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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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Richard las saludó a su vez con una leve inclinación de cabeza.

— Sí, gracias Hermanas. Por favor, transmitid a la Prelada mis más respetuosos saludos.

— Ya te dije que no nos recibiría —dijo Pasha tras cerrar la puerta.

Richard se colgó mejor la mochila que llevaba a la espalda.

— Bueno, al menos lo intentamos. Gracias por permitírmelo.

Richard había sabido desde el principio que Pasha tenía razón, que la Prelada no los recibiría, pero había visto lo que quería ver, la distribución del edificio y los terrenos adyacentes por si algún día le convenía saberlo.

Seguía sintiendo lo mismo acerca de su cautiverio, pero decidió afrontarlo de un modo distinto al menos por un tiempo. Aguardaría el momento oportuno y, mientras tanto, aprendería lo que pudieran enseñarle. Nada le gustaría más que poder librarse del collar sin tener que hacer daño a nadie.

En el edificio que albergaba sus aposentos, conocido como Residencia Guillaume, según le habían dicho en honor a un profeta, un joven emergió vacilante de las sombras en la planta baja frente a la escalinata de mármol. Tenía el pelo rubio rizado, muy corto a ambos lados. Llevaba las manos metidas en las mangas de una túnica violeta, adornada en puños y cuello con brocado plateado. Su porte encorvado le hacía parecer más bajo de lo que en realidad era.

Saludó a Pasha con una inclinación de cabeza, mientras sus ojos azules buscaban un lugar seguro en el que posarse.

— Que el Creador te bendiga, Pasha —dijo en tono suave—. Esta noche estás preciosa. Confío en que te encuentres bien.

La novicia entrecerró los ojos, pensativa.

— Warren, ¿verdad? —El joven cabeceó, sorprendido de que ella supiera cómo se llamaba—. Estoy muy bien, Warren. Gracias por preguntar. Te presento a Richard Cypher.

Warren sonrió tímidamente a Richard.

— Sí, ya te vi ayer en la fiesta de bienvenida.

— Supongo que también tú quieres saber lo del mriswith —comentó Pasha con un suspiro.

— ¿Qué mriswith?

— Richard ha matado a un mriswith. ¿No es eso lo que querías preguntar?

— ¿De verdad? ¿Un mriswith? No, yo… —Warren se volvió hacia Richard—. Lo que quería era preguntarte si algún día te gustaría bajar a las criptas y estudiar conmigo las profecías.

Richard no deseaba avergonzar a Warren, pero no tenía ningún interés por las profecías.

— Me siento muy honrado por la oferta, Warren, pero me temo que no sirvo para resolver acertijos.

Warren clavó la mirada en el suelo.

— Claro, ya lo entiendo. No hay muchos que se interesen por los libros. Sólo pensé que, bueno, como ayer mencionaste esa profecía en particular, tal vez te gustaría hablar sobre ella. Es una profecía fascinante. Pero lo entiendo. Perdona por haberos molestado.

— ¿De qué profecía hablas? —inquirió Richard, extrañado.

— La que mencionaste al final, sobre que eres, bueno… —Warren tragó saliva—… el portador de la muerte. Creo que jamás había conocido a nadie que se mencionara en las profecías. —El joven parpadeó, sobrecogido—. Puesto que sales en las profecías, pues pensé que quizás… —Su voz se fue apagando, miró al suelo. Ya daba media vuelta cuando añadió—: Pero lo comprendo. Siento haberte…

Suavemente Richard le cogió de un brazo y lo obligó a volver.

— Como ya he dicho, soy muy malo resolviendo acertijos. Pero tal vez tú podrías enseñarme algo sobre las profecías y llenar el vacío de mi ignorancia. Me encanta aprender.

El rostro de Warren se iluminó y todo su cuerpo pareció henchirse. Cuando se irguió era casi tan alto como Richard.

— Será un placer. Me encantaría discutir contigo esa profecía. Es un verdadero misterio. Todavía se sigue discutiendo su posible significado. Tal vez con tu ayuda…

Un hombre ancho de hombros, vestido con ropas muy sencillas y llevando un rada’han al cuello se unió al grupo con sigilo, cogió a Warren por la túnica a la altura del hombro y lo apartó. Tenía la mirada prendida en Pasha, a la que dirigió una sonrisa.

