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Diosa Por Elección

Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:

Por fin, Shannon Parker se había reconciliado con la vida en el mundo mítico de Partholon. Amaba a su marido centauro y se había acostumbrado a su conexión con la diosa Epona y los beneficios que conllevaban ambas cosas. Casi había olvidado su antigua vida en la Tierra… sobre todo, cuando descubrió que estaba embarazada…
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
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Su voz sonó de repente, ronca de emoción.

– Si quieres que piense en mandarte a Partholon y alejarte de aquí, tendrás que dejar de mirarme así.

– ¡Lo siento! -respondí, y cerré los ojos con fuerza para quitarme su imagen de la cabeza.

Volví a pensar en ClanFintan y sentí cómo temblaba el musgo. Mantuve la cabeza inclinada, abrí los ojos y me concentré en el riachuelo que discurría por debajo de mí. El agua se movió como si fuera una ventana y se abrió, y yo miré hacia el mundo que había más allá.

Vi el claro de Partholon. Era exactamente igual que aquél en el que nosotros nos encontrábamos, pero estaba vacío. Sin dudarlo, conjuré el poder que había dentro de mí y lo lancé a través del agua hacia Partholon. Instantes después tuve que parpadear rápidamente para librarme de las gotas de sudor que me caían desde la frente hacia los ojos. Se me había acelerado la respiración, y tenía la ropa húmeda de sudor, pegada al cuerpo.

Habían comenzado a temblarme los brazos cuando oí un sonido cada vez más intenso. Entonces, a través de la corriente vi que ClanFintan se abría paso entre la maleza y entraba al claro, con un aura de color zafiro cuyos bordes dorados latían salvajemente.

– ¡Shannon!

El poder de su voz resonó de una manera inquietante a través de la corriente.

– ¡Estoy aquí! -respondí con un grito.

Su cuerpo de centauro se aproximó con una velocidad inhumana hacia los árboles. Se detuvo justo en el lugar que Clint ocupaba en este mundo.

– ¿Cómo puedo ayudarte? -me preguntó, y la frustración de su voz fue como un reflejo de la mía.

– ¡Concéntrate! Pon las manos sobre los troncos de los árboles y piensa en mí.

Rápidamente, él puso las manos en los troncos y me miró.

– Amor mío, no pienso en otra cosa.

Yo empujé y noté que las manos se me hundían un poco en el musgo, que ahora era como una gelatina caliente. Seguí empujando hacia delante y la masa líquida me envolvió los brazos hasta los codos. De repente, toqué las manos de otro; eran unas manos más grandes y más cálidas que las de un hombre humano.

A través de la corriente me di cuenta de que ClanFintan abría los ojos de golpe, e intenté frenéticamente que mis manos obedecieran mis órdenes y se agarraran a las suyas.

Entonces, desde algún lugar por detrás oí un aleteo oscuro que entraba en el claro. En aquel instante sentí un cambio en los árboles. El poder que yo había reunido en mí vaciló y comenzó a disminuir, como si alguien me lo estuviera arrebatando.

Volví la cabeza ligeramente, y centré mi atención entre ClanFintan y la cosa que estaba en aquel momento en mitad del claro de Partholon. La oscuridad se ondulaba y tomaba forma en el bosque, empapando el suelo como un derrame de aceite. A medida que se acercaba, yo noté una sensación muy familiar, y me estremecí al identificar el origen de aquella familiaridad. Era el mal. El mismo mal que había viajado con el ejército de los Fomorians.

La sombra se acercó más y más. No tenía forma definida, y era difícil verla con claridad, como si fuera una sombra dentro de otra sombra.

Yo sentí, a través de nuestras manos, que ClanFintan se estremecía.

– Hay algo que… -musitó; entonces, alzó la cabeza y miró hacia atrás.

En aquel mismo instante, la forma oscura se hizo líquida por completo, y se derramó en la corriente cristalina. Con horror, vi que las aguas que discurrían a mis pies se volvían espantosas, negras, a medida que la oscuridad pasaba de un mundo al otro.

– ¡Shannon! ¿Qué ocurre? -me pregunto ClanFintan. Sin embargo, su voz sonaba muy lejana.

– No lo sé…

Me quedé sin habla al ver cómo la cosa pasaba por debajo de mis pies y se detenían a la orilla del riachuelo. Se elevó y se solidificó en forma de silueta alada. Yo emití un grito de pánico.

