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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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Una vez hubieron salido del bosque y avanzaban por las colinas, Richard puso a Bonnie al trote y apartó las manos de Pasha.

Pero la joven se le volvió a agarrar.

— ¡Richard! ¡Me voy a caer!

— No, no te vas a caer —afirmó él, soltándole de nuevo las manos—. Tú simplemente sujétate pero sin rigidez y deja que las caderas se muevan al ritmo del caballo. Usa tu equilibrio; no tienes por qué agarrarte como si en ello te fuera la vida.

— Bueno, lo intentaré —dijo Pacha agarrándole por los costados.

El cielo se teñía ya con una tonalidad dorada cuando descendían por las redondeadas lomas hacia la ciudad. Richard se balanceaba con los pasos de Bonnie, que salvaba rocas así como quebradas poco profundas, mientras reflexionaba sobre el mriswith y el ansia que había sentido de luchar contra él. En lo más profundo de su mente acechaba el impulso casi irrefrenable de volver al bosque Hagen.

— No te has torcido el tobillo, ¿verdad? —inquirió Pasha, rompiendo un largo silencio.

— No.

— Has mentido a una Hermana, Richard. Tienes que aprender que mentir está mal. El Creador detesta las mentiras.

— Ya me lo dijo la hermana Verna.

Richard decidió que no quería seguir cabalgando sintiendo el cuerpo de Pasha pegado al suyo, por lo que desmontó y condujo a Bonnie por las riendas. Pasha se avanzó en la silla.

— Pues si sabes que está mal, ¿por qué lo hiciste?

— Porque quería que la hermana Maren volviera andando. Ella te hizo caminar hasta aquí como castigo por algo de lo que no tenías culpa.

Pasha desmontó y se puso a andar junto a él. Con los dedos trató de peinarse un poco.

— Ha sido un gesto muy bonito, Richard —le dijo, poniéndole una mano sobre el brazo—. Creo que tú y yo vamos a ser buenos amigos.

Richard se dio media vuelta y fingió que miraba en torno para que Pasha apartara la mano.

— ¿Me puedes quitar el collar?

— ¿El rada’han? No. Sólo una Hermana puede hacerlo. Yo no sé cómo.

— Pues entonces no seremos amigos. No me sirves.

— Has corrido un gran riesgo por la hermana Verna. Ella sí que debe de ser amiga tuya. Una persona sólo hace cosas como ésa por un amigo. Y luego procuraste que yo no tuviera que regresar andando. Eso significa que esperas que seamos amigos.

Richard respondió con la mirada fija al frente.

— La hermana Verna no es amiga mía. Si me arriesgué fue para reparar la injusticia que se cometió con ella por mi culpa. No hay otra razón.

»Cuando decida quitarme este collar, solamente serán mis amigos quienes me ayuden. La hermana Verna me ha dejado muy claro que ella no va a ayudarme, sino al contrario. Cuando llegue el momento, si se interpone en mi camino la mataré, al igual que mataré a cualquier otra Hermana que trate de detenerme. Igual que te mataré a ti si te cruzas en mi camino.

— Richard —lo reprendió Pasha—, no eres más que un estudiante. No deberías jactarte de ese modo de tus poderes. No es propio de un joven. No lo digas ni en broma. —Pasha le cogió de nuevo el brazo—. No creo que pudieras hacer daño a una mujer ni…

— Estás muy equivocada.

— A muchos de nuestros muchachos les cuesta adaptarse al principio, pero con el tiempo confiarás en mí. Estoy segura de que seremos amigos.

Richard se soltó bruscamente y se volvió hacia ella con violencia.

— Esto no es ningún juego, Pasha. Cuando decida que ha llegado el momento, si te interpones en mi camino, te cortaré ese precioso cuello tuyo.

La joven alzó la vista hacia él con una coqueta sonrisa en los labios.

— ¿De veras crees que tengo un cuello precioso?

— No es más que una manera de hablar —refunfuñó Richard.

Entonces se adelantó tirando de Bonnie. Pasha tuvo que acelerar el paso para no quedarse retrasada. Caminaron en silencio un rato. Pasha se entretenía deshaciéndose nudos del pelo y quitándose abrojos.

