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El Club De Las Chicas Temerarias

Электронная книга - «El Club De Las Chicas Temerarias». Краткое содержание книги:

El club de las chicas temerarias está formado por seis prósperas mujeres latinas que se conocen desde que comenzaron la universidad. Provenientes de diferentes ambientes económicos, culturas y religiones, consolidan su inquebrantable amistad reuniéndose cada seis meses, pase lo que pase, para cenar, cotillear, compartir sus éxitos o ayudarse en los peores momentos de sus vidas.
Vicepresidenta de una importante compañía, Usnavys es un divertido ciclón negro, Sara es una modélica madre y la esposa de un abogado y respetado miembro de la comunidad judía, Elizabeth es copresentadora de un programa de televisión matutino y portavoz nacional de una organización cristiana, Rebecca es sencillamente perfecta, la creadora de Ella, la revista de la mujer hispana más popular del país, Amber, cantante y guitarrista de rock, espera su gran oportunidad, y Lauren es la redactora más joven y la única hispana del diario Gazette. ¡Son las temerarias!
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Roberto lo sabe. Les dio el préstamo, pero se aseguró de que entendiera que si no se lo devolvían sería yo quien sufriría las consecuencias. Él sabe en qué situación me encuentro. No heredaré ni un centavo. Esto le da aún más poder sobre mí. Ahora también puede amenazarme con echarme. Y lo hace, constantemente. Su juego favorito es coger una maleta y empezar a llenarla con mis cosas, echarme de la casa mientras los niños lloran por su mami y arañan el cristal de la puerta principal.

Roberto ya está abajo, hablando con Vilma de algo. Sharon, la niñera suiza que vive en la casita de huéspedes de atrás y estudia por correspondencia en su tiempo libre, llevó a los niños al colegio esta mañana porque yo me encontraba demasiado mal, así que ya se han ido. La buena y vieja Vilma. Cuando mis padres no pudieron permitirse emplearla en la casa de Palm Island, vino a trabajar para nosotros. Nunca ha conocido a otra familia que no sea la mía. Tiene casi sesenta años, y es como una madre para mí. Le ofrecimos alojarse en la casa de huéspedes, claro, pero prefirió quedarse en el pequeño dormitorio que hay detrás de la cocina. Lo único que tiene allí es su viejo televisor -no me permitiría que le comprara uno nuevo o que lo conectara al cable, ni siendo gratis-, su Biblia en la mesilla, un rosario colgado en la pared, unas postales de su hija en El Salvador y unas sencillas mudas de ropa dobladas en la cómoda. También se alegrará por nosotros cuando nazca la niña. No le importa que seamos judíos, nos quiere. Creo que ya sabe lo del embarazo; es la que saca la basura del baño y hace meses que no hay ni un Tampax en ella. Vilma es observadora. Últimamente me dice que no me fatigue e intenta que beba esa sopa que dice que es tan buena para las mujeres embarazadas, con maicena, agua y canela. La huelo y me echo a temblar.

– Oye -oigo la voz de Roberto retumbar.

Habla sin parar sobre algo que ha visto en el periódico, mientras Vilma abre el grifo del agua. La gente dice que hablo alto, pero deberían conocer a mi marido. Lo digo en serio. ¿Que los cubanos son ruidosos? Espera a ver a un cubano judío. Te lo juro. No me había dado cuenta de lo fuerte que hablamos hasta que vine a Boston y apenas oía a la gente. La ciudad entera parecía susurrar entre la nieve y el hielo. Una locura. Miami es ruidosa, caliente y húmeda. Mi casa de la infancia aún era más ruidosa. No he conocido otra vida.

Tengo que esperar hasta que se me pasen las náuseas antes de bajar a desayunar con mi marido. Me siento en la chaise longue del baño principal, junto al jacuzzi, e intento concentrarme en el último Ella. Trato de ignorar que la habitación ha empezado a dar vueltas. Lo he probado todo, hasta las pulseras contra el «mal de mar», pero nada funciona. Me sorprende que Roberto no haya notado que no me siento bien. Parece preocupado por el gran caso que tiene entre manos. Puede que se prolongue hasta marzo, dice. El estrés le está matando. Espero que gane. Porque si pierde, ay, chica.

