Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «La Mano De Fátima». Краткое содержание книги:

El libro relata la apasionante historia de un joven morisco en la Andalucía del siglo XVI, atrapado entre dos religiones y dos amores, en busca de su libertad y la de su pueblo. Un relato emocionante que pretende reflejar la tragedia del pueblo morisco, ahora que se cumple, en 2009, el cuarto centenario de su expulsión de España. Una novela que nos relata la vida y aventuras de un joven fronterizo y enamorado que nunca se resignó a la derrota y luchó por la convivencia de las religiones cristiana y musulmana. Ildefonso Falcones arrastra al lector en un fascinante recorrido por escenarios como las agrestes montañas de las Alpujarras -y la guerra que en ellas se libró-, así como por la imponente Córdoba, la antigua ciudad califal: con su mezquita catedral, su vieja medina, sus calles y su bullicio. Una novela en la que los lectores de La catedral del mar encontrarán la misma fidelidad histórica, así como un apasionado relato de amor y odio que arrastra a su protagonista por los caminos de la aventura.
1 ... 160 161 162 163 164 165 166 167 168 ... 229
Перейти на страницу:

El traductor real no tardó en contestarle. Una mañana, un arriero venido especialmente de El Escorial, le salió al paso a las afueras de Córdoba y le entregó una carta. Hernando galopó hasta las dehesas, buscó un lugar escondido, desmontó y se enfrascó en la contestación de Castillo.

En el nombre de Alá, el Clemente, el Misericordioso, el que indica el camino recto. Muchos de nuestros hermanos, por contrariar a los cristianos, han olvidado cuanto dices en tu carta. Pero tienes razón: con la ayuda de Dios, éste puede ser un buen camino para intentar acercarnos los unos a los otros y que la paz reine entre los dos pueblos. Espero con ansiedad poder leer ese evangelio del que me hablas. En el decreto gelasiano del siglo vi sobre «libros aprobados y no aprobados», la Iglesia ya hace referencia, calificándolo de apócrifo, a un evangelio de san Bernabé. Estoy contigo en que el conocimiento de ese texto, sin una previa preparación, no nos llevaría a ningún sitio. Granada es el lugar. Empieza en ella. Proporciónales pruebas de esa tradición cristiana que tan desesperadamente buscan y aprovecha entonces para sembrar todo aquello que un día pueda llevarlos a la Verdad. La Virgen, cierto, pero acuérdate también de san Cecilio. San Cecilio fue el primer obispo de Granada, supuestamente martirizado en época del emperador Nerón. San Cecilio y su hermano, san Tesifón, eran árabes. Utiliza por lo tanto nuestra lengua divina; que los cristianos encuentren su pasado a través de la lengua universal, pero hazlo ambiguamente, en forma tal que tus escritos se presten a diversas interpretaciones. Recuerda que ya en los primeros tiempos no se utilizaban vocales, ni signos diacríticos, en la escritura. Cuando estés preparado, mándame aviso. La paz sea contigo y que Dios te guíe.

Rompió la carta y montó sobre Volador. El cielo amenazaba tormenta. ¿Cómo hacerlo? A lo largo de su vida había engañado a mucha gente. Siendo muchacho, haciéndose con dineros para trocar a Fátima por una mula e incluso ahora, apostando en el momento en que Pablo movía la oreja… Pero engañar a todo un reino, ¡a la Iglesia católica! Una lluvia fresca empezó a caer con insistencia. Hernando continuó al paso, imaginándose que iniciaba una gran partida él solo. Una partida que debería jugar con inteligencia; no se trataba de los naipes y sus fullerías. ¡Ajedrez! Una gran partida de ajedrez: él a un lado de la mesa; la cristiandad entera al otro.

Esa noche excusó su presencia en palacio. Necesitaba estar solo. El huerto de la mezquita continuaba iguaclass="underline" centenares de sambenitos, con los nombres de los penados escritos en ellos, colgando de las paredes del claustro que rodeaba el patio; algunos de los delincuentes acogidos a sagrado vagabundeaban por el recinto ajenos a la lluvia; otros trataban de refugiarse. Hernando pensó en qué habría sido de sus compañeros de asilo. También había sacerdotes, decenas de ellos, jóvenes y ancianos, entre la multitud de feligreses: muchos corrían para escapar del insistente aguacero. Entró en la catedral y al pasar junto a la reja de la capilla de San Bernabé, se detuvo un instante. Se agachó, como si se le hubiera caído algo: las llaves de la capilla permanecían escondidas en el mismo lugar en que las dejó, atadas bajo la reja. ¡San Bernabé!, murmuró Hernando. ¡Su evangelio! ¿Qué más señal necesitaba? Las cogió mientras se preguntaba si habrían cambiado la cerradura. No lo sabría hasta que intentara abrirla, después de que los porteros hubieran cerrado la catedral. La examinó de camino al sagrario. ¿Era la misma cerradura? De momento debía dejar pasar el tiempo; lo hizo extasiado en las pinturas de Arbasia en el nuevo sagrario y en la figura que acompañaba a Jesucristo en la Santa Cena. ¿Por qué?, se preguntó por enésima vez.

