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Los Portales de Piedra

Электронная книга - «Los Portales de Piedra». Краткое содержание книги:

Los sellos de Shayol Ghul se han debilitado y la presencia del Oscuro se hace cada vez más evidente.En Tar Valon, Min es testigo de hechos portentosos que vaticinan un horrible futuro. Los Capas Blancas buscan en Dos Ríos a un hombre con los ojos dorados y siguen el rastro de Dragón Renacido. Mientras tanto, Rand al’Thor se dedica a tomar sus propias y sorprendentes decisiones.
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Al cabo de un momento, Moraine asintió a regañadientes y salió de la tienda a la abrasadora luz del sol. Echó a correr de inmediato, descalza, ladera abajo.

Egwene se encogió. Rand y Mat, Aviendha, y ahora Moraine, todos dirigiéndose a Rhuidean.

—¿Conse…? ¿Sobrevivirá? Si habéis soñado sobre esto, debéis de saberlo.

—Existen lugares en los que no se puede entrar cuando se está en el Tel’aran’rhiod —dijo Seana—. Rhuidean, los steddings Ogier, y unos pocos más. Lo que ocurre en ellos está oculto a los ojos de una caminante de sueños.

Había eludido responder, porque podrían haberla visto salir de Rhuidean, pero era evidente que no pensaban decirle nada más.

—Está bien. ¿He de ir yo también? —No le gustaba la idea de vivir la experiencia de los anillos; sería como volver a pasar la prueba para ascender a Aceptada. Sin embargo, si todos los demás iban allí…

—No seas absurda —la reprendió enérgicamente Amys.

—No vimos nada de este asunto para ti —añadió Bair en un tono más afable—. De hecho, no te vimos.

—Y de todos modos no te respondería que sí si lo pidieras —continuó Amys—. Necesitas nuestro permiso, y yo me negaría. Estás aquí para aprender a caminar por los sueños.

—En ese caso —dijo Egwene, recostándose en el cojín—, enseñadme. Algo habrá para que empecéis antes de que sea de noche.

Melaine la miró ceñuda, pero Bair soltó una risita cascada.

—Es tan ávida e impaciente como lo eras tú cuando por fin decidiste aprender, Amys.

La Sabia de pelo blanco asintió.

—Confío en que conserve la avidez y pierda la impaciencia por su propio bien. Atiéndeme, Egwene. Aunque no será fácil, tienes que olvidar que eres Aes Sedai si quieres aprender. Recuerda que debes escuchar y hacer lo que se te diga. Por encima de todo, no has de volver a entrar en el Tel’aran’rhiod hasta que una de nosotras diga que puedes. ¿Lo aceptas?

Respecto a olvidar ser una Aes Sedai no le resultaría difícil puesto que no lo era. En cuanto al resto, sonaba tan ominoso como convertirse en novicia otra vez.

—Lo acepto —contestó, esperando que su voz no denotara duda.

—Bien —dijo Bair—. Ahora te hablaré de caminar en sueños y del Tel’aran’rhiod en líneas generales. Cuando haya terminado, habrás de repetir cuanto te he dicho. Si te saltas algún punto, fregarás las ollas esta noche en lugar de la gai’shan. Si tu memoria es tan limitada que eres incapaz de repetir lo que digo después de oírlo por segunda vez… En fin, discutiremos eso si llega el caso. Atiende.

»Casi todo el mundo puede tocar el Tel’aran’rhiod pero muy pocos tienen capacidad para entrar realmente en él. De todas las Sabias, sólo nosotras cuatro caminamos en los sueños, y en vuestra Torre no ha habido una caminante de sueños desde hace casi quinientos años. No tiene que ver con el Poder Único, aunque las Aes Sedai piensen que sí. Yo no puedo encauzar, como tampoco Seana, y, sin embargo, sí caminamos en sueños tan bien como Amys o Melaine. Mucha gente roza el Mundo de los Sueños mientras duerme. Como sólo lo rozan, se despiertan con dolores o molestias en lugar de tener huesos rotos o heridas mortales. Una caminante de sueños entra completamente en el sueño, de modo que las heridas sufridas son reales al despertar. Para cualquiera que está completamente dentro del sueño, sea o no caminante de sueños, la muerte allí significa la muerte aquí. No obstante, entrar demasiado en el sueño es perder contacto con la carne; no hay vuelta, y el cuerpo muere. Se dice que hubo un tiempo en que había quienes eran capaces de entrar con su cuerpo en el sueño, y desaparecer para siempre de este mundo, completamente. Era algo maligno, porque actuaban con maldad; nunca debe intentarse, aunque creas que podrías realizarlo, porque cada vez que lo hagas perderás parte de lo que hace de ti un ser humano. Tienes que aprender a entrar en el Tel’aran’rhiod cuando quieras, en el grado que quieras. Has de aprender a encontrar lo que te hace falta encontrar e interpretar lo que ves; a entrar en el sueño de otra persona que está cerca a fin de ayudar a su curación; a reconocer a quienes están en el sueño de manera lo bastante completa para poder hacer daño; a…

