Diosa Por Elección
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Diosa Por Elección». Краткое содержание книги:
Pero entonces una súbita explosión de poder la envió de vuelta a Oklahoma. Sin la magia, Shannon no podía regresar a Partholon, así que tendría que buscar ayuda. El problema era que esa ayuda tomó la forma de un hombre tan tentador como su marido. Y, durante el camino, Shannon descubriría que ser una diosa por error era mucho más fácil que ser una diosa por elección…
– ¿Y cómo sabías que también estaban en Partholon?
– Ellos me lo dijeron. Toqué su poder e intenté llamarte. Al principió no creía que fuera a funcionar. Percibía tu presencia, pero estaba amortiguada y fragmentada, como si tú no estuvieras oyendo de verdad mi llamada.
– Eso es porque no fui yo quien oyó tu llamada, sino Epi -dije con frustración.
– ¿Quién es Epi?
– Mi yegua. Bueno, no exactamente. No es una mascota ni nada por el estilo. Es la encarnación equina de la diosa Epona. Y supongo que puede decirse que yo le pertenezco a ella tanto como ella me pertenece a mí. Ella fue quien se sintió atraída hacia los árboles, no yo. Sin embargo, cuando llegamos al claro en el que estaban, comenzó a actuar de una manera extraña, como si supiera que algo no iba bien.
– Eso explica por qué me resultó tan difícil reconocerte.
– ¿Reconocerme?
– Sabía lo que sentías hacia Rhiannon. Sí, tú dices que no os parecéis, y admito que no tienes su frialdad ni su dureza. Pero es como si fuerais partes de un todo. No sé de qué otra forma de describirlo.
Yo lo miré con escepticismo.
– Piénsalo de este modo: todo el mundo tiene un aura. Incluso muchos científicos lo admiten.
Yo asentí.
– Mientras esté conectado con el bosque, veo con claridad las auras. Incluso puedo buscar una que conozca. Tu aura y la suya son casi idénticas.
Aquello consiguió que me sintiera muy mal.
– De acuerdo, entonces me encontraste por mi aura, que también debe de ser similar a la de Epi, ya que tú la reconociste y la llamaste a ella también. Después, ¿cómo me trajiste hasta aquí?
– Te llamé a través de los árboles. Rhiannon me explicó que hay pliegues entre nuestros mundos. Me dijo que una vez que se encuentran esos pliegues es posible deslizarse entre las dimensiones.
– ¿Y los árboles provocan un pliegue?
– No sé si ellos provocaron un pliegue, o a la inversa, pero, sí, localicé un pliegue dimensional entre los árboles. Fui allí, me concentré en tu aura y en la razón por la que quería intercambiaros a Rhiannon y a ti. Cuando tú tocaste los árboles, yo toqué aquella dimensión. Te agarré y tiré.
– ¿Me agarraste a través de los árboles?
– Estaba tocando los dos árboles y concentrándome, imaginando una especie de honda de poder que te lanzara hasta aquí y enviara a Rhiannon allí. De repente sentí algo… como si mis manos se deslizaran dentro de su corteza, y noté tus manos. Así que tiré.
– Muy bien, así es como me trajiste. Entiendo que así es como puedo volver.
– No lo sé.
– Bueno, lo que sí es seguro es que vamos a ir a averiguarlo.
Bajé los pies al suelo y comencé a incorporarme. Inesperadamente, el sonido del océano invadió mis oídos, y la habitación comenzó a girar peligrosamente alrededor de un eje inclinado.
– ¡Tranquila! -dijo él, y yo noté sus manos fuertes sujetándome y guiándome de vuelta a la cama-. Los árboles seguirán allí por la mañana.
Miré su imagen desdibujada, y cerré los ojos, asombrada por la debilidad de mi cuerpo.
– Quiero volver a casa -susurré.
– Ya lo sé, mi niña -me dijo él con suavidad-. ¿Cuánto tiempo estuviste incapacitada cuando hiciste tu primer viaje dimensional?
Intenté concentrarme, y respondí:
– Un par de días, como mínimo. No lo recuerdo bien -después añadí-: Y no soy tu niña.
Él pasó por alto mi comentario.
– Mantén los ojos cerrados y duerme. Concédete un tiempo para recuperarte. No olvides que tienes que tener fuerzas suficientes para sobrevivir al viaje de regreso.
