La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— ¿Por qué se guardan aquí?
— Para protegerlos. Las profecías son peligrosas para mentes simples. Todas las novicias estudian libros de profecías, pero sólo a determinadas Hermanas se les permite leerlos todos y trabajar con ellos. Los jóvenes magos que demuestran un don especial para las profecías son enseñados por esas Hermanas.
»Son pocos los jóvenes que trabajan y estudian en las criptas, pero podría decirse que Warren es respecto a las profecías lo que Jedidiah es para otros tipos de magia. Cada mago tiene una especialidad. Nosotras trabajaremos contigo hasta descubrir cuál es tu habilidad innata. Hasta entonces, poco podremos progresar en tu entrenamiento.
— Sí, la hermana Verna ya me dijo algo sobre eso. Bueno, ¿y cuál crees tú que es mi talento?
— Por lo general es fácil saberlo según el carácter del muchacho. A quienes les gustan los trabajos manuales acaban fabricando objetos mágicos, a quienes les gusta ayudar a los enfermos o heridos se convierten en sanadores. Así funciona la cosa.
— ¿Y yo?
Pasha lo miró rápidamente a hurtadillas.
— Ninguna de nosotras había conocido antes a alguien como tú. Todavía no tenemos ninguna idea. Pero lo descubriremos —añadió, más animada.
En la penumbra vieron una enorme puerta redonda de piedra tan ancha como alto era Richard. Estaba abierta. Daba acceso a cámaras excavadas en la roca sobre la que se alzaba el palacio. Las lámparas apenas conseguían iluminar el lugar. Se veían algunas mesas largas, ajadas por el tiempo, repletas de libros y papeles, así como largas estanterías que cubrían las paredes a ambos lados. Dos mujeres leían a la luz de las velas y tomaban notas.
Una de ellas alzó la mirada y preguntó a Pasha:
— ¿Qué estás haciendo aquí abajo, pequeña?
Pasha hizo una reverencia.
— Hemos venido a ver a Warren, Hermana.
— ¿A Warren? ¿Por qué?
Justo entonces Warren hizo acto de aparición, saliendo rápidamente de la oscuridad.
— No pasa nada, hermana Becky. Yo les pedí que vinieran.
— Bueno, la próxima vez te agradecería que nos avisaras primero.
— Sí, Hermana, lo haré.
Warren se metió entre los dos jóvenes y, con familiaridad, los cogió por el brazo para conducirlos hacia las estanterías. De pronto, al darse cuenta de que estaba tocando a Pasha, retiró bruscamente esa mano y enrojeció.
— Estás… deslumbrante, Pasha.
— Caramba, muchas gracias, Topo. —También Pasha enrojeció y le puso una mano sobre el hombro—. Perdona, Warren… se me ha escapado. Quería llamarte Warren.
El joven mago sonrió.
— Tranquila, Pasha. Ya sé que todo el mundo me llama Topo. Creen que es un insulto, pero yo me lo tomo como un cumplido. Verás, un topo es capaz de moverse con seguridad por la oscuridad mientras que otros están ciegos. Es algo muy parecido a lo que yo hago; veo donde otros no ven nada.
Pasha suspiró, aliviada.
— Me alegro, Warren. Topo, ¿te has enterado ya de que Jedidiah se ha caído por un tramo de escaleras y se ha roto una pierna?
— ¿De veras? —Warren buscó los ojos de la muchacha—. Tal vez el Creador quería enseñarle que cuando uno va por ahí con la cabeza demasiado alta no ve por donde pisa.
— No creo que Jedidiah prestara atención a las lecciones del Creador. Me han dicho que se enfureció tanto que redujo a cenizas una alfombra de mucho valor.
Warren seguía mirándola a los ojos.
— Eres tú quien debería estar enfadada y no Jedidiah. Te dijo unas cosas muy crueles. Nadie debería tratarte de ese modo.
— Por lo general es muy amable conmigo, pero debo admitir que iba hecha un desastre.
— Algunos de estos libros parecen un desastre por fuera, pero lo que importa es lo que contienen y no el polvo que los cubre.
Pasha se ruborizó.
— Caramba, muchas gracias, Topo.
Warren miró entonces a Richard.
