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El arca de la redención [Redemption Ark - es]

Электронная книга - «El arca de la redención [Redemption Ark - es]». Краткое содержание книги:

Estamos a comienzos del siglo XXVII. Hace cincuenta años, el hombre puso en marcha un antiguo sistema alienígena que detectaba el nacimiento de formas de vida inteligentes. Los inhibidores llevan mucho tiempo esperando, pero ahora se preparan para volver…
Mientras tanto, una fuerza desconocida ha sembrado el terror en el Sanctasanctórum de los combinados. A medida que la naturaleza de la nueva amenaza se vuelve más clara, Clavain, uno de sus guerreros, empieza a plantearse que es hora de volver al combate. En Resurgam se ha descubierto un cargamento de armas devastadoras que podrían ser utilizadas para el bien de la Humanidad, pero alguien ya ha logrado hacerse con su control…
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Se decía que se pasaba largas horas en la cúpula de observación, con los ojos clavados en la negrura que dejaban atrás, transfigurado por su estela sin estrellas. Aquellos que lo veían comentaban que parecía mucho mayor que al comienzo del viaje, como si de alguna manera permaneciera anclado al flujo más rápido del tiempo del mundo, en lugar de al tiempo dilatado que pasaba a bordo de la nave. Se decía que parecía un hombre que había renunciado a vivir y que ahora solo realizaba los onerosos movimientos a los que se veía obligado para completar una última obligación.

Se reconocía, sin que se comprendieran necesariamente los detalles, que Clavain se había visto obligado a tomar una horrenda decisión personal. Algunos de los miembros de la tripulación pensaban que Galiana ya había «muerto» mucho tiempo antes y que lo que había pasado ahora solo había servido para subrayar ese hecho. Pero era, como habían comprendido otros, mucho peor que eso. La anterior muerte de Galiana solo había sido provisional. Los combinados la habían mantenido congelada, pensando que en algún momento se podría eliminar al lobo. La probabilidad de que eso pasara sería pequeña, pero en el fondo de Clavain debía de permanecer el fantasma de una esperanza: que le pudieran devolver a la Galiana que había amado desde aquel antiguo encuentro en Marte, curada y renovada. Pero ahora él se había encargado de eliminar en persona esa posibilidad para siempre. Se decía que la persuasión de Felka había tenido un papel muy importante en su decisión, pero había sido Clavain el que había tomado la decisión definitiva; era él quien llevaba en sus manos la sangre de esa compasiva ejecución.

El retraimiento de Clavain afectó menos a los asuntos de la nave de lo que podría haber parecido; ya había abrogado en otros buena parte de su responsabilidad, de tal forma que los preparativos para la batalla continuaron con eficacia y sin complicaciones sin su intervención diaria. Las líneas de producción mecánica funcionaban ahora a pleno rendimiento, escupiendo armas y armaduras. El casco de la Luz del Zodíaco estaba erizado de armamento antinave. A medida que los regímenes de entrenamiento afinaban los batallones del ejército de Escorpio y los convertían en unidades de una eficiencia salvaje, comenzaron a darse cuenta de cuántos de sus éxitos previos podían achacarse a la buena suerte, pero desde luego ese no sería el caso en el futuro. Quizá fracasasen, pero no sería por una falta de preparación táctica o de disciplina.

Una vez destruida la nave de Skade, tenían menos necesidad de preocuparse por un ataque mientras estaban en ruta. Los escáneres de profundidad confirmaron que había otras naves combinadas detrás de ellos, pero solo podían igualar la aceleración de la Luz del Zodíaco, no superarla. Al parecer, nadie estaba dispuesto a intentar otra transición al estado cuatro después de lo que le había pasado a la Sombra Nocturna.

A medio camino de Resurgam, la nave se había puesto en modo de deceleración, impulsándose en la dirección del vuelo, lo que de inmediato los convirtió en un objetivo más difícil para la nave perseguidora, puesto que ya no tenían un haz de escape propulsado de forma relativa en el que concentrarse. El riesgo de un ataque había bajado todavía más y había dejado a la tripulación libre para concentrarse en el objetivo primario de la misión. Los datos del sistema al que se acercaban también se fueron haciendo cada vez más amplios, con lo que todos se concentraron en los detalles de la operación de recuperación.

