Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 218 219 220 221 222 223 224 225 226 ... 293
Перейти на страницу:

— Grrrratch quierrrrg a Raaaach aaarg.

Richard lo abrazó con más fuerza aún.

— Yo también te quiero, Gratch.

El gar acercó su arrugada nariz a la del joven. Sus relucientes ojos verdes lo miraron, y soltó una gutural risita. Richard arrugó la nariz.

— ¡Gratch! ¡Te huele el aliento! —El joven se incorporó, con el gar en su regazo—. ¿Has logrado cazar algo para comer? —Gratch asintió con entusiasmo. Richard volvió a abrazarlo.

»¡Qué orgulloso me siento de ti! Y además, sin moscas de sangre. ¿Qué has cazado? —Gratch ladeó la cabeza y sus peludas orejas giraron hacia adelante.

»¿Una tortuga? —inquirió Richard. Gratch se rió entre dientes y negó con la cabeza—. ¿Un ciervo? —Gratch hundió los hombros con un gruñido de pesar—. ¿Un conejo entonces? —El gar dio un brinco y sacudió la cabeza. Se estaba divirtiendo.

»Me rindo. ¿Qué has comido?

Gratch se tapó la cabeza con las garras y lo miró entre ellas.

— ¿Un mapache? ¿Has cazado un mapache?

Gratch sonrió mostrando todos los dientes, tras lo cual echó la cabeza hacia atrás y rugió al tiempo que se golpeaba el pecho desnudo.

Richard le palmeó la espalda.

— ¡Muy bien, Gratch, muy bien!

El gar soltó de nuevo su risa gutural y trató de empujar a Richard hacia atrás para iniciar otra pelea. El joven se sentía aliviado de que por fin Gratch fuese capaz de conseguir comida por su cuenta. En vez de pelear, hizo que Gratch se estuviera quieto y se sentara mientras él comprobaba si el arroz con alubias ya estaba listo.

— ¿Quieres un poco? —le ofreció, tendiéndole la olla.

El gar se inclinó hacia adelante y olió con mucho cuidado. Sabía que estaba caliente. En otra ocasión se había quemado, por lo que ahora era muy cauto cuando Richard cocinaba algo. Al oler el arroz con alubias arrugó la nariz, lanzó un sonido de decepción y se encogió de hombros. Richard lo interpretó; no le entusiasmaba pero, si no había nada mejor, comería un poco.

El joven le sirvió una ración en su propio cuenco.

— Sopla. Aún está caliente.

Gratch se acercó el cuenco de latón a la cara y frunció los curtidos labios. Al soplar entre los colmillos para enfriar su tentempié, también se le escapó algo de saliva. Richard comió con una cuchara mientras miraba cómo el gar trataba de comerse a lametazos su parte. Al fin Gratch probó otro método; rodó sobre su espalda y sosteniendo el cuenco con garras y pies, vació su contenido en la boca. En tres tragos se lo acabó. Entonces se incorporó y batió las alas, se arrastró hasta Richard y con un lastimero murmullo le tendió el cuenco. Richard le mostró la olla vacía.

— Ya no queda. —Gratch agachó las orejas, enganchó con una garra el cuenco de Richard y tiró ligeramente hacia él. El joven apartó su cuenco y le dio la espalda—. No, es mío. Es mi cena.

Gratch se resignó a esperar pacientemente mientras Richard acababa de comer. El muchacho flexionó las rodillas y las rodeó con los brazos observando la ciudad. Gratch se agachó junto a él y trató de imitar la pose.

Richard se sacó el mechón de pelo del bolsillo y le dio vueltas a la luz de la luna, observándolo atentamente. Gratch le acercó bruscamente una zarpa, pero Richard la apartó con el codo.

— No —dijo en voz baja—. Puedes tocarlo pero sólo si eres cuidadoso.

Gratch acercó de nuevo una zarpa, pero ahora con gesto lento y vacilante, y acarició el mechón de cabello. A continuación alzó sus relucientes ojos verdes escrutadores y acarició con la zarpa el pelo de Richard.

Luego le acarició la mejilla y le secó una lágrima. Richard sorbió por la nariz, tragó saliva y volvió a guardarse el mechón en el bolsillo.

Gratch le pasó uno de sus larguiruchos brazos alrededor de los hombros y recostó la cabeza contra él. También Richard abrazó al gar, y juntos contemplaron la noche.