– ¡Nuada!

– Sí, mujer -respondió la criatura-. He respondido a tu llamada. Ahora comenzaremos de nuevo nuestro juego.

– ¡No! -le grité yo. Mi concentración se hizo añicos. Ya no podía sentir a ClanFintan.

Mientras los árboles escupían mis manos de su interior líquido, oí la llamada desgarradora de mi marido. Sin embargo, tal y como si un gigante hubiera soplado sobre la superficie del riachuelo, el agua se movió, y el reflejo de Partholon desapareció. Yo di varios pasos hacia atrás y me aparté de los árboles.

La criatura se acercó a mí con un sonido líquido, deslizante.

– Me alegro de que me hayas llamado.

Emitió una parodia oscura de la risa y alzó unos brazos medio formados, intentando que sus manos derretidas formaran unas garras.

Yo no podía creer lo que estaba viendo.

– Pero si estás muerto -dije, como una estúpida.

– Ya no, mujer -respondió él con un silbido-. Estamos conectados. No finjas que no has usado el poder oscuro para despertarme y emplazarme aquí -me dijo, mientras se acercaba. Yo observé espantada cómo comenzaban a solidificarse sus garras-. Te he echado de menos, mujer, casi tanto como he echado de menos el sentir vida dentro de mí.

– No te acerques -dijo Clint con calma, y se puso delante de mí de manera protectora.

Nuada lo fulminó con la mirada.

– Este reflejo débil de tu compañero mutante piensa que le perteneces -dijo, y yo vi cómo algunos fragmentos de oscuridad salían disparados desde sus labios mientras le escupía las palabras a Clint. Percibí el pulso del aura de la criatura. Su oscuridad era la completa ausencia de bondad. Se dividió hasta alcanzar su altura completa, y extendió las salas-. Voy a disfrutar matándolo.

– ¡No! -grité yo.

Nuada se lanzó hacia Clint. Pareció que su sombra se fundía con el humano. Yo me quedé paralizada por la conmoción: lo único que pude hacer fue observar cómo la criatura absorbía a Clint. Sin embargo, a medida que él arañaba con las garras para desmembrarlo, el aura de Clint resplandeció, y el borde dorado se resquebrajó, y lanzó chispas en los lugares en los que contactaba con la oscuridad de Nuada.

La criatura chilló y dio varios pasos atrás.

– ¡Humano! -gritó-. Siento tu magia, pero no tienes la fuerza necesaria para vencerme.

La criatura alzó los brazos hacia el cielo, y pareció que las sombras del bosque volaban hacia sus manos. Su aura de color muerte latió desmedidamente. Entonces, Nuada volvió a avanzar hacia Clint.

En aquella ocasión, cuando las auras entraron en contacto, las chispas doradas y brillantes se habían hecho más débiles. Fue suficiente para que Nuada retrocediera una vez más, pero sólo hasta que estuvo fuera del alcance del aura. Yo vi la tensión en el rostro cubierto de sudor de Clint.

– Tus patéticas fuerzas se debilitan -silbó Nuada mientras avanzaba de nuevo.

Entonces, yo agarré el brazo de Clint con ambas manos, que todavía tenía calientes de una manera antinatural a causa de su contacto con los árboles. Me concentré en enviarle todo aquel calor a Clint, y en aquel mismo momento, Nuada entró en el aura vibrante y azul.

Las chispas atravesaron como relámpagos el cuerpo oscuro de Nuada, y su grito resonó por todo el bosque. Pareció que su forma se plegaba sobre sí misma antes de que retrocediera rápidamente.

– Eres mía. Hasta que te posea, destruiré todo lo que amas, en este mundo o en el otro.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire mientras su forma sombría se desvanecía en el bosque.

De repente, sentí un mareo tan intenso que me fallaron las rodillas y se me nubló la visión. Con un gruñido, solté la mano de Clint y me caí al suelo helado.

– ¡Shannon! -Clint se arrodilló a mi lado, y me tomó en sus brazos.

– No tengo sensibilidad en las piernas -susurré. Me temblaban incontrolablemente. Miré la cara pálida de Clint e intenté alzar la mano para acariciarle la mejilla, pero el brazo no me obedecía. Me sentía distante de mi propio cuerpo, como si no fuéramos la misma cosa.

– No hables -me dijo Clint.

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