Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 219 220 221 222 223 224 225 226 227 ... 293
Перейти на страницу:

Jadeando y sudando por la caminata llegó por fin a un pequeño claro situado a la suficiente altura como para estar seco y gozar de una pequeña vista del cielo cuajado de estrellas. Como no había ninguna roca ni tronco en el claro, aplastó una densa mata de hierba y se sentó con las piernas cruzadas. Entonces cerró los ojos e inspiró profundamente.

Pensaba en su hogar y en el bosque del Corzo. Cómo ansiaba estar de vuelta. También pensaba en los amigos a los que tanto extrañaba, Chase y Zedd. Se había criado junto a Zedd sin saber que el anciano era su abuelo. Pero sí sabía que eran amigos y ambos se querían. Eso era lo que realmente importaba. ¿Qué habría cambiado de haberlo sabido? Richard no podría haberlo querido más, y Zedd no podría haber sido mejor amigo para él.

Hacía tanto que no lo veía… Pese a que lo había visto en el Palacio del Pueblo en D’Hara, no habían tenido apenas tiempo para hablar y ponerse al día. No debería haberse marchado tan precipitadamente. Ojalá pudiera hablar con Zedd ahora, para que lo ayudara y lo aconsejara.

¿Habría buscado Kahlan a Zedd? Claro que, ¿por qué debería haberlo hecho? Ya se había librado de él, que era lo que quería.

Richard deseaba con todo su corazón que las cosas fuesen distintas.

Echaba de menos la sonrisa de Kahlan, sus ojos verdes, el suave sonido de su voz, su inteligencia y su ingenio, y también su piel. Cuando estaba con ella, sentía que el mundo estaba vivo. En esos instantes habría dado la vida sólo para abrazarla cinco minutos.

Pero Kahlan había reconocido lo que era y lo había alejado de sí.

Y él la había dejado en libertad. Era lo mejor. Él no era lo suficientemente bueno para ella.

Antes de darse cuenta de lo que hacía, ya buscaba la paz dentro de sí —su han— tal como la hermana Verna le había enseñado. Durante el viaje habían practicado juntos casi cada día y, aunque nunca había logrado tocar su han, la busca siempre resultaba agradable. Lo relajaba y le daba paz. Era justo lo que necesitaba en esos momentos. Así pues, Richard dejó que su mente buscara ese lugar de paz en el que no tenían cabida las preocupaciones.

Como siempre hacía, se imaginó la Espada de la Verdad flotando en el espacio ante él. Visualizó hasta el más mínimo detalle, sintiéndolo también.

Sumergido en esa paz, meditando con los ojos cerrados, desenvainó la espada. No estaba muy seguro de por qué lo hacía, pero sentía que era lo que debía hacer. El característico sonido metálico resonó en el aire de la noche, anunciando la presencia de la Espada de la Verdad en el bosque de Hagen.

Entonces la dejó sobre las rodillas. La magia danzaba con él en ese lugar de paz. Si algo iba a por él, estaría preparado.

Ahora sólo cabía esperar. Tardaría unas horas, pero estaba seguro de que iría.

Cuando Pasha se diera cuenta de dónde estaba él, iría a buscarlo.

Mientras estaba sentado en silencio, a su alrededor la noche recuperó su actividad normal. Concentrado en la imagen de la espada, percibía vagamente los chirridos y chasquidos de los insectos, el grave y continuo croar de las ranas así como el susurro de los ratones de campo que rebuscaban entre las hojas secas y las ramitas que cubrían el suelo del bosque. De vez en cuando se oía el aleteo de un murciélago en el aire, y en una ocasión oyó el chillido de una lechuza que acababa de atrapar su cena.

De pronto, envuelto como estaba en esa bruma de ensueño, sentado y visualizando la espada, se hizo la quietud.

En su mente vio una figura oscura detrás de él.

En un movimiento rápido y fluido Richard se puso en pie y giró sobre sí mismo, hendiendo el aire con la espada. La vaga forma retrocedió y arremetió de nuevo cuando la espada hubo ya pasado. Richard se alegró de haber fallado, pues eso significaba que la lucha no acabaría tan pronto, que podría danzar con los espíritus y dar rienda suelta a la ira.