Al fin decidió que sería mejor dormir un poco y buscó una zona de espesa hierba donde extender una manta. Entonces se tumbó con Gratch acurrucado contra él. Los dos se quedaron dormidos.

Richard despertó cuando la luna casi desaparecía ya en el horizonte. Se incorporó y se estiró. Gratch cerró los puños y lo imitó, aunque en su caso estiró asimismo las alas mientras bostezaba. Richard se frotó los ojos. Sólo faltaban una o dos horas para que amaneciera. Era la hora.

Se puso en pie y Gratch lo imitó.

— Gratch, quiero que me escuches con atención. Es muy importante. ¿Me estás escuchando?

Gratch asintió. Su arrugado rostro adoptó una expresión muy seria. Richard señaló hacia la ciudad.

— ¿Ves ese sitio con todos esos fuegos y las luces? Viviré allí durante un tiempo. —Richard se dio golpecitos en el pecho y a continuación señaló de nuevo Tanimura—. Yo estaré ahí abajo pero no quiero que me visites. Tienes que permanecer alejado. Es un lugar peligroso para ti. Mantente alejado. —Gratch miraba la cara de Richard—. Yo vendré a visitarte. ¿Entendido? —Gratch pensó un momento y luego asintió.

»No te acerques a la ciudad. ¿Y ves ese río que fluye por el valle? Ya sabes qué es un río; yo mismo te enseñé el agua. Pues bien, quédate a este lado del río. Este lado. ¿Entiendes?

Richard quería evitar que el gar cazara el ganado de las granjas situadas al otro lado del río, pues eso le traería muchas complicaciones. Gratch miró alternativamente a Richard, a la ciudad y nuevamente a Richard. Entonces emitió un sonido desde lo más profundo de la garganta para indicar que lo entendía.

— Otra cosa Gratch. Si ves a gente —Richard se golpeó el pecho y señaló la ciudad—, gente como yo, no quiero que te la comas. La gente no es comida. No te comas a ninguna persona. ¿Comprendido?

Gratch gruñó en señal de decepción y luego asintió. Richard le pasó un brazo alrededor de los hombros y lo obligó a volverse hacia el bosque Hagen.

— Ahora escucha. Es importante. ¿Ves ese lugar de ahí abajo? ¿El bosque?

De la garganta del gar nació un gruñido grave y amenazador. Gratch retrajo los labios para mostrar los colmillos, mientras que el resplandor de sus ojos verdes se intensificaba.

— No vayas allí. No quiero que vayas a ese bosque. Lo digo muy en serio, Gratch. Mantente alejado de allí. —Gratch miró el bosque gruñendo aún amenazadoramente. Richard le agarró un puñado de pelo y le dio una sacudida—. No te acerques. ¿Entendido?

Gratch lo miró y al fin asintió.

— Yo tengo que ir allí pero no quiero que me sigas. Sería demasiado peligroso para ti. Tú quédate aquí.

Con un lastimero quejido Gratch rodeó a Richard con un brazo y lo obligó a retroceder un paso.

— A mí no me pasará nada; tengo la espada. ¿Recuerdas la espada? Ya te la enseñé. La espada me protegerá. Pero tú no puedes venir conmigo.

Richard deseó estar en lo cierto acerca de la espada. La hermana Verna le había avisado de que ese bosque era un lugar de vil magia. Pero no tenía elección. No se le ocurría ninguna otra cosa.

Después de estrechar con fuerza al gar, le dijo:

— Sé buen chico. Anda, ve a cazar algo más para comer. Yo vendré aquí de vez en cuando para verte y pelearemos. ¿De acuerdo?

Gratch sonrió al oír la palabra «pelea» y le tiró expectante de un brazo.

— No, ahora no, Gratch. Tengo que hacer una cosa pero volveré otra noche y pelearemos.

El gar agachó de nuevo las orejas y se despidió de Richard rodeándolo con sus largos brazos. El joven recogió sus cosas y tras un último gesto de despedida inició el descenso. Gratch contempló cómo el oscuro bosque se lo tragaba.

Caminó durante casi una hora. Tenía que internarse lo suficiente en el bosque Hagen para asegurarse de que su plan funcionara. Las ramas cubiertas de musgo y de enredaderas eran como brazos que trataran de atraparlo. De entre los árboles le llegaban extraños sonidos, chasquidos guturales y largos y graves silbidos. Al acercarse a zonas de agua estancada, oía cosas que saltaban al agua.

1 ... 218 219 220 221 222 223 224 225 226 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)