Momentos del Pasado
- Автор: Hart Jessica
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Momentos del Pasado». Краткое содержание книги:
Y Copper no había olvidado, pero no era la misma joven a la que había conocido siete años atrás. De hecho, tenía una propuesta de negocios muy pragmática que hacerle…
Megan no dejó de hablar durante todo el trayecto hasta la casa de los Copley, y Copper se alegró de concentrarse en conducir para dominar la amarga decepción que sentía. Por otro lado, no podía evitar sentirse nerviosa ante la perspectiva del primer encuentro de Mal con su madre, que siempre había estado muy encariñada con Glyn y que además se había mostrado mucho menos convencida que su padre acerca de sus planes de boda.
Pero se había olvidado de lo encantador que podía mostrarse Mal cuando quería. Al cabo de muy poco tiempo, la señora Copley ya veía a los dos hermanos como a los hijos que nunca había tenido, y para cuando empezó a relatarles embarazosas anécdotas de su infancia, Copper decidió que preferiría firmar el contrato después de todo.
Dan Copley, interpretando correctamente la angustiada expresión de su hija, se apresuró a cambiar de tema.
– Me temo que vais a tener que soportar una fiesta familiar esta noche, pero habíamos pensado que quizá Caroline y tú desearíais pasar la tarde a solas…
– Me parece muy bien -observó Mal y, después de mirar su reloj, se levantó-. Brett y yo hemos reservado una habitación en un hotel del centro, así que será mejor que vayamos para allá. ¿Por qué no vienes con nosotros, Copper? Luego podríamos comer juntos.
La joven sonrió, tensa, sabiendo que tan pronto como se desembarazara de Brett, Mal no la llevaría a un romántico restaurante sino al despacho de abogados para firmar su contrato.
No tardaron mucho tiempo en hacerlo. Instruido por Mal desde Birraminda, un abogado admirablemente discreto había redactado un conciso documento que recogía exactamente los términos que habían acordado. Copper inclinó la cabeza sobre el documento fingiendo leerlo, pero tenía los ojos llenos de lágrimas cuando al fin lo firmó.
– Aquí tienes tu copia -le dijo Mal cuando ya se marchaban-. Será mejor que la guardes bien.
Hacía un día soleado y caluroso, y Copper se alegró de poder esconder los ojos detrás de sus gafas de sol.
– ¿Podrías guardármela tú hasta después de la boda?
– le preguntó con frialdad-. No me gustaría que mis padres la encontraran por error, y supieran el precio que estoy teniendo que pagar para que su negocio tenga éxito…
– Si eso es lo que quieres… -Mal se guardó las dos copias en un bolsillo de la chaqueta-. Bueno, pues ahora iremos a comer, que eso es lo que supone que deberíamos estar haciendo en estos momentos.
Caminaron en silencio hasta llegar a un restaurante con vistas al río, donde eligieron una mesa al aire libre, a la sombra de un emparrado. Mal se había cambiado en el hotel y ahora llevaba unos ligeros pantalones de piel y una camisa de algodón color azul pálido. Sacó las dos copias del contrato del bolsillo interior de su chaqueta y las extendió sobre la mesa, entre ellos. Copper intentó no mirarlas mientras Mal hablaba con los camareros, y cuando levantó la cabeza se llevó una sorpresa al ver que pedía tranquilamente una botella del mejor champán de la casa.
– Pasado mañana nos vamos a casar -le explicó en respuesta a la pregunta que leyó en sus ojos.
– Lo sé, pero… bueno, ahora que estamos solos no necesitamos fingir, ¿no? -pronunció Copper con alguna dificultad.
– No, pero tus padres quizá nos pregunten por esta comida, y creo que esperarían que pidiéramos champán, ¿no te parece?
– No creo que necesiten una mayor dosis de convencimiento por nuestra parte -repuso ella-. Mamá pensó al principio que lo de la boda era un tanto precipitado, pero al final ha terminado por acostumbrarse a la idea. Y a los dos les encantará tener a Megan como nieta, así que a estas alturas ya te consideran parte de la familia.
– Con Brett ha pasado igual -comentó Mal-. Ha aceptado lo de la boda sin hacer una sola pregunta.
