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La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
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— Simplemente lo sé. —Warren miró el libro sobre la mesa—. Últimamente lee sobre todo libros de esta sala. Yo vivo con estos libros. Cuando alguien los toca, me doy cuenta. ¿Ves esta mancha en el polvo? No es mía sino de la Prelada.

Con mucho cuidado Warren abrió la tapa y con ambas manos fue pasando las amarillentas páginas. Richard fue incapaz de reconocer ninguna palabra, ni tampoco ninguna letra, pero en una de las páginas le pareció reconocer algo, un dibujo que despertó en él un recuerdo profundamente enterrado en su memoria. Warren siguió pasando páginas hasta que al fin halló lo que buscaba. Se inclinó por encima del hombro de Richard y señaló.

— Ésta es la profecía que mencionaste. —Warren rodeó la mesa hacia la derecha—. Es la original, escrita por la propia mano del profeta. Muy pocas personas la han visto. ¿Entiendes d’haraniano culto?

— No. A mí me parecen garabatos —respondió Richard, echando un vistazo a la incomprensible escritura—. Dijiste que su significado es controvertido, ¿no?

Los ojos de Warren relucían.

— Eso es. Verás, se trata de una profecía muy antigua, tal vez tan antigua como este palacio o más. Ésta es la original escrita en d’haraniano culto, como todos los libros que se guardan en esta sala. Muy poca gente entiende d’haraniano culto.

— Comprendo —dijo Richard—. Quieres decir que la gente solamente ha leído las traducciones y hay motivos para pensar que esas traducciones quizá no son fieles al original.

— Exacto —susurró Warren, y sus movimientos se hicieron más animados—. Sí, sí, entiendes el problema. Pocos lo entienden. La mayoría cree que una cosa en un idioma tiene su equivalente exacto en otro idioma. Para poderlo traducir, lo interpretan de un modo que se adecue a lo que ellos creen que tiene que significar, pero al hacerlo dan a la profecía en su conjunto un significado que puede, o no, ser el que pretendía el profeta.

— Sin tener en cuenta posibles significados distintos —completó Richard—. De modo que, cuando traducen, sólo dan una versión. No pueden traducir su ambigüedad.

Warren echó el cuerpo hacia adelante, emocionado.

— ¡Sí! ¡Eso es! Es justamente lo que ellos son incapaces de comprender y justamente por eso discuten sobre las diferentes traducciones, como si hubiera una más correcta que la otra. Pero se trata de d’haraniano culto y…

Las palabras de Warren se fueron apagando. Richard miraba fijamente la página. Sentía que las imágenes que contenía lo atraían, casi como si le susurraran algo. Era la primera vez que veía esas palabras, pero de algún modo tocaban una profunda cuerda en su interior.

Lentamente, sin poder evitarlo, alargó una mano hacia una de las palabras, y posó un dedo sobre ella.

— Ésta —susurró como si estuviera en trance. Los trazos de la letra parecieron alzarse de la página con vida propia y enrollarse alrededor de su dedo. Las negras líneas acariciaban su carne con una familiaridad fruto de la intimidad. También flotaba ante sus ojos la imagen de la Espada de la Verdad.

Warren alzó la vista del libro. Había palidecido.

— Drauka —murmuró—. Es la palabra que genera la controversia. Fuer grissa ost drauka: el portador de la muerte.

— ¿Dónde está la controversia? —preguntó Pasha—. ¿Quieres decir que esas palabras se pueden traducir de otro modo?

Warren respondió con un vago gesto de la mano.

— Bueno, sí y no. Ésa es la traducción literal. Lo que genera controversia es su significado.

Richard apartó la mano y la imagen de la espada se desvaneció.

— Muerte —intervino entonces—. La palabra muerte tiene varios significados.

Warren se inclinó tanto hacia adelante que casi acabó estirado encima de la mesa.

— ¡Sí! ¡Lo entiendes!

— Muerte está clara como el agua —dijo Pasha.

Warren se enderezó y se frotó las manos.

