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Choque de reyes [A Clash of Kings - es]

Электронная книга - «Choque de reyes [A Clash of Kings - es]». Краткое содержание книги:

Un cometa del color de la sangre hiende el cielo cargado de malos augurios. Y hay razones sobradas para pensar así: los Siete Reinos se ven sacudidos por las luchas intestinas entre los nobles por la sucesión al Trono de Hierro. En la otra orilla del océano, la princesa Daenerys Targaryen conduce a su pueblo de jinetes salvajes a través del desierto. Y en los páramos helados del Norte, más allá del Muro, un ejército implacable avanza impune hacia un territorio asolado por el caos y las guerras fraticidas.
George R.R. Martin, con pulso firme y enérgico, nos deleita con un brillante despliegue de personajes, engranando una trama rica, densa y sorprendente. Nos vuelve testigos de luchas fraticidas, intrigas y traiciones palaciegas en una tierra maldita por la guerra, donde fuerzas ocultas se alzan de nuevo y acechan para reinar en las noches del largo invierno que se avecina.
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—Vuestro hijo ha ganado unas pocas batallas, yo ganaré la guerra. Los Lannister pueden esperar al momento que me convenga.

—Si tienes alguna propuesta, hazla —cortó Stannis—, o me iré.

—Muy bien —dijo Renly—, propongo que desmontes, hinques la rodilla en tierra y me jures lealtad.

—Eso jamás. —Stannis se tragó la rabia.

—Serviste a Robert, ¿por qué a mí no?

—Robert era mi hermano mayor. Tú eres el menor.

—El menor, el más valiente, y desde luego el más guapo…

—Y un ladrón, un usurpador.

—Los Targaryen llamaban usurpador a Robert. Por lo visto pudo soportar esa vergüenza. Lo mismo haré yo.

«Esto es inútil.»

—¿Estáis oyendo lo que decís? ¡Si fuerais mis hijos os haría chocar las cabezas y os encerraría en un dormitorio hasta que recordarais que sois hermanos!

—Sois demasiado arrogante, Lady Stark. —Stannis la miraba con el ceño fruncido—. Yo soy el rey legítimo, y vuestro hijo es tan traidor como mi hermano. También le llegará su hora.

La amenaza directa atizó la ira de Catelyn.

—Sois muy rápido a la hora de decir que los demás son traidores y usurpadores, mi señor, pero ¿en qué os diferenciáis de ellos? Decís que sólo vos sois el legítimo rey, pero creo recordar que Robert tenía dos hijos. Según todas las leyes de los Siete Reinos, el príncipe Joffrey es su heredero, y luego Tommen… y todos los demás somos traidores, aunque tengamos excelentes motivos.

—Tendrás que perdonar a Lady Catelyn, Stannis —dijo Renly entre risas—. Viene de Aguasdulces, ha sido un viaje muy largo. Supongo que no ha leído tu cartita.

—Joffrey no es hijo de mi hermano —dijo Stannis, tajante—. Y Tommen tampoco. Son bastardos, igual que la niña. Los tres son abominaciones nacidas del incesto.

Catelyn se quedó sin palabras. «No es posible, ni siquiera Cersei puede estar tan loca.»

—¿No es una bonita historia, mi señora? —preguntó Renly—. Estaba acampado en Colina Cuerno cuando Lord Tarly recibió esa carta, y la verdad sea dicha, me dejó sin aliento. —Sonrió a su hermano—. Nunca te creí tan astuto, Stannis. Si fuera cierto, serías de verdad el heredero de Robert.

—¿Si fuera cierto? ¿Me estás llamando mentiroso?

—¿Puedes demostrar una palabra de esa fábula?

Stannis rechinó los dientes.

«Seguro que Robert no lo sabía —pensó Catelyn—, o habría mandado cortarle la cabeza a Cersei de inmediato.»

—Lord Stannis —dijo—, si sabíais que la reina era culpable de un crimen tan monstruoso, ¿por qué guardasteis silencio?

—No guardé silencio —declaró Stannis—. Expuse mis sospechas a Jon Arryn.

—¿En vez de decírselo a vuestro hermano?

—Mi hermano nunca me tuvo en consideración —dijo Stannis—. De mi boca, esas acusaciones habrían parecido fruto del rencor y de la ambición, como manera de situarme en la línea sucesoria. Pensé que Robert estaría mejor dispuesto a escuchar si los cargos los presentaba Jon Arryn, a quien quería.

—Ah —dijo Renly—. Así que tenemos la palabra de un muerto.

—¿Acaso crees que su muerte fue una coincidencia, ciego estúpido? Cersei lo hizo envenenar por miedo a que la descubriera. Lord Arryn había estado recogiendo ciertas pruebas…

—Que sin duda murieron con él. Todo un inconveniente.

—En una carta que me envió a Invernalia, mi hermana Lysa acusaba a la reina de matar a su esposo —reconoció Catelyn, que estaba recordando cosas, juntando piezas—. Después, en el Nido de Águilas, echó la culpa a Tyrion, el hermano de la reina.

—Si pisáis un nido de víboras —dijo Stannis con un bufido—, ¿acaso importa cuál os muerde primero?