Intento leer un artículo sobre cómo añadir romanticismo a nuestra vida amorosa. Aunque no sé qué ha pasado con nuestra vida amorosa, sinceramente. No hay entusiasmo, ¿sabes lo que quiero decir? Roberto aguantaba una hora o más cuando éramos jóvenes, pero ahora lo hacemos cada vez más rápido, es como si lo hiciéramos solos o algo así, es todo automático y funcional, para ir a por el bebé. Me encantaría que hubiera más romanticismo, velas y música suave. El artículo de Ella sugiere varios trucos que incluyen notas de amor y pétalos de rosa. Roberto se reiría si intentara cualquiera de ellos.

Es probable que otro embarazo no sea una gran ayuda en ese sentido. A Roberto ya le molestó el aumento de peso de mi último embarazo: tres kilos permanentes por cada niño, y ahora este sobrepeso. Me hace saber tan a menudo que su falta de deseo está relacionada con mi peso que ahora no lo hago a menos que pueda dejarme la camiseta puesta para que pueda pensar en Salma Hayek. Nunca he sido grande y mi médico dice que mi peso es correcto. Mido uno cincuenta y cinco, y peso sesenta y cinco kilos. La doctora Fisk dice que es un peso perfecto para mi tamaño. Cuando le digo que a Roberto le gustaría que perdiera unos kilos, frunce el ceño. Una vez me preguntó por los cardenales que tenía en la espalda, y le contesté que me había caído en el hielo. Me miró fijamente durante un buen rato y me preguntó si había manos humanas en ese hielo. No contesté y no insistió.

Pierdo la vista en la foto de Benjamín Bratt con esa raquítica perilla en la sección «masculina» de Ella y espero a sentirme mejor. ¿Por qué todo el mundo habla de lo guapo que es este tipo? Yo no lo creo. Prefiero a Russell Crowe, un verdadero hombre, un tipo duro. Benjamín Bratt parece que se rompería en dos si lo abrazas demasiado fuerte. Me levanto, pero tengo que volverme a sentar. Me siento como cuando juego con mis hijos a hacer el tiovivo. Con este embarazo voy a tener que aprender a actuar, chica. Quizá debería decírselo a todos y ya está. Es tan duro fingir que me siento bien con los niños, cogerlos y llevarlos como les gusta a los pequeños de cinco años, a la espalda, relinchando como un caballo. A veces estoy tan cansada que me siento morir. Cuando una tiene náuseas constantemente, no puede pensar con claridad.

Estoy muerta de miedo, chica. Me acuerdo de los dolores del parto y me echo a temblar. Tuve los gemelos de forma natural y me hicieron una episiotomía que creí que me mataría; el dolor de aquella cicatriz roja y blanda allí abajo fue peor que los dolores de parto. Juré que jamás repetiría, y aquí estoy ahora, sin escapatoria. Consigo levantarme y llegar hasta mi armario, abro la caja floreada que he preparado con todas mis cosas del embarazo. También guardo algunos libros: Qué esperar cuando esperas; Dieta para un embarazo saludable; Cómo financiar la universidad de su hijo; Los mejores nombres judíos para bebés, y cosas así. Nunca las tiré, por si acaso. También guardo aquí las pulseritas para el mareo, aunque debería deshacerme de las cosas inútiles.

Roberto no encontrará todo esto porque tengo muchas cajas, y no es el tipo de hombre que se interese por cosas forradas en papel floreado. Es el tipo de hombre que tira la ropa al suelo sabiendo que otro la recogerá.

Me desnudo y me examino el vientre en el espejo del baño; es básicamente del tamaño de siempre. No se me notaron los chicos hasta el cuarto o quinto mes, y eso que eran gemelos. Cuido lo que como. Pero Roberto tiene razón. Podría empezar a hacer ejercicio. Estoy algo flácida, sobre todo en los antebrazos. Aunque odio el deporte. Me hace sentir mal. Sinceramente, el ejercicio no me sienta bien. Sin embargo, ahora que estoy embarazada debo ponerme en marcha. Es bueno para el bebé. Lo dicen todos los libros. Y no estoy segura de que mi matrimonio pueda soportar otro par de kilos. Ha estado a punto de estrangularme por ponerme lo que no debía. Así de estúpido es. No te cuento lo que puede llegar a hacer.

Entro en la ducha y me quedo en el medio para que me alcancen los cinco chorros. Me pregunto si tendría que dejar de ducharme aquí ahora que estoy embarazada. No teníamos esta ducha en mi embarazo anterior. Es nueva. Reformamos el baño. Fue mi recompensa por la vez que enloqueció por el arañazo en el lateral del Range Rover. No sé cómo sucedió. Llevé a los niños al cine de Chestnut Hill, y cuando salimos lo vimos. Roberto estaba muy enfadado. Es un baño precioso.

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