El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]
- Автор: Черри Кэролайн Джэнис
- Год: 1988
- Язык: испанский
- Год: Ediciones B
- ISBN: 84-7735-856-7
- Переводчик: Albert Sole
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El orgullo de Chanur [The Pride of Chanur - es]». Краткое содержание книги:
Una saga espacial que moderniza lo mejor de la clásica space opera y que da inicio a una tetralogía que hará historia dentro del genero.
—Para ser breve —dijo Pyanfar—, bien, he venido a explicarte algo. Y para empezar te diré que no podemos hacer nada al respecto. Hemos recogido una señal procedente de una nave Faha atracada en la estación. Están rodeadas de kif y le enviaron un mensaje a la estación pretendiendo, creo yo, que lo oyéramos: el volumen era muy alto. Creo que conocen nuestra presencia aquí y saben en qué tipo de problema andamos metidas. Pero los kif están en medio de ellas y de nosotras, y ninguna de las dos naves puede hacer gran cosa por la otra. ¿Me entiendes?
Hilfy había dejado de pestañear ante la luz. Ahora sus ojos estaban clavados en Pyanfar, con círculos ambarinos rodeando el negro de las pupilas, y sus orejas se abatieron pegándose al cráneo para alzarse luego con un lento esfuerzo. Para ser tan joven y estar recién despertada, su tranquila dignidad al aceptar la situación resultaba notable.
—¿Sabes de qué nave se trata, tía?
—La Buscaestrellas. Está bajo el mando de Unan Faha.
Hilfy asintió. Sus orejas desprovistas de adornos se agitaron levemente pero en su rostro no se movió ni un músculo.
—Estarán en peligro. Igual que la Viajera. Y no lo saben. Nadie sería capaz de prever ese tipo de ataque.
—Lihan no es ninguna tonta, chiquilla, créeme. No debemos interferir en sus movimientos, igual que ellos no lo harán con los nuestros. De hecho, no podemos. Estando aquí no podemos hacer nada.
—Podríamos mandarles una advertencia y salir corriendo.
—Por el momento no consideraría esa opción como demasiado factible. Si la enviamos desde lejos, los kif la recibirán antes de que la Buscaestrellas tenga la menor oportunidad de oírla. Y eso constituiría un desafío público que involucraría a la Buscaestrellas en nuestros actos, obligando a tos kif a reaccionar. Para los kif la venganza es algo inherente a su mentalidad y debes hacer tus cálculos tomando eso en consideración. No, la Buscaestrellas deberá correr sus propios riesgos confiando en su propia suerte: no tengo intenciones de hacerles correr peligros innecesarios. Por lo tanto, vuelve a la cama, ¿me has oído?
Hilfy se quedó inmóvil un momento y acabó asintiendo, con un gesto lleno de dignidad.
—Bien —dijo Pyanfar con voz tensa, y salió del camarote. Oyó cerrarse la puerta a su espalda y caminó por el pasillo que llevaba del camarote de Hilfy al suyo, cruzando el corredor principal de la cubierta superior y siguiendo luego por un corto trecho de pasillo.
Quizá le hubiera robado su reposo a Hilfy (aparte de que su comida anterior le pesaba en el estómago como si fuera plomo), pero el riesgo que corría Faha no era algo que Hilfy debiera descubrir luego como una niña a la que se la protege de las desagradables realidades de la vida adulta. Seguía viendo ante ella el rostro de Hilfy mientras que el sensor, colgado de su cinturón, continuaba emitiendo su parloteo de estática con los ocasionales ecos del mensaje y alguna que otra transmisión más cercana, cada vez más rara. Una nave stsho había entrado en el sistema. Los kif no se tomaron la molestia de abordarla y la nave se apresuró a pedir instrucciones a la estación, ansiando protegerse de la tormenta que se avecinaba.
Quizá muchos mahe del sistema tenían ya la misma idea: los mineros podían haber creído conveniente dirigirse a puerto, para no meterse en el camino de la jauría kif.
El sistema era tan grande… La mayor parte de las naves que contenía eran incapaces de saltar, ya que estaban concebidas para operar solamente en el interior de éste. De momento era notable el modo en que todos habían logrado mantener la calma, incluso la nave hani que se encontraba en el ojo de ese huracán.
