Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Классические детективы » La muerte visita al dentista
La muerte visita al dentista - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La muerte visita al dentista

Электронная книга - «La muerte visita al dentista». Краткое содержание книги:

Poco después de la visita de Hércules Poirot al dentista, el profesional es encontrado muerto. Todo indica que se trata de un suicidio. El investigador jefe de Scotland Yard Japp, invita a su amigo Poirot a que participe en esta investigación, que es concluida rápidamente con la muerte de otro paciente que estuvo en el consultorio el mismo día. La opinión del tribunal es que el dentista se suicidó después de haber matado al paciente, al haberle inyectado, por equivocación, una dosis excesiva de anestésico. Sin embargo, Poirot no queda satisfecho. Hay otros hechos inexplicables mezclados en esta historia que él necesita entender. Otros pacientes del doctor, que estuvieron en el consultorio ese mismo día, podrían estar envueltos: un gran financiero, la señora que usaba un extraño par de zapatos y que más tarde desapareció, un joven revolucionario con cara de asesino (enamorado de la sobrina del financiero), el novio de la secretaria del dentista... Poirot coloca sus células grises a funcionar y termina desentrañando la trama. El lector, al contrario, puede tener dificultades en descubrir al asesino, pues la Reina del Crimen esta vez, no brinda todas las informaciones necesarias hasta que Poirot no comienza a revelar los hechos. El título original de la novela está basado una vez más en una canción infantil inglesa, que se utiliza para acompañar al juego de la rayuela. Los versos de la canción dan nombre a cada uno de los capítulos.
1 ... 18 19 20 21 22 23 24 25 26 ... 39
Перейти на страницу:

—Yo..., yo no sé nada, señor. Solo preguntaba.

«Pero ¿por qué?», se preguntó Poirot al salir de la casa.

De verdad que existía una respuesta para aquella pregunta, más aún no podía adivinar cuál era. De todas formas, sintió que había avanzado un paso más.

6

Cuando Poirot regresó a su piso le sorprendió la presencia de un visitante inesperado.

Tras el respaldo de un sillón sobresalía una cabeza calva y la figura atildada y menuda de mister Barnes se puso en pie.

Sus ojos brillaban como de costumbre al disculparse.

Había venido, explicó, a devolver la visita a mister Poirot.

Este declaróse encantado de volver a verle.

Ordenó a George que trajera café, a menos que su visitante prefiriera whisky con agua de Seltz.

—El café me gusta mucho—dijo mister Barnes—. Me figuro que su criado lo preparará, bien. Muchos sirvientes ingleses no saben.

Después de intercambiar unas cuantas frases corteses, mister Barnes carraspeó y dijo:

—Voy a ser franco con usted, mister Poirot. Es mera curiosidad lo que me trae aquí. Imagino que usted estará al corriente de todos los detalles de este caso bastante curioso. He leído en la Prensa que miss Sainsbury Seale ha sido hallada y que hubo un proceso a causa de Morley, que fue suspendido por falta de pruebas. La causa de la muerte fue atribuida a una fuerte dosis de anestésico.

—Es cierto —dijo Poirot—. ¿Ha oído hablar de Albert Chapman, mister Barnes?

—¡Ah! ¿El esposo de la señora en cuyo piso encontró la muerte miss Sainsbury Seale? Parece ser una persona muy escurridiza.

—¿Casi inexistente?

—¡Oh, no! —dijo mister Barnes—. Existe. ¡Claro que existe!... o existía. Oí decir que murió. Pero no hay que hacer caso de rumores.

—¿Quién era?

—No creo que lo digan en el proceso si pueden evitarlo. Sacarían, a relucir la historia del viajante de una fábrica de armamentos.

—¿Que estaba en el Servicio Secreto?

—¡Claro que sí! Pero no debió decírselo a su mujer; es decir, no debía haber continuado perteneciendo al Servicio Secreto después de casado. No es costumbre... cuando se es un verdadero espía.

—¿Y Albert Chapman lo era?

—Sí. Le conocíamos por Q.X. 912. ¡Oh, no digo que tuviese una importancia especial!... Nada de eso. Pero era útil por ser insignificante..., de esas caras que no son fáciles de recordar. Le utilizaban como mensajero por toda Europa. Ya sabe de qué se trata. Se le envía una carta oficial a nuestro embajador en Ruritania... y otra extraoficial que contiene el informe por Q.X. 912..., es decir: mister Albert Chapman.

—Entonces conocerá informaciones valiosísimas.

—Probablemente no —dijo mister Barnes alegremente—. Su trabajo consiste en coger trenes, aviones y barcos, y en explicar por qué viaja y adonde va.

—¿Y le dijeron que murió?

—Eso es lo que oí; pero no hay que hacer caso de todo lo que se oye. Yo no lo creo.

Poirot le preguntó, mirándole fijamente:

—¿Qué cree usted que le ha sucedido a su esposa?