— Buenas noches, Pasha. Pronto será la hora de cenar y he decidido escoltarte hasta el comedor. —Con la mirada recorrió lentamente el cuerpo de la joven de la cabeza a los pies, para después volver a ascender—. Si es que antes te adecentas un poco y haces algo con ese pelo. Estás hecha un desastre. Será mejor que no pierdas tiempo.

Ya se disponía a dar media vuelta cuando Pasha enlazó con su brazo el de Richard y le replicó:

— Me temo que tengo otros planes, Jedidiah.

Jedidiah echó a Richard un rápido vistazo.

— ¿Cuáles? ¿Con este paleto? ¿Vais a cortar leña juntos o a despellejar conejos?

— Fuiste tú —intervino Richard—. Recuerdo tu voz. Tú fuiste quien gritó desde la galería ayer: «¿Tú solito?».

Jedidiah esbozó su habitual sonrisa condescendiente.

— Una pregunta muy apropiada, ¿no crees?

Pasha alzó el mentón para anunciar:

— Richard ha matado a un mriswith.

Jedidiah enarcó las cejas en fingido asombro.

— Bueno, bueno, pero qué valiente es nuestro joven rústico.

— Tú nunca has matado a un mriswith —intervino Warren.

Lentamente Jedidiah se volvió para lanzar una fulminante mirada a Warren. Éste se encogió.

— ¿Qué estás haciendo tú en la superficie, Topo? ¿Viste tú cómo lo mataba? —preguntó a Pasha—. Apuesto a que afirma que estaba solo cuando lo hizo. Seguramente encontró a un mriswith que había muerto de viejo, le clavó su espada y luego se jactó de que lo había matado él para tratar de impresionarte. —Nuevamente dirigió a Richard una sonrisa afectada y preguntó—: ¿No es así como ocurrió, paleto?

Richard sonrió de oreja a oreja.

— Me has pillado. Es exactamente lo que pasó.

— Lo que imaginaba. Reúnete conmigo después, nena —dijo Jedidiah, dirigiéndose muy satisfecho a Pasha— y te mostraré un poco de magia real. La magia de un hombre.

Dicho esto, se marchó con aire imperioso y desapareció por una esquina.

— ¿Por qué has dicho eso? —recriminó la joven a Richard, con las manos en las caderas—. ¿Por qué has dejado que creyera algo así de ti?

— Lo he hecho por ti —repuso Richard—. Creí que deseabas que no causara más problemas y me comportara como un caballero.

— Y lo quiero —refunfuñó Pasha, cruzando los brazos.

Richard se volvió hacia Warren, que seguía encogido contra la columna de arranque de la escalinata de mármol.

— Warren, si ése te hace algo, quiero que vengas a decírmelo. Yo soy la piedra que se le ha metido en el zapato. Si la toma contigo, quiero que me lo digas.

El aprendiz de mago se animó.

— ¿Lo dices de verdad? Gracias, Richard, pero no creo que se moleste en fastidiarme. Ya nos veremos abajo, en las criptas, cuando tengas tiempo. —El joven lanzó una tímida sonrisa a Pasha y se despidió de ella—. Buenas noches, Pasha. Ha sido muy agradable verte de nuevo. Estás preciosa esta noche. Adiós.

— Buenas noches, Warren —repuso Pasha con una sonrisa, y contempló cómo se alejaba a toda prisa por el pasillo—. Qué chico más raro. Casi ni me acordaba de su auténtico nombre; todo el mundo lo llama Topo, porque se pasa la vida bajo tierra, en las bóvedas subterráneas de palacio.

»Bueno —prosiguió, mirando a Richard se soslayo—, esta noche te has ganado un amigo que no podrá hacer nada para ayudarte y un enemigo que puede hacerte mucho daño. Mantente alejado de Jedidiah. Es un mago experimentado que pronto será liberado. Hasta que no aprendas a defenderte con tu han, estás a su merced. Podría matarte fácilmente.

— Creí que formabais una gran familia feliz.

— Entre los magos hay una jerarquía. Los más poderosos luchan para conseguir el dominio, y a veces esa lucha es muy peligrosa. Jedidiah es el orgullo de palacio y no acepta la idea de que otro ponga en peligro su supremacía.

— Yo no represento ningún desafío para el poder de un mago.

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