Richard no estaba de humor para ser amable. Matar al mriswith lo había llenado de una extraña satisfacción, pero esa sensación se estaba desvaneciendo y de nuevo afloraba la frustración por la situación en la que se hallaba y, con ella, el enojo.

El rostro de Pasha se iluminó y esbozó una sonrisa al mismo tiempo tímida y coqueta.

— No se nada de ti, Richard. ¿Por qué no me cuentas algo sobre…?

— ¿Qué quieres saber? —la interrumpió el joven.

— Bueno, por ejemplo qué hacías… antes de llegar a palacio. ¿Tenías alguna habilidad especial? ¿Una profesión?

Richard arrastró las botas por el suelo y respondió:

— Era un guía de bosque.

— ¿Dónde?

— Donde me crié. En el bosque del Corzo, en la Tierra Occidental.

Pasha se apartó la blusa blanca del pecho para tratar de secarla.

— Me temo que no sé dónde está. No sé nada acerca del Nuevo Mundo. Algún día, cuando sea una Hermana, es posible que tenga que ir allí para ayudar a un muchacho.

En vista de que Richard guardaba silencio, la joven insistió.

— Así que eras un guía de bosque. Debe de dar mucho miedo vivir en el bosque. ¿No te asustaban los animales? Yo estaría aterrada.

— ¿Por qué? Si un conejo saltara de detrás de un matorral, podrías reducirlo a cenizas con tu han.

Pasha se rió tontamente.

— Eso no quita que estuviera aterrada. Prefiero la ciudad. —La joven se apartó unos mechones de pelo del rostro y lo miró sin dejar de caminar. Tenía un modo muy gracioso de arrugar la nariz—. ¿Tenías una… bueno, ya sabes, alguien especial, una novia o algo así?

La pregunta lo pilló por sorpresa. Abrió la boca para responder pero no le salieron las palabras y volvió a cerrarla. No pensaba hablarle de Kahlan.

— Tengo esposa.

Pasha se quedó quieta un momento y tuvo que apresurarse para alcanzarlo. Al hablar, su voz tenía un tono distinto.

— ¿Cómo se llama?

— Se llama Du Chaillu —contestó Richard sin apartar la vista del frente.

Pasha se retorció un mechón de pelo con un dedo.

— ¿Es guapa? Descríbemela.

— Sí, es muy guapa. Tiene una espesa mata de pelo negro, un poco más largo que el tuyo, unos pechos muy atractivos, y el resto de su cuerpo también es muy atractivo.

Por el rabillo del ojo vio cómo Pasha se ruborizaba. Seguía jugueteando con el pelo. Cuando habló, su voz sonó grave y fría, aunque trataba de fingir indiferencia.

— ¿Cuánto hace que la conoces?

— Sólo unos días.

La mano de Pasha cayó a un lado.

— ¿Cómo que unos días? ¿Cómo es eso posible?

— Cuando la hermana Verna y yo llegamos a la tierra de los majendie, hace unos días, la tenían encadenada. Iban a sacrificarla a sus espíritus y querían que fuese yo quien la matara. La hermana Verna me dijo que tenía que hacerlo si queríamos cruzar por el país de los majendie.

»Pero yo desobedecí. En vez de participar en el sacrificio, le disparé una flecha a su Madre Reina y le clavé el brazo en un poste. Entonces les dije que si no dejaban en libertad a Du Chaillu y se reconciliaban con los baka ban mana, dispararía la próxima flecha contra la cabeza de la Madre Reina. Naturalmente accedieron.

— ¿Así que es una de las salvajes?

— Es una baka ban mana. Una mujer sabia. No es ninguna salvaje.

— ¿Y se casó contigo porque eras su héroe? ¿Porque la rescataste?

— No. La hermana Verna y yo tuvimos que pasar por la tierra de los baka ban mana para llegar hasta aquí. Una vez allí maté a sus cinco maridos.

Pasha lo agarró por el brazo.

— ¡Los baka ban mana son maestros de armas! ¿Me estás diciendo que mataste a cinco de ellos?

Richard siguió andando.

— No. Maté a treinta. —Pasha lanzó un grito ahogado—. Sus cinco maridos estaban entre ellos. Du Chaillu es la guía espiritual de su pueblo y dijo que me había convertido en el líder de los baka ban mana, el Caharin, y que, por tanto, era su marido.

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