Un Hotel En Hollywood
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Hotel En Hollywood». Краткое содержание книги:
Tanya Harris es feliz junto a su marido y sus hijos en San Francisco. Trabaja como ama de casa y guionista para la televisión, y aunque su eterno sueño es triunfar como escritora, siempre ha antepuesto su familia a sus anhelos profesionales.
Sin embargo, una llamada telefónica de su agente hará que su vida dé un vuelco: una leyenda de Hollywood, el productor Douglas Wayne, quiere que escriba un guión cinematográfico. Aceptar este proyecto significa que deberá abandonar su casa, su familia, su ciudad. No obstante, Tanya sabe que oportunidades así sólo se presentan una vez en la vida. A pesar de sus continuos viajes, Tanya no sabe cómo sellar estas grietas que la distancia ha dibujado entre ella y su familia, sobre todo con su marido, quien parece necesitarla cada vez menos…
– Mi agente te dijo la verdad. Iba a rechazar la oferta; fue mi marido quien tomó la decisión por mí. Me convenció de que todo iría bien y se ha quedado él en casa con mis hijas.
– Oh, Dios mío, eso me suena demasiado casero -dijo Douglas casi con una mueca de desdén.
Max sonrió y asintió.
– ¿Cuántos años tienen las gemelas? -preguntó Max con interés.
– Diecisiete. Son mellizas. Y tengo un hijo de dieciocho años que hoy mismo empieza en la universidad, en Santa Bárbara -explicó Tanya con una orgullosa sonrisa.
– Me alegro -dijo Max con un gesto de aprobación-. Yo tengo dos hijas que viven en Nueva York -continuó el director con satisfacción-. Una tiene treinta y cinco años y la otra treinta, abogada y psiquiatra, las dos casadas. Tengo tres nietos.
– Me alegro -dijo Tanya devolviéndole el cumplido.
Ambos, de manera inconsciente se volvieron hacia Douglas, que les miró con un gesto de incomprensión y luego, con una sonrisa, explicó:
– A mí no me miréis, yo no tengo hijos. Me he casado dos veces, pero no hay niños. Ni perro, y tampoco lo quiero. Trabajo mucho, siempre he trabajado demasiado, así que no he tenido tiempo para criaturas. En cierto modo, puedo llegar a admirar ese sentimiento que hizo que estuvieras a punto de quedarte en casa con tus hijos en lugar de escribir el guión. Pero no puedo decirte que lo entienda. A mí me parece que hay algo noble en este trabajo. Piensa en toda la gente que verá la película, en todas las vidas que recibirán la influencia de lo que escribas en ese guión, en la cantidad de gente que va a recordarlo.
A Tanya le pareció que daba excesiva importancia a su trabajo o a las películas en sí. Para ella, un niño era mucho más importante que mil películas. Era una vida. Sin embargo, esa idea de un ser humano destinado a influir en los demás… Tanya nunca había concedido semejante trascendencia a su escritura. Para ella, era algo con lo que disfrutaba y que hasta entonces había significado muchísimo. Pero siempre habían significado mucho más Peter y sus hijos. Douglas, en cambio, vivía para su trabajo. En cierto modo, sintió lástima por él.
A Tanya le pareció que a Douglas le faltaba algo, como si hubieran olvidado instalarle alguna pieza humana vital. Y sin embargo, era un hombre interesante, brillante, con una mente muy rápida. No podía saber qué le motivaba y Tanya pensó que quizá no lo sabría nunca. Parecía guiado y dirigido por un fuego interior que se reflejaba en sus ojos y que ella no comprendía. Era más agradable la amabilidad innata de Max. De cualquier modo, ambos eran hombres interesantes y sería excitante trabajar con ellos.
Estuvieron dos horas discutiendo acerca del guión. El productor le explicó lo que deseaba que hiciera después, los cambios que quería que introdujera, las sutilezas que todavía había que incluir. Tenía un afinado sentido de lo que hacía falta para convertir una película en algo extraordinario. Mientras le escuchaba, Tanya empezó a intuir cómo funcionaba su cerebro. Douglas era el fuego y la brillantez pura, mientras que Max era el complemento tranquilo que atemperaba la agudeza del productor. Había algo increíblemente fascinante en la personalidad de Douglas Wayne.
Estuvieron hasta casi mediodía trabajando en el Polo Lounge. Después, Tanya regresó al bungalow para hacer los cambios acordados. Douglas la había inspirado para trabajar con más profundidad el guión. Cuando Peter la llamó más tarde, Tanya intentó, sin éxito, explicarle aquellas sensaciones. Sin embargo, lo que el productor y el director le habían aportado le facilitó continuar trabajando; aquel día añadió algunas escenas maravillosas a la historia. A las seis seguía sentada a su mesa, satisfecha por un buen día de trabajo.