Las llaves abrieron la capilla de San Bernabé, y él se deslizó en el armario. Se introdujo como pudo, pues estaba lleno, y amontono a sus pies los ornamentos para oficiar la misa. Luego esperó. De madrugada, con la catedral aún vacía y los vigilantes apostados en la alejada capilla del Punto, la tormenta descargó sobre Córdoba y los relámpagos iluminaron fugazmente, una y otra vez, la figura de un hombre postrado frente al mihrab de la más maravillosa de las mezquitas del mundo. Un hombre cuya mente estaba absorta en un proyecto que, tal vez, conseguiría por fin el acercamiento de ambas religiones.

52

Granada, marzo de 1588

Hernando encontró aposento en la casa de los Tiros, invitado por don Pedro de Granada. Había partido de Córdoba con la excusa de visitar al cabildo catedralicio con motivo de la investigación de los mártires de las Alpujarras, y provisto de su cédula personal se lanzó al macabro camino que tantas muertes había originado durante el éxodo de los moriscos. Como quiera que viajaba solo, llegó a plantearse la posibilidad de variar la ruta para evitar recuerdos dolorosos, pero las alternativas duplicaban la distancia. Marzo traía la vida a los campos y cuando visitó de nuevo la tumba del pequeño Humam, allí donde para él permanecía enterrada su propia familia, los olores de una noche fresca acompañaron sus oraciones. En Granada, ya advertidos de su viaje, le esperaban Luna y Castillo, que también acababa de llegar a la ciudad desde El Escorial.

Cuando se encerraron todos en la Cuadra Dorada, Hernando presentó una arqueta de plomo embreada. La abrió y extrajo de ella solemnemente un lienzo de tela, una pequeña tablilla con la imagen de la Virgen, un hueso y un pergamino que colocó encima de una mesa baja de marquetería.

Los cuatro hombres permanecieron unos instantes en silencio, en pie alrededor de la mesa, con la vista fija en los objetos.

– Encontré un antiguo pergamino -empezó a explicar Hernando-, en el alminar del palacio del duque. Debe de datar de la época de los califas, en el tiempo en el que al-Mansur aterrorizaba la península -sonrió hacia Luna-. Sólo tuve que recortar la parte que estaba escrita para obtener un buen fragmento limpio. -Entonces desdobló el pergamino y agarrándolo por las esquinas superiores, lo mostró a sus compañeros-. Es como un gran tablero de ajedrez -musitó.

En la parte central del pergamino aparecían dos tablas, una encima de la otra. La superior, compuesta por 48 columnas y 29 filas, contenía una letra árabe en cada una de sus casillas; en la inferior, de 15 columnas y 10 filas, con casillas mucho más anchas, se acertaba a leer una palabra árabe en cada una de ellas. Casi ninguna de las letras o palabras, escritas alternativamente en tinta roja o marrón, contenía vocales o signos diacríticos, comprobaron Luna y Castillo al tiempo, inclinándose sobre el pergamino para examinarlo con detenimiento.

– Profecía del apóstol Juan -leyó en voz alta Castillo una introducción escrita en árabe, en el margen superior de las tablas-, sobre la destrucción y juicio de los pueblos y sobre las persecuciones que continuarán después, hasta el día conocido en su exaltado evangelio, descifrada del griego por el letrado y santo sirviente de la fe, Dionisio el Aeropagita. -El traductor se incorporó-. ¡Excelente!, ¿qué dicen las demás inscripciones? -añadió, señalando unas líneas al pie del pergamino y otras en sus márgenes.

– Si se combinan letras y palabras, se puede llegar a deducir una supuesta profecía que san Cecilio tradujo del griego y que le comunicó Dionisio, arzobispo de Atenas, en la que se vaticina el advenimiento del islam, el cisma de los luteranos y los padecimientos que sufrirá la cristiandad, que llegará a disgregarse en multitud de sectas. No obstante, del este arribará un rey que dominará el mundo, impondrá una sola religión y castigará a todos aquellos que la han llenado de vicios.

– ¡Bravo! -aplaudió Pedro de Granada.

– ¿Y esta firma al pie del pergamino? -señaló Luna.

– La de san Cecilio, obispo de Granada.

– ¿Y todo lo demás? -inquirió Castillo haciendo un gesto hacia los demás objetos que reposaban sobre la mesa.

1 ... 160 161 162 163 164 165 166 167 168 ... 229
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)