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La Sombra De La Guillotina

Электронная книга - «La Sombra De La Guillotina». Краткое содержание книги:

París, 1789. Frente a las panaderías se forman largas colas de gente hambrienta, las calles están atestadas de vagabundos armados y prácticamente todos los días estalla una pequeña revuelta.
En la orilla izquierda del Sena, un joven y desconocido abogado llamado Georges-Jaques Danton intenta labrarse un porvenir. Es un hombre enérgico y se ha propuesto dejar su impronta en la historia cueste lo que cueste. Maximilien Robespierre, tambien abogado, es un hombre tímido que detesta la violencia pero está dispuesto a dar la vida por ayudar a los demas. Camille Desmoulins es un joven sin domicilio fijo y aparentemente sin porvenir.
¿Qué es la revolución francesa? ¿Un desastre, un sueño, una oportunidad? Para estos tres hombres representa la única carrera posible a la que consagrar su vida.
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Brissot: poeta, hombre de negocios, consejero de George Washington.

¿Quiénes son los brissotinos? Excelente pregunta. Si acusas a unas personas de un determinado delito (por ejemplo de conspirar) y no aceptas que sean juzgadas por separado, enseguida se verá que se trata de un grupo, que están cohesionados. Y si queremos afirmar, tú eres un brissotino, tú eres un girondino, es difícil demostrar lo contrario. Es difícil demostrar que tienes derecho a ser tratado por separado.

¿Cuántos son? Diez eminencias grises; sesenta o setenta personajes insignificantes. Tomemos el caso, por ejemplo, de Rabaut Saint-Étienne:

Tras eliminar de la Convención Nacional a ese individuo y a otros de su especie, de forma que la gente se preguntara qué era un brissotino, propongo que dicho individuo sea disecado y conservado en el Museo de Historia Natural. Por consiguiente, me opongo a que sea guillotinado.

Brissot: sus colaboradores y sus oradores, sus minutas y sus memorandos, sus compinches y sus secuaces.

Brissot: su estilo y sus medios para alcanzar sus fines, sus circunstancias, sus maquinaciones, sus faux pas y sus bons mots; su pasado, su presente, su mundo sin fin.

Afirmo que el ala derecha de la Convención, y mayormente sus líderes, está constituida casi en su integridad por partidarios de la monarquía y cómplices de Dumouriez; que están dirigidos por los agentes de Pitt, de Orleáns y de Prusia; que pretendían dividir Francia en veinte o treinta repúblicas federales, para acabar con la República. Sostengo que la historia no ofrece otro ejemplo más palpable de una conspiración, confirmada por tantas pruebas de peso, como la conspiración de Brissot contra la República Francesa.

Camille Desmoulins, autor de un panfleto titulado «La historia secreta de la Revolución».

VII. Carnívoros

(1793)

Tras subir la escalinata de la Reina, en las Tullerías, penetramos en una serie de salas que se comunican, atestadas de escribientes, secretarios, mensajeros, oficiales del Ejército y proveedores, funcionarios de la Comuna, funcionarios de los tribunales y emisarios del Gobierno, luciendo botas y espuelas, aguardando a que les entreguen, de una habitación situada al fondo, unos despachos.

Al mirar hacia abajo vemos un cañón y soldados en fila. La habitación situada al fondo era el despacho privado de Luis el Ultimo. Está prohibido pasar.

Esa habitación es ahora la oficina del comité de Salvación Pública. El comité se encarga de supervisar el Consejo de Ministros y expedir sus decisiones. La gente lo denomina el comité de Danton, preguntándose qué estará haciendo en ese sanctasanctórum empapelado de verde, con los codos apoyados en la enorme mesa ovalada cubierta con un paño verde. Ese color le parece negativo, molesto. Las lágrimas de una araña de cristal tintinean sobre su cabeza; los espejos que adornan las paredes reflejan su gigantesco cuello y su grotesco semblante. A veces mira a través de las ventanas, por las que se ven los jardines de las Tullerías. En la Place Louis XV, actualmente la Place de la Révolution, la guillotina está funcionando. Desde esta habitación, mientras negocia la paz, Danton imagina oír a Sanson ganándose la vida; cree percibir el crujido de la máquina, el ruido sordo de la hoja al caer. En estos momentos están ejecutando a unos oficiales del Ejército; al menos, sabrán morir con dignidad.

