El arca de la redención [Redemption Ark - es]
- Автор: Рейнольдс Аластер
- Год: 2006
- Язык: испанский
- Год: La Factor
- ISBN: 84-9800-283-4
- Переводчик: Aitor Solar
- Жанр: Космическая фантастика
Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
Y sin embargo, al final, se había encontrado un modo de hacerlos subir a todos a bordo. Esa parte al menos sería más sencilla la próxima vez, pero la disciplina quizá tuviera que ser incluso más estricta. A las personas no se les podía conceder ningún derecho a bordo de la nave de trasbordo.
Trece horas después, una especie de calma agotada bañó la nave entera. Khouri se encontró a Thorn al lado de un ojo de buey, justo donde no les podía oír el tropel más cercano de pasajeros. Una luz cenicienta daba a su rostro un aspecto de estatua. Parecía totalmente abatido, despojado de toda la alegría que podría haber sentido por lo que habían logrado.
—Lo hemos conseguido —le dijo ella—. Ya no importa lo que pase, hemos salvado dos mil vidas.
—¿De veras? —preguntó él sin alzar la voz.
—No van a volver a Resurgam, Thorn.
Hablaban como si fueran socios comerciales, evitando el contacto físico. Thorn seguía siendo un «invitado» del Gobierno y no debía parecer que había ningún motivo oculto tras su cooperación. Por culpa de esa distancia necesaria, una medida que había que mantener en todo momento a bordo del trasbordador, Khouri sentía más que nunca la necesidad de dormir con él. Sabía que habían estado muy cerca a bordo de la nave, después del encuentro con los cubos de los inhibidores en la atmósfera de Roc. Pero entonces no lo habían hecho, y tampoco cuando estaban en Resurgam. La tensión erótica que había existido entre ellos desde entonces había sido apasionante y dolorosa al mismo tiempo. La atracción que sentía por él jamás había sido más fuerte, y sabía que él la deseaba al menos tanto como ella a él. Ocurriría, lo sabía. Solo era cuestión de aceptar lo que hacía tanto tiempo que sabía que tenía que aceptar: que una vida había acabado y otra debía comenzar. Se trataba de tomar la decisión de renunciar al pasado y aceptar (obligándose a creer) que no estaba faltándole a su marido con ese acto de abdicación. Solo esperaba que allí donde estuviese, vivo o ya muerto, Fazil Khouri hubiera llegado a la misma conclusión y hubiera encontrado la fuerza para cerrar el capítulo de la parte de su vida que había incluido a Ana Khouri. Habían estado enamorados, desesperadamente enamorados, pero al universo no le importaban nada las vicisitudes del corazón humano. Ahora tenían que seguir su propio camino.
Thorn le rozaba la mano con dulzura, el gesto oculto entre las sombras que pendían entre ellos.
—No —dijo—. No los vamos a devolver a Resurgam. ¿Pero podemos decir con toda honestidad que los estamos llevando a un lugar mejor? ¿Y si todo lo que estamos haciendo es llevarlos a un lugar diferente a morir?
—Es una nave estelar, Thorn.
—Sí, una nave que no tiene ninguna prisa por irse a ninguna parte.
—Todavía —dijo ella.
—Espero que tengas razón, de verdad.
—Ilia ha hecho progresos con el capitán —le dijo ella—. Ya ha empezado a salir de su concha. Si consiguió persuadirlo para que desplegase las armas del alijo, puede convencerlo para que se mueva.
El hombre le dio la espalda al ojo de buey. Unas sombras duras enfatizaban su rostro.
—¿Y luego?
—Otro sistema. No importa cuál. Elegiremos uno. Cualquier cosa tiene que ser mejor que quedarse aquí, ¿no crees?
—Durante un tiempo, quizá. ¿Pero no deberíamos al menos investigar lo que Sylveste puede hacer por nosotros?
Khouri se desprendió de su mano y dijo con cautela:
—¿Sylveste? ¿Hablas en serio?
—Le interesaron nuestros asuntos dentro de Roc. Como mínimo le interesaron a… algo. Tú reconociste en ese algo a Sylveste, o una copia de su personalidad. Y el objeto, fuera lo que fuera, volvió a Hades.
—¿Qué estás sugiriendo?
