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Электронная книга - «Ha estallado la paz». Краткое содержание книги:

Después de Los cipreses creen en Dios (época anterior a la guerra) y de Un millón de muertos (época de la guerra), José María Gironella en Ha estallado la paz trata de la posguerra. La familia Alvear sigue siendo el núcleo de la acción del libro y Gerona vuelve a ser la ciudad protagonista. Finalizada la contienda, todos los personajes retornan a sus hogares, excepto los exiliados, que se reparten a voleo por el mundo… La obra abarca los años inmediatamente posteriores a la guerra, con una mezcla de dramatismo, de poesía y de ironía que subyuga desde los primeros capítulos. El clima de aquellos tiempos aparece recreado con singular maestría, de tal modo que para el lector de edad madura constituye la ordenación de sus recuerdos, y para el lector joven un descubrimiento impresionante. En Ha estallado la paz, Gironella alcanza su momento cumbre de novelista nato, gran narrador que consigue fundir la historia con la ficción novelesca.
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Bueno, ocurría eso. El mundo iba cuadriculándose, como muy bien había presentido el profesor Civil. Al modo como las oleadas de aviones que atacaban a Inglaterra formaban escuadras monolíticas, los hombres que sentían en su carne el zarpazo del catolicismo y aquellos que lo contemplaban desde lejos, pero militando en uno u otro bando, formaban clanes ideológicos en los que el adversario, fuere cual fuere, le resultaba imposible penetrar. Siempre ocurría igual cuando un terremoto asolaba ciudades y conciencias: éstas se veían forzadas a elegir. Y los que elegían la misma orilla se abrazaban con entusiasmo y entonaban a voz en grito, o susurrando, idéntica canción.

Por ello Mateo se reía de las mismas cosas que José Luis Martínez de Soria, y por ello las fotografías, los libros y los slogans que tenía en su despacho eran los mismos que hubieran podido encontrarse en el despacho de cualquier otro falangista de cualquier región de España. Asimismo, la habitación que Carlos Godo ocupaba en casa de sus padres, en Barcelona -habitación sobria, con un crucifijo y una imagen de la Virgen- era muy semejante a la de Agustín Lago. ¿Cómo iba a ser de otro modo? Sus objetivos eran paralelos, como lo eran los de David y Olga -otro clan, otra tribu-, y los del Responsable y José Alvear. Carlos Godo y Agustín Lago, consecuentes con si pensamiento de Camino: "Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte y al oírte, éste lee la vida de Jesucristo", compartían hasta en los detalles más sutiles el mismo repertorio mental. Repertorio que los llevaba, al referirse a Cristo, a decir "el Señor"; a no exhibir hábito ni distintivo alguno, para parecerse en lo externo lo más posible a los demás; a comprometerse con Dios de forma total, pero partiendo de la intimidad más estricta; a dar por sentado que durante mucho tiempo serían incomprendidos, incluso por muchas instituciones religiosas… De lo cual era ejemplo arquetipo el doctor Gregorio Lascasas, quien, escuchando a Agustín Lago, había convertido repetidas veces sus ojos en dos líneas negras horizontales.

"¿No hay bastantes infiernos aquí abajo?". Agustín Lago, luego de hablar cinco horas consecutivas con Carlos Godo, arquitecto de Barcelona, al que consideró hermano, admitió que sí, porque estaba enterado de los avances rusos en el Báltico y en Rumania, de los bombardeos masivos contra Inglaterra y de la existencia de hombres como Mateo, que concedían valor absoluto a los credos opinables. Pero pensó que "aquí abajo" había también pedazos de cielo. A veces, en el cuarto de una modesta pensión, a una hora avanzada de la noche.

CAPÍTULO XXXVII

Julio y agosto. El segundo verano de posguerra había llegado y la dispersión de los gerundenses fue mucho más numerosa que la del año anterior. La fiebre de las vacaciones empezó a subir, como ocurriera antes de 1936. Los obreros, los "productores", deberían contentarse con gozarlas en la ciudad, holgando, durmiendo hasta las tantas y, si acaso, paseándose los domingos con la familia por las orillas del Ter o el valle de San Daniel. Tampoco la clase media, civil y activa, podría alquilar ningún chalet en la costa o en la montaña; pero el número de "privilegiados" aumentó considerablemente, y entre éstos se contaban los estraperlistas de la ciudad que durante el invierno habían conseguido evitar que las autoridades les echaran el guante; la mayoría de los concejales; el camarada Arjona, Delegado Sindical; el jefe de Obras Públicas; etcétera.

