Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Научная фантастика » El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]

Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:

Los comerciantes hani y sus antiguos enemigos, los kif, coexisten en precaria paz en la estación Punto de Encuentro. Hasta que el Extraño aparece y provoca la gran conmoción que acabará poniendo en peligro el pacto interestelar entre diversas especies. La capitana hani Pyanfar Chanur deberá afrontar la persecución de los kif, con la ayuda de los mahendo sat y la constante presencia de los misteriosos knnn. Y todo ello sin olvidar la defensa de la mismísima casa de Chanur en su planeta natal.
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
1 ... 14 15 16 17 18 19 20 21 22 ... 79
Перейти на страницу:

—Ya —Pyanfar se pasó la mano por la melena y frunció el ceño, algo molesta ante el gradual aumento de luz en el camarote. La alarma había hecho iniciar el ciclo diurno—. Deja que siga trabajando y si se cae, que descanse. ¿Qué tal se encuentra Tirun?

—Cojea un poco, le duele todo y está trabajando con la pierna inmóvil. Aún tiene la nariz un poco blanca…

—Me encuentro bien —dijo de pronto la voz de Tirun.

—Puedes descansar cuando lo creas necesario —le dijo Pyanfar—. Seguimos a la deriva y alguien puede encargarse de tu trabajo cuando se hayan terminado las primeras comprobaciones. Ocúpate de ello, Haral. ¿Alguna otra cosa que deba saber?

—Eso es todo —dijo Haral—. De momento, seguimos bastante bien.

—Ya —repitió Pyanfar saliendo del lecho y desconectando el comunicador. Se puso los pantalones negros y después el cinturón, su brazalete y sus anillos, agitando la oreja para repartirlos bien. Finalmente se pasó el cepillo por la barba y la melena pero sin preocuparse demasiado de cómo quedaban: no era el momento oportuno para ser vanidosa. Salió del camarote y se dirigió a la cocina, donde tomó un breve desayuno en solitario, tras el cual se sintió algo mejor. Mientras comía sintonizó el canal de los monitores en su sensor y fue escuchando las transmisiones que les llegaban, encontrando en ellas gran parte de lo que Haral le había contado: el ritmo de los acontecimientos se había vuelto mucho más lento, lo que de por sí ya encerraba algunas posibilidades bastante inquietantes. Los kif ya debían haber imaginado lo ocurrido y en el instante actual deberían estar moviéndose con sigilo por el sistema, lo que explicaba la calma aparente de las transmisiones. La Orgullo había avanzado en deriva lateral un buen trecho desde su punto de entrada, pero si ella estuviera en el lugar de ese capitán kif e intentara calcular el punto de llegada para una nave sin carga que había dado un salto tan desmesurado como el de la Orgullo, calcularía un área de salto colateral partiendo en línea recta desde la masa de Punto de Encuentro a la de Urtur. De ese modo lograría reducir considerablemente la zona de caza, limitando la gran extensión en forma de lente que era el sistema de Urtur a un área específica, teniendo en cuenta la dirección que guardaba la deriva dentro del sistema y los lugares más probables donde pudiera moverse una nave que intentaba mantenerse oculta. El otro factor era el tiempo: el tiempo definía el segmento espacial dentro del que razonablemente podían estar derivando, y ese segmento podía ser calculado con una precisión inicial de dos cifras que luego irían siendo precisadas cada vez más.

Tiempo, tiempo y más tiempo…

Algo que se les estaba acabando.

Desconectó el sensor y regresó a su camarote. Una vez allí desplegó sobre la mesa los mapas que había recogido antes de dormir y entró en conexión con la computadora, empezando a calcular con toda la precisión posible las opciones que les quedaban.

Interrumpió sus cálculos para hablar con Haral y Tirun en el puente y éstas le dijeron que durante el último turno no habían sabido nada de la nave hani: ni una sola transmisión. La Buscaestrellas debía andar febrilmente ocupada con sus propios problemas, intentando aligerarse al máximo y no hacer nada que pudiera acelerar el curso de los acontecimientos.

