Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos
- Автор: Márkaris Petros
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos». Краткое содержание книги:
– Lan-d-cruiser, Gorkakis, amigo. Así decir en inglés. Lan-d-cruiser.
– ¡No me digas! ¿Y dónde has pillado tú el acento de Oxford, gilipollas? ¿En el Sudán? Cierra la revista y escríbeme «parabrisas». A ver. ¿Lo sabes escribir? ¿Ves? Parabrisas es una palabra y se escribe con i, no con y. ¡Venga ya y no me vaciles!
– Cuando termine la clase, ¿podrías traerme un pollo con pita? Ah, y no te agobies, que no hay prisa.
– Vale, hombre. Estoy enseñando a este pobre desgraciado un poco de griego. Ten paciencia, que no vas a morirte de hambre.
– Si tengo que esperar a que sepa bien el griego, ya me habré muerto de inanición.
– Venga, Basir, que este gilipollas nos ha interrumpido. ¡Mira el aparato de música y admira! Potenciador de señal de radio, reproductor de cedes, doble platina, dos altavoces de ochenta vatios y dos de cuarenta. ¡Lo pones a tope y superas el Palacio de la Música! ¡Y aquí está lo más glorioso de todo! ¡El Home Cinema de Philips! ¡Cierra los ojos e imagínate este sueño en pantalla gigante! ¡Cada mañana, antes de abrir el local, pongo el aparato a toda pastilla! Cada noche, cuando vuelvo hecho polvo del trabajo y quiero relajarme, pongo el Home Cinema a todo trapo. ¡Y, entremedio, el Toyota Corola Verso! ¿Sabes cuánto cuesta el paquete completo?
– ¿Cuánto?
– ¡Una quiniela de trece aciertos! Venga, te toca a ti. ¿Qué vas a hacer con tu dinero?
– No saber. Pensarlo.
– ¿Comprarás una casa en Jartum o traerás aquí a tu familia?
– Aún no tomar decisión.
– ¿Por qué no?
– Porque mucho dinero y no creer ganar. Mejor no tomar decisión.
– Para ganar, has de creértelo, amigo. Creértelo y soñar. Sólo entonces se gana. Tú no lo crees, no sueñas y me darás mala suerte a mí también.
– En mi patrio…
– Se dice «en mi patria». Patria es femenino.
– En mi patri-a creer en Dios, no creer en mucho dinero, Gorgakis, amigo.
– De acuerdo, como tú quieras. Echa un último vistazo a la quiniela porque la voy a cerrar. ¿Ponemos uno-equis a Panathinaikós?
– Vale.
– ¿Ponemos dos a Olimpiakós?
– Vale.
– ¿Y clavamos el Iraklís-Calamariá?
– Vale.
– La cierro y mañana la echo a primera hora de la mañana.
– Gorgakis, amigo. ¿Me hacer favor?
– ¿Qué favor?
– Poner dinero mío y yo te doy lunes.
– No hay problema. Tu límite de crédito te cubre de sobras.
– Jefe! ¿Estáis a la faena o qué?
– ¡Enseguida!
– Gorgakis, amigo, esta vez escribir pedido. Mira. ¿Escribir correcto?
– Dos de cerdo con pita, pollo con pita, dos de hamburguesas con patatas, dos de tzatziki, una ensalata. Todo correcto menos la ensalada, que se escribe con d. ¡Bravo, Basir, eres un as!
– Dime una cosa. ¿Los negros llevan el tzatzikicomo lo llevas tú?
– A ver, amigo. ¿Qué te ha hecho el pobre hombre y por qué te metes con los negros?
– ¿Qué pasa? ¿Hemos ofendido a tu camarero? ¿Tú comerías tzatzikiservido con un dedo negro metido dentro? Claro que a lo mejor el dedo sustituye la oliva de Kalamata. El color es parecido.
– Basir, trae el tzatziki, que se lo cambio. Y oye. Sujeta los platos por debajo, con los cinco dedos. Así se hace en los buenos establecimientos.
– ¡Adonde irá a parar este país! Hace unos años le habrían despedido por tratar así a un cliente. Ahora le disculpan, y encima es negro.
– ¿Cómo va, Gorgakis, amigo?
