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Encrucijada en el crepúsculo

Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:

Mat Cauthon huye con la hija de las Nueve Lunas mientras la Sombra y el imperio seanchan emprenden una persecución implacable. Por su parte, las Aes Sedai sienten un inmenso flujo de Poder en un lejano paraje del oeste y temen que sea obra de los Renegados o incluso de la propia Sombra.
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
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Ese término, «neutralización», ya no conllevaba el escalofrío que había tenido antes de que Siuan y Leane fueran Curadas, pero se alzaron murmullos entre las Aes Sedai que se apiñaban detrás de los bancos. Por lo visto la noticia de las negociaciones no se había propagado tan deprisa como Egwene esperaba. No sabía si las hermanas se sentían nerviosas o consternadas, pero era obvio que estaban sorprendidas. Incluidas algunas de las Asentadas. Janya, que había entrado mientras Lelaine hablaba, se paró bruscamente, de modo que otro grupo de hermanas que entraba casi se chocó con ella. Por el modo en que apretó los labios, era evidente que Romanda tampoco lo sabía, y las expresiones entre las Asentadas más jóvenes variaban desde la fría calma de Berana hasta la sorpresa de Samalin pasando por el genuino espanto de Salima. De hecho, Sheriam se tambaleó un instante. Egwene esperaba que la mujer no vomitase delante de la Antecámara.

Sin embargo, más interesantes aún fueron las reacciones de las que, según Delana, habían hablado de negociación. Varilin permaneció inmóvil en el banco, dando la impresión de estar reprimiendo una sonrisa mientras contemplaba su falda, pero Magla se lamió los labios con aire incierto y lanzó miradas de reojo a Romanda. Saroiya había cerrado los ojos y movía la boca como si estuviera musitando una plegaria. Faiselle y Takima miraron a Egwene exhibiendo un atisbo de ceño casi idéntico. Entonces ambas se dieron cuenta del gesto de la otra y dieron un respingo, aunque se apresuraron a adoptar una actitud de serenidad tan regia que más parecía que se hicieran burla. Era muy extraño. Sin duda a esas alturas Beonin ya había informado a todas de lo que Egwene había dicho; pero, a excepción de Varilin, las demás parecían inquietas. Era imposible que realmente hubieran pensado que podían negociar el fin del conflicto. Todas las mujeres de esta Antecámara corrían el riesgo de sufrir la neutralización y la ejecución por el mero hecho de encontrarse allí. Si en algún momento había existido un camino de vuelta que no fuera deponer a Elaida, hacía meses que se había borrado cuando se eligió esta Antecámara. A partir de ahí no había vuelta atrás.

Lelaine parecía muy satisfecha con las reacciones que habían causado sus palabras —de hecho, se mostraba tan complacida como una gata en una vaquería—; pero, antes de que acabara de sentarse en el banco, Moria se levantó como impulsada por un resorte, lo que atrajo la atención de todas las miradas y provocó más murmullos. Nadie describiría a Moria como grácil, pero la illiana no era de las que daban saltos para levantarse.

—Eso hay que discutirlo —manifestó—, pero será después. Esta Antecámara fue convocada a sesión por tres Asentadas que planteaban una misma cuestión. Y esa cuestión ha de tratarse antes que cualquier otra. ¿Qué descubrieron Akarrin y su grupo? Pido que se las haga entrar para que presenten su informe a la Antecámara.

Lelaine miró ceñuda a su compañera del Azul, y era muy buena poniendo ceño, los ojos penetrantes como punzones, pero la ley de la Torre era, por una vez, muy clara en ese punto, y bien conocida por todas. Muy a menudo no ocurría ni lo uno ni lo otro. Con voz poco firme, Sheriam pidió a Aledrin, la más joven después de Kwamesa, que fuera a buscar a Akarrin y a las otras y las trajera a presencia de la Antecámara. Egwene decidió que lo mejor sería hablar con ella tan pronto como la sesión acabara. Si Sheriam seguía comportándose así, a no tardar su labor como Guardiana sería poco menos que inútil.