En abril se produjeron siete ejecuciones; el número aumentará inexorablemente. Los comités de las Secciones están dispuestos a solicitar más arrestos, a acusar a tal individuo de ser poco patriota, de ser un simpatizante de la aristocracia, un especulador o un sacerdote. Se efectúan registros domiciliarios, se lijan los precios de los alimentos, se requisan propiedades, se emiten pasaportes, denuncias; es difícil saber dónde terminan los comités de las Secciones y comienzan los buenos oficios de la Comuna. Tiempo atrás, el Palais Royal estaba acordonado por policías, que detenían a las prostitutas y les arrebataban sus tarjetas de identidad. Durante una hora aproximadamente, las chicas, formando pequeños grupos y mostrando sus rostros duros y cínicos bajo el maquillaje, se dedicaban a abuchear a sus captores; luego les devolvían las tarjetas y les decían que podían marcharse. El pequeño Terror de Pierre Chaumette.

Desde aquí Danton tiene que vigilar a los austriacos y a los prusianos, a los ingleses y a los suecos, a los rusos, a los turcos y el Faubourg Saint-Antoine; Lyon, Marsella, la Vendée y la galería reservada al público; Marat en el Club de los Jacobinos y Hébert en el de los Cordeliers; los comités de las Secciones y la Comuna, el Tribunal y la prensa. A veces piensa en su difunta esposa. No puede imaginar el verano sin ella. Está muy cansado. Rara vez acude al Club de los Jacobinos y a las reuniones nocturnas del comité. Está perdiendo prestigio, según dicen algunos. Otros afirman que jamás dejaría que sucediera tal cosa. Robespierre va a verlo de vez en cuando, preocupado y asmático, jugueteando continuamente con las mangas y el cuello de su impecable casaca. Robespierre se está convirtiendo en una caricatura de sí mismo, observa Lucile. Cuando Danton no está en casa, con la joven Louise dando vueltas a su alrededor, está en casa de los Desmoulins; prácticamente vive con ellos, como anteriormente Camille vivía con él.

Las atenciones de Danton a Lucile se han convertido en una mera formalidad, un hábito. Danton ha empezado a darse cuenta de lo distinta que es Lucile de las mujeres sencillas y afanosas que él necesita para su confort doméstico.

Tras una jornada dedicada a la lectura de Rousseau, Lucile anuncia su deseo de retirarse a algún lugar bucólico, lejos de la capital, y se marcha al campo con su hijo, que no cesa de gritar por tener que separarse de su abuela; una vez allí, se dedica a trazar planes para la educación del pequeño. Con el cabello colgándole por la espalda y protegida por un sombrero de ala ancha, se distrae trabajando un poco en el jardín para sentirse en contacto con la naturaleza. Por las tardes lee poesías sentada en un columpio del jardín, bajo un manzano, y a las nueve en punto se retira.

Al cabo de dos días los berridos del ahijado de Robespierre la irritan sobremanera y, tras dar las oportunas órdenes a los sirvientes sobre el envío de huevos frescos y lechugas, regresa apresuradamente a la rue de Cordeliers, preocupada durante el viaje de regreso por haber perdido una lección de música y temerosa de que su marido la haya abandonado. Tienes un aspecto horrible, le dice a éste nada más llegar. ¿Qué es lo que has estado haciendo? ¿Con quién te has acostado? Luego, durante una semana, todo son fiestas y bailes; el niño es enviado a casa de su abuela, acompañado de su nodriza.

Más tranquila y relajada, Lucile suele tenderse por las tardes en su chaise-longue, inmersa en sus pensamientos. Nadie se atreve a interrumpirla ni a decirle una palabra. Un día despierta de sus ensoñaciones y dice: «¿Sabes, Georges-Jacques? A veces tengo la sensación de que he imaginado lo de la Revolución, no puede creer que sea una realidad. ¿Y si Camille fuera un fantasma que yo misma hubiera inventado, un espectro surgido de mi inconsciente sobre el que descargo mis frustraciones?»

Danton reflexiona sobre ello y luego piensa en sus propias obras: dos hijos difuntos y una mujer que ha muerto a consecuencia de los sufrimientos que él le causó; el fracaso de sus planes de paz, y ahora lo del Tribunal.

El Tribunal tiene su sede en el Palacio de Justicia, en una estancia contigua a la prisión de la Conciergerie. Se trata de una sala gótica, con el suelo de mármol. Su presidente, Montané, es un hombre moderado, pero será sustituido cuando sea necesario. El próximo otoño gozaremos del espectáculo del vicepresidente Dumas, un hombre rubicundo, pelirrojo, al que a veces, debido a su afición al alcohol, tienen que ayudarlo a instalarse en su poltrona. Preside el Tribunal con dos pistolas cargadas sobre la mesa, y su casa de la rue de la Seine parece una fortaleza.

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