Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 124 125 126 127 128 129 130 131 132 ... 142
Перейти на страницу:

– Le gustaba tanto sentarse en el Arpoador… -dijo Joana con voz apagada.

– Sí.

Vitória entendía muy bien el atractivo que tenían para su hermano las rocas del extremo sur de la playa de Copacabana. Ella también había trepado a esas rocas, conocía el efecto hipnótico de las olas al romper. ¿Habría ocurrido así? ¿Había sido una imprudencia de Pedro, fascinado por el mortífero oleaje? ¿Se había acercado demasiado al agua? ¿Había sido alcanzado por una ola demasiado alta, se había escurrido y se había hundido en la espuma? ¿Cómo se habría sentido al caer en la furia del mar, intentando tomar aire, intentando orientarse? ¿Habría visto el agua azulada que se cerraba sobre él y la arena a su alrededor antes de golpearse la cabeza contra las rocas? Vitória y Joana se miraron. Cada una vio en la cara de la otra que estaban pensando lo mismo. Sollozando, se fundieron en un abrazo.

Vitória abandonó la habitación cuando oyó que llamaban a la puerta. Bajó con María do Céu, recibió a León y encargó a la criada subir unos panecillos y una jarra de café al piso de arriba. Como Joana estaba ocupada con su marido, sería ella, Vitória, la que tendría que decir al servicio lo que debía hacer. Estaba agradecida de poder hacer algo útil, de poder ocuparse de cuestiones prácticas que la evadieran de la lucha contra la muerte que libraba su hermano. Al menos por unos minutos.

Vitória acompañó a León hasta arriba. El pequeño dormitorio estaba abarrotado de gente, el aire estaba viciado. Vitória se acercó a la ventana y la abrió.

– Debemos mantener el calor aquí dentro, por su hipotermia -dijo dona Alma llorosa.

– Mae, fuera hay treinta grados. Además, no sé si será mejor que Pedro muera de hipotermia que de falta de oxígeno -dijo Vitória insolente, y enseguida notó que se ruborizaba. ¡Cielos, algo así se decía de broma, pero no delante de un ser amado que realmente se está muriendo! Se acercó a León, que tomó su mano, y en la forma en que la agarraba, Vitória notó que a él también le costaba controlar sus sentimientos. León se llevó a Vitória afuera y llamó a Joao Henrique para que saliera también al pasillo.

– ¿Cuánto le queda? -le preguntó al médico.

– De esta noche no pasa.

Luiza y otros criados que estaban ante la puerta empezaron a llorar.

– Entonces propongo que nos despidamos de él uno tras otro y luego llamemos a un sacerdote.

Joana estuvo de acuerdo con la idea, y todos esperaron ante la puerta a que les llegara su turno. Luiza entró con los demás negros en la habitación, de la que salieron a los cinco minutos anegados en llanto. Luego pudo entrar Aaron, que había llegado entretanto, después lo hizo Joao Henrique, y a continuación Vitória y León.

Vitória tomó la mano de su hermano, que notó fría y débil, entre las suyas. Los párpados de Pedro temblaron, y Vitória habría jurado que con eso él quería decirle algo. Tuvo que reunir todas sus fuerzas para no echarse a llorar a gritos como los negros que estaban ante la puerta.

– Te voy a echar de menos, Pedro da Silva -susurró León. Acarició la mano de Pedro con cariño antes de dejarla de nuevo sobre la colcha. Luego se incorporó para dejar solos a Joana y a los padres en los últimos minutos que podían estar todavía con Pedro. Sin decir nada, sólo con la mirada, indicó a Vitória que le acompañara. Ella depositó un beso en la mejilla intacta de Pedro, y salió de la habitación a toda prisa para desahogarse llorando fuera.

Dona Alma, Eduardo y Joana entraron en la habitación asustados, pues la inusual explosión de sentimientos de Vitória les hizo pensar que Pedro había dado el último suspiro. Pero cuando Joana se sentó a su lado seguía respirando.

– Cada minuto de mi vida pensaré en ti. Te seguiré amando como siempre te he amado. Ve con Dios, mi querido Pedro. Nos encontraremos en el más allá.

