Encrucijada en el crepúsculo
- Автор: Джордан Роберт
- Серия: La Rueda del Tiempo #10
- Год: 2005
- Язык: испанский
- Переводчик: Mila Lopez Diaz-Guerra
- Жанр: Эпическое фэнтези
Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
—Es inútil tirarse del pelo cuando el viento no sopla en la dirección que uno quiere —repuso Siuan mientras volvía a sentarse en la banqueta. Hizo intención de cruzar las piernas, pero enseguida plantó los dos pies en el suelo al sentir que la banqueta se tambaleaba. Mascullando entre dientes, se ajustó el chal con un movimiento de hombros, lo que la obligó a recobrar el equilibrio de nuevo a causa de otro tambaleo—. Hay que orientar las velas para aprovechar el empuje del viento, sople hacia donde sople. Mantén la calma, y conseguirás regresar a tierra. Pierde los nervios, y te irás a pique. —A veces, Siuan hablaba como si aún trabajara en un barco de pesca—. Creo que necesitáis más de un barco para que eso sirva de algo, madre.
Con una mueca, Egwene apartó la copa un poco más. El gusto que le quedaba en la lengua era, como poco, tan malo como el dolor de cabeza.
—Siuan, si ves un modo de que podamos aprovechar esto, querría que me lo dijeras. No quiero ni pensar en utilizar el hecho de que Rand podría haber utilizado la Compulsión con las hermanas. No quiero ni plantearme la posibilidad de que haya hecho algo así.
Y tampoco la posibilidad de que supiera cómo hacer un tejido tan horrible o que estuviera en condiciones de ejecutarlo sobre alguien. Ella lo conocía —otro regalito de Moghedien—, y habría querido poder olvidar cómo hacerlo.
—En este caso, más que aprovecharlo es cuestión de prever los resultados. Al final tendremos que enfrentarnos al tema y quizá dar una lección, pero no querréis que haya hermanas que salgan tras él ahora, y esas historias de Cairhien despiertan la cautela en todas. —La voz de Siuan era tranquila, pero sus dedos toqueteaban las cosas revelando su agitación interior. Ninguna Aes Sedai podía hablar de ese tema con tanta calma—. Al mismo tiempo, una vez que todas hayan reflexionado a fondo, comprenderán que esto hace absurdas las habladurías de que él se haya sometido a Elaida. Podrían haber enviado hermanas para vigilarlo, pero no aceptarían hermanas que quieren derrocar a Elaida. Comprender eso les dará cierto coraje a las que han empezado a pensar que tal vez Elaida lo tiene atado a una correa. Lo que dejará una razón menos para que cualquiera se plantee someterse a ella.
—¿Y Cadsuane? —inquirió Egwene. De todos los nombres que habían llegado de Caemlyn ése era el que más conmoción había ocasionado entre las hermanas. Cadsuane Melaidhrin era una leyenda, y había tantas versiones en contra de la leyenda como a favor. Algunas hermanas estaban convencidas de que debía ser un error; Cadsuane tenía que haber muerto a esas alturas. Otras simplemente parecían desear que lo estuviera—. ¿Estás segura de que seguía en Cairhien después de que Rand desapareció?
—Me aseguré de que mis agentes no la perdieran de vista tan pronto como surgió su nombre —contestó Siuan, que ahora no parecía tranquila en absoluto—. No sé si es una Amiga Siniestra, sólo lo sospecho, pero puedo garantizar que se encontraba en el Palacio del Sol una semana después de que él se esfumó.
Egwene cerró los ojos con fuerza y se apretó los párpados con los pulpejos de las manos, pero no le alivió nada los rítmicos pinchazos. Quizá Rand estaba en compañía de una hermana Negra o lo había estado. Quizás había utilizado la Compulsión sobre las Aes Sedai. Estaba mal hacérselo a cualquier persona, pero usarlo con Aes Sedai era en cierto sentido peor, más ominoso. Si se osaba hacer algo contra Aes Sedai, entonces las probabilidades de que se hiciera con los que no podían defenderse se multiplicaban por cien. Al final tendría que ocuparse de él. Había crecido con Rand, pero no podía permitir que eso la influyera. Era el Dragón Renacido, la esperanza del mundo y al mismo tiempo quizá la mayor amenaza a la que se enfrentaba el mundo. ¿La mayor? Los seanchan podían hacer tanto daño como el Dragón Renacido. Y ella misma iba a hacer uso de la posibilidad de que Rand hubiera utilizado la Compulsión con hermanas. Realmente la Sede Amyrlin era una mujer distinta de la hija de un posadero.
