Caricias del corazón
- Автор: Джексон Лайза
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Caricias del corazón». Краткое содержание книги:
Matt jamás había conocido a una mujer que no sucumbiera al encanto de los McCafferty. Sin embargo, la hermosa Kelly Dillinger, la policía asignada al caso del intento de asesinato de su hermana, demostró ser completamente indiferente a su atractivo. Aunque no se llevaban bien, la actitud profesional y distante de ella hería el orgullo de Matt… y le encendía la sangre.
Cuanto más se resistía Kelly, más decidido estaba él a romper las barreras. De algún modo, la atractiva detective había conseguido quebrar su dura coraza exterior para tocar su alma…
Matt comprobó la comida y el agua. Después, fue saludándolas a todas individualmente, hablándoles en tonos suaves mientras les acariciaba el lomo y les rascaba la nariz.
Resultaba difícil imaginárselo a él o a cualquiera de sus hermanos como un asesino decidido a matar a su hermanastra para quedarse con la parte que ella tenía del Flying M. Imposible. Eso sólo eran rumores infundados. Nada más.
Todos ellos parecían muy preocupados por el bienestar de su hermana. No hacían más que insistir para que la policía encontrara al responsable de lo ocurrido a su hermana. Además, todos adoraban al bebé.
Mientras observaba cómo Matt trataba a las yeguas, cómo sus fuertes manos acariciaban los brillantes cuellos y rascaban los morros de los equinos, estuvo más segura que nunca de que alguien que no pertenecía a los McCafferty era el responsable de los ataques a Randi y posiblemente a Thorne.
– Bueno, ¿qué era lo que querías preguntarme? -quiso saber él.
Kelly se subió al madero más alto de una valla y enganchó los tacones de las botas en el más bajo, tal y como solía hacer años atrás, en la granja de su abuelo.
– Esperaba que pudieras contarme por qué tu padre le dejó la mitad del rancho a tu hermana.
Matt le lanzó una mirada que ella no supo comprender.
– Cada uno de sus hijos obtuvo una sexta parte, pero Randi heredó la mitad, con la casa y todos los edificios, ¿no? -insistió ella-. Vosotros, los chicos, heredasteis sólo una sexta parte.
– Así es. Supongo que mi padre pensó que debía cuidar de Randi más que del resto de nosotros.
– ¿Porque era una mujer?
– Bingo.
– ¿Sabía ella algo sobre cómo llevar un rancho?
– No lo suficiente.
– ¿Y qué te parece a ti eso? Es decir, ¿no os ha molestado a ti y a tus hermanos que ella se haya quedado con la mejor parte?
Matt se encogió de hombros. Algo se reflejó en su mirada.
– Siempre fue la favorita de mi padre.
– ¿Por qué?
– Porque era la hija de Penelope -dijo fríamente-. Mi padre hubiera ido al infierno por esa mujer y, al final, ella lo mandó a paseo. Es un poco justicia divina, si uno piensa en lo que él le hizo a mi madre. Sin embargo, ahora es todo agua pasada. Ya no importa demasiado.
– Entonces, ¿piensas que John Randall no dividió sus bienes con igualdad?
– Probablemente, pero no podré saber nunca qué fue lo que pensó mi viejo. En aquellos momentos, cuando mi padre se dio cuenta de que se estaba enfrentando a la muerte, Thorne ya era millonario, yo tenía mi propio rancho, Slade… Bueno, Slade siempre juega según sus propias reglas. No le dio nunca a mi padre ni la hora. En cuanto a Randi… Ella tenía su trabajo en Seattle, sí, pero a mi padre nunca le gustó. A Randi no le importó, de todos modos. Siempre hizo lo que le vino en gana.
– Un rasgo familiar.
– Veo que te has dado cuenta…
Matt se dirigió a una escalera que había en una de las paredes y comenzó a subir al falso techo donde guardaban el heno. Kelly no pudo apartar la vista de su trasero hasta que desapareció a través de una abertura superior.
¡Plof!
Una paca de heno cayó al suelo.
¡Plof! ¡Plof!
Cayeron más pacas. A los pocos segundos, Matt bajó de nuevo al piso principal y cortó el cordel que ataba el heno con su navaja. Mientras se inclinaba para hacerlo, Kelly no pudo apartar la mirada de sus caderas y de sus fuertes piernas. La sangre se le caldeó de tal manera que decidió centrar la atención en la yegua que tenía a sus espaldas. Dios, ¿qué demonios le pasaba? ¿Por qué no podía apartar la vista de aquellos vaqueros sin dejar de preguntarse cómo era lo que había debajo? Nunca en su vida había pensado en qué aspecto tendría un hombre en concreto sin ropa. Hasta aquel momento. No podía dejar de preguntarse lo que sentiría con aquel cuerpo estirado encima del de ella, tocando, sudando, saboreando…
Cuando él cerró la navaja, Kelly se sobresaltó y regresó a la realidad. Entonces, Matt agarró una horca y comenzó a sacudir enormes montones de heno en los pesebres.
