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Encrucijada en el crepúsculo

Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:

Mat Cauthon huye con la hija de las Nueve Lunas mientras la Sombra y el imperio seanchan emprenden una persecución implacable. Por su parte, las Aes Sedai sienten un inmenso flujo de Poder en un lejano paraje del oeste y temen que sea obra de los Renegados o incluso de la propia Sombra.
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
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—A todas se nos escogió porque tenemos cierta habilidad en interpretar los residuos, madre. Mejor que la mayoría, a decir verdad. —Así que no las habían elegido simplemente porque ninguna que fuera más fuerte hubiese estado interesada. En eso había una lección. Lo que hacían las Aes Sedai rara vez era tan sencillo como parecía a primera vista. Egwene querría no tener que volver a aprender lecciones que consideraba tener sabidas de sobra—. Nisain es la mejor de todas nosotras en eso —prosiguió Akarrin—. Con vuestro permiso, madre, dejaré que sea ella la que conteste.

Nisain se alisó la falda de oscuro paño con nerviosismo y se aclaró la garganta. Era una Gris larguirucha y desgarbada, con una marcada barbilla y unos ojos increíblemente azules. Tenía cierta reputación en cuestiones de ley y tratados, pero resultaba obvio que se sentía nerviosa al tener que hablar a la Antecámara. Miró directamente a Egwene con la actitud de quien habría preferido no ver a todas las Asentadas reunidas.

—Dada la cantidad de saidar utilizado allí, madre, no me sorprendió encontrar residuos casi tan densos como la nieve. —En su acento había un notorio dejo murandiano, un sonido cantarín—. Incluso después de tanto tiempo, tendría que haber podido captar alguna idea de lo que se había tejido si hubiera guardado algún parecido con lo que conozco, pero nada me era familiar. Seguí el rastro del tejido, madre, y no tenía ningún sentido. Ninguno. De hecho, era tan ajeno como si no lo hubiera… —Volvió a carraspear y tragó saliva. Su faz se tornó un poco pálida—. Como si no lo hubiese tejido una mujer. Naturalmente, pensamos que tenían que haber sido los Renegados, de modo que probé la resonancia. Lo hicimos todas. —Se giró a medias para señalar a sus compañeras, pero se volvió de nuevo con rapidez. Definitivamente, prefería mirar a Egwene que a las Asentadas, que en su totalidad estaban echadas hacia adelante, atentas a la mujer—. Ignoro qué se hizo, aparte de excavar la tierra de un área de más de cinco kilómetros de diámetro, ni cómo se hizo, pero es indiscutible que también se utilizó saidin. La resonancia era tan fuerte que podríamos haberlo olido. Había más saidin usado que saidar, mucho más, como el Monte del Dragón comparado con una estribación. Y eso es todo lo que puedo decir, madre.

Un sonido se propagó por el pabellón; el del aire exhalado por las hermanas que habían estado conteniendo la respiración. La exhalación de Sheriam pareció más fuerte, pero quizá se debía a que era la que estaba más cerca de Egwene. Ésta se obligó a mantener el gesto impasible. Los Renegados y un tejido que podría reducir a escombros la mitad de Tar Valon. Si Malind proponía la huida, ¿podía obligar a las hermanas a quedarse y afrontar eso? ¿Podía abandonar a su suerte a Tar Valon, a la Torre, y la Luz sabía a cuántas decenas de miles de vidas?

—¿Hay alguna otra pregunta? —inquirió.

—Yo tengo una que hacer —contestó Romanda en tono seco. Su calma no se había resquebrajado lo más mínimo—. Pero no a estas hermanas. Si nadie más quiere hacerles una pregunta, no me cabe duda de que les gustará retirarse y dejar de ser el centro de atención de la Antecámara.

No le correspondía exactamente a ella sugerir aquello, pero tampoco es que no le correspondiera exactamente, de modo que Egwene lo dejó pasar. Resultó que nadie más tenía preguntas para Akarrin y sus compañeras, y Romanda les agradeció su esfuerzo de un modo sorprendentemente afectuoso. De nuevo, eso era algo que tampoco le correspondía exactamente a ella.

