La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— Ya. Eso es lo que él dice —repuso Chandalen, con escepticismo.
— Yo también estaba allí y oí lo que le decían. Richard quería luchar. Cuando los espíritus le dijeron que no lo hiciera, se echó a llorar de frustración. En esos momentos, le habría sido imposible detener a Rahl. No fue culpa de Richard, y tampoco tuya. Tú tampoco podrías haber hecho nada para detenerlo. Si lo hubiera intentado, habría muerto, y Rahl el Oscuro habría ganado.
— Si tú no lo hubieras traído, nada de eso habría pasado. Rahl el Oscuro no hubiera venido a buscarlo.
La mujer se puso muy derecha.
— Chandalen, ¿sabes qué hago yo? ¿Cuál es mi especialidad?
— Sí. Como todas las Confesoras, asustas a la gente para poder darles órdenes y como te tienen miedo, ellos obedecen.
— Más o menos. Yo presido el Consejo de la Tierra Central. Represento a todos los pueblos y defiendo sus derechos. Gracias a mí, pueblos como la gente barro pueden vivir del modo que eligen.
— Nosotros nos defendemos solos.
— ¿De veras lo crees? Por cada persona barro había cinco jocopo. Tu abuelo era muy valiente y derrotó a un enemigo más numeroso. Pero por cada hombre, mujer y niño de los tuyos, hay más de un centenar de soldados muertos aquí, y ésta no es más que una de las ciudades de Galea. Pese a ser tantos, fueron vencidos como si nada. Un centenar de guerreros por cada persona barro y, según tú mismo has dicho, se batieron con valentía. ¿Qué oportunidad crees que tendríais contra un ejército capaz de derrotar a tantos? ¿O contra un ejército que fuese la mitad de ése?
Chandalen rebulló sin responder.
— Algunos pueblos, Chandalen, no tienen ni voz ni voto, como los bantak y la gente barro. No están representadas en el Consejo. Los países más grandes, como éste y el de los invasores, son muy poderosos y, sin embargo, Rahl el Oscuro los conquistó. Mi tarea consiste en defender a los pueblos que no están representados en el Consejo. Protejo vuestro deseo de que os dejen en paz y prohíbo que vayan a molestaros.
»Sin mí que los asustara y les dijera lo que deben hacer, ya os habrían quitado vuestra tierra. Ya has visto el país por el que hemos viajado; la mayoría de sus tierras no son buenas para el cultivo. La gente construiría granjas en vuestra pradera y criaría ganado. Vuestra sagrada pradera sería quemada, labrada y plantada con cultivos que intercambiar por oro.
»Por muy fuerte y valiente que seas, no podrías proteger a tu gente. Los forasteros os invadirían. El hecho de que seáis valientes y fuertes, no significa que fuerais a ganar. Los soldados de Ebinissia también eran valientes y fuertes, y eran muchos más que vosotros, y mira lo que les ha pasado. Y ésta no es más que una ciudad. Hay otras más grandes.
»Ser valeroso no significa ser estúpido, Chandalen. Ya has visto esta carnicería. ¿Cuánto crees que podríais aguantar contra un ejército como el que ha hecho esto? Aunque cada uno de tus hombres matara a cincuenta enemigos, ellos apenas notarían las bajas. Os pasaría lo mismo que a los jocopo: seríais exterminados. La gente barro desaparecería.
»Yo soy quien les prohíbe que os invadan —prosiguió Kahlan, señalándose con un dedo en el pecho—. Ellos no os temen a vosotros, pero a mí sí y también a la alianza que represento. En la Tierra Central hay buena gente, gente dispuesta a luchar para proteger a los más débiles. Quienes murieron aquí eran de esa gente. Galea siempre me ha apoyado cuando he prohibido que ningún país ataque a otro para ganar más tierra.
