Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
La Fragancia De La Flor Del Café - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Fragancia De La Flor Del Café

Электронная книга - «La Fragancia De La Flor Del Café». Краткое содержание книги:

Brasil, año 1884. En el valle del río Paraíba, los terratenientes y sus familias llevan una vida lujosa y despreocupada gracias al trabajo de sus esclavos en las plantaciones de café. Vitória aspira a más, a mucho más. Vita, como todo el mundo la llama, es hija de uno de los más ricos «barones del café». Posee una belleza extraordinaria, es inteligente, hábil en los negocios, con un carácter fuerte e independiente, y es considerada el mejor partido del valle. Cuando Vita conoce a León Castro, un periodista atractivo y enigmático, su vida cambia. León es abolicionista y lucha fervientemente contra la esclavitud y por lo tanto contra los intereses de la familia de Vita. A pesar de estas diferencias insuperables se enamoran perdidamente. Desde un inicio su amor está marcado por desencuentros. Una y otra vez los caminos de Vita y León se cruzan y se separan, pero ni el tiempo ni los reveses de la fortuna pueden con su pasión.
Ante el trasfondo del paradisíaco valle del río Paraíba y del pintoresco emporio de Río de Janeiro, de la época dorada de las plantaciones de café y de su ruina después de la abolición de la esclavitud, tienen lugar la saga de una familia de hacenderos y la historia de un gran amor…
1 ... 118 119 120 121 122 123 124 125 126 ... 142
Перейти на страницу:

¿Qué había sido de la pequeña que seguía los pasos de su padre, que le imitaba con gesto serio y estridente voz de niña? ¿Que se sentaba en las rodillas de su madre y confesa arrepentida sus pecados: cómo había pintado los libros de la escuela de Pedro, escondido la pipa de Luiza, o escupido por la ventana a José? Hoy Vitória trataba a sus padres como extraños, como parientes lejanos a los que hay que acoger por obligación y se les hace sentir que no son bienvenidos. Sí, ya de niña era bastante altiva, con diez años dominaba a su hermano de dieciséis y le chantajeaba bajo la amenaza de enseñar a sus padres sus poemas de amor. Una muchacha brillante que cada año era más bonita. ¿Qué había sido de la joven por la que suspiraban todos los jóvenes apuestos del valle y que hacía que las demás sinhazinhas parecieran flores marchitas al lado de una rosa floreciente? Sí, era una rosa que hoy estaba llena de espinas. Seguía siendo muy bella, pero costaba mucho descubrir sus encantos. ¿Por qué se afeaba de aquel modo, con las gafas, sus vestidos aburridos y sus peinados sin fantasía? ¿Negaba a sus padres el placer de sentirse orgullosos de su hija y a su marido el de mirar a una esposa bonita? Y eso no era todo lo que le negaba a él.

Dona Alma sentía lástima de León. Ciertamente su pasado no era glorioso, su origen seguía ensombrecido por vagas sospechas y sus relaciones eran escandalosas. Pero tenía buenas maneras, siempre trataba a sus suegros con el mayor de los respetos, y era muy apuesto y elegante. A veces, cuando León se reía, le recordaba a Julio. Tenía su misma masculinidad, los mismos ojos oscuros cuya expresión oscilaba entre la pena y el deseo. Pero además tenía otras cualidades de las que carecía su amor de juventud: responsabilidad, honradez, valor. Y amaba a su hija profunda y ardientemente. ¿Por qué tenía que torturar Vitória de aquel modo a todos los que podían hacerla feliz? ¡Una separación! ¡Aquello era el colmo!

Unos días antes dona Alma había sido testigo involuntario de una fuerte discusión entre Vitória y León que llevó a su hija a gritarle a su marido a la cara que quería separarse. ¡La culpa era de los malditos republicanos! No respetaban a los señores, recortaban los derechos de la Iglesia al máximo y corrompían a los ciudadanos con sus ideas “progresistas”. Se decía que en el futuro los casamientos sólo serían válidos si se celebraban en el registro civil. ¡Bodas en una oficina! ¿Podía haber algo más bajo?

Quizás, pensó dona Alma, debería emprender un largo viaje por Europa con Eduardo. Le rompería el corazón que su hija se separase, pero si al menos lo hacía en su ausencia, el dolor sería más llevadero. Además, allí ni eran bienvenidos ni servían para nada. ¿Para qué esperar a ver de nuevo el querido Portugal o presentar sus respetos al viejo emperador enfermo en París? Ellos disponían de tiempo, Vitória de dinero. Y ella les daría suficiente si de ese modo podía perder de vista a sus viejos e inútiles padres. Seguro que para Vitória era una “inversión razonable”. ¡Ay, su hija y el dinero! ¿Cómo era posible que Vitória adorara de aquel modo al dios Dinero, que le diera mayor importancia a él que a las personas que la querían de corazón? ¿Cuándo se había vuelto tan calculadora, inhumana y fría? Dona Alma se tapó con el chal que llevaba sobre los hombros. Estaba tiritando.

