La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— ¿Y qué ocurrió aquí? —quiso saber.
La Hermana hizo un barrido con el brazo del sudeste al sudoeste.
— Aquí, en la franja de tierra más estrecha, no sólo lucharon ejércitos, sino también magos para tratar de impedir que el otro bando avanzara. En un intento para capturar a sus adversarios, los hechiceros conjuraron encantamientos de todo tipo de magia. Ambos bandos por igual liberaron una maldad de incalificable horror y peligro. Eso es lo que se extiende delante de nosotros.
— ¿Quieres decir que su magia, sus conjuros, aún siguen allí? —Richard contemplaba fijamente la mirada vidriosa de la Hermana.
— Con toda su furia.
— ¿Cómo es posible? ¿Por qué no se han disipado?
— Porque no se limitaron a lanzar hechizos —contestó la mujer, con un suspiro—. A fin de mantener el poder de sus conjuros, alzaron unas estructuras que sostienen su fuerza.
— ¿Qué estructuras son ésas?
La hermana Verna seguía con la mirada fija en la nada, o quizá veía cosas que él no percibía.
— Las Torres de Perdición —musitó.
Richard acarició el cuello a Bonnie y esperó. Por fin la hermana Verna ahuyentó sus pensamientos privados soltando un profundo suspiro, y prosiguió:
— De un mar a otro, ambos bandos construyeron líneas opuestas de torres investidas con el poder de su magia. Empiezan a orillas del mar y confluyen aquí, en este valle. Pero, debido a la fuerza de las torres que alzó cada bando, ninguno pudo completar la última torre de la respectiva línea. Se llegó a un punto muerto en el que ningún bando pudo acabar la última torre. Así se creó un espacio vacío en la magia.
Richard rebulló inquieto en la silla.
— Si hay un vacío, ¿por qué nadie puede cruzar?
— Porque no es más que una disminución de la fuerza de la línea. A ambos lados de las montañas y las colinas, hasta donde acaba la tierra y empieza el mar, e incluso más allá, donde mengua un poco, la línea de la Perdición es impenetrable. Quien entra sucumbe a las tormentas de hechizos, a la magia. Cruzar la línea significa la muerte o algo peor: vagar en la bruma por toda la eternidad.
»Pero aquí, en el valle, la paridad de fuerzas impidió que los dos bandos completaran la última torre y sellaran la línea. Pero los conjuros vagan y se desplazan por entre el espacio vacío como nubes de tormenta que arrastra el viento. A veces chocan y otras se reúnen. Como en este lugar son más débiles, existe un laberinto que los poseedores del don pueden recorrer. Los pasadizos entre hechizos cambian continuamente, y los sortilegios no siempre son visibles. Deben sentirse con el don. Y no es nada fácil.
— ¿Así es como logran cruzar las Hermanas de la Luz? ¿Porque poseen el don?
— Sí, pero sólo pueden cruzar dos veces como mucho. La magia aprende cómo encontrarte. Hace mucho tiempo, las Hermanas que cruzaban al Nuevo Mundo y regresaban eran enviadas de nuevo, pero ninguna de ellas volvía. —Los ojos de la mujer se apartaron de los suyos para perderse en la lejana nada—. Están ahí; perdidas para siempre y sin posibilidad de salvación, esclavas de las Torres de Perdición y de sus tormentas de magia.
Richard esperó hasta que la mirada de la hermana Verna se posó de nuevo en él antes de preguntar:
— ¿Se te ha ocurrido la posibilidad de que decidieran dejar de ser Hermanas y no regresar nunca? No lo sabéis.
— Sí que lo sabemos. Algunas de las que han cruzado las han visto. —La mujer inclinó la cabeza hacia el reluciente horizonte y añadió—: Yo misma vi a varias.
— Lo siento, hermana Verna. —Richard pensó en Zedd. Era posible que Kahlan lo encontrara y le explicara lo sucedido. Pero pensar en Kahlan le dolía—. Así pues, ¿un mago puede cruzar?