— No estaba seguro de que fueras a venir. Muchos dicen que vendrán, pero nunca lo hacen. Me alegro mucho de que estés aquí. Ven conmigo. Pasha, me temo que tú tendrás que esperar aquí.
— ¡Qué! —La joven se inclinó tanto hacia adelante que Richard temió que los senos se le salieran por el escote—. Yo también voy.
— Es imposible. Tengo que llevar a Richard a una de las cámaras traseras. Tú eres una novicia, y a las novicias no se les permite ir allí.
Pasha esbozó una cálida sonrisa al tiempo que se erguía.
— Topo, si una novicia no puede ir, ¿cómo es que un nuevo estudiante sí?
— Porque él aparece en las profecías. Si los profetas consideraron adecuado hablar sobre él, supongo que no se les ocurriría prohibirle que leyera lo que escribieron.
Warren se mostraba mucho más seguro de sí mismo allí abajo, en su elemento, que en la parte superior de palacio. No cedía. Pasha le frotó el hombro. Warren bajó la vista hacia la mano de la joven.
— Warren, tú eres el Topo, tú muestras a otros el camino. Yo estoy a cargo de Richard; yo le muestro el camino. Estaría incumpliendo mi deber si permitiera que fuese a algún sitio sin mí. Acaba de llegar. Estoy segura de que podrás hacer una excepción en este caso, ¿verdad, Warren? Es para ayudar a Richard, para que comprenda la profecía y sepa cómo debe servir al Creador. ¿No crees que es lo suficientemente importante?
Por fin Warren apartó los ojos de la muchacha y les dijo que esperaran. Se acercó a las dos Hermanas y habló con ellas en susurros. Luego volvió con una sonrisa en los labios.
— La hermana Becky ha accedido. Le he dicho que entiendes un poco de d’haraniano culto, por si te pregunta.
— ¿Qué es d’haraniano culto? Warren, ¿quieres que mienta a una Hermana? —Pasha estaba escandalizada.
— Estoy seguro de que no te preguntará. —El muchacho desvió la mirada—. Lo he hecho por ti, Pasha. He mentido yo para que tú no tuvieras que hacerlo.
— Warren, si te cogen en un renuncio, ya sabes qué te harán.
El joven mago le dirigió una leve sonrisa angustiada.
— Sí, lo sé.
— ¿Qué le harán? —preguntó Richard, súbitamente receloso.
— Olvídalo —replicó Warren con un impaciente ademán—. Vamos, seguidme.
Richard y Pasha tuvieron que apresurarse, pues Warren ya se sumergía rápidamente en la oscuridad. Pasaron junto a estanterías dispuestas en hilera muy próximas entre sí hasta llegar a un muro de roca sólida. Warren posó la mano encima de una placa metálica y una parte del muro se desplazó, permitiendo así el acceso a otra sala. Era de dimensiones muy reducidas, con una mesa y quizás una docena de estanterías. La iluminaban cuatro lámparas y, en comparación, parecía muy brillante.
Dentro Warren posó la mano sobre otra placa y el muro volvió a cerrarse, sepultándolos en piedra y silencio. Entonces acercó una silla a Pasha e hizo que Richard se sentara a su derecha. Finalmente cogió de una estantería un libro encuadernado en piel y lo colocó cuidadosamente ante Richard.
— Por favor, no lo toques —le advirtió—. Es muy antiguo y frágil, y últimamente lo han leído más de lo habitual. Yo pasaré las páginas.
— ¿Quién lo ha estado leyendo? —quiso saber Richard.
— La Prelada. —En los labios de Warren aleteó una sonrisa—. Siempre que baja aquí, vienen primero sus dos formidables guardianas y nos hacen salir a todos. De este modo la Prelada tiene todas las bóvedas para ella sola y nadie sabe qué lee.
— ¿Qué formidables guardianas? —inquirió Pasha—. ¿Te refieres a las dos Hermanas que trabajan en la antesala de su oficina?
— Sí. La Hermana Ulicia y la Hermana Finella.
— Hoy las hemos visto. Yo no las calificaría de formidables —apuntó Richard.
Warren bajó la voz de manera muy significativa.
— Si algún día te cruzas en su camino, cambiarás de opinión. Entonces te parecerán formidables.
La expresión del joven mago dio mucho que pensar a Richard.
— Si os hacen salir a todos, ¿cómo sabes tú qué ha estado leyendo?