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Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos

Электронная книга - «Un caso del comisario Jaritos y otros relatos clandestinos». Краткое содержание книги:

Nueve relatos, nueve casos policíacos en los que se ven involucrados inmigrantes albaneses, de países del Este o subsaharianos, en los que intervienen asesinos, sicarios, viejos racistas o camareros, que se desarrollan en Atenas, en los prolegómenos de la cita olímpica de 2004. Historias como el asesinato de tres árabes en las inmediaciones de las instalaciones olímpicas o el que comete un camarero sudanés tras ganar una quiniela muestran la cara más sórdida y grotesca de la actual sociedad griega.
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La directora, indiferente a tales emociones, se acercó a mí, disgustada.

– Pero ¿qué es esto? ¡Delante de los niños y antes de presentarse siquiera! -protestó.

– No se preocupe, no se repetirá -respondí en tono cortante.

No se atrevió a insistir. Temió que me fuera con el equipo de la tele y tanto la institución como ella misma se quedaran sin publicidad.

Los puestos de Frida y de Christo no corrían peligro mientras yo conservara mi puesto en la cadena. Ningún director del centro se arriesgaría a un escándalo público, y mucho menos un escándalo de discriminación racial contra dos músicos discapacitados. Pero si yo perdía mi puesto en la tele, ellos se encontrarían de patitas en la calle el día siguiente. Sin saberlo, su destino estaba ligado a mi futuro profesional.

Sin decorados

– Oír, Gorgakis, amigo. ¿Por qué estas manchas encima de i?

– No son manchas, Basir, son puntos, y cuando son dos y van juntos no los llamamos puntos, sino diéresis. ¿Has entendido?

– No.

– Mira, si no fuera por estos dos puntos, no diríamos «Panazinaikós», sino «Panazinekós» [10]. Ponemos la diéresis y leemos «Panazinaikós», como «Zermaicós» [11], por ejemplo. Sin los puntitos, «Panazinekós», con los puntitos, «Panazinaikós». ¿Lo has entendido?

– Bravo, Gorgakis ser buen maestro. Yo entender.

– Y no me llamo Gorgakis sino Yorgakis. ¿Aún no has aprendido a pronunciar la y?

– ¿Como en yogur?

– Bien, ya sabes decir yogur. Yorgakis suena como yogur. A ver, sigue leyendo.

– ¡Pa-na-ti-nai-kós!

– «… tinaikós» no. «…zinaikós». Ésta es una zeta y ésta es una delta.

– Pa-na-zi-nai-kós.

– Eso es. Ahora lo has dicho bien. Ves a ver qué quieren tomar y vuelve.

– Dos suvlakiscerdo completos, salada de tomate y salada verde.

– ¿De dónde eres tú? ¿De Egipto?

– No. De Sudán.

– ¿Sudán? Muertos de hambre, ¿eh?

– Sí, guerra.

– Ya sé, os matáis unos a los otros y tiene que ir la ONU a separaros. Campos de refugiados y todo eso. ¿Vienes de un campo de refugiados?

– No, yo de Jartum.

– De Jartum, ¿eh? Y allí, ¿cuántas veces llueve en un año?

– En Jartum llover. Desierto, no llover.

– Claro, allí beben agua una vez al mes. Y de lavarse ya ni hablamos. Un desastre. Imagínate… ¿Cuántos kilómetros ha hecho este desgraciado? ¿Tres mil? ¿Cinco mil? Y todo para venir a Atenas a servir suvlakis.

– La culpa es de ellos. Que no nos hubieran echado.

– ¿A quiénes?

– A nosotros, a los griegos. ¿Sabes cómo era Jartum cuando aún estaban allí los griegos? ¡Un paraíso! Ni la propia Suiza, oye. Nos echaron y se fueron a la mierda. Y no es sólo Sudán. Les pasó lo mismo a todos los que nos echaron. Mira el caso de Egipto. Desde que Náser nos dio puerta, el país va de mal en peor. Y Turquía, que ahora llama a las puertas de Europa y espera que le abran. ¡Ya veremos si le abren!

– Pues sí que sabes de historia.

– Sí, tú ríete, a ti sólo te interesa la juerga. Pero ¿has visto cuánto han avanzado en Skopja en cinco años? ¿Por qué crees que ha sido? Porque hemos ido nosotros.

– Oír, Gorgakis, amigo. Pana-zi-naikós-Panjonios, ¿qué pongo?