— No si ha desarrollado ya todo su poder. Cuando acabamos de enseñar a los poseedores del don cómo controlarlo, deben regresar antes de que su poder llegue a su cota máxima. El propósito de la línea es impedir que los magos crucen. El poder de un mago atraería los hechizos del mismo modo que un imán atrae limaduras de hierro. La magia los busca; es por ellos que fueron erigidas las torres. Cualquier mago estaría perdido, como cualquier otra persona que no poseyera el don y no sintiera los huecos entre hechizos. Demasiado poder o demasiado poco, y estás perdido. Por esta razón, quienes crearon la línea no pudieron completarla; porque no podían penetrar en el radio de acción de los hechizos del lado contrario. La guerra acabó en empate.
Richard sintió que perdía todas las esperanzas. Si Kahlan realmente iba en busca de su viejo amigo Zedd, éste nada podría hacer para ayudarlo. Tragándose la abrumadora pérdida de toda esperanza, alzó una mano y sintió el colmillo de dragón que le colgaba del cuello.
— ¿Y puede sobrevolarse?
— No. Los hechizos se extienden también en el aire, del mismo modo que se extiende un trecho en el mar. Ningún ser alado podría volar a la altura suficiente para evitarlos.
— ¿Y el mar? ¿No sería posible dar un rodeo por el agua?
— Tengo entendido que se ha logrado un par de veces en muchísimos años. Yo he visto barcos zarpar para intentarlo, pero ninguno ha vuelto.
Richard volvió la vista atrás, pero no vio nada.
— ¿Podría… seguirte alguien?
— Una o dos personas si me siguen muy de cerca, como tú harás. Pero un grupo mayor, sin duda se perdería. Los huecos entre hechizos no son lo suficientemente grandes para permitir el paso de un grupo numeroso.
Richard reflexionó en silencio y luego preguntó:
— ¿Por qué nadie ha destruido las torres para que los hechizos desaparezcan?
— Lo hemos probado. Es imposible.
— El hecho de que no hayáis descubierto el modo de hacerlo no significa que sea imposible, hermana Verna.
— Las torres y los hechizos fueron creados con la ayuda no sólo de la magia de Suma, sino también de la magia de Resta —replicó la mujer, mirándolo con dureza.
¡Magia de Resta! ¿Cómo habrían aprendido los magos de tiempos remotos a usar magia de Resta? Era un tipo de magia que se escapaba de su alcance. Claro que Rahl el Oscuro había llegado a dominarla.
— ¿De qué modo impiden las torres que los encantamientos se disipen? —preguntó, suavizando la voz.
— Cada torre contiene la fuerza vital de un mago.
Pese al calor, Richard sintió un escalofrío.
— ¿Quieres decir que un mago dio su vida para erigir cada una de las torres?
— Peor. Cada torre contiene la fuerza vital de muchos magos.
Richard se quedó helado al pensar que tantos magos habían dado su vida para imbuir a las torres de su fuerza vital.
— ¿Qué distancia hay entre las torres?
— Se dice que algunas están a kilómetros de distancia, y otras a pocos metros. Están espaciadas siguiendo las líneas de poder de la misma tierra. Es una disposición que no hemos llegado a entender. Puesto que entrar en la línea significa una muerte segura, ni siquiera sabemos cuántas torres hay. Sólo conocemos las pocas de este valle.
— ¿Veremos algunas al cruzar?
— No lo sé. Los huecos mudan constantemente. A veces, te llevan cerca de una de las torres. Cuando crucé por primera vez vi una, pero algunas Hermanas nunca ven ninguna. Espero que la experiencia no se repita.
Richard se dio cuenta de que aferraba con la mano izquierda la empuñadura de la espada con tanta fuerza que las letras en relieve de «Verdad» se le grababan en la palma. Relajó la mano y soltó la empuñadura.
— ¿Qué se supone que vamos a ver?
La hermana Verna apartó la mirada del horizonte y la posó en él.
— Hay hechizos de todo tipo. Algunos son de desesperación y, si caes en uno de ellos, tu alma vaga desesperada por toda la eternidad. Otros son conjuros de dicha y placer en los que uno se sumerge para siempre. Otros son hechizos de pura destrucción, que te hacen pedazos. Otros te muestran lo que más temes, para obligarte a correr hacia las garras de las bestias que acechan detrás. Otros te tientan con las cosas que esperas y, si cedes al deseo… —La Hermana se inclinó hacia él—. Debes quedarte cerca de mí y no detenerte. Olvida cualquier deseo que tengas, olvida tus temores y tus anhelos. ¿Entiendes?