Esperar. Todas las transmisiones indicaban que las naves del sistema, fuera cual fuera su clase, avanzaban lo más deprisa posible hacia la Estación de Urtur: para algunas el viaje era sólo cuestión de días, para otras harían falta semanas; pero ese gesto, por sí solo, ya les indicaba a los kif que los mahe estaban dispuestos únicamente a defender la estación de Urtur, abandonando el resto del sistema al capricho de los kif. Las naves que habían salido del salto estaban ya refugiadas en la estación: iban armadas pero como mínimo una pertenecía a los stsho y su armamento eran tan escaso como prácticamente inexistente su voluntad de combatir.

Si ella estuviera en el lugar de ese capitán kif las naves que habían entrado en el sistema no se librarían de verse molestadas. Todas las procedentes del vector sospechoso en el que se ocultaba una nave hani se verían sometidas a registro, para asegurarse de que la astucia hani no llegara al extremo de camuflarse entre el resto del tráfico que se dirigía hacia el interior del sistema. Comprobaría sus transmisiones de identificación y las haría pasar por el examen del ordenador; abordaría las naves. En fin, no se mostraría precisamente amable. Y todas deberían pasar por una inspección visual. No existía casi ningún parecido entre una mercante de salto, con sus enormes toberas, y un rechoncho procesador de minerales cuyo sistema de propulsión se limitaba al interior del sistema y que apenas si era capaz de moverse con las bodegas llenas.

Sólo los mineros que tuvieran la mala suerte de ir justo por la zona probable en que se ocultaba la Orgullo se verían detenidos y sus registros serían examinados al mismo tiempo que su ordenador sería puesto prácticamente del revés. La tripulación pasaría un mal rato si no ofrecía voluntariamente toda la información de que disponía. Siempre que los kif actuaran según su costumbre.

—Alguien acaba de saltar, capitana.

La voz de Tirun en el comunicador. Pyanfar apretó al instante la tecla de réplica, retorciéndose velozmente en su asiento.

—¿Quién? ¿Dónde?

—Lo único que tenemos es el fantasma característico del salto. No lo sé. Bastante lejos hacia el exterior del sistema, y hace ya tiempo. No tengo más datos pero casi encaja con nuestro horario.

—Dame la imagen.

Tirun la transmitió a su pantalla. En el nadir, con una recepción muy borrosa; demasiada masa estelar por en medio…

—Tienes razón —le dijo a Tirun—, es imposible saberlo.

—¿Cierro? —le preguntó Tirun.

—Cierra —le dijo Pyanfar, desconectando su propia pantalla y contemplando abatida los mapas y las cifras que, por muchos juegos que intentara hacer con ellas, seguían diciéndole lo mismo: no había modo de abandonar Urtur con un solo salto, por muy reducida que fuera su masa actual.

Ese salto-fantasma que habían recibido hacía un momento podía haber sido alguien cuya intentona para conseguirlo se había visto coronada por el éxito. Quizá muchas más naves habían dado ese salto para acabar perdiéndose entre las masas de gas y polvo cósmico que rodeaban a Urtur.

Pero lo más probable era que esa nave fuera de los kif y que se estuviera desplazando para preparar una emboscada en el punto de salto más lógico de los que podían usar.

Maldito Akukkakk. Recordó sus achatados ojos negros con los círculos rojizos a su alrededor, el rostro grisáceo y huesudo, aquella voz tan distinta del habitual tono quejumbroso de los otros kif. Un sabor amargo le llenó la boca.

¿Cuántos son?, se preguntó, atrayendo hacia sí el disperso montón de mapas, intentando pensar de nuevo como un kif, preguntándose dónde podría colocar las naves que le quedaban en Urtur ahora que, tal y como debía haberlo pensado él, comprendía lo que intentaban hacer.

Esa migración hacia el interior que estaba haciendo cada vez más segura la estación le daba también a ese Akukkakk un campo libre en el que operar. En el cuadrante lleno de masa estelar que podía estar ocultando a la Orgullo había un número finito de puntos opacos, un número cada vez menor de fugitivos que podían confundirle: una cifra que manejar, aparte de su nave y el resto de naves kif que hubiera hecho venir a la zona.

En Punto de Encuentro había otras cuatro naves kif, alguna de las cuales o quizá todas le habían acompañado. Podía haber un número igual en Urtur cuando llegó la Hinukku. Digamos que ocho naves. No era imposible, ciertamente.

1 ... 14 15 16 17 18 19 20 21 22 ... 79
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)