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Los asesinos ocultos

Электронная книга - «Los asesinos ocultos». Краткое содержание книги:

Una terrible explosión en un edificio de Sevilla ha causado la muerte de varios ciudadanos. Cuando se descubre que los bajos de la edificación alojaban una mezquita, los temores que apuntan a un atentado terrorista se imponen. El miedo se apodera de la ciudad: bares y restaurantes se vacían, se multiplican las falsas alarmas y las evacuaciones.
Sometido a la presión tanto de los medios En Escocia en pleno siglo XIV, el clan de los Fitzhugh asesina a toda la familia de Morganna Kil Creggar, la protagonista de esta novela pasional, humorística y llena de fuerza. Alta, delgada y atractiva, Morganna jura venganza por este acto al clan enemigo y, para llevar a cabo su cometido, se viste de chico y se hace llamar Morgan. Ello le brinda la oportunidad de trabajar como escudero para Zander Fitzhugh, un miembro del clan y caballero empeñado en unificar su tierra y liberarla del dominio inglés, como del sector político, el inspector Javier Falcón descubre que el terrible suceso no es lo que parece. Y cuando todo apunta a que se trata de una conspiración, Falcón descubre algo que le obligará a dedicarse en cuerpo y alma a evitar que se produzca una catástrofe aún mayor más allá de las fronteras españolas.
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– Una última cuestión acerca del imán -dijo Falcón-. Nos han dicho que llegó procedente de Túnez en septiembre de 2004, y que pertenece a la categoría de sospechosos de terrorismo de bajo riesgo, pero para poder acceder a su historial se necesita la autorización de un superior.

– Su expediente es incompleto -dijo Juan.

– ¿Qué significa eso?

– Por lo que sabemos, está limpio -dijo Juan-. Se le ha oído manifestarse en contra de la naturaleza indiscriminada y cruel de los atentados de Madrid. De su solicitud de visado sabemos que una de las razones por las que vino a Sevilla fue para intentar curar las heridas entre las comunidades católica y musulmana. Comprendió que era su deber. Sólo nos preocupaban algunas lagunas de su expediente que no se han podido llenar. Es algo que se remonta a los años ochenta, cuando muchos musulmanes se fueron a Afganistán a luchar con los muyahidines contra los rusos. En los noventa algunos regresaron a sus casas radicalizados, y otros se hicieron talibanes. En aquella época el imán sería un treintañero, por lo que sería un óptimo candidato. Al final los estadounidenses respondieron por él y le concedimos el visado.

– De modo que la bomba ha matado a un posible simpatizante -dijo Elvira-, a cinco hombres de más de sesenta y cinco años, a otro menor de treinta y cinco que iba en silla de ruedas, a dos españoles conversos y a dos hombres de cuarenta que cobraban el subsidio de incapacidad laboral, lo que sólo nos deja a dos hombres menores de treinta y cinco años, perfectamente sanos y de origen norteafricano. ¿Puede el CNI ofrecernos alguna teoría de por qué este grupo extrañamente heterogéneo que, como se nos ha dicho, no estaba bajo vigilancia, iba a almacenar explosivo militar de alta calidad y por qué iban a detonarlo?

Silencio. Les llegó el chirrido de los engranajes de la maquinaria de fuera. El estruendo de los escombros al rodar hacia los volquetes vacíos, el siseo y los pitidos de los sistemas hidráulicos, el leve rugido del cable de la grúa al desenrollarse, todo ello puntuado por el estacazo de los martillos neumáticos: aquella música les recordó a aquellos hombres cuál era el propósito de su reunión y el desastre acaecido en esa ciudad.

– Trabelsi Amar no se encuentra en la base de datos de sospechosos de terrorismo y es un inmigrante ilegal -dijo el ayudante de Elvira, rompiendo el silencio.

– ¿Cree que los explosivos pudieron almacenarse en la mezquita sin que lo supiera el imán? -preguntó Calderón.

– Existe la remota posibilidad de que no supiera lo que era -dijo Juan-. Como saben, el hexógeno parece azúcar. El rastro que dejó en el suelo indica que el paquete no estaba herméticamente cerrado. Es posible que el explosivo se encontrara en esas cajas de cartón que el inspector jefe nos ha dicho que descargaron ayer.

– Pero para que el hexógeno explote hace falta un detonador -dijo Halcón-. Por la manera en que lo transportaron debe ser un producto estable.

– Lo es -dijo Juan.

– Lo que significa que debían de estar fabricando bombas y les explotó por accidente -dijo Falcón-. Dudo que pudieran hacerlo en secreto en una mezquita de ese tamaño, con trece personas dentro. No he visto los planos, pero no puede tener más de diez metros por veinte.