Estaba claro que algo muy extraño estaba pasando alrededor de Delta Pavonis. Los escáneres del sistema planetario mostraban la inexplicable omisión de tres cuerpos terrestres de un tamaño moderado, como si los hubiera borrado sin más. Más preocupante todavía éralo que había sustituido al gigante gaseoso principal del sistema: solo permanecía un resto del núcleo metálico del gigante, envuelto en una madeja de materia liberada muchísimo más grande que el planeta original. Había insinuaciones de un mecanismo inmenso que se había utilizado para hacer girar el planeta hasta destrozarlo: arcos, cúspides y espirales que estaban en proceso de ser desmantelados y transformados de nuevo en una maquinaria nueva. Y en el corazón de la nube había algo incluso más grande que esos componentes subsidiarios: una máquina de dos mil kilómetros de anchura que no podía tener de ninguna de las maneras un origen humano.

Remontoire había ayudado a Clavain a construir sensores para captar las huellas de neutrinos de las armas de clase infernal. A medida que se acercaban al sistema, habían establecido que treinta y tres de las armas estaban más o menos en el mismo sitio, mientras que otras seis permanecían inactivas, esperando en una amplia órbita alrededor de la estrella de neutrones Hades. Faltaba un arma, pero Clavain ya lo sabía antes de abandonar el Nido Madre. Escáneres más detallados, que solo fueron posibles una vez que bajaron la velocidad a menos de un cuarto de año luz de su destino, mostraron que las treinta y tres armas estaban casi con toda seguridad a bordo de una nave del mismo tipo básico que la Luz del Zodíaco, es probable que metidas en una enorme bodega de almacenamiento. La nave, que tenía que ser la de la triunviro, Nostalgia por el Infinito, planeaba en el espacio interplanetario, orbitando alrededor de Delta Pavonis en el punto Lagrange entre la estrella y Resurgam.

Ahora, por fin, tenían alguna indicación de su adversario. ¿Pero qué pasaba con el propio Resurgam? No salía ninguna comunicación radiofónica u otra banda de emisión del único planeta habitado del sistema, pero estaba claro que la colonia no había fracasado. Los análisis de los gases que constituían la atmósfera revelaban una actividad terraformadora continua, con importantes extensiones de agua ya visibles en la superficie. Los casquetes glaciares se habían reducido hacia los polos. El aire era más cálido y húmedo de lo que lo había sido en casi un millón de años. Las huellas infrarrojas de la flora de la superficie encajaban con los patrones esperables en una reserva genética terráquea, modificados por la supervivencia al frío, la sequía y los niveles bajos de oxígeno. Unas manchas termales calientes mostraban los lugares donde se hallaban grandes reprocesadores que cambiaban la atmósfera a base de fuerza bruta. Los metales refinados indicaban una intensa industrialización de la superficie. Al realizar una ampliación extrema, se percibía incluso sugerencias de carreteras y gasoductos, y el ocasional eco móvil de un grueso vehículo de carga transatmosférico, como un dirigible. No cabía duda: el planeta estaba habitado, incluso ahora. Pero a los que estaban ahí abajo no les interesaba demasiado comunicarse con el mundo exterior.

—No importa —le dijo Escorpio a Clavain—. Tú has venido aquí a coger las armas, eso es todo. No hay necesidad de complicar las cosas más de lo que están.

Clavain había estado solo hasta que el cerdo había venido a visitarlo.

—Nos limitamos a solucionar lo de la nave estelar, ¿es eso?

—Podemos empezar las negociaciones de inmediato si transmitimos un proxy de nivel beta. Pueden tener las armas listas para nosotros cuando lleguemos. Un cambio de rumbo rápido y bonito y nos largamos. Las otras naves ni siquiera habrán llegado al sistema.

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