– Reza para que no termine. Faltan los últimos cinco minutos, más el tiempo de descuento, y el Panionios va ganando uno a cero.
– Hemos metido la pata, Gorgakis. Quiniela a la basura.
– Espera, quedan ocho minutos. Nunca se sabe.
– Saber lo que digo, Gorgakis, amigo. Yo ser gafe. A la basura.
– Jefe, otra de patatas y una de feta con salsa de orégano.
– Y dos verdes.
– Chicos, lo siento. Hemos cerrado.
– Pero ¿qué dices?
– El local está cerrado.
– ¿Hablas en serio? ¿Te ha dado por bajar las persianas en medio de la comida?
– Hoy es una excepción, tenemos que cerrar temprano. Y no os preocupéis por la cuenta: invita la casa.
– No se puede salir los domingos, maldita sea. Todos están apalancados. Mil veces mejor quedarse en casa y encargar una pizza.
– ¡Basir, cierra el local y abre unas cervezas! ¡Hemos acertado, Basir! ¡Trece aciertos! ¡Increíble pero es verdad!
– ¿Pa-na-zi-nai-kós meter gol?
– ¿Verdad que es increíble? Marcó en el último minuto. ¡Es la primera vez en mi vida que me alegro porque haya ganado el Panathinaikós! Venga, tenemos que organizamos. Tú cortas el pan y preparas la ensalada; yo aso los suvlakis, corto la pita y lo celebramos.
– Querer llamar mujer.
– Después. Primero hemos de ver la información deportiva para saber cuánto hemos ganado. Venga, a nuestra salud.
– Salud. Con la derecha.
– Se dice «enhorabuena», no con la derecha. Con la derecha entramos por primera vez en una casa y lo decimos cuando hay un buen comienzo. Cuando nos felicitamos por algo bueno, decimos enhorabuena.
– Enhorabuena.
– ¿Ya sabes qué harás con el dinero?
– Todavía pensarlo.
– Sois lentos, muchacho. Sois muy lentos. Lo pensáis, le dais vueltas, llegan los americanos y os lo echan todo por tierra. Mira si no en Irak.
– Cuando faltar todo, Gorgakis, amigo, difícil saber qué comprar primero.
– Silencio ahora. Están dando los resultados… ¡Pero no! ¡Me cago en la mala suerte!
– ¿Qué ha pasado?
– ¿Sabes cuántos han conseguido trece aciertos? ¡Trece! Trece plenos, ¿te lo puedes creer? Veinte mil ciento cincuenta euracos a cada uno.
– ¿Son pocos, Gorgakis, amigo? ¿Diez mil euros cada uno?
– ¡Pero qué estás diciendo! ¡No te enteras de nada, joder! ¡Por una vez que aciertas, aparecen otros trece y te lo quitan del bolsillo, joder! Bueno, cierra y nos vamos a casa.
– ¿No celebrar?
– ¿Qué quieres que celebremos? ¿Qué hemos perdido dinero? Deja, se me han quitado las ganas.
– ¿Adonde quieres llamar?
– Sudán.
– ¿Adonde en Sudán?
– Jartum.
– Me lo sueltas a cuentagotas y hay cien más en la cola. Siéntate y espera.
– ¿Cobrar dinero quiniela, Yorgakis, amigo?
– ¿Qué dinero? Calderilla querrás decir. Lo cobré esta mañana.
– Me dar mis diez mil.
– ¿Qué diez mil?
– Diez mil de quinielas.
– Pero bueno, Basir. Yo pagué el boleto de mi bolsillo. Yo lo llevé a sellar. ¿Y te he de dar la mitad? ¿Me has tomado por idiota?
– Decirte pagar mi parte y yo te dar cuando cobrar.
– Qué te iba a dar y me vas a dar. Yo fui a la administración, sellé el boleto y lo pagué enterito de mi bolsillo. Es lo único que sé. Además, ¿qué he cobrado para darte a ti una parte? Veinte mil de nada. Tuve que dejar el Toyota Verso y conformarme con un Nissan Miera, y luego resultó que no me alcanzaba el dinero para el Home Cinema y tengo que pagarlo a plazos.
– Vale. Te dar ahora mismo dinero quiniela.
– Dámelo. Pero para la semana que viene.
– ¿La que viene?
– La que jugaremos el domingo.