—No sé —dijo mister Barnes—. ¿Y usted?

—Tengo una idea... Pero es muy confusa.

—¿Le preocupa alguna cosa en particular? —murmuró mister Barnes con simpatía.

Hércules Poirot repuso despacio:

—Sí. La evidencia de mis propios ojos.

7

Japp entró en la sala en casa de Poirot y dejó caer su bombín sobre la mesa, con tal fuerza, que esta crujió.

—¿Qué demonios piensa usted de todo esto?

—Mi buen Japp, no sé de qué me está hablando.

—¿Qué fue lo que le hizo pensar que el cadáver no era el de miss Sainsbury Seale?

Poirot pareció angustiado al decir:

—Fue su rostro lo que me extrañó. ¿Por qué golpear la cara de una muerta?

—¡Ojalá Morley se halle en el lugar donde se sabe todo! —dijo Japp—. Es posible que le quitaran de en medio para que no pudiera identificarla.

—Hubiese sido mejor que él hubiera podido hacerlo.

—Leatheran, su sucesor, lo hará también. Es un hombre muy capaz y amable y su testimonio es infalible.

Los periódicos de la noche publicaron una noticia sensacional. El cadáver hallado en el piso de Battersea, que se creía era el de miss Sainsbury Seale, fue identificado como el de la esposa de Albert Chapman.

El nuevo dentista del número 58 de la calle Reina Carlota, mister Leatheran, la identificó por su mandíbula y su dentadura, con todas las particularidades detalladas en las fichas profesionales de mister Morley.

Las ropas y el bolso de miss Sainsbury Seale fueron encontradas con el cuerpo; pero ¿dónde estaba miss Sainsbury Seale?

Capítulo V

Nine, ten, a good fat hen[5]

1

Al salir de la vista del proceso, Japp dijo en tono jovial a Poirot:

—¡Buen trabajo!..., pero ya sabe que yo tampoco estaba satisfecho con el cadáver. No se golpea el rostro de una muerta por placer. Es algo desagradable, y estaba bien claro que fue hecho por algún motivo. Y solo existe uno: para encubrir su identidad —y añadió con generosidad—: pero yo no hubiese caído tan pronto.

—Y eso que las características eran las mismas —dijo Poirot con una sonrisa—. Mistress Chapman era elegante, atractiva y vestía a la última moda. Miss Sainsbury Seale era descuidada y no usaba colorete ni rouge. Pero las dos eran cuarentonas, recias y de la misma estatura y constitución, y ambas se teñían el pelo de rubio.

—Sí, claro, visto así; pero tiene que admitir una cosa..., la rubia Mabel no fue sincera con nosotros. Hubiese jurado que era una buena persona.

—Pero ¡si lo era, amigo mío! Conocemos toda su vida pasada.

—Ignorábamos que fuese capaz de cometer un asesinato. Y ahora resulta que Sylvia no mató a Mabel, sino que fue Mabel quien asesinó a Sylvia.

Hércules Poirot movió la cabeza preocupado. Le costaba reconocer a Mabelle Sainsbury Seale como asesina. En sus oídos aún resonaba la vocecilla irónica de mister Barnes: «Busque entre la gente respetable.» Mabelle Sainsbury Seale evidentemente lo fue.

—Voy a terminar este caso, Poirot —dijo Japp, con énfasis—. Esta mujer no volverá a engañarme.

2

Al día siguiente Japp le llamó por teléfono. Su voz tenía un tono curioso.

—Poirot, ¿quiere saber unas cuantas novedades? Se acabó, muchacho, se acabó.

Pardon. La línea no está quizá bien conectada. No entiendo bien.

—Se acabó, muchacho, ¡se acabó! ¡Vaya un día! ¡Ya podemos cruzarnos de brazos!

Poirot, sorprendido, captó la amargura de su voz.

—¿Qué se acabó?

—Las pesquisas. La alarma. La publicidad. Todos esos ardides.

—Todavía no lo entiendo.

—Bien; escuche, escuche con atención, porque no puedo mencionar nombres. ¿Sabe lo que andamos buscando? ¿Sabe que estábamos barriendo el país en busca de un bicho comediante?

—Sí, sí. Ahora comprendo.

—Pues bien. Se da por terminado. Tenemos orden de que no se hable más de ello, que se olvide. ¿Me entiende ahora?

—Sí, sí; pero ¿por qué?

—Orden del maldito Ministerio de Negocios Exteriores.

—¡Es extraordinario!

—Sí, sucede pocas veces.

—¿Por qué harán eso con la señorita..., con ese bicho comediante?

—No les importa un comino. Es por la publicidad... Si se llega a un proceso podría salir a relucir A. C: el cadáver. ¡Ahí está el misterio! No conviene que su esposo..., mister A. C... ¿Me comprende?

1 ... 18 19 20 21 22 23 24 25 26 ... 39
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)