La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— Así pues, es el pago por acompañarte. Cuando lleguemos a nuestro destino, no te deberemos nada.
— Nada de nada —dijo Kahlan, sellando así el trato.
Ambos recorrieron las silenciosas calles, pasando por delante de las tiendas y las posadas del barrio viejo de la ciudad. No quedaba ni una puerta ni una ventana intactas. Fragmentos de cristal relucían a la luz del sol, titilando como si fueran lágrimas derramadas por los muertos. Las hordas invasoras habían saqueado todos los edificios en busca de cualquier ser vivo.
— ¿Cómo es posible que tantos miles de personas vivieran en un mismo lugar y hubiera tierra suficiente para alimentar a tantas familias? Es imposible que hubiera caza suficiente para todos ni campos de cultivo.
Kahlan trató de ver la ciudad con los ojos del hombre barro, al que debía de parecerle un confuso rompecabezas.
— No todos cazaban ni cultivaban la tierra. La gente que vivía aquí se había especializado.
— ¿Especializado? ¿Qué significa?
— Significa que cada uno desempeñaba un oficio diferente. Trabajaban sólo en una cosa, y usaban oro o plata para comprar las cosas que necesitaban y que no cultivaban ni fabricaban ellos mismos.
— ¿De dónde sacaban el oro o la plata?
— Las obtenían en pago por las cosas en las que se habían especializado.
— ¿Y esos otros de dónde sacaban el oro o la plata?
— De otros que les pagaban por su trabajo.
— ¿Por qué no hacían trueques? —inquirió Chandalen, mirándola con escepticismo—. Hubiese sido más sencillo cambiar una cosa por otra.
— Bueno, en cierto modo, era una especie de trueque. Muchas veces, la persona que quiere lo que tú tienes no puede ofrecerte nada que tú necesites, por lo que te paga con dinero, esto es plata u oro en forma de discos planos y redondos que se denominan monedas. Y con esas monedas tú compras lo que necesitas.
— Comprar. —Chandalen pareció probar en la boca el sonido de esa extraña palabra, mientras miraba una calle que se abría a su derecha meneando la cabeza—. ¿Y por qué trabajaba la gente? ¿Por qué no se limitaba a coger ese dinero de oro o plata que dices?
— Algunos lo hacen; buscan oro o plata. Pero es un trabajo muy duro. Para encontrar oro hay que cavar muy hondo. Por eso es por lo que se usa como dinero: porque es escaso. Si fuese tan fácil de encontrar como los granos de arena, nadie lo aceptaría como pago. Si fuese sencillo conseguir dinero, o fabricarlo, perdería su valor, este sistema de intercambio acabaría y todo el mundo se moriría de hambre.
— ¿De qué está hecho ese dinero? ¿Qué es ese oro y plata de los que hablas? —preguntó Chandalen, deteniéndose y poniendo ceño.
Kahlan no se detuvo, por lo que el cazador tuvo que avanzar rápidamente unos pasos para ponerse de nuevo a su altura.
— Oro es… El medallón, el colgante que los bantak regalaron a la gente barro en signo de paz estaba hecho con oro. —Chandalen asintió con un gruñido, ante lo cual Kahlan se detuvo—. ¿Sabes de dónde sacan los bantak tanto oro?
— Pues claro —contestó el hombre barro, paseando la mirada por los tejados de pizarra—. Nosotros se lo damos.
— ¿Qué significa que vosotros se lo dais? —Kahlan lo agarró por el brazo, que tenía cubierto con la capa, y lo atrajo hacia ella.
El hombre barro se puso tenso. No le gustaba sentir la mano de una Confesora. El hecho de que lo tocara por encima de la capa de piel no importaba, pues, si la mujer descargaba su poder, la piel de lobo no lo protegería. El poder de Kahlan atravesaba incluso una armadura. Cuando lo soltó, Chandalen se relajó visiblemente.
— Chandalen, ¿de dónde saca la gente barro tanto oro?
El hombre la miró como si fuera una niña que le preguntara dónde encontrar barro.
— De unos agujeros que hay en el suelo, hacia el norte. Es un terreno rocoso en el que casi nada crece ni puede sobrevivir. El oro está dentro de los agujeros. Es un lugar muy malo. El aire es cálido y malo para respirar. Se dice que, si uno lo inhala demasiado tiempo, muere. El metal amarillo está dentro de esos profundos agujeros. Pero no sirve de nada, pues es demasiado blando para forjar buenas armas.
