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Encrucijada en el crepúsculo

Электронная книга - «Encrucijada en el crepúsculo». Краткое содержание книги:

Mat Cauthon huye con la hija de las Nueve Lunas mientras la Sombra y el imperio seanchan emprenden una persecución implacable. Por su parte, las Aes Sedai sienten un inmenso flujo de Poder en un lejano paraje del oeste y temen que sea obra de los Renegados o incluso de la propia Sombra.
La heredera del Trono de Andor, rodeada de enemigos y de amigos siniestros que planean su destrucción, puede caer en manos de la Sombra y arrastrar consigo al Dragón Renacido, y Egwene al’Vere pone sitio al centro de poder Aes Sedai, pero ha de vencer con rapidez para evitar que los Asha’man sean los únicos capaces de defender el mundo del Oscuro.
Tras limpiar la mitad masculina de la Fuente Verdadera, Rand al’Thor se ve obligado a correr grandes riesgos sin saber con certeza quiénes son sus aliados y quiénes son sus enemigos.
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—Ya veo —dijo lentamente Egwene. Cayó en la cuenta de que se estaba dando masajes en la sien. El dolor punzante tras los ojos no cesaba. Y se haría más intenso. Siempre ocurría así. Para cuando llegara la noche, iba a estar lamentando haberle dicho a Halima que se marchara. Bajó la mano con firmeza y desplazó dos centímetros a la izquierda la carpeta que tenía ante sí para después volver a ponerla donde estaba antes—. ¿Y las demás? Tenían que reemplazar a seis Asentadas.

—Ferane Neheran entró por las Blancas y Suana Dragand por las Amarillas. Ambas habían estado en la Antecámara antes —admitió Siuan—. Sólo era una lista parcial y no conseguí leerla toda. —Enderezó la espalda y alzó la barbilla en un gesto obstinado—. Con que una o dos hubiesen sido nombradas antes de lo habitual ya resultaría chocante. Aunque a veces ocurre, no se da a menudo, y con éstas suman once, quizá doce, entre nosotras y la Torre. No creo en coincidencias tan grandes. Cuando los pescaderos compran al mismo precio, puedes apostar a que todos bebieron en la misma posada la noche antes.

—No tienes que convencerme, Siuan. —Con un suspiro, Egwene se recostó en la silla asiendo de manera automática la pata de la silla que siempre intentaba doblarse cuando hacía eso. No cabía duda de que algo extraño ocurría, pero ¿qué significaba? ¿Y quién podía influir en la elección de Asentadas en todos los Ajahs? En todos excepto en el Azul, al menos; habían elegido una Asentada, pero Moria llevaba siendo Aes Sedai más de cien años. Y quizás el Rojo tampoco se había visto afectado; nadie sabía qué cambios se habían producido entre las Asentadas Rojas, si es que había alguno. El Negro podría estar tras ello, pero ¿qué ganaría a menos que todas esas Asentadas jóvenes fueran Negras? Tal cosa no parecía posible; si el Ajah Negro hubiese tenido mucha influencia, la Antecámara habría estado conformada en su totalidad por Amigas Siniestras desde hacía mucho tiempo. No obstante, si había una pauta y no era producto de la casualidad, entonces tenía que haber alguien metido en el asunto. El mero hecho de barajar las posibilidades y las imposibilidades consiguió que el sordo dolor detrás de los ojos se volviera un poco más intenso.

—Si esto acaba resultando ser una casualidad, Siuan, vas a lamentar cada idea que te pareció un enigma. —Se obligó a sonreír mientras hablaba para quitar hierro a sus palabras. Una Amyrlin tenía que llevar cuidado con lo que decía—. Ahora que me has convencido de que hay un enigma, quiero que lo resuelvas. Quién es responsable y cuál es el propósito. Hasta que no descubramos eso, no sabremos nada.

—¿Sólo queréis eso? —inquirió secamente Siuan—. ¿Antes de la cena o después?

—Para después será suficiente, supongo —espetó Egwene, que después respiró hondo al ver la expresión avergonzada de la otra mujer. No tenía sentido pagar su dolor de cabeza con Siuan. Las palabras de una Amyrlin tenían poder, y a veces consecuencias; debía recordar eso—. Pero bastará con que sea lo antes que puedas —añadió en un tono más suave—. Sé que te darás toda la prisa posible.

Disgustada o no, Siuan pareció entender que el estallido de Egwene no era sólo por su sarcasmo. A pesar de su aspecto juvenil, contaba con años de experiencia en interpretar lo que reflejaba un rostro.

—¿Queréis que vaya a buscar a Halima? —preguntó al tiempo que empezaba a levantarse. La falta de acritud al pronunciar el nombre de la mujer daba medida de su preocupación—. No tardaré nada.

