El hijo del hombre [Son of Man - es]
- Автор: Силверберг Роберт
- Год: 1985
- Язык: испанский
- Год: Ediciones Mart
- ISBN: 84-270-0930-5
- Переводчик: Cesar Terron
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El hijo del hombre [Son of Man - es]». Краткое содержание книги:
Clay trata de salir del río.
Pero es incapaz de alcanzar la orilla. Agita las piernas bruscamente, transforma en aspas de molino sus brazos, corta el agua con las manos ahuecadas, y pese a todo la corriente le arrastra serenamente. La reluciente y rocosa ribera no se aproxima. Clay busca el fondo con los pies, intenta anclarse para nadar hacia tierra, y no encuentra fondo. Continúa avanzando inciertamente. Se debate con más fuerza y el resultado es idéntico. El agotamiento lancea su cráneo. Traga océanos. Los brillantes corpúsculos del río impregnan sus intestinos.
Clay está atrapado en un torbellino, en una maraña de brillantez. Sus muslos están encadenados. El río no quiere soltarle. Pero más adelante asoma una posibilidad de fuga: una lisa cúpula de roca gris que se alza en el centro del canal. Se dejará arrastrar hasta la roca, trepará a ella de alguna forma y descansará hasta que tenga fuerza suficiente para superar la corriente. Sí. La roca se acerca. Clay se prepara para el choque. Recíbela con el hombro por delante, decide. Protege los sensibles senos. Clay se ve por los aires, un alboroto de piernas que patean, blanca carne, pelo oscuro, rosados pezones, vacío en la entrepierna. Agárrate. Agárrate. Pero no sucede de ese modo. Clay se precipita contra la pétrea masa y ésta hiende su cuerpo: queda dividido limpiamente en dos partes, una que pasa a la izquierda de la roca, otra que lo hace a la derecha. Las partes se unen al otro lado y Clay prosigue su viaje sin esfuerzo.
Ahora lo comprende.
El río le ha devorado. Este cuerpo, esta disposición de órganos, carne, músculo y hueso, este montón de calcio, fósforo, hidrógeno y demás, es una ilusión. Estos senos son una ilusión. Este trasero rollizo y seductor es una ilusión. Este velludo triángulo es una ilusión. Clay y la refulgente corriente se han unido. Él ha aportado su cuerpo. Ahora está formado por las mismas chispeantes partículas, en suspenso en la frontera que separa la vida de la no vida, que admiró cuando llegó a este río. Y no puede distinguir las partículas que son él de las que no lo son. Todas están unidas en este torrente de vida.
¿Es posible la huida?
Imposible.
Él seguirá así mucho tiempo, arrastrado por la veloz corriente, hasta llegar al mar en cuyo alzamiento ha colaborado hace muy poco. Se verterá con el agua y se dispersará en el vasto regazo del océano. ¿Conservará intacto el conocimiento cuando vaya de un sitio a otro en forma de un millón de millones de multicolores puntos en las insondables profundidades? Ya se está perdiendo. Innumerables y minúsculas llamaradas de extraño fuego se han mezclado con su dividida esencia. Clay está diluido. Está disolviéndose. Ha renunciado a cualquier sensación de ser hembra o macho, y apenas recuerda haber sido un organismo con procesos metabólicos. Han desaparecido senos, testículos, ojos, pies; sólo quedan partículas corpusculares. Sufrir una muerte puntillista: ¡qué etéreo! ¡Perderse en una acometida de encandilantes luces! El universo riela. Clay padece un movimiento browniano del alma. Percibe vagamente las migraciones de sus antiguos componentes a través del cuerpo del río: una rizada hebra sale disparada hacia delante, otra se hunde, aquélla queda atrapada en un vertiginoso remanso. Clay percibe igualmente el terreno que atraviesa el río. La garganta ha desaparecido, y la tierra es lisa, de aluvión. El río serpentea por una amplia zona aluvial, forma imprevisibles recovecos, supera islas con paredes de barro. La noche se acerca. Las aguas se apresuran. Clay está desmembrado, desintegrado, divorciado, desprendido, dividido. Con el anochecer el río adopta brusco brillo; su luz ilumina el terreno aluvial entero. Clay desciende. El mar está cerca. El río ha entrado en el delta. ¿Qué depósitos dejará aquí? ¿De qué sedimentos va a desprenderse? Por delante se extienden numerosos canales, pero esta corriente se abre tortuoso camino hacia la Madre Marina. Clay sufrirá nuevas subdivisiones. Quedará disperso por completo. Las aguas cantan. Tiemblan con brillante furia y furioso brillo. Los corpusculares amigos de Clay le gritan hosanna. El destino, aquí. Paz, delante. Separado, despedazado, solo, a la deriva. Irse, ahora. Nunc dimittis. Fin de trayecto, aquí, nuevo trayecto que comienza. A los hijos del hombre, adiós. Irse. Irse. Separarse. Cae brillantez del aire. Luces por todas partes. ¡Luces! Qué fulgor tan hermoso. Estos colores son yo mismo. Este rojo, este verde, este amarillo, este azul, este violeta. Suave, suave, suavemente, iluminan mi camino a través de la noche, abajo, abajo, sin ofrecer resistencia, un último parpadeo de brillantez antes de marcharme. ¿Qué es esto? ¿Eso que cae, aquí? Mi peso. La masa. La aspereza. Soy sedimento. Voy a ser el delta. ¿Es posible? Sí. Sí. Sí. Sí. Me adheriré. Me pegaré. Me agarraré. Coagularé. Me uniré. Aquí. Aquí. Aquí. Me condenso. Me acumulo. Me consolido. Me amalgamo. Me incorporo.