– Entonces, es que debemos de ser mejores actores de lo que creíamos en un principio -sonrió Copper con amargura.
– Supongo que si -comentó Mal después de un largo y tenso silencio.
Llegó el camarero con el champán. Copper pudo ver cómo los otros comensales contemplaban sonrientes la escena, evidentemente pensando que eran amantes, y deseó levantarse para gritarles que no era verdad, que Mal no la quería… ¡que todo aquello no significaba nada, nada!
Pero no podía hacer eso. Mientras observaba el líquido burbujeante en su copa, recordó la alegría que se llevaría su padre cuando viera en marcha su proyecto. Luego pensó en Mal, en la tibieza de sus labios, en sus manos…
– Bueno… -sonrió valientemente y levantó su copa-. ¡Por nuestro acuerdo!
Mal vaciló por un momento antes de hacer el brindis.
– Por nuestro acuerdo.
Copper dejó la copa en el mantel mientras buscaba desesperadamente algo que decir, pero al final fue Mal quien habló primero.
– Entonces, ¿cómo te ha ido durante estos días?
– No muy mal. Mi madre se ha pasado los últimos veintisiete días pensando en la boda -suspiró-. Le insistí en que queríamos una ceremonia sencilla, con un banquete discreto, pero cada dos por tres se le ocurre invitar a alguien más y me temo que Ja celebración se está complicando por momentos.
– Yo habla pensado que toda esa labor organizativa le habría convenido mejor a alguien con tu talento para los negocios -repuso Mal, indiferente.
Aquellas dos semanas habían sido muy difíciles para Copper. Había tenido que soportar la tensión de mantener bajo control los planes de su madre, pero peor había sido el esfuerzo de representar constantemente el papel de novia feliz.
– Eso no me habría preocupado si se hubiera tratado de una boda verdadera -comentó ella-. Pero esto de fingir de continuo cansa muchísimo, y resulta estúpido realizar tantos esfuerzos cuando tú y yo sabemos que esto no es más que una farsa.
– Pronto pasará -fue la única respuesta de Mal.
– Durará por lo menos tres años -replicó Copper.
– ¿Estás intentando decirme que has cambiado de idea?
– Ya es demasiado tarde para eso, ¿no? -Copper desvió la mirada hacia los contratos que estaban sobre la mesa-. Ya los hemos firmado.
– Pero todavía no estamos casados -señaló él, impasible-. No es demasiado tarde para que cambies de idea.
– No, no me hagas caso. Es sólo que estoy…
– ¿Nerviosa?
– ¡Sí, nerviosa! -le confesó, sin poder contenerse-. Si de verdad quieres saberlo, ¡estoy absolutamente aterrada!
– ¿Por la boda?
– ¡Por todo! Apenas nos conocemos y ya vamos a casarnos. Está muy bien hablar de contratos, pero un trozo de papel no va ayudarnos a vivir juntos, ¿verdad?
– Al menos sabes lo que tienes que esperar de este matrimonio -repuso Mal, mirándola por encima del borde de la copa.
– Si, sé las tareas que tendré que hacer cada día, pero no sé cómo nos irá juntos, o si seré capaz de vivir en el interior, o si de repente me voy a convertir en madre de una niña de cuatro años… ¡o cualquier cosa! -exclamó Copper, desesperada.
– Has estado viviendo en el interior con Megan durante unos dos meses -le dijo Mal con tono razonable-. Y en cuanto a lo de cómo nos irá junto… bien, ya tuvimos una experiencia en el pasado y no veo por qué no podríamos hacer lo mismo Otra vez…, sobre todo si ninguno de nosotros alberga falsas expectativas sobre lo que el otro realmente desea. Y si termina en desastre, al menos sabrás que no estás atrapada y que tu vida no va a cambiar para siempre. Además, cuando terminen los tres años, ya habrás fundado tu nuevo negocio y podrás volver a Adelaida para recibir los beneficios.
Copper intentó imaginarse a sí misma alejándose de Birraminda, de Megan, de Mal, esforzándose por fingir que nunca hablan existido. En aquel momento no podía hacerlo. Entonces, ¿cómo podría hacerlo después de tres años?
– De alguna manera, creo que no será lo mismo -repuso con amargura.