Egwene escuchó atentamente, y lo hizo porque estaba fascinada, porque le estaban descubriendo cosas que ni siquiera se le habían pasado por la cabeza, pero, por encima de todo, porque no estaba dispuesta a acabar restregando ollas esa noche. Le parecía injusto. Fuera lo que fuera a lo que Rand, Mat y los demás tuvieran que enfrentarse en Rhuidean, nadie los iba a mandar a fregar ollas. «¡Y yo lo he aceptado!» No era justo. Claro que no creía que los otros fueran a sacar más de Rhuidean de lo que sacaría ella de estas mujeres.

24

Rhuidean

El pequeño guijarro que Mat llevaba en la boca hacía rato que no le provocaba salivación. Lo escupió y se puso en cuclillas al lado de Rand, con la mirada fija en el muro gris de niebla que se alzaba unos treinta pasos más adelante. Niebla. Esperaba que al menos hiciera menos calor allí dentro; tampoco sería de desdeñar un poco de agua, ya que tenía los labios agrietados. Se quitó el pañuelo atado a la cabeza y se limpió la cara, pero en realidad no había mucho sudor que enjugar con la tela; debía de estar deshidratado, ya que apenas transpiraba. Tampoco estaría mal un sitio en el que sentarse. Tenía la impresión de que sus pies eran salchichas cocidas dentro de las botas; en realidad, estaba cocido por completo. La niebla se extendía a derecha e izquierda casi dos kilómetros, y se elevaba sobre sus cabezas como un imponente acantilado; un acantilado de espesa niebla en medio de un valle árido y abrasado. Tenía que haber agua allí dentro.

«¿Y por qué no se evapora? —No le gustaba la idea. Hacer el tonto con el Poder lo había traído aquí, y por lo visto tenía que volver a tontear con él—. Luz, quiero librarme del Poder y de las Aes Sedai. ¡Diablos, cómo lo ansío!» Cualquier cosa serviría para no pensar que tenía que entrar en esa niebla sin remedio.

—La mujer que vi corriendo era esa Aiel amiga de Egwene —dijo con una voz que semejaba un graznido. ¡Corriendo con este calor! Sólo de pensarlo los pies le dolían más—. Aviendha, o como quiera que se llame.

—Si tú lo dices —contestó Rand, sin dejar de estudiar la niebla. También su voz sonaba como si tuviera la boca llena de polvo; tenía el rostro quemado por el sol, y se balanceaba, inestable, a pesar de estar en cuclillas—. ¿Pero por qué iba a estar aquí, y desnuda?

Mat lo dejó estar. Rand no había visto a la mujer, ya que no había apartado la vista de la agitada niebla desde que empezaron a bajar la ladera, y no creía que Mat la hubiera visto realmente, corriendo como una posesa y manteniendo las distancias con ellos, dirigiéndose hacia esta niebla extraña. Parecía que Rand tenía tan pocas ganas como él de meterse en ella; Mat se preguntó si su aspecto era tan lamentable como el de su amigo. Se tocó la mejilla e hizo un gesto de dolor. Sí, debía de tener la misma pinta.

—¿Vamos a pasarnos aquí fuera toda la noche? Este valle es bastante profundo, y oscurecerá dentro de un par de horas. Puede que entonces refresque, pero no me gustaría toparme con lo que quiera que merodee por aquí al caer la noche. A lo mejor, leones; he oído que los hay en el Yermo.

—¿Estás seguro de que quieres seguir adelante, Mat? Ya oíste lo que dijeron las Sabias. Se corre el riesgo de morir ahí dentro o de volverse loco. No te costaría mucho regresar hasta las tiendas, y en las alforjas de Puntos dejaste cantimploras y un odre de agua.

Ojalá Rand no se lo hubiera recordado; más valía no pensar en agua.

—Diantre, pues claro que no quiero hacerlo, pero no me queda otro remedio. ¿Y tú, qué? ¿No te parece bastante ser el jodido Dragón Renacido que también tienes que ser un maldito jefe de clan Aiel? ¿Por qué has venido aquí?

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