Se movía como una capa al viento, oscura como la muerte e igual de rápida.

Ambos oponentes recorrían el claro velozmente. La espada relucía a la menguante luz de la luna. Su hoja hendía el aire al igual que las garras de la forma oscura, que eran afiladas como cuchillos. Richard se dejó envolver por la magia de la espada, por la cólera del arma y la suya propia. Liberó su enojo y su frustración para que se unieran con la furia de la espada, y se regocijó en la danza con la muerte.

Giraban alrededor del calvero como hojas en un vendaval, uno esquivando la espada y el otro las zarpas. Arremetían y se agachaban, usando los árboles para protegerse y atacar. Richard danzaba con los espíritus de la espada. Se hallaba inmerso en la maestría de la magia, seguía los consejos de los espíritus. Éstos lo impulsaban a girar ora a un lado ora al otro, a que casi rozara el suelo, a que amagara a la derecha y luego a la izquierda, a que saltara y atacara. Todo ello Richard lo observaba casi como si la cosa no fuera con él.

Ansiaba aprender esa danza.

«Enseñadme.»

El conocimiento y la memoria fluyeron libremente, forjados por su voluntad hasta completar la cadena.

Richard no solamente usaba la magia, la espada, los espíritus, sino que ahora los dominaba. Acero, magia, espíritus y hombre eran todo uno.

La forma oscura se lanzó sobre él.

Ahora. De un golpe contundente el acero partió en dos esa figura. Un chorro de sangre salpicó los árboles situados más cerca. Un aullido agónico vibró en el aire. Luego todo quedó en silencio.

Richard jadeaba, casi lamentando que hubiera acabado. Casi.

Había danzado con los espíritus de los muertos, con la magia y, al hacerlo, había hallado la liberación que buscaba. No sólo se había liberado de algunos de los sentimientos de frustración e impotencia que lo embargaban, sino también de unos oscuros anhelos en lo más profundo de su ser que no comprendía.

Habían transcurrido casi dos horas desde el amanecer cuando Richard oyó que se acercaba. Caminaba a trancas y barrancas entre la maleza, resoplando indignada cuando la ropa se le enganchaba en los matorrales. Richard oyó ramas que se rompían mientras Pasha ascendía penosamente el montículo. Después de desprender la falda de un espino, apareció tambaleante en el claro.

Richard la esperaba sentado con las piernas cruzadas, con los ojos cerrados y la espada apoyada en las rodillas. Al verlo, Pasha se detuvo jadeando delante de él.

— ¡Richard!

— Buenos días, Pasha. —Richard abrió los ojos—. Bonito día, ¿no crees?

Pasha mantenía la falda un poco levantada. Tenía la camisa blanca húmeda por el sudor, y en el pelo se le habían enganchado abrojos.

— Tienes que irte de aquí ahora mismo —le dijo, apartándose un mechón de pelo de la cara—. Richard, estás en el bosque Hagen.

— Lo sé. La hermana Verna me lo dijo. Es un lugar muy interesante; creo que me gusta.

La joven lo miró parpadeando.

— ¡Richard, este lugar es muy peligroso! ¿Qué estás haciendo aquí?

Richard sonrió.

— Esperándote.

La muchacha escrutó los árboles que rodeaban el claro y las oscuras sombras.

— Algo huele que apesta —murmuró.

La joven fue a agacharse frente a él y le sonrió levemente como un adulto sonreiría a un niño o a alguien a quien toma por chalado.

— Richard, ya te has divertido y has paseado tranquilamente por el campo. Ahora dame la mano y salgamos de aquí.

— No pienso irme hasta que Verna recupere su condición de Hermana.

— ¿Qué? —exclamó Pasha, levantándose de un brinco.

Richard empuñó la espada y también se puso en pie.

— No pienso irme hasta que Verna vuelva a ser una Hermana como era antes. El palacio tendrá que decidir qué es más importante, mi vida o que la hermana Verna sea una novicia.

Pasha lo miraba boquiabierta.

1 ... 219 220 221 222 223 224 225 226 227 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)