»Pero los bantak afirman que a los espíritus de sus antepasados les gusta el brillo del metal amarillo, por lo que les permitimos que entren en nuestra tierra y lo cojan de los agujeros. —Chandalen hizo un gesto con la mano con el que indicaba que no era nada importante—. Así fabrican objetos gratos a la vista de los espíritus de sus antepasados.
— Chandalen, ¿conoce alguien más la existencia de esos agujeros con oro?
— Supongo que no, pues no permitimos que ningún forastero entre en nuestras tierras —contestó, encogiéndose de hombros—. Pero, como ya te he dicho, no sirve de nada porque es demasiado blando para hacer armas. A los bantak les gusta y, como intercambiamos cosas con ellos, les dejamos que cojan tanto como quieran. Pero no se llevan mucho, porque ya te he dicho que es un lugar malo. Nadie quiere ir allí, excepto los bantak, y sólo para complacer a los espíritus de sus antepasados.
¿Cómo podría explicárselo? Chandalen no sabía nada del mundo fuera de su aldea.
— Chandalen, nunca debéis usar ese oro. —El cazador puso una cara de decirle que ya le había explicado que era un metal inútil y que nadie lo querría—. Es posible que tú lo creas inútil, pero otros matarían para obtenerlo. Si se corriera la voz de que hay oro en la tierra de la gente barro, os invadirían para conseguirlo. La fiebre del oro vuelve locos a los hombres, que harían cualquier cosa para conseguirlo. Matarían a la gente barro.
Chandalen se puso muy derecho y adoptó una expresión de petulancia. Entonces apartó la mano de la cuerda del arco y se golpeó el pecho.
— Yo y mis hombres protegemos a la gente barro. Ahuyentaríamos a los forasteros.
Kahlan hizo un amplio gesto con el brazo, señalando los centenares de muertos alrededor.
— ¿A tantos? ¿A miles, quizá? —Chandalen nunca había visto a tanta gente reunida y no podía hacerse una idea cabal de la población de la Tierra Central—. Serían miles de personas que no pararían hasta expulsaros a vosotros.
Los ojos del cazador siguieron el arco que dibujó la mujer con el brazo. Frunció la frente con una inquietud que hasta entonces nunca lo había asaltado, y toda su arrogancia se evaporó al mirar a tantos muertos.
— Los espíritus de nuestros antepasados nos han advertido que no hablásemos de los agujeros en el suelo en los que cuesta respirar. Sólo dejamos pasar a los bantak; a nadie más.
— Procura que siga siendo así, u otros tratarán de robarlo.
— Robar no está bien. —El cazador tensó de nuevo la cuerda del arco, mientras Kahlan soltaba un ruidoso suspiro de frustración—. Cuando yo hago un arco para intercambiarlo por otra cosa, todo el mundo sabe que es obra de Chandalen, pues mis arcos son magníficos. Si alguien lo roba, todo el mundo sabe de dónde ha salido. Enseguida se descubre al ladrón y se lo obliga a devolverlo. Tal vez es expulsado de la aldea. Pero, si un ladrón roba dinero, ¿cómo hay manera de saber a quién pertenece?
A Kahlan le dolía la cabeza por el esfuerzo de intentar aclarar las dudas a Chandalen. Pero, al menos, le impedía pensar en todos los muertos que veían. La mujer echó a andar de nuevo sobre la nieve y tuvo que pasar por encima de un hombre caído de espaldas. Entre los muertos apenas había sitio donde colocar los pies.
— Cuesta mucho. Ésa es la razón por la que la gente guarda con mucho cuidado su dinero. Si alguien es atrapado robando, el castigo es severo para desalentar a otros ladrones.
— ¿Cómo se castiga a los ladrones?
— Si no han robado mucho y tienen suerte, se los encierra bajo llave en una habitación muy pequeña hasta que su familia repone todo lo que han robado.
— ¿Qué es encerrar bajo llave?
— Es un modo de bloquear una puerta. Las habitaciones de piedra en las que se mete a los ladrones tienen una puerta que no puede abrirse desde dentro y una cerradura. Para abrirla hay que tener la llave adecuada.