– ¿Sabes? Hacía tiempo que no veía a Randi. Lo mismo le ocurrió a Slade o a Thorne y los tres nos sentimos muy mal por ello. Deberíamos haber mantenido el contacto con ella.
– Entonces, como dijiste, no conocíais los hombres que había en su vida, ¿verdad?
– Bueno, por supuesto sabíamos que Randi tenía novios, pero jamás oí que fuera en serio con nadie, ni siquiera últimamente -dijo.
Pinchó la horca en una paca sin romperla y miró a Kelly bajo la luz de las bombillas que colgaban del techo. Sintió que se le secaba la garganta, pero consiguió concentrarse en la conversación.
– Para ser alguien que se gana la vida dando consejos, es una persona muy reservada -añadió Matt-. Muy independiente. Bueno, eso ya lo sabes tú muy bien.
– No estamos hablando sobre mí.
– No, pero me pareció que tú lo entenderías perfectamente. En realidad, no me sorprende que Randi tuviera relación con un hombre y que no lo supiéramos, pero resulta extraño que no comentara nada a ninguno de nosotros tres de que estaba embarazada.
– Tal vez pensaba dar al niño en adopción.
– Lo dudo. Mi hermana no es una adolescente que ni siquiera ha terminado sus estudios y que no sabe lo que quiere en la vida ni si se puede permitir tener un hijo. No. Estoy seguro de que pensaba quedarse con el bebé, pero había algo que tenía que hacer antes de decírnoslo.
– ¿Escribir un libro?
– Más probablemente enfrentarse al padre. ¿Quién será el tipo? ¿Dónde está? Si mi hermana le importara lo más mínimo, ya se habría presentado aquí.
– Si sabe lo del accidente.
– Debería saberlo, maldita sea. Si estuvo con ella hasta el punto de dejarla embarazada, debería estar cerca de ella y saber dónde se encuentra.
– Tal vez rompieron antes de que él descubriera que ella estaba embarazada. Tal vez Randi no se lo dijo, igual que no os lo contó a vosotros. Tal vez no quiere que lo sepa… O puede que seas tú quien tiene razón y que a él no le importe.
– Maldito sea todo -comentó Matt, y le dio una patada a una paca de heno. Entonces, se acercó a Kelly, que seguía subida al madero, y colocó la nariz muy cerca de la de ella-. Deja que te diga que si mi mujer estuviera en el hospital y ese niño fuera mío, las cosas serían muy diferentes. Muy diferentes.
El corazón de Kelly se desbocó. Se tuvo que lamer los labios que, de repente, se le habían quedado completamente secos. Matt McCafferty tenía una irresistible sensualidad. Sin poder evitarlo, ella se preguntó qué se sentiría al besar aquellos labios y sentir aquellas fuertes manos acariciándole la piel. ¿Qué clase de amante sería?
El mejor.
Se recriminó por aquel pensamiento. Aquello era una tontería. Ridículo. Poco profesional.
La mirada de Matt atrapó la de ella durante un instante. Algo oscuro y peligroso hervía en aquellas oscuras profundidades pardas y conectaba con una parte de su ser que Kelly ni siquiera quería examinar demasiado cuidadosamente. Matt era peligroso emocionalmente, pero no se trataba de un asesino. No era la clase de hombre que realizaría un complot para asesinar a su hermanastra.
El momento duró demasiado. Las yeguas se inquietaron y relincharon en sus corrales.
Kelly pudo oír cómo los latidos de su corazón parecían contar los segundos. Tenía la garganta tan seca como si fuera una baldía pradera de Montana.
Matt le miró la boca, como si él también sintiera la repentina intimidad y el cambio que se había producido entre ellos.
«Esto no puede estar ocurriendo… Ella no puede desear que la tome entre sus brazos y la baje de lo alto de la valla para estrecharla contra mi cuerpo y besarla hasta que… Dios…», pensó Matt.
Como si él sintiera también el cambio que se acababa de producir entre ellos, dio un paso atrás y se aclaró la garganta. Sin embargo, siguió mirándola y Kelly vio sexo y promesa en aquellos ojos…