de subirles el desayuno, Grace era consciente de que su sorpresiva aparición había echado a perder el calor y la intimidad de la noche que habían pasado juntos. Había replegado velas, y, en esa ocasión, no le resultaría tan fácil hacerle volver.

Después de su corta visita, Grace dejó a Logan y a Cat en el hotel y finalmente se quedó sola. Se sentía inquieta y nerviosa. Todavía corría por sus venas la adrenalina liberada por la noche que había pasado con Ben, y a esas alturas del día no podía quedarse quieta en casa. Además, tenía que hablar con la madre de Kurt antes de que el crío siguiera los pasos de su hermano mayor.

En cuanto a su propia seguridad personal, se dijo que no tenía sentido preocuparse por eso. No cuando el futuro de un inocente niño como Kurt estaba en juego. Así que agarró su cámara y se dirigió a los bajos fondos.

Capítulo 10

El teléfono sonó en el mismo momento en que Ben entró en su apartamento. La visita que le había hecho a su madre le había levantado el ánimo; algo normal, ya que parecía que no había nada que pudiera minar la moral de aquella mujer. El aparato sonó una vez más. El hecho de saber que probablemente se trataba de Emma amenazaba con echar a perder su mejorado estado de ánimo, pero, por otra parte… ¿qué sentido tenía retrasar lo inevitable?

– Callahan -descolgó el auricular.

– ¡Buenas tardes! -la alegre voz de Emma resonó al otro lado de la línea, alta y clara.

– Hola, Emma -deliberadamente omitió cualquier frase que incluyera la palabra «bueno».

– ¿Se acostó muy tarde anoche?

– ¿Significa esa pregunta que me estuvo llamando esta mañana?

– Sí. Quería advertirle de que el hermano de Logan pretendía hacerle a Grace una visita sorpresa, pero supongo que lo descubrió de la peor manera posible, ¿verdad?

– ¿Perdón?

Ben estaba a punto de ahogarse en su propio sentimiento de culpa. La anciana no podía conocer lo que estaba pasando entre Grace y él. Si era así, le quitaría el caso y el apartamento en un santiamén. Y, evidentemente, una vez que Logan estaba al tanto de las actividades nocturnas de Ben, existía la posibilidad de que Emma también lo estuviera…

– Estuve llamando desde las nueve. No estaba en casa anoche, ni a primera hora de la mañana, ni durante toda la tarde… Ha estado muy ocupado. De todas formas supongo que sabrá que Logan y Cat hicieron una aparición repentina… porque sigue vigilando de cerca todos los movimientos de Grace, ¿verdad?

– Por supuesto -Ben sacudió la cabeza-. Quiero decir, sí, sé que ha venido su nieto.

Ben se había sentido con libertad de visitar a su madre sabiendo que Logan y Cat mantendrían entretenida a Grace durante todo el día. No había tenido que preocuparse de que se le ocurriera ir al parque o meterse en otro lío con el hermano mayor de Kurt.

– Logan es un hombre maravilloso -comentó Emma-. Me costó un poco que se relacionara con Catherine, pero tengo que reconocer que estuve a la altura de ese desafío.

– Por supuesto.

– ¿Qué hay de Grace?

Al escuchar ese nombre, a Ben se le contrajo el estómago de necesidad, de anhelo. Y de una culpa inmensa. No tenía ganas de revelar ninguna información sobre la vida privada de Grace a Emma. A su cliente. A la persona a la que debía lealtad. No quería informar a Emma de que Grace tenía muchas amistades, o de que sacaba fotografías para un folleto solidario, un trabajo admirable. Ni siquiera quería revelarle que era feliz. Aquello le parecía una traición de la peor especie.

Pero ya había aceptado un adelanto para sus gastos en la misión, había comenzado a vivir en un apartamento cuya renta pagaba Emma y había puesto a su madre en una lista de espera para conseguir atención personalizada, en una residencia mucho más cómoda que la que tenía. Profesionalmente hablando, le había prometido a Emma el mejor de los servicios. Pero, a un nivel personal, a su madre le había prometido todavía más. Estaba obligado para con las dos. Negándose a plantearse dónde podía encajar Grace en un escenario semejante, se concentró de nuevo en la conversación con su abuela.

– Ya casi he terminado con la misión. Tengo toda la información necesaria para que se quede tranquila por lo que respecta a su nieta. Sólo necesito un día o dos más para rematarlo todo -«para acechar al atacante del parque e informar a la policía de sus actividades», añadió Ben para sí. Una vez que la policía empezara a vigilar a aquel tipo, su trabajo habría tocado a su fin-. Cuando llegue ese momento, le entregaré un informe definitivo.

De repente Emma profirió un extraño sonido, como si se ahogara, y empezó a toser.

– ¿Se encuentra bien? -le preguntó Ben.

– Sí -siguieron unos segundos de silencio, durante los cuales la anciana debió de beber unos tragos de agua-. Perdone. Lo que quería decir es que estoy impresionada por la rapidez con que ha ejecutado su trabajo.

Ben se imaginó en aquel momento a Grace yaciendo desnuda bajo su cuerpo. Emma no sabía ni la mitad de lo que había pasado.

– Gracias.

– No necesito un informe escrito. Con su palabra me vale.

– Se lo agradezco, pero siempre cierro mis casos así. Bueno, me ha encantado trabajar para usted. Como ya le he dicho, dentro de un par de días le entregaré en persona toda la información necesaria.

Colgó el auricular y se dedicó a ordenar todo lo posible el apartamento. Pero su mirada vagaba incesantemente hacia la puerta, como si pudiera ver lo que estaba sucediendo al otro lado del pasillo, en el piso de enfrente. Le desgarraba el deseo de volver a ver a Grace. De repente, el teléfono sonó de nuevo.

– Creía que ya habíamos terminado… -pronunció nada más descolgar.

– Te has equivocado de persona, hombre.

– Hola, León.

Ben escuchó atentamente el motivo de la llamada de León y maldijo entre dientes. La punzada de culpa que antes había experimentado adquirió otro significado. Grace había vuelto al parque. Aquel carácter tan independiente que tenía la iba a llevar a la tumba… sobre todo si algo le había sucedido. Colgó violentamente el teléfono y salió del apartamento a toda velocidad.

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