Favoritos De La Fortuna
- Автор: Маккалоу Колин
- Язык: испанский
- Жанр: Историческая проза
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Sin embargo, al menos esta actitud daba pie a que se sentasen juntos amigablemente. Antes del episodio con Sertorio, Pompeyo simplemente habría supuesto que se trataba de una charla entre militares, pero en su actual estado se limitó a sentarse a la espera de que Metelo Pío expusiera su plan.
– Esta vez -dijo el Meneitos- avanzaremos los dos hasta el Sucro en busca de Sertorio. Ninguno de los dos contamos con un ejército lo bastante numeroso para operar por separado. Pero yo no puedo cruzar por Laminium porque Hirtuleyo y el ejército hispano habrán regresado allí y me estarán esperando; así que tendré que elegir una ruta muy distinta y hacerla lo más sigilosamente posible, de modo que no le llegue a Sertorio noticia de mi avance, y menos a Hirtuleyo. Pero éste tendrá que dejar Laminium para cortarme el paso, y no lo hará hasta que Sertorio se lo ordene. Sertorio es un déspota completo en todo, asuntos militares incluidos.
– ¿Y qué ruta seguirás? -inquirió Pompeyo.
– Me desviaré por el oeste, a través de Lusitania -contestó el Meneitos-. Me llegaré hasta Segovia.
– ¿Segovia? ¡Eso está en el fin del mundo!
– Cierto. Eso despistará a Sertorio y me evitará tropezarme con Hirtuleyo. Sertorio creerá que me dirijo más arriba del Iberus para invadir la región mientras él se enfrenta a ti, y enviará a Hirtuleyo a interceptarme, porque él en Laminium se encuentra ciento sesenta kilómetros más cerca de Segovia que yo.
– ¿Y qué quieres que haga yo exactamente? -preguntó Pompeyo, ahora ya más humilde.
– Que permanezcas acampado aquí en Emporiae hasta mayo. Yo tardaré dos meses en llegar a Segovia, así que saldré mucho antes que tú. Cuando te pongas en marcha hazlo con extrema precaución. Lo crucial de toda la estrategia es que parezca que avanzas con un propósito definido, totalmente independiente de mí, y que no llegues al Turis y a Valentia antes de finales de junio.
– ¿Y no intentará Sertorio cerrarme el paso en Saguntum o Lauro?
– Lo dudo. Él no actúa en el mismo territorio dos veces. Tú ahora ya conoces bien Saguntum y Lauro.
Pompeyo se puso rojo, pero no dijo nada.
El Meneitos continuó como si no lo hubiese advertido.
– No, esta vez te dejará llegar al Turis y a Valentia, porque es terreno desconocido para ti. Herenio y el traidor Perpena siguen ocupando Valentia, pero no creo que se dispongan a aguantar el asedio; a Sertorio no le gusta resistir de ese modo en ciudades costeras, prefiere los reductos montañosos inexpugnables.
Metelo Pío hizo una pausa para mirar el rostro de Pompeyo, ya recuperado el color normal, y le animó sobremanera ver que sus ojos denotaban interés. ¡ Bien! Comenzaba a comprender.
– Desde Segovia me dirigiré al Sucro, donde espero que Sertorio te presente batalla.
Pompeyo frunció el ceño y dio vueltas a aquello en la cabeza, una cabeza que el Meneitos advirtió que funcionaba perfectamente; lo que sucedía es que había perdido la confianza en hacer planes propios. ¡Bueno, con un par de victorias la recuperaría! Su carácter estaba hecho y no iba a perderlo; sólo estaba maltrecho.
– Pero la marcha de Segovia hasta el Sucro tendrás que hacerla a través de la región más seca de Hispania -replicó Pompeyo-. ¡ Es puro desierto! Y hasta que alcances el Sucro no harás mas que cruzar montañas en vez de avanzar por valles. ¡ Es un camino infernal!
– Por eso lo elijo -contestó Metelo Pío-. Nadie ha seguido esa ruta jamás, y Sertorio no se imaginará que voy a llegar por ahí. Lo que espero es llegar al Sucro antes de que sus exploradores me oteen -añadió, enarcando las cejas y mirándole sonriente-. Pompeyo, tú has estudiado a fondo los mapas y los informes, y conoces bien el terreno.