Por la noche, estaba tumbada en la cama mirando la televisión sin prestar demasiada atención, cuando recibió la sorprendente llamada de Douglas. Tanya le informó sobre todos los cambios que había hecho en el guión durante el día y el productor pareció encantado de comprobar que se había puesto en acción con tanta rapidez. Era como si Tanya en lugar de escuchar, hubiera absorbido sus palabras y estas hubieran penetrado en ella de manera inmediata.
– Ha sido una buena reunión. Me parece que has sacado la inspiración adecuada del libro, sin dejar que te condicione. Tengo muchas ganas de ver lo que has hecho hoy -le comentó Douglas.
– Trabajaré un poco más mañana -prometió Tanya. Había estado pensando en volver a repasar el guión aquella noche pero sabía que estaría demasiado cansada-. Si lo veo bien, te lo mandaré el miércoles por la mañana.
– ¿Por qué no comemos juntos y me lo enseñas? ¿Qué tal el jueves?
Aunque durante la reunión de la mañana, Tanya ya había tenido la sensación de que iban a trabajar codo con codo, la invitación le dejó anonadada. Se había sentido muy cómoda con Max, pero no con Douglas, ya que, mientras el primero era de trato fácil, el segundo era duro como el acero y frío como el hielo. Sin embargo, al mismo tiempo, le parecía una persona interesante e intuiría, de forma puramente instintiva, que debajo del hielo había algo más cálido y que la parte racional escondía otra más humana.
– El jueves me parece perfecto -contestó Tanya sintiéndose algo extraña.
No le iba a resultar tan cómodo estar con Douglas sin la compañía de Max. El director era afable, cordial y todo en él invitaba a la comodidad. Además, tenían más cosas en común: a ambos les gustaban los niños, por ejemplo. Douglas era como un baúl sellado y aunque era tentador arriesgarse a descubrir quién era, Tanya tenía la sensación de que hacía mucho tiempo que nadie escalaba los muros que rodeaban a aquel hombre; quizá nunca nadie los había escalado. De cualquier modo, eran muros bien custodiados y Douglas no dejaba que los intrusos salvasen el cerco que rodeaba a su persona, ya que mostraba muy poco de sí mismo.
Durante la reunión del desayuno, Tanya se había dado cuenta de que el productor la había estado analizando, buscando sus puntos débiles. Todo en él era poder, control y posesión de los demás. Sin embargo, Tanya tenía las cosas claras: Douglas había comprado sus servicios como guionista, pero no era su dueño. También se había percatado de que acercarse demasiado a él podía ser peligroso. Por el contrario, Max la había recibido con los brazos abiertos.
– Daré una cena en mi casa para el equipo el miércoles por la noche -añadió Douglas. Tanya se dio cuenta de que la estaba tanteando, como si diera vueltas a su alrededor evaluando las posibilidades de abordarla-. Me gustaría que vinieras. Se trata de una fiesta para las grandes estrellas y los actores de reparto.
Era un reparto de lo más glamuroso y Tanya tenía muchas ganas de conocer a todos los integrantes del equipo. Además, conocer su forma de moverse y su estilo la ayudaría a perfeccionar el guión. Aunque los conocía prácticamente a todos por sus películas, no era lo mismo que verles en carne y hueso. Sería divertido y emocionante. Aquel era un mundo totalmente nuevo para ella. Se acordó del vestido de noche negro que había metido en la maleta y se alegró de haberlo cogido. De no ser por aquella prenda, no habría tenido más remedio que asistir a la fiesta con los pantalones negros que se había puesto aquella mañana o con los vaqueros. Si Douglas había asistido al desayuno vestido con tanta elegancia, una cena en su casa sería aún más formal.
– Mandaré mi coche a recogerte. Ah, y no hace falta que te arregles demasiado. Es una fiesta informal y la gente vendrá en vaqueros.
– Gracias -respondió Tanya sonriendo-. Me acabas de solucionar un tremendo problema de vestuario. No he traído mucha ropa. Pensé que iba a estar casi todo el día trabajando y tengo la intención de volver a casa los fines de semana.
– Lo sé -dijo él con una risa un poco desdeñosa-. Con tu marido y tus hijos.
Lo decía como si fuera algo de lo que tuviera que sentirse avergonzada, como un mal hábito del que tuviera que aprender a prescindir. Así era como lo veía él, a pesar de que tenía dos matrimonios a sus espaldas. Además, había dejado muy claro que sentía aversión por los críos. Cuando había oído hablar de ellos a Tanya y a Max aquella mañana, se había puesto nervioso.