—Que consideremos lo impensable, Ana: buscar su ayuda. Me dijiste que la matriz de Hades es más antigua que los inhibidores. Puede que sea algo más fuerte que ellos. Desde luego, eso pareció dentro de Roc. ¿No deberíamos ver lo que Sylveste tiene que decir sobre el tema? Quizá no pueda ayudarnos de forma directa, pero podría tener información que podamos utilizar. Lleva eones subjetivos metido ahí, y ha tenido acceso al archivo de una cultura espacial entera.
—Tú no lo entiendes, Thorn. Creí que te lo había dicho, pero es obvio que no lo asimilaste. No hay ninguna forma fácil de entrar en la matriz de Hades.
—No, lo recuerdo. Pero sí que hay una forma, aunque implique morir, ¿no es cierto?
—Había otra forma, pero no hay garantía de que todavía funcione. Morir es la única forma que yo conozco. Y yo no vuelvo a meterme ahí, ni en esta vida ni en la próxima.
Thorn bajó la cabeza, su rostro era una máscara que a ella le resultaba difícil leer. ¿Estaba decepcionado o la comprendía? No tenía ni idea de lo que había sido caer hacia Hades sabiendo que la aguardaba una muerte segura. La habían resucitado una vez, después de encontrarse con Sylveste y Pascale, pero nadie había prometido repetir el favor. El acto en sí había consumido una considerable fracción de los recursos informáticos del objeto de Hades, y ellos (quienes fueran los agentes que dirigían sus interminables cálculos) quizá no sancionaran otra vez lo mismo. Para Thorn era fácil; él no tenía ni idea de lo que había sido aquello.
—Thorn… —empezó.
Pero en ese momento una luz rosa y azul le cruzó vacilante un lado de la cara. Khouri frunció el ceño.
—¿Qué ha sido eso?
Thorn se volvió de nuevo hacia el espacio.
—Luces. Destellos, como rayos lejanos. Llevo observándolos cada vez que paso por un ojo de buey. Parecen encontrarse cerca del plano eclíptico, en la misma mitad del cielo que la máquina inhibidora. No estaban allí cuando dejamos la órbita. Sea lo que sea, debe de haber empezado en las últimas doce horas. No creo que tenga nada que ver con el arma en sí.
—Entonces deben de ser nuestras armas —dijo Khouri—. Ilia debe de haber empezado a utilizarlas ya.
—Dijo que nos daría un período de gracia.
Era cierto; Ilia Volyova les había prometido que en treinta días no desplegaría ninguna de las armas del alijo y que revisaría su decisión según el éxito de la operación de evacuación.
—Debe de haber pasado algo —dijo Khouri.
—O nos mintió —dijo Thorn en voz baja. Sumido en las sombras le volvió a coger la mano, y con un dedo trazó una línea desde la muñeca femenina hasta la conjunción de sus dedos índice y medio.
—No. Ella no habría mentido. Ha pasado algo, Thorn. Ha habido un cambio de planes.
Salió de la oscuridad dos horas después. No había nada que se pudiera hacer para evitar que algunos de los ocupantes de la nave de trasbordo vieran la Nostalgia por el Infinito por fuera, así que todo lo que Khouri y Thorn podían hacer era esperar y rogar para que la reacción no fuese demasiado extrema. Khouri había querido colocar deflectores en los ojos de buey (la nave tenía un diseño demasiado antiguo para que se pudiera borrar sin más la existencia de los ojos de buey) pero Thorn le había advertido que no debería hacer nada que implicase que la vista era de alguna forma extraña o inquietante.
Le susurró:
—Quizá no sea para tanto como crees. Tú sabes qué aspecto se supone que tiene una abrazadora lumínica, así que la nave te inquieta porque las transformaciones del capitán la han convertido en algo monstruoso. Pero la mayor parte de las personas que transportamos ha nacido en Resurgam. La mayoría no ha visto jamás una nave estelar, ni siquiera imágenes del aspecto que tendría que tener. Tienen una idea muy vaga que se basa en viejos documentos y en las series del espacio que les ha metido la Casa de Radiodifusión. La Nostalgia por el Infinito quizá les parezca un poco… fuera de lo corriente, pero no sacarán necesariamente ninguna conclusión precipitada, no van a pensar que es una nave de la plaga.