»Presido el Consejo de la Tierra Central y mantengo unidos los países que desean la paz. Bajo mi autoridad, combatirían a cualquiera que declarara la guerra a uno de ellos. Sí, es cierto que asusto a la gente para que me obedezcan. Pero no lo hago para saborear la gloria del poder. Si ejerzo el poder es para que ningún habitante de la Tierra Central, incluyendo la gente barro, viva oprimido. Estos soldados que han muerto lucharon para que todos los pueblos de la Tierra Central fuesen libres de vivir como desearan. Han luchado por ti, para defender tus derechos, aunque tú no te hayas enterado de la sangre derramada para tu bien.
»Tú nunca has tenido que luchar por ellos —continuó diciendo Kahlan, abrigándose con la capa—, hasta que Rahl el Oscuro los amenazó a todos. Entonces acudí a vuestra aldea junto con Richard en busca de ayuda. Los espíritus de vuestros antepasados vieron la verdad de nuestra lucha y nos ayudaron, a fin de que tanto la gente barro como todos los demás pudieran vivir en libertad. Por primera vez se derramó sangre de la gente barro por el bien de la Tierra Central. Los espíritus de vuestros antepasados lo entendieron y nos ayudaron.
»Los habitantes de la Tierra Central están en deuda con la gente barro por su sacrificio, pero la gente barro también está en deuda con ellos.
»Richard el del genio pronto arriesgó su vida por tu gente. Él también perdió a seres queridos en la lucha, igual que tú. Pasó por sufrimientos que no puedes ni imaginarte. Jamás sabrás lo que Rahl el Oscuro le hizo antes de que Richard lo matara.
Kahlan estaba tan furiosa que su cálido aliento formaba nubes que se elevaban en el gélido aire.
— Yo asusto a la gente para que tú puedas seguir siendo igual de ciego y obstinado. Richard y yo luchamos para evitar que todos los habitantes de la Tierra Central, incluidos vosotros, fuesen asesinados, del mismo modo que los jocopo asesinaban a gente barro. Aunque quieras negarnos tu ayuda o tu gratitud, ésta es la verdad.
El silencio los rodeó.
Chandalen caminó despacio hacia la barandilla y fue pasando un dedo por su superficie pulida. Kahlan miraba cómo el aliento del hombre barro se convertía en vapor y se disipaba. Finalmente, Chandalen habló con suavidad:
— Dices que soy obstinado. Pero yo también creo que tú eres obstinada. Tal vez nuestros padres debieron de habernos enseñado también que, a veces, la gente hace lo que hace no porque sea obstinada, sino porque teme por la seguridad de quienes están bajo su protección. Tal vez tú y yo deberíamos ser capaces de no juzgarnos con tanta dureza y comprender que hacemos lo que podemos por proteger a nuestra gente.
Inesperadamente, los labios de Kahlan dibujaron una leve sonrisa.
— Tal vez Chandalen no está tan ciego como creía. Me esforzaré por ver mejor, por ver en ti al hombre de honor que eres.
El hombre barro asintió y sonrió a su vez.
— Richard el del genio pronto no es estúpido. —Con las manos apoyadas en la barandilla, se asomó al piso de abajo—. Dijo que si tuviera que elegir a un hombre para que luchara a su lado, ése sería Chandalen.
— Es cierto; Richard no es ningún estúpido —dijo Kahlan, con suavidad.
— Richard también se sacrificó al convertirse en tu pareja. Al hacerlo, ha salvado a nuestros hombres, pues somos tan fuertes que no hay duda de que habrías elegido a uno de nosotros. —La voz del hombre barro subió de tono y se llenó de orgullo—. Probablemente me habrías elegido a mí, para tener la pareja más fuerte. Richard me ha salvado.
Kahlan no pudo evitar sonreír de nuevo, mientras Chandalen se asomaba por encima de la barandilla.
— Siento mucho que Chandalen crea que convertirse en mi pareja es algo tan horrible.
El hombre la miró. Por un momento escrutó sus ojos antes de empezar a desatarse la banda del brazo derecho. Entonces soltó la banda y el cuchillo y se lo tendió, diciendo:
— Mi abuelo estaría orgulloso de protegerte, a uno de los suyos, a una persona barro. —Con estas palabras, le retiró la capa que le cubría el hombro izquierdo.
— Chandalen, no puedo aceptarlo. Contiene el espíritu de tu abuelo.