—Si me dejara vencer por cada jaqueca, al final nunca haría nada —repuso Egwene mientras abría la carpeta—. Bien, ¿qué tienes hoy para mí? —Sin embargo, mantuvo las manos sobre los papeles para evitar llevárselas a la cabeza.

Una de las tareas de Siuan todas las mañanas era recoger lo que los Ajahs tenían a bien compartir de sus redes de informadores, junto con lo que quiera que cualquier hermana hubiese pasado a sus Ajahs y éstos hubiesen decidido pasárselo a Egwene. Era un extraño proceso de criba, pero aun así seguía ofreciendo un cuadro del mundo cuando se añadía a lo que tenía Siuan. Ésta había conseguido mantener el control de los agentes que habían sido suyos como Amyrlin por el simple recurso de negarse a decirle a nadie quiénes eran a despecho de todos los esfuerzos de la Antecámara, y al final nadie pudo refutar que esos ojos y oídos eran de la Amyrlin y que debían, por derecho, informar a Egwene. Oh, había habido rezongos sin fin, naturalmente, y todavía los había de vez en cuando, pero nadie podía negar los hechos.

Como siempre, el primer informe procedía no de un Ajah o de Siuan, sino de Leane, escrito en finas hojas de papel con letra elegante. Egwene no sabía exactamente por qué, pero nunca podría dudarse de que cualquier escrito de Leane era obra de la mano de una mujer. Cada página la acercaba a la llama de la lámpara de la mesa una vez leída, asegurándose de que se quemara hasta casi tocarle los dedos, para después deshacerse en ceniza. Ni a Leane ni a ella les interesaba que, comportándose casi como desconocidas en público, uno de esos informes cayera en malas manos.

Muy pocas hermanas estaban enteradas de que Leane tenía informadores en la propia Tar Valon. Quizá fuese la única hermana que los tenía. Vigilar atentamente lo que ocurría en la calle mientras se ignoraba lo que pasaba en casa era un defecto característico del ser humano, y la Luz sabía que las Aes Sedai tenían tantos defectos como cualquier persona. Por desgracia, Leane no tenía casi nada nuevo que comunicar.

Sus agentes en la ciudad se quejaban de que las sucias calles se habían vuelto cada vez más peligrosas después de oscurecer y que eran poco más seguras a la luz del día. En tiempos, los delitos casi habían sido inexistentes en Tar Valon, pero ahora la Guardia de la Torre había abandonado las calles para patrullar los puertos y las torres de los puentes. A excepción de recaudar los impuestos de aduanas y comprar suministros, ambas cosas llevadas a cabo por intermediarios, la Torre Blanca parecía haberse cerrado totalmente a la ciudad. Las grandes puertas por las que accedía el público a la Torre permanecían cerradas a cal y canto y nadie había visto a una hermana fuera del recinto desde que había empezado el asedio, si no antes. Todo eran confirmaciones de lo que Leane había informado anteriormente. La última página, sin embargo, hizo que Egwene enarcara las cejas. En las calles corría el rumor de que Gareth Bryne había hallado un camino secreto a la ciudad y que cualquier día aparecería dentro de las murallas con su ejército al completo.

—Leane lo habría indicado si alguien hubiese utilizado alguna palabra que sonara como si se refiriera a los accesos —se apresuró a decir Siuan al reparar en la expresión de Egwene. Ya había revisado todos los informes antes, por supuesto, y sabía lo que Egwene leía por la página que sostenía. Rebullendo en la inestable banqueta, Siuan casi se cayó a la alfombra al no prestar atención. Empero, no por ello se demoró—. Y podéis estar segura de que a Gareth no se le ha escapado nada —prosiguió mientras se enderezaba—. Tampoco es que sus soldados sean tan necios de querer desertar ahora e ir a la ciudad, pero sabe cuándo debe mantener cerrada la boca. Simplemente tiene reputación de atacar donde sería imposible que lo hiciera. Ha hecho lo imposible bastante a menudo para que la gente espere que actúe así. Eso es todo.

Ocultando una sonrisa, Egwene puso el papel que hablaba de lord Gareth en la llama y vio cómo se retorcía y se quemaba. Unos meses atrás, Siuan habría hecho un comentario agrio sobre el hombre en lugar de hacer una alabanza. Habría sido el «puñetero Gareth Bryne», no «Gareth». Siuan no podía eludir la tarea de hacerle la colada y limpiarle las botas, pero Egwene la había visto mirarlo las contadas veces que el hombre había ido al campamento de las Aes Sedai. Mirándolo fijamente para después salir corriendo con que él volviera la vista hacia ella. ¡Siuan escabulléndose! Llevaba siendo Aes Sedai más de veinte años, de los que había sido Amyrlin durante diez, pero tenía tan poca idea sobre cómo afrontar estar enamorada como la que tenía un pato sobre devorar una oveja.

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