La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— Aunque cubras el collar con piedras preciosas, seguirá siendo un collar.
— Esto no tiene nada que ver con tu rada’han. Llevas una ropa asquerosa. Pareces un salvaje del bosque. Toma —le dijo, tendiéndole el manto abierto—, pruébatelo.
Richard le arrebató el manto de las manos y lo arrojó sobre la cama. Entonces la agarró por el brazo y la arrastró hasta la puerta de la primera habitación.
— ¡Richard! ¡Ya basta! ¿Qué estás haciendo?
El joven abrió la puerta.
— Estoy cansado. Ha sido un día muy largo. Buenas noches, Pasha.
— Richard, sólo deseo que tengas mejor aspecto. Con las ropas que llevas pareces un salvaje o una enorme bestia.
El joven se calmó mientras observaba el vestido azul de Pasha, justo de la misma tonalidad que el vestido de boda de Kahlan.
— Ese color no te sienta nada bien. Te ves horrenda —sentenció.
De pie en el pasillo Pasha alzó hacia él sus grandes ojos castaños. Richard cerró la puerta de un puntapié. Esperó unos momentos y luego inspeccionó el pasillo; ni rastro de Pasha.
Entonces fue a la mochila que había dejado junto a la chimenea y empezó a sacar cosas. No lo iba a necesitar todo. No había necesidad de llevar todas esas mudas.
Mientras tensaba la cuerda del arco oyó un suave golpe en la puerta. El joven se acercó sigilosamente sobre las alfombras y escuchó. Tal vez, si no respondía, Pasha se marcharía. No quería tenerla revoloteando a su alrededor diciéndole qué ponerse. Tenía cosas importantes que hacer.
Otro golpe suave. ¿Y si no era Pasha? Richard desenvainó el cuchillo y abrió la puerta bruscamente.
— Hermana Verna.
— Acabo de ver a Pasha alejarse corriendo deshecha en lágrimas. Me sorprendes, Richard. —La mujer lo miró enarcando una ceja—. No creí que te costara tanto tiempo. He estado escondida en una esquina, temerosa de que alguien me pillara. —La Hermana llevaba un chal que le cubría el cabello ondulado así como los hombros—. ¿Tenías que hacerla llorar?
— Tiene suerte de que no la hiciera sangrar.
La hermana Verna se descubrió la cabeza y se colocó el chal alrededor de los hombros. Una leve sonrisa planeaba sobre sus labios.
— ¿Puedo entrar? —Richard la invitó a hacerlo extendiendo un brazo—. Y, por cierto, llámame sólo Verna —le dijo mientras cruzaba el umbral—. Ya no soy una Hermana.
Richard se guardó el cuchillo.
— Lo siento, pero no creo que pueda acostumbrarme a llamarte de ningún otro modo. Para mí eres la hermana Verna.
— No es correcto darme el tratamiento de Hermana. —La mujer inspeccionó la habitación mientras Richard cerraba la puerta—. ¿Estás satisfecho con tus alojamientos?
— Son dignos de un rey. Hermana Verna, sé que no vas a creerme, pero quiero que sepas que de verdad siento mucho lo que ha ocurrido. No era mi intención causarte problemas.
La mujer esbozó una amplia sonrisa.
— No has hecho otra cosa desde que nos conocimos, pero, por esta vez, lo que me ha ocurrido no ha sido culpa tuya sino de otra persona.
— Hermana, ha sido culpa mía que te degradaran a novicia. No era mi intención. Pero tú misma provocaste que te enviarán a trabajar a los establos.
— Las cosas no son siempre lo que parecen, Richard —replicó ella con un astuto brillo en los ojos—. Odio fregar cacharros. Cuando era una joven novicia lo aborrecía más que ninguna otra cosa en el mundo. Odio estar en una cocina, sobre todo con las manos metidas en agua hirviendo.
»Me gustan mucho más los caballos. Ellos no me replican ni discuten conmigo. Me encanta tratar a los caballos, sobre todo desde que destrozaste los bocados y tuve que hacerme amiga de Jessup. La hermana Maren creyó que me castigaba cuando en realidad hizo lo que yo deseaba.
Richard sonrió con un solo lado de la boca.
— Eres muy astuta, hermana Verna. Estoy orgulloso de ti. Pero, aun así, lamento que te hayan rebajado por mi culpa.