— No, Pasha. En d’haraniano culto no. El arma que llevan las Hermanas, el dacra, proviene de la palabra drauka. Drauka significa muerte o muerto como cuando decimos: «El mriswith que Richard mató está muerto». Drauka. Muerto. Pero tiene otros significados. Drauka también representa las almas de los muertos.

— ¿Estás diciendo que drauka en ese sentido puede significar «el portador de almas»? —inquirió Pasha, frunciendo el entrecejo.

— No —repuso Richard y susurró el segundo significado de la palabra—. Espíritus. El portador de espíritus.

— Exactamente —convino Warren en voz queda—. Ésa es la segunda interpretación.

— ¿Cuántos significados tiene la palabra drauka?

«Tres», pensó Richard.

— Tres —contestó Warren.

Richard conocía el tercero.

— El inframundo —susurró, mirando fijamente la palabra drauka escrita en el libro—. El reino de los muertos. Ése es el tercer significado de drauka.

Pálido como un fantasma, Warren se inclinó hacia él.

— ¿No me has dicho que no entiendes d’haraniano culto? —Richard negó lentamente con la cabeza, sin apartar los ojos del libro. Warren se humedeció los labios con la lengua—. Por favor, dime que no tienes sangre d’haraniana.

— Mi padre era Rahl el Oscuro —repuso Richard suavemente—. Era el mago que gobernaba D’Hara y antes que él mi abuelo, Panis Rahl.

— Que el Creador nos asista —susurró Warren.

Pasha posó una mano sobre el brazo de Richard al tiempo que se inclinaba hacia los dos jóvenes.

— ¿Inframundo? ¿Cómo es posible que signifique inframundo?

— Porque el inframundo es el reino de los muertos —le aclaró Warren.

Pasha frunció el entrecejo.

— Pero ¿cómo es posible que signifique «portador del inframundo»? Es imposible portar el inframundo.

Richard miraba fijamente adelante sin ver nada.

— Sí, es posible si rasgas el velo.

El silencio resonó en la cámara de piedra. Pasha los miraba alternativamente. Ella fue la primera en hablar.

— Pero a mí me enseñaron que cuando una profecía contiene una palabra extranjera con diferentes significados, tiene que interpretarse en el contexto. Si es así, es fácil descifrar su significado fijándose en cómo se usa.

Warren enarcó una ceja.

— Justamente ésa es la cuestión polémica. Verás, en esta profecía se habla de cosas interpretables según los tres posibles significados de la palabra drauka. Dependiendo del significado que le quería dar el profeta, sus palabras quieren decir una u otra cosa. Ésta es la razón por la que no puede ser interpretada con certeza. Es como un perro que se persigue la cola. Cuanto más lo intentas, más acabas dando círculos sobre lo mismo.

»Es por eso que deseo tanto conocer qué significado quería el profeta dar a la palabra drauka. Si lo supiera, podría descifrar con exactitud el resto de la profecía. Sería el primero en entenderla después de tres mil años.

Richard apartó su silla de la mesa.

— Bueno, como ya he dicho, no se me dan nada bien los acertijos. Pero prometo que pensaré en ello —añadió con una sonrisa forzada.

Warren se animó.

— ¿De veras lo harás? Te agradecería mucho que me ayudaras.

Richard le apretó un hombro.

— Te doy mi palabra.

— Será mejor que empecemos ya con tu lección, Richard —dijo Pasha, poniéndose de pie—. Se está haciendo tarde.

— Gracias a los dos por venir. Apenas recibo visitas.

Pasha encabezó la marcha hacia la puerta. Justo había pasado la joven cuando Richard colocó la mano encima de la placa metálica del muro.

La puerta se fue cerrando con un chirrido. Pasha golpeó la piedra con los puños, pues la abertura que quedaba era demasiado estrecha para poderla cruzar de nuevo. Les gritaba que la abrieran. Cuando la puerta acabó de cerrarse su voz dejó de oírse. Richard y Warren se quedaron en silencio.

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