—Esta charla sobre incestos y serpientes es muy amena, pero no cambia nada. Puede que tú tengas más derecho, Stannis, pero yo tengo un ejército mayor. —Renly metió la mano entre los pliegues de su capa. Stannis lo vio, y echó mano al pomo de su espada, pero antes de que pudiera desenfundar el acero su hermano sacó… un melocotón—. ¿Quieres uno, hermano? —preguntó Renly con una sonrisa—. Son de Altojardín. En tu vida has probado nada tan dulce, te lo garantizo.

Le dio un mordisco, y los jugos le corrieron por la comisura de la boca. Stannis estaba echando chispas.

—No he venido aquí a comer fruta.

—¡Mis señores! —gritó Catelyn—. Deberíamos estar discutiendo las condiciones de una alianza, no intercambiando puyas.

—Nadie debería rechazar un melocotón —dijo Renly al tiempo que tiraba el hueso—. Puede que no vuelvas a tener ocasión de probarlos, Stannis. La vida es breve. Recuerda lo que dicen los Stark. Se acerca el invierno. —Se limpió la boca con el dorso de la mano.

—Tampoco he venido aquí para que me amenacen.

—Nadie te ha amenazado —replicó Renly—. Cuando te amenace, te enterarás, no te preocupes. Si quieres que te diga la verdad, nunca me has caído bien, Stannis, pero por nuestras venas corre la misma sangre; no querría tener que matarte. Si lo que quieres es Bastión de Tormentas, quédatela, como regalo de tu hermano. Igual que Robert me la entregó a mí, yo te la entrego.

—No puedes entregar lo que no es tuyo. Es mía por derecho.

Renly suspiró y se dio media vuelta en la silla.

—¿Qué voy a hacer con este hermano mío, Brienne? Rechaza mi melocotón, rechaza mi castillo, ni siquiera asistió a mi boda…

—Los dos sabemos que tu boda fue una farsa. Hace un año planeabas convertir a la chica en una de las rameras de Robert.

—Hace un año planeaba convertir a la chica en la reina de Robert —replicó Renly—. Pero, ¿qué más da eso? El jabalí se llevó a Robert y yo me llevé a Margaery. Por cierto, te alegrará saber que llegó a mí doncella.

—Y en tu cama seguro que muere igual.

—Oh, espero hacerle un hijo varón este mismo año. Disculpa, ¿cuántos hijos tienes tú, Stannis? Ah, sí, ya me acuerdo… ninguno. —Renly le dedicó una sonrisa inocente—. En cuanto a lo de tu hija, lo comprendo. Si mi mujer tuviera una cara como la de la tuya, yo también enviaría a mi bufón a atenderla.

—¡Basta! —rugió Stannis—. No toleraré que te burles de mí, ¿entendido? ¡No lo toleraré! —Sacó la espada de su vaina, y el acero brilló a la escasa luz del sol con reflejos rojos, amarillos, blancos. A su alrededor el aire parecía vibrar, como si emitiera calor:

El caballo de Catelyn relinchó y retrocedió un paso, pero Brienne en cambio se interpuso entre los hermanos, también ella con la espada en la mano.

—¡Guardad ese acero! —gritó a Stannis.

«Cersei Lannister debe de estar muerta de risa», pensó Catelyn con cansancio.

—No soy despiadado —dijo con voz retumbante Stannis, cuya falta de piedad era legendaria, mientras señalaba a su hermano con la punta de la refulgente espada—. Y tampoco quiero ensuciar a Portadora de Luz con la sangre de un hermano. Por la madre que nos engendró a los dos, te daré esta noche para reconsiderar esta locura, Renly. Guarda tus estandartes, ven a mí antes del amanecer y te entregaré Bastión de Tormentas y tu antiguo sitio en el Consejo, incluso te nombraré heredero hasta que tenga un hijo varón. De lo contrario te destruiré.

Renly se echó a reír.

—Tienes una espada muy bonita, Stannis, en serio, pero creo que brilla tanto que te ha estropeado la vista. Mira al otro lado de estos campos, hermano. ¿Ves todos esos estandartes?

—¿Acaso crees que unos trozos de trapo te harán rey?

—Las espadas Tyrell me harán rey. Rowan, Tarly y Caron me harán rey con el hacha, la lanza y la maza. Las flechas Tarth y las picas Penrose, Fossoway, Cuy, Mullendore, Estermont, Selmy, Hightower, Oakheart, Crane, Caswell, Blackbar, Morrigen, Beesbury, Shermer, Dunn, Footly… Hasta la Casa Florent, los hermanos y los tíos de tu esposa. Ellos me harán rey. Toda la caballería del sur cabalga conmigo, y son la menor parte de mi fuerza. Mi infantería se acerca, son cien mil espadas, lanzas y picas. ¿Y tú me vas a destruir? ¿Con qué? ¿Con esa chusma despreciable que veo junto a las murallas del castillo? Calculo unos cinco mil, siendo generoso. Señores del bacalao, caballeros de la cebolla y mercenarios. Seguro que la mitad vienen a unirse a mí antes de que empiece la batalla. Me dicen mis exploradores que tienes menos de cuatrocientos hombres a caballo, son jinetes libres con corazas que no resistirán ni un momento contra mis lanceros con armaduras. Por muy buen guerrero que te creas, Stannis, sabes que tu ejército no sobrevivirá ni a la primera carga de mi vanguardia.

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