Como si las palabras de su esposa fueran una autorización a rendirse en la desesperada lucha por la supervivencia, de la garganta de Pedro salió un callado gemido. Sus ojos se cerraron, su respiración cesó.

– ¡Oh, Pedro!

Joana dejó correr por fin las lágrimas tanto tiempo retenidas. Se dejó caer sobre el cuerpo sin vida de Pedro, acarició sus brazos y su cara, como si con ello pudiera darle de nuevo la vida.

León y Vitória siguieron la conmovedora escena por una rendija de la puerta. El rostro de León estaba ya humedecido por las lágrimas cuando tomó la mano de Vitória.

– Ven, dejemos a Joana un rato a solas con Pedro.

Se fueron al salón, y allí Vitória se echó en los brazos de León, le golpeó el pecho con los puños y gritó:

– ¿Por qué? ¿Por qué?

Se tranquilizó cuando llamaron a la puerta y apareció el sacerdote.

Las horas siguientes las pasaron los seis adultos sentados en silencio, inmovilizados por el horror, mudos por el dolor. Joao Henrique se marchó, no por la cercanía de la muerte, a la que estaba acostumbrado, sino por la agobiante atmósfera. Dona Alma y Eduardo estaban sentados juntos en un sofá, mirando al mismo punto de la pared. Aaron estaba junto a Joana en un sillón y le acariciaba la mano. Vitória y León ocupaban otro sofá. Cuando el reloj dio las nueve, León se puso de pie.

– Sería mejor que nos marcháramos.

– ¡No! -Joana parecía muy asustada-. ¡Por favor, por favor! María do Céu preparará la habitación de invitados. No puedo soportar la idea de quedarme sola con…

Joana empezó a sollozar de un modo conmovedor.

Quedarse sola con un cadáver bajo el mismo techo, eso es lo que quería decir, ¿no? Vitória miró a Joana con odio. Seguía siendo Pedro, su queridísimo hermano, el marido de Joana, el amigo de León. ¿Cómo podía reducir a Pedro a la categoría de un cadáver?

– Claro, Joana, nos quedaremos si eso es lo que quieres.

León miró a Joana como si fuera una niña pequeña a la que hay que consolar, para luego dirigir a Vitória una mirada de reprobación como si quisiera pedirle que se contuviera. Ella, que conocía a Pedro de toda la vida, que le había exigido tanto y le había ayudado, que había pasado con él momentos buenos y momentos malos, ¿no tenía más derecho que nadie a no contenerse? ¿Por qué esperaba León de ella que hiciera ese gran esfuerzo?

Entonces se dio cuenta de que a la mañana siguiente tendrían que estar allí muy temprano para velar el cadáver y rezar a su lado. Bien, entonces podrían quedarse.

No quería dormir con León en una misma habitación, pero como la casa estaba llena -por deseo de Joana, dona Alma y Eduardo pasarían también la noche allí, lo mismo que Aaron-, no tenía otra elección. León dormiría en el sofá que había frente a la cama. Vitória se sentó agotada en el borde de la cama, se tapó la cara con las manos y se echó a llorar. ¡Por fin! Allí podía ser débil, no tenía que infundir valor a toda la familia con su fortaleza. La espalda encorvada de Vitória temblaba descontrolada, apenas le entraba aire por la nariz taponada.

– ¡¿Por qué?! -sollozaba Vitória, cuando León pasó el brazo por encima de sus hombros y la abrazó. Había un dolor tan inmenso en su voz que en aquel momento León habría hecho cualquier cosa por atenuar su sufrimiento.

– Duerme un poco, sinhazinha. Estás agotada.

– Sí -dijo ella, cansada-. ¿Me traes un vaso de agua, por favor?

Sólo quería que se marchara para no tener que prepararse para la noche delante de él. Ya no estaba acostumbrada a desnudarse delante de él.

Cuando León regresó, Vitória ya estaba en la cama. Dejó el vaso de agua en la mesilla, le dio a Vitória un inocente beso de buenas noches en la frente, se fue hacia el sofá, se quitó la camisa y los zapatos y, con los pantalones puestos, se tumbó en el que sería su lecho esa noche.

1 ... 124 125 126 127 128 129 130 131 132 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)