La mujer se encogió de hombros.
— Mi misión es servir al Creador, no importa de qué modo. Además, no ha sido culpa tuya. Me han degradado a novicia por cumplir las órdenes de la Prelada.
— ¿Te refieres a las órdenes que escribió en el libro? Te prohibió que usaras tu poder conmigo, ¿no es cierto?
— ¿Cómo lo sabes?
— Me lo imaginé. Muchas veces estabas tan furiosa conmigo que hubieras querido matarme, pero nunca usaste tu poder para detenerme. Tenía que ser porque tus órdenes eran observar sin interferir. Después de todo, si el propósito del rada’han es controlar a quien lo lleva, ¿por qué no lo usaste contra mí?
Verna meneó la cabeza para sí.
— Tú sí que eres astuto, Richard. ¿Desde cuándo lo sabes?
— Desde que leí el libro en la torre. ¿Para qué has venido, hermana Verna?
— Quería asegurarme de que estabas bien. A partir de mañana ya no tendré la oportunidad de acercarme a ti, al menos no durante mucho tiempo, hasta que de nuevo alcance el rango de Hermana de la Luz. A las novicias de primer rango se les prohíbe cualquier tipo de trato con los jóvenes magos. El castigo es muy severo.
— Tu primer día como novicia y ya estás violando las normas. No deberías estar aquí. Si te pillan, te verás metida hasta los codos en agua hirviendo, fregando ollas sucias.
Verna se encogió de hombros.
— Hay cosas más importantes que las normas.
Richard observó ceñudo la remota expresión que apareció en los ojos de la mujer.
— ¿Por qué no te sientas?
— No tengo tiempo. Solamente he venido a cumplir una promesa. —La Hermana se sacó algo de un bolsillo—. Y para traerte esto.
Verna le levantó la mano y le puso algo en ella, tras lo cual le cerró los dedos alrededor.
Cuando Richard abrió los dedos y miró, las rodillas le flaquearon. Era el mechón de cabello de Kahlan que él había tirado.
— Lo encontré la primera noche que pasamos tú y yo juntos.
Sin alzar la vista, Richard preguntó:
— ¿Qué significa que lo encontraste?
La mujer se inclinó hacia atrás y alzó los ojos al techo.
— Cuando te quedaste dormido, después de decidir que no me matarías, fui a dar un paseo y lo encontré.
— No lo quiero —se oyó decir Richard, y cerró los ojos—. La he dejado libre.
— Kahlan se sacrificó para salvarte la vida. Yo le prometí que no permitiría que olvidaras que te ama.
Richard había perdido todas las fuerzas. Los músculos de las piernas le temblaban así como las manos.
— No puedo aceptarlo. Kahlan me envió lejos de sí. La he dejado libre.
— Ella te ama —replicó la Hermana con voz suave—. Richard, quédatelo por mí, como un favor. He roto las reglas al venir a traértelo. Prometí a Kahlan que me aseguraría de que supieras que te ama. Hoy una cosa me ha vuelto a recordar lo excepcional que es encontrar el amor verdadero.
Richard se sentía como si todo el peso del palacio le hubiera caído encima.
— Muy bien, Hermana. Me lo quedaré por hacerte un favor. Pero sé perfectamente que Kahlan no me quiere. Si amas a alguien, no le pides que se ponga un collar al cuello y no lo envías lejos. Kahlan deseaba ser libre, y yo le di la libertad.
— Richard, espero que algún día te des cuenta de lo mucho que ha sacrificado y de que su amor es verdadero. El amor es algo muy valioso, y no debería ser olvidado. No sé qué te depara el destino, Richard, pero espero que un día halles de nuevo el amor.
»No obstante, ahora necesitas ante todo una amiga. Soy sincera al ofrecerte mi amistad, Richard.
— ¿Me quitarás el collar?
La hermana Verna se quedó un momento en silencio. Cuando habló, lo hizo con voz preñada de pesar.
— No puedo, Richard. Sería peor para ti. Mi deber es preservarte la vida. No puedo quitarte el collar.
— Ya veo. No tengo amigos. Estoy en tierra enemiga, en manos enemigas.
— Eso no es cierto. Pero me temo que, como novicia, no tendré la oportunidad de convencerte de lo contrario. Pasha parece una joven muy afable. Trata de hacerte amigo de ella, Richard. Necesitas una amiga.