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El Destino del Corazón

Электронная книга - «El Destino del Corazón». Краткое содержание книги:

Sí, Annie, tu príncipe azul existe…
Sola y embarazada de seis meses, Annie Torres ya no creía que ningún caballero andante fuera a acudir en su ayuda. Por eso cuando aquel día se desmayó, lo último que esperaba era caer en los brazos del hombre más guapo que había visto en su vida… el doctor Matt Allman. Y menos aún que su generoso salvador le ofreciera un empleo e insistiera en que viviera en la mansión de su familia. Con todas aquellas atenciones, de pronto la independiente Annie no sabía cómo podría arreglárselas sola. De la noche a la mañana, su increíble jefe se había convertido en la personificación de todos los sueños que durante tanto tiempo se había negado a sí misma.
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«Pero eso no significa que tenga que hacer nada al respecto. Porque no puedo y no lo haré. Y él tampoco», se repetía constantemente.

A menudo se encontraba trabajando en alguna tarea complicada, con el gesto torcido por la concentración, cuando algo le hacía levantar la vista y allí se lo encontraba, mirándola con una expresión difícil de interpretar pero que le producía escalofríos.

Otras veces bastaba con sentir que estaba en la misma habitación que ella. Notaba que.estaba allí aunque estuviera de espaldas. Había algo en él que le producía placer en los momentos más extraños.

La oficina estaba funcionando mejor que nunca y Matt estaba encantado. Quizá fuesen sus conocimientos de enfermería los que ayudaban a Annie a sistematizar mejor los temas médicos. O quizás su habilidad innata para la organización.

Matt estaba pensando en emprender una campaña de vacunación para toda la plantilla. Annie se encargó de hacer las llamadas, darles citas y todos los empleados estuvieron vacunados en menos de dos semanas. Después decidió organizar unos cursos sobre seguridad en el trabajo. Contrató a una empresa de San Antonio para que fuera y les diera a los empleados una charla sobre el tema.

Mientras tanto, Matt atendía los problemas médicos de los empleados en ese despacho y también pasaba consulta en su clínica privada. Esto le daba a Annie la oportunidad de librarse de la intensidad de su presencia durante unas horas cada día. Por otro lado, estaban los negocios de la empresa. Aunque Rafe actuaba como presidente, todos sabían que Jesse Allman quería que fuese Matt el que tomase el relevo al frente de la empresa. Así que se veía obligado a participar. Annie pensaba que quizá la situación afectase a la relación entre los hermanos, pero no era así.

Los días pasaban deprisa y estaban tan ocupados que apenas tenían tiempo para darle vueltas a los sentimientos que tenían el uno por el otro. Cuando no estaba en el trabajo, Annie pasaba el tiempo en la casa, preparando invitaciones, regalitos o aperitivos. No era hasta más tarde, cuando por fin se tumbaba en la cómoda cama a dormir, cuando empezaba a pensar en Matt.

Estaba claro que sentía atracción por él. Matt tenía la facilidad de producir ciertas reacciones en ella distintas a las experimentadas con otros hombres. La estaba tratando con mucho respeto. Sólo temía qué pasaría cuando tuviera al bebé y dejara de ser la embarazada que él protegía.

Si las cosas fueran de otro modo podría permitirse soñar. Pero estaba embarazada de otro hombre, era una McLaughlin y él un Allman. Además, Matt acababa de descubrir que era padre y era eso lo que le había llamado la atención de Annie, el hecho de que estuviera embarazada. Y cuando eso dejara de ser así, lo más seguro era que no siguiera interesado en ella. Había confundido el interés de un hombre con algo más profundo.

Los sueños quedaban para la gente que se los podía permitir. Ella también había tenido sueños, pero todos se habían ido esfumando. Tenía otras cosas en que pensar, pop ejemplo, en lo que iba a hacer con el bebé.

El día de la cita con el doctor Marín salió de la oficina antes de comer. Se despidió de Matt, pero éste sólo la miró con el ceño fruncido, sin mediar palabra. La consulta fue breve pero, cuando el médico preparaba el equipo para ser monitorizada, Annie le preguntó algo que a ella misma la sorprendió.

– ¿Me puede decir el sexo del bebé?

– Claro. Te enseñaré las imágenes de la última ecografía que te hicieron el otro día.

Su corazón comenzó a latir con fuerza al darse cuenta de lo que le había pedido. Iba a ver una foto del bebé y no sabía si sería una buena idea.