Mateo se fue con su campamento juvenil, que ese año llevó el nombre de Campamento Haro, en memoria del falangista Eduardo Haro, fusilado por los 'rojos', y que no se instaló en San Telmo, sino en la comarca idílica de Arbucias, en un paraje hacia el interior, "pues era bueno que los muchachos cambiaran de lugar y fueran conociendo la oxigenante diversidad de la provincia". Mateo se fue tranquilo, pues Pilar permanecería en Gerona, trabajando y preparando como siempre su ajuar de novia -octubre se acercaba- y cuidando de don Emilio Santos.

Marta partió también a instalar, como estaba programado, su albergue juvenil en Palamós, entre los pinos. Ciento veinte niñas, reclutadas en su mayoría en los pueblos, a propuesta de los jefes locales de Falange, vivirían allí, por turno, en tiendas de campaña, bañándose, aprendiendo, contestando al test habitual y cantando himnos mientras se izaba la bandera. Marta, antes de partir, se despidió de Ignacio procurando contener las lágrimas. "¿Irás a verme?". Ignacio contestó: "¡Claro que sí, mujer! Aunque ya sabes que estoy ocupadísimo".

El camarada Rosselló decidió tomarse igualmente unas vacaciones, pero no para pescar ni para pegar saltos en el bosque, sino para visitar el Penal del Puerto de Santa María. El Gobernador hizo las oportunas gestiones para conseguir que al doctor Rosselló le fuera permitido ver a su hijo, y tuvo éxito. De modo que Miguel Rosselló se dispuso a cruzar en coche, solo, España de Norte a Sur, hasta Cádiz, conmovido ante la idea de abrazar a su padre, a quien suponía vestido con traje de presidiario.

'La Voz de Alerta' se marchó también por una quincena. Se marchó a Puigcerdá, centro elegante, en la Cerdaña. 'La Voz de Alerta' no podía imaginar nunca que aquel viaje iba a ser decisivo para él; que en el hotel donde se alojaría, y en el Club de Golf anexo, conocería a una muchacha de veintiocho años, de Barcelona, rica heredera y poseedora de un título de nobleza, condesa de Rubí, con la que haría tan buenas migas que el hombre olvidaría por completo sus escarceos matrimoniales con la viuda de don Pedro Oriol… Lo cierto es que la pareja se entendió tan de maravilla, que la muchacha, llamada Carlota, tuvo la impresión de que las "Ventanas al mundo" que escribía el alcalde gerundense le iban destinadas en exclusiva; y por su parte 'La Voz de Alerta' envió una postal a su amigo pamplonica, don Anselmo Ichaso, en la que le decía: "Acabo de conocer a una criatura deliciosa, que entiende de monarquía más que usted y que yo. Lo sorprendente es que, en la cartera que lleva en el bolso, junto a la efigie de Alfonso XIII ha colocado un retrato mío".

Con todo, el más impensado veraneo lo disfrutó Paz… En efecto, la muchacha, aupada hasta el máximo por sus amores con Pachín, desde el día en que éste la convirtió en mujer a los pies de las murallas, sobre la hierba, había tenido el presentimiento de que algo bueno le iba a ocurrir, que haría dar un completo viraje a su vida. Y acertó. Lo que nunca pudo imaginar es que el alegre disparo llegara por donde le llegó.

Aconteció que Damián el director y trompetista de la Gerona Jazz, en un viaje que hizo a Barcelona vio en un 'dancing' a una rubia que animaba a la orquesta cantando por el micrófono. Y le pasó por la mente incorporar la idea a la Gerona Jazz. Ambrosio, el del contrabajo, ya mayor, siempre asmático y pesimista, le dijo: "Eso no gustará por aquí". Pero Damián se burló de él, como siempre. Y se pasó dos días rumiando y acariciándole su alegre bigote.

Hasta que, como cae un rayo, se acordó de Paz. Damián había visto a la chica, cuando las Ferias, en la barraca que Perfumería Diana instaló en la Gran Vía, y se acordó de su voz, rota y profunda… "¡Perfumería Diana regala jabón a todo el mundo, sin distinción de categorías!". Se acordó de su facha, de sus desplantes a los soldados, de su uniforme de color verde y de su gracioso casquete. ¿No era lo que andaba buscando?

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