– Así que, según esta hipótesis, contaban con la complicidad del imán -dijo Juan-. Tendremos que hablar con los estadounidenses de ese Abdelkrim Benaboura y encontrar una identificación fotográfica y el historial de Trabelsi Amar.

– Si Soumaya ha identificado a Amar como su sobrino, no parece que le esté encubriendo -dijo Falcón-. Probablemente tiene fotos de él. Hemos de considerar la posibilidad de que no fuera él quien conducía la furgoneta. Podrían haberla robado, o quizá se la prestó a otra persona para que transportara productos a Sevilla. Quizá la función de Trabelsi Amar sólo era proporcionar una furgoneta cuyo robo no se denunciara.

– Nos aseguraremos de que el CGI de Canillas se ponga en contacto con la policía local de Madrid, que ahora está interrogando a Mohammed Soumaya -dijo Juan, que parecía estar desautorizando al inspector jefe Barros, que seguía a punto de explotar-. Una de las complicaciones de estas operaciones terroristas es que las personas que tenemos controladas sólo acaban haciéndonos perder tiempo y recursos. Ya ocurrió en el caso del 11 de marzo, cuando ningún miembro de los comandos operativos era un terrorista conocido ni tenía vínculos con ninguna organización terrorista radical conocida. Salieron de la nada para llevar a cabo su tarea.

– Pero ahora ustedes están más preparados que antes -comentó Elvira.

– Desde el 11 de septiembre y desde que hay evidencias de conexiones de las células terroristas islámicas en España…

– ¿Se refiere a miembros de Al-Qaeda? -dijo Elvira.

– No nos gusta utilizar el nombre de Al-Qaeda -dijo Juan- porque da a entender que existe una organización jerarquizada al estilo occidental. Resulta útil para los medios de comunicación poder adjudicarle ese nombre al terrorismo islámico, pero no lo utilizamos en el servicio. Hemos de procurar no confiarnos. Como le decía, desde el 11 de septiembre y desde que hay pruebas de las conexiones de las células terroristas islámicas en España con los autores de los atentados de las Torres Gemelas y de Washington, las actividades se han intensificado.

– Pero, como he dicho, parece haber una corriente infinita de agentes jóvenes desconocidos y que pueden organizarse a distancia para llevar a cabo actos terroristas -dijo Calderón-. Ese es el auténtico problema, ¿verdad?

– Como habrá visto por las investigaciones de los atentados de Londres -comentó Juan-, existe una extraordinaria cooperación entre todos los servicios secretos. Nuestra proximidad con el Norte de África nos hace vulnerables, pero también tiene ventajas. En los dos años transcurridos desde los atentados de Madrid hemos conseguido infiltrarnos con bastante éxito en Marruecos, Argelia y Túnez. Esperamos mejorar nuestra capacidad de detectar células durmientes interceptando las señales que pueden llegar a activarlas. No somos perfectos, pero ellos tampoco. No se oye hablar de nuestros éxitos, pero es demasiado pronto para decir que lo ocurrido obedece a uno de nuestros fracasos.

– Ha dicho antes que «según esta hipótesis contaban con la complicidad del imán» -dijo Falcón-. ¿Significa eso que se contemplan otros posibles escenarios?

– Todo lo que podemos hacer es estar preparados para cualquier eventualidad -dijo Juan-. En los dos últimos años hemos estado observando un fenómeno interno, que salió primero a la luz en internet. Dudo en llamar grupo a este fenómeno, pues no hemos encontrado pruebas de ninguna organización, ni de ninguna comunicación, si a eso vamos. Lo que hemos encontrado son boletines informativos en una página llamada www.vomit.org. Creíamos que era una página de Estados Unidos porque primero apareció en inglés, pero hace poco la CIA y el MI 5 nos han informado de que ahora creen que VOMIT significa Víctimas del Odio de Musulmanes, Islamistas y Terroristas.

– ¿Cuál es el contenido de ese boletín informativo?

– Se trata de una lista actualizada de todos los ataques terroristas llevados a cabo por los extremistas islámicos desde principios de los noventa. Ofrece un breve relato del atentado, el número de víctimas, tanto muertos como heridos, seguido del número de personas directamente afectadas por ser parientes de un muerto o un herido.

– ¿Significa eso que se ponen en contacto con las familias de las víctimas? -preguntó Elvira.

– Si lo hacen, al parecer las víctimas no se han enterado -dijo Juan-. Quienes se acercan a las víctimas son los medios de comunicación, el gobierno, los servicios sociales, la policía… y, de momento, no hemos encontrado a nadie que haya sido capaz de decirnos que VOMIT se ha puesto en contacto con ellos.

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