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El Desierto De Hielo

Электронная книга - «El Desierto De Hielo». Краткое содержание книги:

Anaíd debe descender al mundo de los muertos, pero para ello debe irse de Urt, dejando atrás a sus nuevos amigos y a Roc. Se va de viaje con su madre, que le contará toda la historia anterior a su nacimiento: cómo conoció a su padre y todo lo que tuvo que pasar para librarse de la poderosa y sanguinaria Odish que la perseguía: Baalat.
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– ¿Creéis que su ataque responde a alguna estrategia concreta? -inquirió Deméter en su calidad de moderadora.

– Creemos que la dama de Biblos, con esta ofensiva sorprendente, pretende asustar a las Omar, recuperar un poder que tuvo antaño y sobre todo disputar el territorio de otras Odish.

Valeria se detuvo y miró fijamente a Ludmila.

– El vuestro -afirmó dirigiéndose a la matriarca Ludmila, portavoz de los Cárpatos y sus valles-. Baalat ha atacado muy duramente en tierras de la condesa.

Ludmila, una cabra de familia campesina de grandes y fuertes manos, con la cara surcada por profundas arrugas y unos ojillos perspicaces y rápidos, le dio la razón.

– Cierto. La condesa Erzebeth nos diezmó hasta hace cuatro siglos. Pero los métodos de la condesa, no menos crueles, eran muy diferentes. Nosotras, las cabras, las osas y las ciervas estamos seguras de que la condesa, nuestra enemiga ancestral, no ha regresado y de que permanece en el mundo opaco esperando su momento.

– ¿Qué diferencias habéis observado en estas muertes? -preguntó de nuevo Deméter.

Ludmila se sirvió un vaso de agua, quizá para suavizar la dureza de las imágenes que se veía obligada a recordar.

– En esta ocasión, como dice Valeria, las muertes se han producido de una forma para nosotras extraña. En todas las moradas había fuego y, os diré más, en la casa de Brasov, donde desangró a la pequeña Greta, se halló grabado a fuego el símbolo de la serpiente de Baalat.

– ¿Y cuál es su aspecto? -preguntó la escritora noruega Lil, que en su juventud fue muy bella y aún conservaba intacto el destello de inteligencia en sus hermosos ojos azules.

Ludmila le contestó gravemente:

– La madre de una tortuga, junto al Mar Negro, pudo ver a la luz de la luna una gaviota huyendo por la ventana. La criatura tenía claras señales de haber sido picoteada en cuello y brazos, pero también fue quemada.

Lil disertó al respecto:

– Eso explicaría su facilidad para entrar en las casas. La Odish de Cartago ha adoptado la forma de una gaviota.

Deméter, mi madre, intervino:

– No creo que sea la única. Selene, mi hija, fue enviada a Urt tras la muerte de la pequeña loba Diana. Allí topó con una de las apariencias que tomó Baal y tuvo un encuentro desagradable. Ella os lo explicará y os mostrará las pruebas.

Y a pesar de la responsabilidad de participar en un consejo de matriarcas, no me sentí en absoluto nerviosa. Mi madre confiaba en mí, mi madre me concedía la palabra y se sentía orgullosa de mis descubrimientos. Me sentí útil, justo lo que necesitaba para remontar mi mal momento. Hablé alto y claro.

– El ataque a la pequeña loba Diana en Urt, un ritual de fuego y sangre, fue obra de Baal bajo la apariencia de una víbora. Yo misma la maté y cuento con el testimonio de un niño de un año.

– ¿Un año? No me parece un testimonio muy fiable para una aseveración tan seria -se permitió objetar la cabra Ludmila.

La ruda matriarca me miró mal desde el primer momento. Probablemente le molestaba mi aire rutilante y cosmopolita que tanto chocaba con la sencillez de su atuendo y su casa.

– No hay ninguna duda. La serpiente, antes de morir, escribió su nombre en fenicio. Tengo aquí las fotografías.

Ante el asentimiento de mi madre, repartí las instantáneas que había sacado y las distribuí entre las curiosas Omar. Al tiempo que iban pasando de mano en mano, un murmullo de incredulidad se adueñó de la sala. Mi madre, puso orden.