– Si, Quinto Cecilio, pero eso no tiene comparación con la experiencia real, aunque es lo mejor que se puede hacer hasta obtenerla -replicó Pompeyo.
– ¡Ya la estás adquiriendo, pierde cuidado! -dijo Metelo Pío animoso.
– Experiencia negativa -farfulló Pompeyo.
– Ninguna experiencia es negativa, Cneo Pompeyo, con tal de que se aproveche para triunfar.
– Supongo -añadió Pompeyo con un suspiro, encogiéndose de hombros y mirándose las manos-. ¿Dónde quieres que esté yo cuando llegues al Sucro? ¿Y cuándo crees que llegarás?
– Sertorio no subirá desde el Sucro hasta el Turis -dijo Metelo Pío con firmeza-. Herenio y Perpena quizás intenten detenerte en Valentia o en algún lugar del Turis, pero yo creo que sus órdenes serán reunirse con Sertorio en el Sucro. Yo intentaré encontrarme cerca de Sertorio a finales de quintilis. Es decir, si tú llegas al Turis a finales de junio, puedes rezagarte allí un mes. Pase lo que pase, no continúes hacia el sur para enfrentarte a Sertorio hasta finales de quintilis, porque si lo haces yo no estaré allí para reforzarte. Lo que Sertorio pretende es aniquilar a tus legiones para así quedar en ventaja para combatir conmigo. Yo bajaré.
– El año pasado dijiste que subirías, Quinto Cecilio.
– Habría sido algo inopinado, y es lo que debió de calcular Sertorio. Ten el convencimiento de que si me tropiezo con Hirtuleyo y vuelvo a derrotarle, haré cuanto pueda porque Sertorio no se entere hasta que yo pueda unir mis fuerzas a las tuyas.
– Me han dicho que en Hispania es difícil. Sertorio lo sabe todo.
– Eso dicen, pero yo ya hace unos años que estoy en Hispania y sé que Sertorio va perdiendo cada vez más ventajas. ¡Animo, Cneo Pompeyo! ¡Venceremos!
Decir que Pompeyo estaba más animado después de que la vieja de la Ulterior reembarcase camino de Gades quizá fuese exagerado, pero desde luego sí que se sentía mejor. Comenzó a salir de su alojamiento y se unió a Afranio, Petreyo y los legados más jóvenes para dar los toques finales a la reorganización del ejército. ¡ Menos mal que el Meneitos se había empeñado en que se quedase con una legión suya! Sin ella no habría podido entrar en campaña. El número de soldados con que contaba le permitía dos alternativas: cinco legiones disminuidas o cuatro normales. Como militarmente no era nada tonto, Pompeyo optó por encuadrarlos en cinco, que eran más maniobrables que las cuatro normales. Le costaba ver a los supervivientes, y era la primera vez que lo hacía desde la derrota, pero, para su gran sorpresa, se enteró de que ninguno le reprochaba la muerte de tantos compañeros. Por el contrario, parecían todos coincidir en que Sertorio caería, y se mostraban tan dispuestos como siempre a hacer lo que ordenase su joven general.
Como el invierno en aquellas costas era suave y muy seco, Pompeyo coordinó sus unidades haciéndolas marchar a lo largo del Iberus para reducir algunas ciudades partidarias de Sertorio; Biscargis y Celsa cayeron sin dificultad. Ya a finales de marzo, Pompeyo regresó a Emporiae y comenzó a preparar la expedición para el descenso por la costa.
En una carta, Metelo Pío le informaba que, tras recibir los cuarenta navíos de guerra y los tres mil talentos de oro en Dianium, Sertorio había marchado a Lusitania con Perpena para ayudar a Hirtuleyo a adiestrar más tropas y compensar las bajas del ejército hispano, dejando a Herenio al mando en Osca.
La propia red de espionaje de Pompeyo había mejorado notablemente, gracias a los desvelos de los Balbus (ahora a su servicio), y los exploradores picentinos actuaban mejor de lo que él esperaba.
No emprendió la marcha hasta comenzado mayo, y procedió con suma cautela. El, que era hombre de campo, notó en seguida al cruzar el Iberus en Dertosa que aquel extenso y fértil valle estaba muy seco para la época del año en que estaban, y que el trigo era más escaso de lo que debía ser y aún no había espigado.