¿Qué inesperada coalescencia le acontece?
Su vertiginoso viaje se ha interrumpido a poca distancia del mar. Clay se ha precipitado fuera del curso. El impulso se agota por fin y, partícula a partícula, Clay cae pesadamente y se amontona en la orlada costa de un islote. Se repone. No se une, no recobra forma humana, ni masculina ni femenina; es meramente un montículo de fragmentos arrojados por el agua, igual que minúsculas larvas de crustáceos lanzadas por la marea. Mezcladas con su materia hay extrañas partículas que de algún modo ha transportado con él a este lugar; las percibe introducidas en él como hojas. Clay sospecha que toda la isla está formada por desechos fluviales, y el barro que la constituye no es barro sino materia orgánica abandonada como él mismo. ¿Y ahora qué? ¿Quedarse aquí, pudrirse en la oscuridad? El río todavía le lame un lado, pero no lo erosiona: Clay ha sido expulsado. ¿Podrá moverse? No. ¿Podrá percibir algo? Sólo vagamente. ¿Podrá recordar? Sí. ¿Habrá más cambios en su naturaleza? No lo sabe. Está en reposo. Es un detrito. Esperará nuevos acontecimientos.
—Yo también espero —afirma una potente voz.
¿Quién ha hablado? ¿Dónde? ¿Otro montón de desechos arrastrados por el río? ¿Cómo puede responder Clay?
Clay no tiene medio alguno de réplica.
Si puedo oír, insiste en su interior, puedo hablar. Y puedo oír. En consecuencia, Clay dice:
—¿Puedes ayudarme? ¿Puedes explicarme en qué me he convertido?
—Eres simple potencialidad.
—¿Y tú?
—Yo espero.
—Déjame verte —ruega Clay.
Una visión: Clay ve una criatura de gran tamaño plantada en la rojiza arena de la isla. Sólo cabeza y hombros sobresalen en la superficie. La cabeza es lisa y ancha, con ojazos grandes como platos y ningún otro rasgo; brota sin cuello de los amplios y enormes hombros. Clay ve también la porción de la criatura enterrada en el suelo. Es larga y sin extremidades, con una piel áspera y porosa y un circundante manto de fibrosos filamentos que al parecer realizan la función de raíces, extrayendo sustancias nutritivas de la arena. Clay reconoce a la criatura como un Esperador de los que Quoi el Respirador le describió brevemente. Así pues, pese a su apariencia vegetal, se trata de un animal y, más que eso, una de las varias especies humanas que coexisten en esta época. La visión se hace borrosa y se esfuma.
—Yo también soy humano —dice Clay—. Lo fui.
—Aún lo eres.
—Pero ¿qué soy ahora?
—Una constelación de posibilidades. Todavía estás en tránsito, aunque tu paso se ha detenido ahora. ¿Qué te gustaría ser?
—Yo mismo de nuevo.
—Eres tú mismo.
—Ésta no es mi verdadera forma.
El Esperador parece reír.
—¿Cómo puedes saber cuál es tu forma verdadera?
—La forma que tenía al iniciar el viaje.