Miró ceñuda la taza de peltre con la mal llamada infusión, la cogió y se obligó a beber el asqueroso líquido a pesar de las arcadas y de atragantarse con él. A lo mejor el repugnante sabor la hacía olvidarse del dolor de cabeza.
Soltó la copa con un fuerte ruido de metal sobre madera, y en ese momento Anaiya entró en la tienda, las comisuras de los labios curvadas hacia abajo y un gesto ceñudo.
—Akarrin y las otras han vuelto, madre —anunció—. Moria me dijo que os informara que ha convocado a la Antecámara para que las Asentadas oigan el informen que traen.
—Y también Escaralde y Malind —anunció Morvrin, que entró detrás de Anaiya, acompañada por Myrelle. La Verde era la viva imagen de la cólera controlada, si tal cosa era posible, con su tez olivácea impasible y los ojos ardientes como ascuas, pero el gesto de Morvrin hacía que el de Anaiya pareciera complacido en comparación—. Están mandando novicias y Aceptadas a todo correr para que encuentren a todas las Asentadas —dijo la Marrón—. No hemos podido enterarnos de nada de lo que haya descubierto Akarrin, pero creo que Escaralde y las otras intentan usarlo para empujar a la Antecámara hacia algo.
Con la mirada fija en los oscuros posos que quedaban en el fondo de la copa, Egwene suspiró. Debía estar presente también y ahora tendría que enfrentarse a las Asentadas con dolor de cabeza y aquel gusto horrible en la boca. Quizá podría considerarlo una penitencia por lo que iba a hacerle a la Antecámara.
19
Sorpresas
Por costumbre, la Antecámara informaba de sus sesiones a la Amyrlin, pero no había nada que las obligara a esperarla antes de empezar, lo que significaba que podía tener muy poco tiempo. Egwene habría querido levantarse de un brinco y dirigirse directamente al gran pabellón antes de que Moria y las otras dos hicieran saltar la sorpresa que se proponían. Las sorpresas en la Antecámara rara vez resultaban buenas. Y peor eran las que llegaban a los propios oídos después. Aun así, tenían que seguirse las normas que eran ley y no costumbre para que la Amyrlin entrara en la Antecámara, de modo que se quedó donde estaba y envió a Siuan a buscar a Sheriam para que la Guardiana de las Crónicas pudiera anunciarla apropiadamente. Siuan le había dicho que en realidad aquello era sólo para advertir a las Asentadas de su presencia —siempre había asuntos que querrían discutir sin que la Amyrlin lo supiera—, y su voz no había sonado del todo como si estuviera bromeando.
En cualquier caso, no tenía sentido ir a la Antecámara hasta que no pudiera entrar. Ahogó su impaciencia y aprovechó para darse masajes en las sienes mientras intentaba leer algo más de los informes de los Ajahs. A despecho de la repulsiva infusión, o tal vez debido a ella, la jaqueca hizo que las palabras titilaran sobre la página cada vez que parpadeaba, y Anaiya y las otras dos no eran precisamente un lenitivo.
Tan pronto como Siuan se hubo marchado, Anaiya se echó la capa hacia atrás y se sentó en la banqueta que había dejado libre Siuan —a pesar de las patas desiguales, la banqueta no pareció tambalearse bajo su peso—, y empezó a especular sobre lo que Moria y las demás se traían entre manos. No era una mujer inestable, de modo que sus suposiciones fueron comedidas considerando las circunstancias, pero no por ello menos perturbadoras.
—Las personas asustadas hacen tonterías, madre, incluso si son Aes Sedai —murmuró mientras ponía las manos en las rodillas—, pero al menos podéis tener la certeza de que Moria será firme respecto a Elaida, al menos a la larga. Culpa a Elaida de la muerte de todas las hermanas que han perecido tras haber depuesto a Siuan. Moria quiere que se la azote por cada una de esas muertes antes de llevarla ante el verdugo. Es dura, más que Lelaine en algunos aspectos. Más rigurosa, en realidad. No tendría escrúpulos sobre cosas a las que Lelaine sería reacia. Mucho me temo que presionará para llevar a cabo un asalto a la ciudad lo antes posible. Si los Renegados están actuando tan a las claras, a semejante escala, entonces será mejor una Torre tocada pero entera que una Torre dividida. Al menos, me temo que así es como Moria ve las cosas. Después de todo, por mucho que queramos evitar que unas hermanas maten a otras, no sería la primera vez. La Torre ha pervivido mucho tiempo y se ha curado de muchas heridas. También podremos curarla de ésta.