Yo mantuve los ojos cerrados, intentando relajarme y respirando profundamente. Traté de no estremecerme al notar una mano cálida que me apartaba un rizo de la cara.
– Duerme, Shannon -murmuró él.
Yo no respondí, y oí cómo tomaba la bandeja del té y las galletas. A través de los párpados medio abiertos lo vi desaparecer por la puerta de la cocina, y volver a salir con otra taza de café humeante. Volvió a acercar la mecedora al fuego, bajo la lámpara de queroseno. Hizo un gesto de dolor mientras se sentaba cuidadosamente, y encendió la lámpara. Con evidente rigidez, alargó el brazo y tomó el libro que descansaba boca abajo sobre la mesilla. Me di cuenta de que había visto aquella misma expresión de dolor en el rostro de ClanFintan cuando recibió las heridas en la batalla, y sin poder evitarlo, me pregunté por qué tipo de lesión se habría retirado Clint. Era evidente que todavía le molestaba.
Se me cerraron los ojos. Mi última imagen consciente fue la de la tapa del libro que estaba leyendo Clint. Era una colección de ensayos de una escritora de Oklahoma, Connie Cronley, titulada De vez en cuando se cae una rueda.
Vaya si era cierto.
Capítulo 3
Al principio, el sueño fue como una niebla seductora. A medida que me sumergía en él, sin embargo, mi mente se llenó de premoniciones oscuras, y yo no podía despertarme. En la pantalla de la noche se proyectaron escenas inconexas. Eran apariciones fantasmales, a medio formar, en parte centauro, en parte demonio, en parte humano, nada que yo pudiera reconocer ni que tuviera sentido para mí.
Mi alma durmiente se estremeció e intentó hacerse con el control de las visiones, como siempre había podido hacer en el pasado, pero en esta ocasión, el espacio que normalmente estaba lleno de alegría y fantasía había cambiado. Se había transformado en un paisaje de pesadilla.
Yo sabía que estaba durmiendo, y me decía que podía despertar en cualquier momento, pero eso no me dio consuelo porque las imágenes deshilvanadas se fundieron y se hicieron sólidas, y se transformaron en algo grotescamente familiar. Vi una recreación sangrienta de la batalla final entre Partholon y los Fomorians, menos la intervención de Epona y nuestra victoria final. Los cadáveres de los centauros y los humanos que yo sabía que habían muerto en batallas previas estaban despiertos y, como si fueran muertos vivientes, se levantaban para ser asesinados de nuevo.
Algunos de ellos sólo tenían ojos. Otros sólo tenían bocas con colmillos. Y el resto parecían tocados por una mano divina y eran increíblemente bellos. Mi alma se encogió a la vista de todos ellos.
Yo no presencié mi propia muerte, pero sí vi cómo Alanna, Carolan, Victoria y Dougal caían bajo los dientes y las garras de los Fomorians. Y a medida que la batalla se reproducía una y otra vez ellos resucitaban para ser asesinados nuevamente. Después apareció el Señor de los Fomorians, Nuada. En aquella ocasión mi marido no lo venció. Yo presencié, impotente, cómo el demonio desmembraba despiadadamente a ClanFintan.
Acto seguido, Nuada eligió a un guerrero solitario, uno a quien yo reconocí rápidamente: era el padre resucitado de Rhiannon, el reflejo de mi padre. Con un silbido de victoria, la criatura alada cercenó el cuello pálido de El MacCallan
El grito que se me había estado formando en la mente penetró en mi sueño, y oí el eco del nombre de mi padre en el perímetro de la espantosa pesadilla. De repente Nuada se volvió y miró a su alrededor, como si estuviera buscando a alguien. Con los ojos entornados, se irguió hasta adoptar su altura completa, con las alas erectas y distendidas. De su boca brotaba sangre y espuma, mientras gritaba: «¡Sí, mujer! He oído tu llamada. Ya nunca seremos libres el uno del otro. ¡Iré a buscarte estés donde estés!».
Tomé aire, y mi propio grito de terror me despertó repentinamente. Unos brazos fuertes me estaban zarandeando, y escuché una voz grave llena de preocupación.
– ¡Shannon, Shannon! ¡Despierta!
Abrí los ojos y vi la cara de Clint. Se me encogió el corazón ante la familiaridad de sus facciones. Echaba de menos a ClanFintan profundamente.
– No pasa nada, estoy bien -dije, e intenté sonreír mientras me zafaba de sus manos.