En el recibidor Tais le tendió al visitante su sombrero, su abrigo y su bastón.

– No entiendo por qué aquí la gente viste como en Londres o París sólo porque es “otoño”. ¡Llevar abrigo con veinticinco grados por la noche! León, ¿trasgrediría sus normas de educación si no me lo pusiera?

– Mi marido no tiene normas de educación. No se sienta obligado a nada -respondió Vitória en lugar de León, dirigiendo al invitado una encantadora sonrisa con la que apoyó sus palabras-. Aunque hace bastante fresco. Será mejor que se lleve el abrigo.

– Sí, no vendrá mal. ¡Oh, querida Vita, ha sido una velada maravillosa! -Mario Gianecchini tomó la mano de Vitória-. Muchas gracias por la estupenda cena y su encantadora compañía. ¿Está segura de que no desea acompañarnos?

– ¡Oh, claro! Por nada del mundo querría estropearles su plan, lo que sería inevitable con una acompañante femenina, ¿verdad? ¡Tendrían que comportarse como caballeros, vaya castigo!

Vitória se rió, y el italiano se echó a reír también.

– El buen León tiene mucha suerte. No se merece una mujer tan bella e inteligente como usted.

Vitória evitó responder. ¿Por qué debía explicar al amable Mario cosas que probablemente no comprendería? El hombre era inteligente, ameno y simpático, y esperaba que pasara una agradable noche entre hombres después de haber soportado la deprimente compañía de dona Alma, Eduardo y ella misma. En las tabernas y los casinos encontraría, sin duda, nuevos motivos de inspiración para sus cuadros. Y a Pedro, que tenía gran interés por el arte, le vendría bien conversar con Mario y salir un poco de noche. Últimamente su hermano estaba tan encerrado en sí mismo, tan bajo de ánimo, que una alegre noche con otros hombres le sentaría bien.

– ¡Adiós, cariño! Estoy impaciente por contarte luego nuestras aventuras. -León tomó la mano de Vitória, la besó levemente, la dejó caer de nuevo y se inclinó sobre ella para darle un beso en los labios. Mario Gianecchini se sintió molesto por la evidente sensualidad de ese gesto, y se dio la vuelta para no ser testigo de tales intimidades matrimoniales. No pudo ver que a Vitória poco le faltó para darle una bofetada a su todavía esposo.

Dos horas más tarde Pedro y León conversaban animadamente con Mario, ayudados por el consumo de alcohol, la espontánea afinidad que creyeron encontrar entre ellos, el fácil discurso de León y el relajado estado de ánimo. En un galimatías de portugués, italiano y francés, acompañados de un poco del latín que todos conocían de la iglesia, se contaron sus hazañas y sus pecados de juventud.

Cuando Mario y Pedro preguntaron a León por sus años como libertador de esclavos, éste les habló de las personas que había conocido, de los negros que al ser libres pudieron descubrir y desarrollar sus capacidades. Puso el ejemplo del joven Ronaldo, que en la actualidad ganaba mucho dinero como capitán de buques mercantes, y de Lili.

– Cuidaba los cerdos, era fea, pero tenía un gran talento para los negocios. Hoy regenta uno de los burdeles más famosos de Río. Dice que allí también cuida cerdos.

León, Pedro y Mario se rieron.

– Hagamos una visita a Lili -propuso Mario-. Seguro que constituye un buen objeto de investigación.

Pero Pedro, que todavía no había ahogado toda su moral en el aguardiente, se opuso.

– Yo nunca voy a ese tipo de establecimientos. No lo necesito, tengo en casa a la mejor de las esposas.

– ¡Dios mío, Pedro! ¿Por qué eres siempre tan anticuado? -protestó León-. Sólo vamos a saludar a Lili, echar un vistazo, tomarnos un brandy. Nada más. A la media hora como mucho cambiaremos de local.

– ¿Prometido?

– Palabra de honor.

– ¿Y ni una palabra a Joana o a Vita?

– Ni una sílaba.

– Está bien.

En La Mariposa de Oro recibieron a León como a un cliente habitual, lo que horrorizó a Pedro. Este se vio obligado a dar la mano a aquella tal Lili, una persona sin escrúpulos de un aspecto tan normal que se quedó sin habla. En Boavista no habrían encargado el cuidado de los cerdos a alguien así. Se sentó en un sillón en el rincón más escondido y metió la nariz en la copa de brandy para no ver a aquellas mujerzuelas tan indecentemente vestidas. Pero Mario, que había acercado un sillón para sentarse a su lado, parecía no inmutarse porque una muchacha se hubiera sentado cómodamente en su regazo y le acariciara. Hablaba en el mismo tono que utilizaría en un café acompañado de distinguidas matronas.

1 ... 118 119 120 121 122 123 124 125 126 ... 142
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)