Delana entró rápidamente en el pabellón entre un grupo de hermanas; era la última Asentada en llegar, y ya se encontraba instalada en su banco, ajustándose el chal en torno a los codos, para cuando la rellenita Asentada Blanca regresó con las seis hermanas y las condujo ante Egwene. Debían de haber dejado sus capas en la acera, porque ninguna la llevaba puesta. Delana las observó y un ceño de incertidumbre le frunció las cejas. Parecía falta de resuello, como si hubiese ido corriendo al pabellón.

Por lo visto, Aledrin pensó que tanto si la sesión era formal como si no, al menos ella debía actuar con la ceremonia apropiada.

—Habéis sido llamadas ante la Antecámara de la Torre para relatar lo que habéis visto —dijo con su fuerte acento tarabonés. El contraste entre el cabello rubio oscuro y los ojos marrones no era inusual en Tarabon, aunque llevaba el pelo recogido en una redecilla de encaje blanco en lugar de peinado en trencillas adornadas con cuentas—. Os conmino a hablar de ello sin evasivas ni omisiones y a responder a todas las preguntas íntegramente, sin excluir nada. Prometed que lo haréis así, por la Luz y vuestra esperanza de salvación y renacimiento, o que sufriréis las consecuencias. —Las hermanas que antaño habían establecido esta parte del protocolo de la Antecámara sabían muy bien el gran margen que daban los Tres Juramentos. Un poco de imprecisión aquí, algo de vaguedad allí, y todo el significado de lo que uno decía podía interpretarse justo al contrario a la vez que cada palabra pronunciada era verdad.

Akarrin cumplió el trámite pronunciando las palabras en voz alta y con un dejo de impaciencia, y las otras cinco hicieron lo propio con distintos grados de formalidad y afectación. Muchas hermanas no habían sido convocadas ante la Antecámara en toda su vida. Aledrin esperó hasta que todas hubieron repetido cada palabra antes de regresar a su banco.

—Cuéntanos qué visteis, Akarrin —dijo Moria tan pronto como la Asentada Blanca se dio media vuelta.

Aledrin se puso tensa, y cuando tomó asiento su rostro aparecía totalmente inexpresivo, pero dos manchas rojas le marcaban las mejillas. Moria tendría que haber esperado; debía de estar muy impaciente.

Por tradición —había muchas más tradiciones y costumbres que leyes, y la Luz sabía que existían más leyes de las que cualquiera conocía realmente, a menudo algunas dejadas a un lado a lo largo de los siglos por contradictorias, pero la tradición y la costumbre regían a las Aes Sedai tanto como podía hacerlo la ley de la Torre, quizá más—, por tradición, Akarrin dirigió su respuesta a la Sede Amyrlin.

—Lo que vimos, madre, fue un gigantesco agujero, más o menos circular, en el suelo —dijo mientras asentía como para dar énfasis a sus palabras. Parecía escoger con gran cuidado cada una de ellas, como para asegurarse de que todas la entendían perfectamente—. En un principio pudo haber sido una circunferencia perfecta, semejante a la mitad de una bola, pero los bordes se habían desmoronado en algunos sitios. El agujero mide unos cinco kilómetros de diámetro y aproximadamente unos tres de profundidad. —Alguien soltó una exclamación ahogada y Akarrin frunció el entrecejo como si quienquiera que fuese hubiese intentado interrumpirla. No obstante, prosiguió sin hacer pausa alguna—. No pudimos calcular bien la profundidad. El fondo está cubierto de agua y hielo. Creemos que al final acabará convirtiéndose en un lago. En cualquier caso, pudimos establecer nuestra posición exacta sin mucha dificultad y estamos preparadas para afirmar que el agujero se encuentra ubicado donde se hallaba antes la ciudad llamada Shadar Logoth. —Guardó silencio, y durante unos instantes lo único que se oyó fue el frufrú de faldas debido al nervioso rebullir de las Aes Sedai.

También Egwene habría querido hacerlo. ¡Luz, un agujero de ese tamaño se tragaría la mitad de Tar Valon!

—¿Tenéis alguna idea de… cómo se creó ese agujero, Akarrin? —preguntó al cabo. Se sintió muy orgullosa de lo firme que sonó su voz. ¡Sheriam estaba temblando! Esperaba que nadie más se diese cuenta. Los actos de una Guardiana siempre reflejaban los de la Amyrlin. Si la Guardiana mostraba miedo, muchas hermanas pensarían que ella estaba asustada y eso era algo que no deseaba que creyera nadie.

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