– Primero, un poco de ortografía. Dale la vuelta al boleto y escribe «Panionios».

– ¿Correcto así, Gorgakis, amigo?

– No correcto, Basir, amigo. «Panionios» se escribe con i. Dale la vuelta otra vez y escribe «Panserraicós»… Increíble. Ésta, que es una palabra difícil, la has escrito bien.

– Porque estar en tercera, como yo, Gorgakis. Por eso. Jugar en misma liga. Ayer, antes dormir, conté dos o, cinco i y dos e. Mareo. Nunca apender… aprender.

– No te lo tomes así. Ni siquiera los griegos escriben bien.

– Ahora decir: ¿qué pongo Pana-thi-naikós-Panio-nios?

– Diría que uno-equis.

– ¿Panionios empatar?

– Pero ¡qué dices! ¿Has visto cómo juega el Panionios últimamente? Y el Panathinaikós arrastra los pies.

– Sí, pero Panathinaikós jugar en gasa.

– Se dice casa. Ca-sa. Algo me dice que eres un vaselina [12].

– Yo gustar Panathinaikós, pero ser Olimpiacós.

– ¿Me estás tomando el pelo? ¿Cómo te puede gustar el Panathinaikós y ser del Olimpiacós?

– Si amigo Gorgakis, es Olimpiacós, yo también Olimpiacós.

– Así me tumbas siempre. ¿Y qué crees que debemos poner en PAOK-Olimpiacós?

– Un dos como un templo, Yorgakis. Un dos como un templo.

– ¡Oye, Basir! Entre broma y broma estás aprendiendo griego. ¡Un maestro de mi calibre, y que tenga que preparar suvlakisen lugar de enseñar!

– Zodorís, deja de dar la lata. ¡No has parado desde que salimos de casa!

– ¡Yo quiero pizza!

– ¡Hoy comemos suvlakisy punto!

– ¡Niki quiere suvlaki! ¡Yo quiero pizza!

– Escucha, Zodorís. Tú eres un ninja, ¿verdad? ¡Si hasta llevas el uniforme! Los ninja no comen pizza, comen carne. Mucha carne. Y también pediremos calamares, ¿de acuerdo? ¡Oye! Quince pinchos de carne, dos de patatas con queso y dos de tzatziki. ¿Qué bebemos?

– Naranjada.

– Coca-Cola.

– Una naranjada, una Coca-Cola y una Kaiser.

– Naranjada… Coca-Cola y una cerveza. ¿Traer patatas ahora o con suvlakis?

– ¿Por qué has hecho esto? ¡Dime! ¿Por qué lo has hecho?

– ¡Soy un ninja!

– ¡Una pesadilla, eso es lo que eres!

– ¿Por qué le pegas, Yota?

– ¿No has visto que le ha dado una patada al pobre hombre?

– ¿Y qué? ¿Sabes cuántas patadas habrá recibido éste en su vida? Ya no vendrá de una.

– ¿Lo he visto bien? ¿El niño de las narices te ha arreado una patada?

– Dejar, Gorgakis, amigo. Mal pequeño.

– ¡Despierta! ¡No permitas que te den patadas! ¡Ellos son los negros, no tú!

– Negros, no. Americanos.

– ¿De qué americanos hablas, gilipollas?

– Niño dar patada, padre dar dos euros. Como americanos.

– Amigo, eres listo, lo reconozco. Por eso se te da tan bien el griego, que es una lengua difícil. Ven, mira eso y alucina. ¡Mira! ¡No, míralo bien! ¡Un Toyota Corola Verso! ¡Treinta y dos combinaciones distintas de espacio interior, equipo estéreo con reproductor de cedes, DVD con pantallas en el respaldo de los asientos delanteros! ¡A todo lujo! ¡Y qué glamour! ¡Lo he leído todo: Auto-Motor-Sport, Cuatro Ruedas, Drive, Car and Driver, todo! ¡No hay otro coche como éste! Al principio me inclinaba por el Toyota Lancruiser pero…

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[10] En griego, las letras «a» e «i» juntas forman diptongo y se pronuncian como una «e», excepto cuando la «i» lleva diéresis. (N. de la T.)

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[11] El golfo del mar Egeo donde se encuentra el puerto de Salónica. (N. de la T.)

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[12] Llaman «vaselinas» a los seguidores del Panathinaikós. (N. de la T.)

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