Si los dioses permitían que muchas naves se dirigieran hacia el interior del sistema…, y si extendían su merced hasta el extremo de ponerles las cosas más duras a los kif en el caso de que desearan atacar la estación buscando una nave hani… Ésa era una de sus esperanzas. Lihan Faha, de la Buscaestrellas, era demasiado vieja y precavida como para meterse de cabeza en un combate tan desigual. Lihan no esperaría ninguna idiotez por parte de la Orgullo. La nave Faha estaría esperando que fueran capaces de arreglárselas por sí solas y, por encima de todo, que no hicieran estallar el asunto de modo prematuro. La nave Faha necesitaba tiempo. Existía la débil esperanza de que pudieran descargar su mercancía y de ese modo aligerar la nave y, si tenían el tiempo suficiente, quizá pudieran soltar la masa suficiente sin necesidad de perder el cargamento. Ésa era toda la ayuda que esperarían en esos momentos.
Eso decía la lógica.
Pero, de todos modos, le dolía.
4
Se quedó sentada durante un rato en su camarote, escuchando las transmisiones, y finalmente se puso en contacto con Geran en la cubierta inferior y le entregó el control de los monitores.
—Faha —dijo Geran como único comentario.
—Hilfy lo sabe —le dijo Pyanfar.
—Vaya —murmuró Geran, y añadió—: Bien, me encargo del control.
Pyanfar cerró la transmisión y lanzó un cansado suspiro, sentada en el borde de la cama, con los brazos sobre las rodillas. Al final decidió tomar un sedante suave y se desnudó enroscándose en su lecho en forma de cuenco intentando conseguir un preciado rato de nada y olvido, intentando no pensar en las emergencias de la situación y en la horda de kif que merodeaba por el sistema.
No lo consiguió, pero el sedante acabó funcionando. Se hundió en el sueño como una piedra en un estanque y emergió de él, sobresaltada, al oír la alarma. Pero no, era meramente el despertador. Volvió a tenderse en su lecho dejando que el agitado latir de su corazón fuera recobrando la normalidad.
—¿Algo nuevo? —le preguntó a la cubierta inferior usando el comunicador que había junto a la cama—. ¿Sucedió algo mientras yo no estaba?
—No, capitana —le contestó la voz de Haral. Mientras dormía, el turno de guardia había cambiado—. Por el momento la situación parece mantenerse en tablas. Ahora la estación difunde sólo transmisiones operativas y no llega gran cosa de los kif. Nada alarmante. Si hubiéramos tenido noticias con seguridad que ya nos habríamos encargado de llamarla.
Ésas eran sus órdenes. La interpretación de lo que constituía una emergencia y lo que no podía variar, pero Haral era la más inteligente y experimentada de la tripulación. Pyanfar se quedó tendida unos instantes contemplando el techo y acabó decidiendo que no había necesidad de apresurarse. Los músculos de sus costillas, demasiado puestos a prueba por la gravedad, estaban algo rígidos.
—¿Qué tal los sistemas? ¿Ha tenido alguien tiempo para encargarse de comprobarlos?
—Seguimos comprobando el tablero de instrumentos, capitana, pero de momento tiene buen aspecto. La salida fue totalmente limpia y hemos visto que la recalibración posterior fue exacta casi al milímetro.
—Hemos tenido más suerte de la que merecemos. ¿Qué anda haciendo el Extraño?
—Ha vuelto a trabajar con el teclado. Chur y Geran están descansando y a Tirun le toca guardia; pero, capitana, con su permiso, me pareció que Tirun no debía estar con él encontrándose aún débil y yo estoy demasiado ocupada con las comprobaciones visuales de las lecturas de separación, así que, con su permiso otra vez…
—Hiciste bien.
—Ha dormido un poco y no ha causado problemas. ¡Dioses! Chur me dijo que estuvo trabajando prácticamente hasta caerse y durante este nuevo turno ha vuelto al teclado pese a estar muy débil. Le dimos de comer apenas se despertó: se lo comió todo y luego, muy cortésmente, volvió al teclado. Tengo bajo observación su comunicador del camarote y también su terminal, así que al menos podemos oír lo que hace.