– Es un niño muy activo -le dijo con una sonrisa-. Y parece que goza de muy buena salud.

– ¡Un niño! -exclamó sin poder articular palabra.

Cerró los ojos un segundo, y cuando los abrió se sintió más feliz que nunca.

El doctor Marín dejó de sonreír y la miró con seriedad.

– ¿Has estado pensando en lo que hablamos? -le dijo-. ¿Tienes alguna pregunta sobre el proceso de adopción?

– No -dijo volviendo a la cruda realidad-. Todavía tengo que pensarlo.

– No pasa nada. Pero tienes que estar segura de que estás preparada para hacerlo.

– Sé lo diré en cuanto lo sepa. Pero más adelante.

– Muy bien.

Salió de la clínica poco después y volvió al trabajo sintiéndose algo nerviosa. El bebé nacería en menos de dos meses. Cuando había decidido volver a Chivaree, también se había propuesto mantener las distancias con el niño. Estaba decidida a cuidarse y cuidarlo, pero no quería saber el sexo del bebé ni ver ninguna ecografía. Tampoco iba a pensar en nombres. Ya se había saltado dos de las tres reglas. Así que prometió no pensar en nombres para el niño.

Pero sabía que no sería fácil. Acarició su barriga y sonrió. Saber que el bebé estaba allí y estaba bien la llenaba de felicidad.

Matt no le preguntó por su cita con el médico. Estaba de mal humor, con el ceño fruncido y aspecto sombrío. En cuanto pudo salió corriendo para la otra clínica, y Annie suspiró aliviada al verlo salir.

Esa misma noche apareció por la casa para cenar allí. Era la primera vez desde que se mudara y fue toda una sorpresa para Annie. Aún estaba algo malhumorado y no habló demasiado. Pero todos estaban tan contentos que nadie lo notó. Kurt había traído a Katy, su hija de un año y fruto de su primer matrimonio. La niña era una monada y Annie no dejaba de pensar en cómo sería su bebé y si llegaría a conocerlo.

De repente se dio cuenta de que quería conocerlo más que nada en el mundo. Miró a Matt y vio que estaba distraído. Su mente estaba en otra parte.

Pero cuando recogían la mesa, tras la cena, Matt vio a Annie sola y la convenció para que no fuera al comedor, donde Jodie y Rita trabajaban en las decoraciones de la boda.

– ¿Te apetece dar un paseo?

– ¿A dónde? -preguntó sorprendida.

– Por el jardín, hasta el cañón.

– ¿Por qué? -preguntó mientras la sangre comenzaba a latirle con fuerza en las venas.

Matt la miró con cara de impaciencia, tomó su mano y la arrastró hacia la puerta.

– Vamos -dijo de manera brusca.

Annie dejó que la sacara de la casa. Se estaba haciendo de noche y ya brillaban las luces en los árboles. Pasearon hasta el cañón, pero ella estaba cada vez más nerviosa con la situación.

– ¿Tienes algo que decirme? -le preguntó intentando abreviar la conversación y volver pronto a la casa.

Matt se giró para mirarla y metió las manos en los bolsillos.

– Siento haber estado tan desagradable hoy, pero es que he hablado con Dan Kramer, el detective.

– ¡No! ¿Son malas noticias?

– No son buenas. Ha agotado casi todas las pistas de archivos en Texas y teme que el papeleo para la adopción pudiera tener lugar fuera del estado. Si es así, voy a necesitar un milagro para encontrar a mi hijo.

– ¡Matt! Lo siento muchísimo -dijo tocando su brazo-. ¡Qué mala suerte! Pero no pierdas la esperanza. Estoy segura de que encontrará algo.

– Puede que sí, puede que no. Depende de la exactitud con la que se registraran los nombres en el archivo -explicó poniendo su mano sobre la de Annie-. Pero bueno, ése no es tu problema.

Sintió una sacudida cuando sus dedos la tocaron. Sus hombros parecían tan anchos como el horizonte y sintió el impulso de abrazarlo. Pero no podía.

– Claro que sí -dijo casi sin aliento-. Tú… Me importas.

– ¿En serio? -preguntó con poca convicción. Después sacudió la cabeza como si estuviera harto de él mismo y de esa situación.

– ¡Dios mío, Annie! Yo quiero estar contigo. Quiero hablar contigo, mirarte y escuchar tu voz.

La emoción en su voz consiguió mover algo dentro de ella que la asustó más que sus palabras.

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