—¿Para quién es tu pregunta? —inquirió Egwene mientras Akarrin y las otras cinco se apresuraban a unirse al creciente número de hermanas que se apiñaban entre las lámparas de pie y los braseros. Como Romanda había dicho, estaban ansiosas por dejar de ser el centro de atención de la Antecámara, pero no querían perderse qué se sacaba en conclusión de su trabajo. A Egwene le costó un gran esfuerzo evitar que su voz tuviese un timbre seco. Romanda fingió no darse cuenta de ello. O tal vez es que no lo notó.

—Para Moria —respondió—. Sospechamos de los Renegados desde el principio. Sabíamos que lo que quiera que hubiese ocurrido era muy poderoso, y muy lejos. En realidad, lo único nuevo que sabemos es que Shadar Logoth ha desaparecido y de eso sólo se me ocurre decir que el mundo está mejor sin ese antro de maldad de la Sombra. —Clavó en la Asentada Azul la ceñuda mirada que había hecho encogerse como novicias a muchas Aes Sedai—. Mi pregunta es ésta. ¿Ha cambiado algo para nosotras?

—Debería —repuso Moria, que sostuvo la mirada de la otra mujer sin vacilar. No llevaría tanto tiempo como Romanda en la Antecámara, pero se suponía que la posición de las Asentadas era equiparable—. Desde hace mucho tiempo hicimos preparativos por si los Renegados nos atacaban. Todas las hermanas saben cómo formar un círculo si ello está a su alcance o unirse a uno que no hayan formado hasta que cada uno alcance la cifra de trece. Hay que incluir en ellos a todas, incluso las novicias, incluso las más nuevas.

Lelaine alzó bruscamente la vista hacia ella; pero, por mucho que deseara reprender a Moria, ambas pertenecían al mismo Ajah. Como mínimo debían dar la imagen de formar un frente común. No obstante, el esfuerzo de no hablar hizo que apretara los labios.

Por su parte, Romanda no tenía esa inhibición.

—¿Es necesario que expliques lo que todas las presentes sabemos ya? Nosotras hicimos esos preparativos. ¿Acaso lo has olvidado? —Esta vez su voz era cortante. Los accesos de cólera estaban prohibidos en la Antecámara, pero no los aguijonazos.

Empero, si Moria sintió el puyazo no dio señales de ello aparte de ajustarse el chal.

—He de explicarlo desde el principio porque no hemos reflexionado en profundidad. Malind, ¿nuestros círculos pueden aguantar contra lo que Akarrin y Nisain han descrito?

A despecho de la ferocidad de sus ojos, la carnosa boca de Malind siempre parecía presta a la sonrisa, pero su actitud era muy seria cuando se puso de pie y miró a las Asentadas de una en una como si quisiera que sus palabras se quedaran grabadas en ellas.

—No pueden. Incluso si reorganizamos las cosas de manera que las hermanas más fuertes estén siempre en el mismo círculo, lo que significa que deberían vivir, comer y dormir juntas si tienen que coligarse en un momento dado, aun así, seríamos ratones enfrentados a un gato. Suficientes ratones pueden acabar superando incluso a un enorme gato hambriento, pero no antes de que muchos ratones hayan muerto. Sin embargo, si muchos de esos ratones mueren, la Torre Blanca muere. —De nuevo, la exhalación general de las presentes se extendió como un soplo de inquietud por todo el pabellón.

Egwene consiguió mantener el gesto sereno, pero tuvo que esforzarse para abrir las manos crispadas sobre la falda. ¿Qué iba a proponer, el ataque o la huida? Luz, ¿cómo podía oponerse? Ni que fueran del mismo Ajah ni que no, Lelaine no aguantó más la presión.

—¿Qué es lo que sugieres, Moria? —espetó—. Aun en el caso de que pudiésemos reunir a la Torre hoy mismo, eso no cambiaría los hechos.

Moria esbozó una sonrisa, como si la otra Azul hubiese dicho exactamente lo que esperaba que dijese alguien.

—Pero es que debemos cambiar los hechos. El hecho actual es que nuestros círculos más fuertes son demasiado débiles. No tenemos angreal, cuanto menos sa’angreal, así que será mejor que nos olvidemos de ellos. De todos modos, ni siquiera estoy segura de que haya algo en la Torre que marcara alguna diferencia considerable. ¿Cómo, entonces, hacemos más fuertes nuestros círculos? Lo bastante fuertes, hemos de esperar, para afrontar lo que ocurrió en Shadar Logoth e impedirlo. Escaralde, ¿qué tienes que decir al respecto?

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