– Perdona, Selene, me gustaría que Ingrid explicase lo que sabe acerca de Baalat y sus poderes.

La salamandra Ingrid se caló sus gafas, sacó una hoja amarillenta de sus papeles y comenzó a leer.

– El carburador averiado… -Ingrid calló en seco; se trataba de una factura de la reparación de su viejo coche-. Disculpadme.

Al darse cuenta de su error, tuvo que vaciar su bolso hasta dar con el documento que buscaba y que por fin encontró, pringado de caramelo y con un dibujo de una margarita pintada de colores chillones en el margen izquierdo.

– A partir de ahora os pido una sola cosa. No la nombréis más. La llamaremos la dama oscura.

Ingrid era una estudiosa algo despistada que perdía constantemente sus piedras y sus pócimas y envolvía los bocadillos de sus hijos con los apuntes de sus últimas investigaciones. A pesar de eso y del barullo constante que armaba su numerosísima prole, era respetada y oída en congresos y convenciones. Ingrid tenía una voz simpática, acostumbrada a cantar canciones infantiles y a narrar cuentos de miedo. Se dirigió a nosotras como si fuéramos las alumnas de una escuela primaria.

– Baalat no tiene cuerpo -susurró-. Su carne y sus huesos fueron destruidos hace veintiún siglos. Pero Baalat existe. Su espíritu, su energía y su fuerza se pueden apropiar del cuerpo de un muerto, un niño o un animal. ¿Por qué? Porque carecen de voluntad o tienen su autoestima muy débil. Baalat fue una experta en las artes de la nigromancia, la que adivina el futuro a través de los muertos y se sirve de ellos para sus propósitos. Y por esa razón es la Odish más peligrosa. Otras Odish han desaparecido con la destrucción de su cuerpo, no pueden ni podrán corporeizarse más. En cambio la dama oscura profetizó su regreso antes de que su cuerpo fuera reducido a cenizas. Según los datos que poseemos sobre la fuerza de los conjuros nigrománticos, la sola mención de su nombre puede convocar energías suficientes para que posea la forma…, por ejemplo…, de una mosca.

Dicho esto, Ingrid hurgó en sus bolsillos y sacó un puñado de canicas, chicles y un martillo de juguete. Tomó el martillo y, sin mediar palabra, aplastó una mosca que se encontraba sobre la mesa. La recogió con mucho cuidado sujetándola con los dedos pulgar e índice y la mostró a todas las contertulianas.

– Fijaos en el peso y el tamaño. Una sola mención puede proporcionar la fuerza que la dama oscura necesitaría para mover este cuerpo. Para materializarse por ejemplo en un cuerpo de mujer adulta, necesitaría ser mencionada por cien mil personas.

– ¿Simultáneamente? -preguntó Valeria.

– No es necesario. Pero tened en cuenta también que la proyección de su imagen o la fuerza del pensamiento de quien reflexiona sobre ella pueden ser potencialmente más peligrosas que nombrarla. Y lo peor…

Todas callamos expectantes. Ingrid se quitó las gafas.

– Lo peor sería mantener un diálogo con ella. Ésa es la forma de reconocerla y alimentarla. Una verdadera bomba de relojería que dependería también del rango y la fuerza de la Omar con la que se comunicase.

Lil, poéticamente, fantaseó sobre su poder.

– La sangre de la primera víctima le proporcionó la fuerza para encarnarse en la criatura asesina de su siguiente crimen. De esa forma debió de causar la matanza de la noche de Imbolc. Tras cada muerte hizo acopio de más fuerzas y ahora su energía debe de ser inmensa. Si son treinta y nueve víctimas, pensemos que eso le permite vivir…

Todas se horrorizaron por el cálculo.

La vieja Lucrecia, una serpiente nonagenaria tan sabia como las rocas milenarias del volcán Etna de donde procedía, encendió con sumo cuidado una pipa y chupó lentamente mientras hablaba.

– Y yo me pregunto, ¿cómo consiguió la dama oscura materializarse por primera vez? ¿De dónde extrajo la fuerza necesaria para hacer acopio de la sangre que necesitaba?

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